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miércoles, 23 de junio de 2021

Creer y tocar a Jesús (Orar el domingo 27 de Junio)

Este domingo la liturgia ofrece unos textos preciosos para la meditación. El libro de la Sabiduría 1,13-15; 2,23-24, nos habla del Dios de la vida y la salud; la antífona del salmo 29 -"Te ensalzaré, Señor, porque me has librado"- confiesa a Dios como liberador de males; la carta a los Corintios (2 Cor. 8,7.9.13,15) toca tierra en lo referente a la verdadera caridad que invita a trabajar por la igualdad económica para todos; y el evangelio (Mc 5,41-43) pone ante nosotros dos ejemplos de fe que favorecen el milagro de la sanación e incluso la resurrección: la mujer que padecía flujos de sangre, y Jairo, a quien la enfermedad de su hija le mueve a buscar a Jesús. Para esta meditación nos centramos en el texto de la mujer hemorroísa.



EVANGELIO 

Jesús marchaba acompañado de mucha gente que le apretujaba.

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría.

Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando:

—«¿Quién me ha tocado el manto?».

Los discípulos le contestaron:

—«Ves como te apretuja la gente y preguntas "¿Quién me ha tocado?"».

Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo:

—«Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud».


REFLEXIÓN

¡Cuántas personas veo en esta mujer! Personas cuyas vidas se van desgarrando a jirones. Enfermedad, rupturas, dependencias, depresión, … Personas desahuciadas,  que han gastado toda su fortuna en remedios -médicos, psiquiatras, curanderos, nigromantes, cuentistas,…- y no han conseguido erradicar el mal. Al final los remedios resultaron ser peores que la enfermedad. “En vez de mejorar se había puesto peor”.

La mujer que narra el evangelio no había perdido totalmente la esperanza. Ha oído que llega Jesús, el profeta de Nazaret. Dicen que hace milagros. Pero ¿cómo ella, débil e impura a causa de su enfermedad (cf Lv 15,29-27), va a acercarse a un profeta tan poderoso y puro? 

En su desesperación se cruza un rayo de luz que alimenta su fe. ¿Y si, aprovechando la multitud, me acerco y le toco? Y así lo hizo: “le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría”. Y la fe obró el milagro. "Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado".

Jesús nota la emanación de fuerza que ha salido de Él; pero no ha visto a la mujer. Por eso pregunta: "¿Quién me ha tocado los vestidos”. ¡Dios mío, me ha visto!, pensó la mujer; y asoma en su rostro la conciencia de una culpa. ¿Cómo he podido atreverme a pasar por medio de una multitud contaminando a todos con mi impureza? 

“La mujer se acercó asustada y temblorosa, se le echó a los pies y le confesó todo”. Y para sorpresa de ella, y sorpresa sobre todo de los fariseos y legalistas, Jesús no muestra hacia ella ni pizca de reproche, sólo compasión y misericordia. Hace constar el poder de la fe de esa mujer y la despide en paz y con salud.

* * *

Un buen texto para meditar en este domingo. Para observar cómo yo también me desangro a causa de mis enfermedades espirituales, mis apegos y deseos. “Cánsase y fatígase el alma que tiene apetitos, porque es como el enfermo de calentura, que no se halla bien hasta que se le quite la fiebre, y cada rato le crece la sed” (SJC. 1 S 6,4).

Huyendo del sufrimiento y la muerte gasto mis energías buscando la sanación de mi alma. Me aferro a  libros, distracciones, análisis psicológicos, recetas de auto-ayuda, creencias y  prácticas supersticiosas.  Como sediento que bebe agua de mar, quiero huir y eliminar mi sufrimiento recurriendo a cosas que no hacen sino aumentar mi sed.

Me siento agotad@ y no encuentro la salud.  He logrado hacer un detallado diagnóstico de mi mal. Incluso tengo ideas acerca de cómo sanarlo. Pero no me basta el saber. La psicología me da un diagnóstico certero, intento seguir los consejos que me ofrece pero no me recupero; ¿qué me falta? Tal vez la fe en Aquel que me  puede sanar, fe en el poder de Jesús. Puede que la solución no esté en mi alma sino fuera de ella.

Basta que extienda la mano al manto de Jesús y lo toque "con fe", con la certeza de que ahí está la medicina:
    * en la presencia de Jesús en su Palabra que da vida,
    * en el misterio de la comunidad-iglesia,
    * en el pan y el vino del sacramento eucarístico,
    * en la piel y el corazón del hermano.

Desde la fe que te mueve a acercarte a Él puedes sanarte. El contacto con Jesús activó la gracia sanadora de Dios en la mujer.  “Hija, tu fe te ha curado”. "Con tu fe y mi fuerza lo puedes alcanzar todo", te dice Jesús (Lc 17,9) . La fe te pone en contacto con el Misterio. Una vez más se cumple lo dicho en el salmo 35,11: “En ti, Señor, está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz”.


MEDITACIÓN 

*  Busca un lugar adecuado para retirarte a orar.

* Respira profundo y suelta pensamientos, sobrecargas emotivas y prisas.

* Hazte “presente al presente” tomando consciencia de tu cuerpo y tu respiración.

* * *

* Trae a tu imaginación la escena evangélica de la curación de la mujer que padecía flujos de sangre (puedes releer el texto)

* * *

* Observa una de tus heridas (apegos que te hacen perder energía): envidia, ira, pereza, lujuria, soberbia, … Observa sólo una. Concreta. Y mírala sin juzgar sobre ella, sólo mírala con amor.

* Dí con san Pablo: “Desgraciado de mi” ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?... Jesucristo, el Señor” (Rm 7,24)

*Acerca tu mano al manto de Jesús y, al tocarlo, siente la energía que fluye de Él hacia tí sanando tu herida… Quédate un tiempo  ahí, contemplando y admirando como pasa su fuerza hacia ti en virtud de la fe que has puesto en su poder.

*Deja que su mirada te traspase ...  "Tu fe te ha curado... queda en paz y con salud"... Déjate invadir por su presencia sanante.

* * *

* Da gracias a Dios por todo lo que hace por ti, por tu sanación , por su misericordia….

* Termina tu oración inclinándote ante la grandeza del amor de Jesús….

Casto Acedo. Junio 2021. 

jueves, 27 de mayo de 2021

Día de la vida contemplativa



30 de mayo,
Jornada “Pro Orantibus”:
"La vida contemplativa, 
cerca de Dios y del dolor del mundo" 

 El domingo 30 de mayo, solemnidad de la Santísima Trinidad, se celebra la Jornada Pro Orantibus (a favor de los que oran). Los obispos españoles proponen como lema: "La vida contemplativa, cerca de Dios y del dolor del mundo". 

Contemplar es mirar a Dios y desde Dios mirar el mundo, y dentro del mundo el sufrimiento que nos sale al encuentro. Hay que "asumirlo", para disolverlo por el poder de la misericordia que emana de la Cruz de Cristo. Él mismo se define como alivio para el sufrimiento: "Venid a mi los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré" (Mt11,28). En su cruz (sufrimiento) absorbe y transforma en luz la dolorosa oscuridad del mundo. 

Esta absorción se da por la compasión, que da alas al corazón y se derrama en acciones de justicia y caridad. Los contemplativos y contemplativas (Iglesia orante) son el corazón de Cristo contemplando y tomando el dolor del mundo; forman una unidad con  la Iglesia activa (Cáritas), que es el cuerpo físico de Cristo, su humanidad, que acaricia, sana y libera. Iglesia contemplativa y activa, dos carismas, un mismo Espíritu.

¿Qué mejor día que este de la Solemnidad de la Santísima Trinidad para celebrar el don de la contemplación? Dios es Misterio a contemplar. Lo es en su propio ser tri-personal y lo es en el misterio de la Cruz, donde el abrazo de la Luz de Dios disuelve la oscuridad del dolor y de la muerte. 

Aunque la triste realidad es que los monasterios de clausura y las vocaciones a la  vida contemplativa van descendiendo en número, también es verdad que en nuestro mundo va surgiendo un interés creciente por la vida de oración, y esto hay que considerarlo un motivo de esperanza. 

Nuestro grupo podría contarse entre esos que buscan preservar la riqueza de la espiritualidad orante de la Iglesia. ¡Ojalá estos grupos crezcan en número e intensidad para que Dios sea conocido y gustado por todos los que le buscan con un corazón sincero!.


Que la celebración de este día Pro-orantibus no pase desapercibida para ti. Que hoy note falte la oración por los que han optado por vivir una vida de total entrega a Dios en el silencio del eremitorio o en el monasterio. Ora por los padres Carmelitas de la comunidad de Batuecas, tan cercanos a nuestro grupo; y de un modo especialísimo por los hermanos  Frederik de María, Elías del Santo Espíritu y Socorro de san José, a los que algunos del grupo conocemos y que este fin de semana toman sus hábitos y hacen sus promesas de fidelidad.

Tampoco olvides orar por los hermanos y hermanas que, como nosotros, buscan a Dios en sus vivencias y  quehaceres. Que no falten personas que mantengan una vida de contemplación buscando espacios y tiempos para el encuentro con Dios en medio del ajetreo de nuestro ruidoso y acelerado mundo contemporáneo. 

* * *

Sugiero como oración para hoy este himno de san Gregorio de Nisa (Siglo IV). No es propiamente trinitario (fiesta de este domingo), pero me impresiona la fuerza con la que muestra la grandeza de Dios, ante el cual sólo podemos responder dignamente con una vida contemplativa, vida que es  "un himno de silencio".

Oh tú, el Más-allá-de-todo,
¿No es solo así como podemos proclamarte?
¿Qué himno o que lengua te dirá?
No hay palabra que te exprese.
¿En que podría fundarse?

Tú sobrepasas toda intelección.
Solo tú eres inefable,
pues todo cuanto se diga ha salido de ti.
Solo tú eres inocognoscible,
pues todo cuanto se piense ha salido de ti.

Todos los seres,
los que piensan y los que no piensan,
te rinden homenaje.
El deseo universal,
gime aspirando hacia ti.
Todo cuanto existe te ora,
y todo ser pensante en tu universo
eleva hacia ti su himno de silencio.

Todo cuanto existe, existe en ti;
por ti subsiste el universo en movimiento.
Tu eres el fin de todos los seres;
tú eres todos los seres y tú no eres ninguno.

Tú no eres un solo ser, y tampoco su conjunto.
Tú tienes todos los nombres
y ¿como te nombraré?
¿Qué espíritu celestial podrá penetrar la nube
que cubre el mismo cielo?

Ten piedad, oh tú, el Más-allá-de-todo,
¿No es solo así como podemos proclamarte?

¡Feliz día, Contemplativos!
Casto Acedo. paduamerida@gmail.com. Mayo 2021
 

jueves, 15 de abril de 2021

Orar el III domingo de Pascua. Rememorar el encuentro.


“Estaban hablando de lo que les había sucedido por el camino y como lo habían reconocido al partir el pan, cuando él se presentó en medio de ello y les dijo: Paz a vosotros”. (Lc 24,35-36).

Hablaban del encuentro con el Resucitado. Los de Emaús habían caminado con Jesús, sin saber que era Él; y mientras caminaban el mismo Jesús les explicó las escrituras preparándoles así para dejarse ver en la fracción del pan. 

Ahora son los discípulos los que narran su historia y, como efecto y consecuencia de su narración, Jesús vuelve a aparecer ante ellos y ante el grupo de discípulos que les escuchan.

¡Qué importante es narrar lo que me pasa en el camino, contar cómo, cuándo y dónde Jesús se cruza en mi vida! No se trata de encerrar lo vivido en conceptos, y tampoco de convencer a nadie con discursos teológicos; se trata simplemente de narrar con espontaneidad y frescura la incidencia del Resucitado en mi acontecer diario echando mano de experiencias concretas.

¿Lo has hecho alguna vez? ¿No has sentido cómo en tu misma narración el Espíritu del Resucitado ha vuelto a hacerse presente? Las emociones que sientes cuando rememoras “lo que te ocurrió” son una prueba de que el relato de tu encuentro hace presente a Jesús nuevamente.



Creo que un buen ejercicio de oración-meditación para este domingo podría ser el “contarte a ti mismo” algún momento importante de tu vida en el que has sentido la cercanía del Señor.

1. Trae a tu memoria ese día en que, como los de Emaús, ibas de vuelta, presa de la desesperanza y la decepción: “yo creía que él sería el Salvador del mundo…” (cf Lc 24,21); recuerda cómo Jesús te dejó hablar, te escuchó con paciencia, permitió que fueras tú mismo o tú misma quien sacaras a luz tus tristezas y desilusiones. Recuerda tu estado en aquellos momentos.

2.   Rememora cómo, luego, puso el Señor ante ti la Escritura. Te  contó cómo también él vivió esos momentos de abandono, soledad y oscuridad en Getsemaní y el Calvario; y te abrió el entendimiento para comprender que “todo eso tenía que suceder” (cf Lc 24,25-26.45), que sólo desde el abajamiento más profundo, desde la humildad, se remonta el vuelo.  La meditación acerca de la Escritura dio luz a la oscuridad de los discípulos. ...  Si Jesús se abajó y humilló siendo inocente, ¿me iba a quejar yo, siendo en parte responsable de mi tristeza?

3. También a ti te dió luz Jesús en el instante que recuerdas, y vuelve a darte luz ahora. “Lámpara es tu Palabra para mis pasos” (Sal 118,105). Repítelo: “Lámpara es tu Palabra para mis pasos” … ¡Gózate en la Luz de la Palabra! … Haz memoria del instante en que la Luz irrumpió en tu noche. Cuéntate a ti mismo cómo lo sentiste, cómo lo viviste, cómo te embargó la alegría.

4. Puedes también recordar los deseos de comunicar la Buena Nueva a otras personas. … Aunque no sin cierto temor, lo hiciste. Superaste el miedo al qué dirán. Así, con el relato del paso de Jesús por tu vida te hiciste apóstol, como los de Emaús, como María Magdalena, como Juan, como Pedro… Contémplate así, apóstol, enamorado o enamorada de Jesús, alma que no puede callar el don del amor recibido … Mírate como Samaritana que ha encontrado lo que buscaba (cf Jn 4).

5. Termina tu oración dando gracias a Dios por el privilegio de haberle visto, y pidiéndole humildemente que nunca te avergüences de contar a otros tu experiencia, lo que contemplaste y palparon tus manos, lo que oíste y lo que viste aquel día inolvidable en que el Señor te reveló su amor con su presencia.
Y, una vez concluida tu meditación, no olvides tonar nota de las llamadas que Dios te hace, de las invitaciones concretas a cambiar tu vida y mejorar la de los que te rodean. La Pascua es un encuentro que hace florecer nuevos sentimientos y nuevas acciones.

* * *

EVANGELIO
Lucas (24,35-48):

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.»

Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma.

Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»

Dicho esto, les mostró las manos y los pies.

Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo que comer?»

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Palabra del Señor

Casto Acedo. Abril 2021. paduamerida@gmail.com

sábado, 27 de marzo de 2021

Pregón de Semana Santa.

Me gusta este pregón de Semana Santa, que me ha llegado desde el grupo de liturgia de Fuente del Maestre. Invita a entrar en esta semana con espíritu contemplativo. No dejes la práctica del silencio en estos días,  adéntrate en el misterio del inaudito, inabarcable e  inefable amor de Dios en Jesucristo. 

Pregón 

Se declara abierto el tiempo de la gracia.
Empiezan los días santos, los días grandes,
en que nuestro Señor Jesucristo dio la más hermosa prueba de amor.
Debemos escuchar cada una de sus palabras,
contemplar sus gestos, sus detalles,
porque es lo más importante que ha sucedido en el mundo.
Palabras y hechos admirables,
que rompen nuestros moldes y nuestros límites.
Por eso, todas las horas de estos santos días
serán insuficientes para estudiar esta historia,
la más sublime historia de amor.


Contemplamos el amor de un Dios que se empobrece,
para enriquecer a los hombres;
de un Dios que se empequeñece,
para ponerse a la altura de los hombres, elevándolos;
de un Dios que se hace siervo,
para lavar los pies de los hombres;
de un Dios que se hace comida,
para alimentar las hambres de los hombres;
de un Dios que se hace cordero,
para cargar los pecados de los hombres;
de un Dios que sufre hasta la muerte,
para dar vida a los hombres:
de un Dios que bajó a los infiernos,
para sacar de las tinieblas a los hombres.
Nunca se ha visto en la tierra
un amor tan limpio y generoso.

Pero veremos también cómo la muerte fue engañada y vencida,
porque su amor es más fuerte que la muerte,
y nos regaló la luz de la inmortalidad.
Y así nos enseñó que el camino de la victoria pasa por la derrota,
que el camino de la vida pasa por la muerte,
que el camino de la luz pasa por la cruz.


Vive santamente estos días,
para que puedas entrar en la hondura del amor,
que pasa por la hondura del dolor.
Son días gozosos,
porque, aunque se sufra, se vive en esperanza.
Son también días comprometidos,
días de acercarse a todos los que celebran en vivo estos misterios;
hemos de descubrir la presencia de Cristo doliente en los que sufren,
en las víctimas que siguen padeciendo la tortura;
descubrir la presencia de Cristo misericordioso
en el que sirve y el que libera;
descubrir la presencia de Cristo resucitado
en el que lucha y en el que espera.

sábado, 27 de febrero de 2021

Orar el II domingo de Cuaresma. Tabor.

 Hoy, más que a una reflexión, el Tabor invita a una oración. De hecho, sobran las palabras. Basta con silenciar los ojos, los oídos y el corazón. Permanecer ahí, contemplando, admirando. Con la satisfacción de quien ha recibido el don de saborear lo que busca.


“Que bien se está aquí,
qué bueno que estemos aquí”,
en el silencio de la cima,
donde el agua del valle
y el trino de los pájaros,
dibujan un fondo 
de “música callada”.

Que bien subir aquí contigo,
dejado atrás el pensamiento,
la inquietud del corazón,
el fulgor de los sentidos.

En este monte
no sufro nada; 
no gozo nada.
Sólo soy. 
Nada.

* * *

¡Qué bien se está aquí!,
sin hacer, solo siendo.
Gozo de ser contigo, uno,
como tú con el Padre.

Qué bien se está aquí,
oyendo tu Palabra
que venida del silencio
colma mi alma vacía.

Quiero quedarme aquí,
¡en este no-lugar!

Una extraña nube,
tu Misterio,
me cubre con su sombra.
Oscura y luminosa.
Fe.

"Este es mi hijo, el amado,
en quien me complazco".
Te recreas en el hijo.
Tu amor, en él, se hace mío,
y mi amor, en él, se hace tuyo.
Caridad.

De pronto, desapareces.
No hay visión.
En la ausencia
me hablas: “no temas”.
Hay que seguir.

¿Hacia dónde?
No importa, sólo confía.
Yo soy.
Estoy siempre.
"Sólo Dios basta".
Esperanza.

* * *

Qué bueno estar aquí,
en la quietud del Tabor,
contigo.

Me dicen, y me digo:
no subas tanto,
te necesitan
en el valle de las lágrimas.
Pero sé que es bueno
remontar el valle  
y estar junto a ti,
permanecer.

Me apremia más el mucho hacer
 que el solo ser;
y tú me desvelas
que sólo en el amor
tienen valor mis afanes.

No me atrae mucho
subir al monte
cada día.
Me da pereza
si no me engolosinas.

* * *
No dejes de llamarme;
como a Pedro, 
a Santiago y a Juan:
“venid conmigo 
a un monte alto”.

Sumérjeme en el no-decir, 
no-hacer, no-saber 
de tu nube.

No dejes de enviarme.
"¡Levántate, no temas,
yo estoy contigo!".


* * *


EVANGELIO
San Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomo consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los  llevó aparte a una montaña alta.
Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se  volvieron blancos como la luz.
Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces tomó la palabra y dijo a Jesús:

—Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para  Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una  voz desde la nube decía:

—Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle.

 
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y tocándolos les dijo:

—Levantaos, no temáis.

Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo.  Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:

—No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los
muertos.

Casto acedo. Febrero 2021

 

domingo, 21 de febrero de 2021

Orar el domingo I de Cuaresma


“Cuando ores entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto” (Mt 6, ). Así invitaba el evangelio del miércoles de ceniza a entrar en oración en el tiempo de cuaresma; recoge las potencias exteriores y entra en la estancia interior del alma. San Mateo usa la palabra griega tameion, término que designa la estancia más interior de la vivienda, la alcoba a la que sólo acceden quienes viven en la casa, un lugar donde refugiarse sin ser molestado por extraños.

En Cuaresma la Iglesia recomienda adentrarse en esta estancia secreta del corazón. Para ello hay que soltar las distracciones y apegos que desde fuera tiran de ti ralentizando tu avance espiritual. El ayuno es soltar personas, pensamientos o cosas que, sin ser dañinas en sí, pueden entorpecer o frenan el encuentro con el Padre Dios.

Una vez libre de los apegos que entorpecen la entrada en la oración (ayuno) necesito un segundo paso para la verdadera conversión: la limosna, es decir, despertar en mí mismo el espíritu de la compasión. Si el ayuno exige una mirada a mí mismo y mis esclavitudes, la limosna me obliga a mirar al mundo y al prójimo y  desear para ellos la sanación de sus males y la liberación de sus sufrimientos. Porque el mundo exterior no lo aparto y dejo afuera en  mi oración sino que lo hago objeto de atención amorosa.

Cuando viva el ayuno y la limosna estaré preparado para el encuentro. Entonces entro en  tameion sinceramente, y veré la luz (cf Is 58, 5-10). Ahí, en la alcoba del silencio, entro en amor y saboreo la vida, porque Dios, además de estar presente en la creación y en los hermanos, lo está en mi cielo interior; Dios es, como dice san Agustín “más interior a mí que yo mismo” (interior intimo meo), sin dejar de ser "sumamente mayor que yo" (superior summo meo). ¿No es un regalo inmenso que Dios, el infinito se abaje de ese modo a mi finitud? Yo soy la cueva de Belén, espacio donde el Reino de Dios crece y se expande por el mundo. Merece la pena orar esta gracia.

Orar en este domingo

Puedes aprovechar este domingo de Cuaresma para contemplarte en tu desierto interior, en tu tameion. El Espíritu te empuja hacia él. Toma conciencia de ese impulso espiritual. En tu deseo de entrar dentro de ti puedes observar cómo tu apego a personas y cosas te quitan la paz y la quietud, te seducen y tiran de ti hacia fuera, como queriéndote arrastrar a vivir sólo en lo sensual y externo.

Suelta esos apegos. Y no porque lo sensual y externo sea malo, sino por el lugar preferente que le otorgas. Cuando pones algo o a alguien por encima de Dios en tu escala de valores te sometes a los ídolos de este mundo. Recuerda que toda la creación es para ti, no tú para ella. “A Dios solo adorarás y servirás” (Mt 4,10). Paradójicamente, servir a Dios garantiza tu libertad, porque Dios te ama y ha hecho alianza contigo garantizándote una vida plenamente libre y satisfactoria.


Medita y contempla

Busca el momento oportuno y el lugar adecuado para adentrarte en tu desierto interior, en la profundidad de tu ser. Aquieta tu alma. Silencia todo lo que te preocupa. Y medita.

Ayuno: ¿De qué tienes que ayunar? ¿Qué te está impidiendo vivir desde tu centro (centrado)? ¿Qué te dispersa? ¿Qué personas, creencias o cosas ocupan el núcleo sagrado de tu vida? Sólo Dios puede darte una felicidad completa. ¿A qué personas o cosas les has dado el poder para hacerte feliz? … Hazte consciente de ello, sin juzgarte, sin condenarte, simplemente observa… y compadécete de ti mismo, de tu ignorancia, de tu torpeza, si ves que vives sometido a la dictadura de tu ego. Arrepiéntete de tu camino errado.

Limosna: ¿Qué sentimientos abundan en tu corazón? ¿Envidia? ¿Ira? ¿Gula? ¿Deseos de poder? ¿Espíritu vengativo hacia alguien? … ¿Cómo ves a tu prójimo? ¿Lo miras como algo ajeno a ti, o sientes su dolor como tu dolor y su gozo como tu gozo? ¿Cómo andas de compasión? … Abre tu corazón a todos los que te rodean; practica la compasión universal.

Oración: Mírate en brazos de Dios. Déjate acariciar por su ternura. Gózate en su amor. Abandónate a su voluntad, a su querer. Esta es la  “conversión” profunda que te pide la cuaresma. Poner toda tu atención en Dios, dejarte en sus manos... Dedica un largo espacio de silencio a saborear la Presencia (presente) de Dios que lo envuelve todo.

Termina pidiendo perdón a Dios y tomando nota de las gracias y llamadas percibidas en el rato de oración.

Casto Acedo. Febrero 2021

sábado, 13 de febrero de 2021

Ser compasivos (Orar el Domingo 14 de Febrero)

El evangelio de este día (lo tienes al final de este texto), así como la celebración de la Campaña contra el hambre de Manos Unidas y la colecta a favor de las personas y colectivos marginados del mundo, invitan a la contemplación de la realidad que vivimos.

Se suele pensar que la meditación y contemplación es algo cerrado, una huida del mundo, lo más contrario a la acción social caritativa. Pero se equivocan quienes piensan así.

Hay quien hace distinción entre rezar-orar y meditar-contemplar. Rezar, dicen, es repetir fórmulas oracionales ya hechas o hablar con Dios contándole mis problemas, pedirle, darle gracias, etc.  Meditar y contemplar, en esta diferenciación, sería escuchar a Dios. Aunque yo no suscribiría sin matices una diferencia tan simple, sin embargo puede servir para captar el sentido de la contemplación.

La contemplación a la que nos preparamos por el ejercicio de la meditación, es algo tan simple como “prestar atención”, estar atento, abrir los ojos del corazón… No hace falta pensar nada, ni esperar nada concreto, ni considerar el valor de la meditación o contemplación por el tiempo dedicado a ello. Se trata simplemente de “prestar atención” a la realidad, abrir la mente y el corazón a las cosas que vives, a la realidad que te rodea, a Dios. Contemplar es solo mirar, y dejar que Dios y la misma realidad contemplada  cambien tu vida.

Jesús se muestra como una persona de mirada abierta y profunda, poco dada a distraerse en las triviales pompas del mundo y capaz de ver lo aparentemente insignificante. La atenta mirada y escucha de Jesús fue clave en su misión, y así pudo oír el grito de los pobres, asumir su dolor y ejercer la compasión. 

Jesús fue un contemplativo. Lo veíamos la semana pasada  prestando atención a la enfermedad de la suegra de Simón, y hoy lo vemos atendiendo a la la súplica de un leproso. “Si quieres, puedes limpiarme. Compadecido extendió la mano y lo tocó diciendo, “Quiero, queda limpio” (Mc 1,40-41). A la sanación  precede la atención (mirada compasiva) de Jesús. 

* * *


Orar con el texto de Marcos 1,40-45
(Lo tienes transcrito al final de esta enrada)

Te invito a contemplarte sintiéndote parte de un mundo leproso, herido y corroído por la injusticia y el mal; y a la vez te invito a verte a ti mismo como parte de ese todo que es el mundo necesitado de compasión. Solo te pido prestar atención.  

Debes buscar, como siempre, el espacio y el momento oportuno para hacer silencio. Luego procura relajarte soltando tensiones y prisas.  Cierra los ojos si te distraes con la mirada, o puedes poner hoy ante tus ojos una foto de personas que sufren marginación. O una imagen o estampa de Cristo en algún momento de su pasión: Getsemaní, beso de Judas, flagelación, Ecce homo, o crucifixión.

*Trae ahora a tu imaginación a personas que conoces y que sabes que viven en sufrimiento: enfermedad, pobreza, soledad, desprecio, olvido, etc.  Puedes superponer la imagen de esas personas con las imágenes de Jesús en la pasión. No juzgues. Ni te dejes llevar por la conmiseración o la pena paternalistas. Simplemente observa, está atento. Abre los ojos a la realidad del dolor y el sufrimiento de la humanidad en el sufrimiento de Jesús o en el de las personas que contemplas.

*Ahora “presta atención” a tu persona. ¿Qué relación ves entre ti y Jesús o las personas que has visto o imaginado? ¿Cómo los miras? ¿Con superioridad? ¿Con lástima paternalista? ¿Con impotencia convencido de que no puedes hacer nada? ¿Haces tuyo sus sufrimientos? Mírate. Obsérvate. Pero no te juzgues, sólo contempla.

Si  miras a los demás simplemente como “otros” a los que tienes que ayudar, o te entretienes en juzgar el motivo que les ha llevado al sufrimiento a fin de retrasar o justificar tu no-compasiòn,  los marginas, porque los colocas al lado, al margen, de tu vida. De este modo no eres totalmente compasivo. La verdadera compasión vive el sufrimiento ajeno como propio. ¿Qué ocurre en ti cuando ves el sufrimiento de familiares o personas cercanas y amadas? En este caso sientes que tú eres ellos; no hay dos sufrimientos sino solo uno, porque el amor hace de dos una sola persona. El evangelio de san Mateo, tras narrar la curación de la suegra de Pedro y de muchos enfermos y endemoniados dice que en Jesús se cumple lo dicho por el profeta Isaías: «El tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades» (Mt 8,17). Jesús no vive la compasión en la distancia sino en la cercanía, siendo uno con la humanidad. Nuestros dolores son sus dolores, nuestros gozos los suyos.

*Párate y mira que tú eres también humanidad. Más que la parte de un todo eres todo en una parte. Tú eres el inmigrante a quien no quieren recibir, el enfermo atado a su cama, el desahuciado sin hogar, el parado sin recursos para vivir dignamente… Cuando te identificas con ellos (te sientes ellos) vives la compasión verdadera, la de Jesús, “que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (2 Cor 8,9)… Entonces puedes sanar como Él: “Sus heridas nos han curado” (Is 53,5).

*Contempla las heridas de quienes pasan hambre, de quienes no tienen nada, de quienes son pisoteados,… Presta atención a ellos en ti, porque cada vez que alguien es despreciado, lo eres tú, y cada vez que alguien es dignificado tú eres dignificado. El deseo de Jesús es que te vivas como uno en todos: “Padre, que todos sean uno, como nosotros” (Jn 17,11).

*Abísmate en el silencio. Deja que tu silencio sea uno con el de Jesús. Siéntete parte del cuerpo místico de Cristo. Dios es misterio de Unidad en diversidad de personas. Yo soy los otros; "nada humano me es ajeno" (Terencio). Contémplate como imagen de Dios, en común-unión con él y con la humanidad.


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Cuando termines tu tiempo de silencio anota qué has sentido, qué llamadas te dirige Dios en tus sentimientos. "Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo" (Lc 6,36). Manos Unidas, Campaña contra el hambre quiere erradicar la pobreza en el mundo; pero eso sólo será posible cuando demos pasos hacia una mayor igualdad entre todos, hacia una "encarnación" en el otro como Cristo se encarna en nosotros. No se trata de acortar la distancia entre ricos y pobres sino de que no haya ya ni ricos ni pobres sino personas, distintas pero iguales, muchos miembros pero un solo cuerpo (cf 1 Cor 12,12-31). 

Para hacer un mundo más justo, tal como se pide en la jornada de Manos Unidas, has de comenzar prestando atención (contemplando) al mundo con los ojos de Jesús. Tendemos a mirar la realidad como algo múltiple (múltiples realidades), pero sólo hay una realidad. Cuando daño la naturaleza o daño al hermano me dañó a mí mismo, cuando me preocupo (com-padezco) por el cuidado de la naturaleza o por el bien de mis hermanos  estoy trabajando por mi propia ecología, mi propio bien. Hay “un mismo Dios que obra todo en todos”. (1 cor 12,6). No olvides que la unidad es tu país de origen y tu destino. Las fronteras entre países o entre personas no las ha trazado Dios, son el producto de tu visión dispersa de la realidad; pero al principio no fue así...

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Evangelio según san Marcos
(1,40-45)

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.»

Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.»

La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.

Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»

Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor

Casto Acedo. paduamerida@gmail.com. Febrero 2021