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sábado, 18 de diciembre de 2021

"Tu luz, Señor, nos hace ver la luz" (Sal 35,10)


 "Cuando un silencio sereno lo envolvía todo, y la noche estaba a la mitad de su carrera, tu Palabra se lanzó desde los cielos" (Sb 18,14-16). Me parece que estas palabras pueden iluminar nuestra meditación en estos días de Navidad. En la noche desciende la Luz desde el cielo. La meditación abre el corazón y la mente para que la Luz de Dios prenda nuestra lámpara interior a fin de que  nuestros ojos puedan ver y edificar un mundo nuevo.

Paulatinamente, la meditación nos va abriendo a la realidad que somos y que nos rodea.Así lo explica el Padre Larrañaga:

Supongamos que estamos a oscuras en una sala, sólo se oyen nuestras voces; encendemos una pequeña vela, y un pequeño círculo se ilumina; vamos encendiendo más velas y comenzamos a vernos los que estamos aquí; se encienden unas luces y nosotros y todo lo que nos rodea parece que toma volumen y rasgos más definidos; se encienden unos focos bien situados y potentes y el espacio en el que estamos se llena de color. ¿Qué ha cambiado? Este lugar estaba ahí, pero no era perceptible para mí; era como si no existencia. La luz la ha hecho presencia “para mí”; las cosas estaban ahí, pero yo no las veía; la luz ha llevado a descubrir su presencia. La luz transforma la sala en un “rostro”, en una presencia para mí.

Pues bien, con Dios ocurre igual: Está presente en cada uno de los seres creados, de las cosas y de los hombres. Ahora bien, si medito como una vela Dios se comienza a ver, si medito como varias Dios va dejándose ver en mi entorno, si medito como una lámpara Dios va tomando cuerpo en los otros, si medito como un foco potente a Dios comienzo a verlo en todos y en todas las cosas. Recordemos el canto de las criaturas de san Francisco de Asís; el mundo y sus acontecimientos –muerte, lobo, todo- comienza a ser visto como fraterno; Si meditara como lo hizo san Francisco, también para mí Dios sería mi todo.

¿Qué cambia en nosotros la meditación? Nuestra forma de ver las cosas, nuestra visión: mirar con una linterna en la oscuridad de la noche es pobre; si iluminamos todo con una luz que venga desde fuera, veremos “toda la realidad como es”, no solo “aquello que a nosotros nos parece que es”.

La meditación nos ilumina, nos hace ver, nos ayuda a tomar conciencia de nuestro mundo interior (lo que somos) y exterior (donde estamos) , y del lugar que debemos ocupar, lo que debemos hacer,  en la realidad que nos toca vivir para no ver frustrada nuestra vida.

Prepara la Navidad dedicando tiempo a meditar. 

Diciembre 2021.

Casto Acedo. 

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