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domingo, 5 de diciembre de 2021

Prepara el camino.


“Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos; los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajados; lo torcido será enderezado, lo escabrosos será camino llano. Y toda carne verá la salvación de Dios” (Lc 3,6).

Dos tipos de dificultades encuentras en la vida cuando quieres sacar adelante algún proyecto, bien sea familiar, laboral, social, espiritual o religioso.

1.- La primera dificultad viene de la soberbia con la que solemos actuar. Comienzas algo, y enseguida quieres imponer tu ritmo, tus criterios, tu visión personal de las cosas…. Y chocas con los criterios, el ritmo y la visión de los que te acompañan. Porque no viajas solo … Y si la soberbia es extrema, todo se va al traste.

2.- La segunda dificultad viene de la baja confianza en ti mismo y en tus posibilidades, del miedo a aventurarte en algo nuevo, de las decepciones previas en tareas similares. ¡He fracasado ya en tantos proyectos que no creo que este salga adelante! … La depresión está servida, la oscuridad y el miedo paralizan.

El Señor no viene a realizar tu proyecto por ti, no hace lo que tú puedes hacer; sería inmiscuirse en tu libertad; pero te va a facilitar el camino. De hecho, hará lo más grueso: rebajar las colinas, ayudarte a desmontar tu ego, tu soberbia. En una obra de ingeniería de vías y caminos es lo más costoso, lo que no te atreves a hacer solo porque sabes que te desborda. 

También sanará tus miedos y te dará una visión incluso optimista de tus fracasos anteriores. cubre el abismo para que no vuelvas a hundirte en la desesperación. No temas, Él está contigo. No dice el evangelio que rellenes los valles, “serán rellenados”, “Dios ha mandado rellenarse a los barrancos hasta hacer que el suelo se nivele para que Israel camine seguro”, dice el profeta Barúc (5,4-9).

A ti sólo te toca hacer el trabajo fino, lo más fácil: ser transparente, sincero, enderezar lo que en ti haya de torcido; reconocer tus equivocaciones y poner buena voluntad para volver al camino recto; y allanar las asperezas de tu espíritu, pulir las zonas escabrosas de tu alma, crear dentro de ti el ambiente, las condiciones necesarias para que la marcha sea fluida.

Así, con la presencia de Dios y tu colaboración, no sólo tú, sino también “toda carne”, la humanidad entera, "verá la salvación de Dios".

Esto es el Adviento, don de Dios y tarea tuya parea que todos nos beneficiemos.

Feliz Domingo segundo de Adviento.

Diciembre 2021

Casto Acedo.

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