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jueves, 15 de abril de 2021

Orar el III domingo de Pascua. Rememorar el encuentro.


“Estaban hablando de lo que les había sucedido por el camino y como lo habían reconocido al partir el pan, cuando él se presentó en medio de ello y les dijo: Paz a vosotros”. (Lc 24,35-36).

Hablaban del encuentro con el Resucitado. Los de Emaús habían caminado con Jesús, sin saber que era Él; y mientras caminaban el mismo Jesús les explicó las escrituras preparándoles así para dejarse ver en la fracción del pan. 

Ahora son los discípulos los que narran su historia y, como efecto y consecuencia de su narración, Jesús vuelve a aparecer ante ellos y ante el grupo de discípulos que les escuchan.

¡Qué importante es narrar lo que me pasa en el camino, contar cómo, cuándo y dónde Jesús se cruza en mi vida! No se trata de encerrar lo vivido en conceptos, y tampoco de convencer a nadie con discursos teológicos; se trata simplemente de narrar con espontaneidad y frescura la incidencia del Resucitado en mi acontecer diario echando mano de experiencias concretas.

¿Lo has hecho alguna vez? ¿No has sentido cómo en tu misma narración el Espíritu del Resucitado ha vuelto a hacerse presente? Las emociones que sientes cuando rememoras “lo que te ocurrió” son una prueba de que el relato de tu encuentro hace presente a Jesús nuevamente.



Creo que un buen ejercicio de oración-meditación para este domingo podría ser el “contarte a ti mismo” algún momento importante de tu vida en el que has sentido la cercanía del Señor.

1. Trae a tu memoria ese día en que, como los de Emaús, ibas de vuelta, presa de la desesperanza y la decepción: “yo creía que él sería el Salvador del mundo…” (cf Lc 24,21); recuerda cómo Jesús te dejó hablar, te escuchó con paciencia, permitió que fueras tú mismo o tú misma quien sacaras a luz tus tristezas y desilusiones. Recuerda tu estado en aquellos momentos.

2.   Rememora cómo, luego, puso el Señor ante ti la Escritura. Te  contó cómo también él vivió esos momentos de abandono, soledad y oscuridad en Getsemaní y el Calvario; y te abrió el entendimiento para comprender que “todo eso tenía que suceder” (cf Lc 24,25-26.45), que sólo desde el abajamiento más profundo, desde la humildad, se remonta el vuelo.  La meditación acerca de la Escritura dio luz a la oscuridad de los discípulos. ...  Si Jesús se abajó y humilló siendo inocente, ¿me iba a quejar yo, siendo en parte responsable de mi tristeza?

3. También a ti te dió luz Jesús en el instante que recuerdas, y vuelve a darte luz ahora. “Lámpara es tu Palabra para mis pasos” (Sal 118,105). Repítelo: “Lámpara es tu Palabra para mis pasos” … ¡Gózate en la Luz de la Palabra! … Haz memoria del instante en que la Luz irrumpió en tu noche. Cuéntate a ti mismo cómo lo sentiste, cómo lo viviste, cómo te embargó la alegría.

4. Puedes también recordar los deseos de comunicar la Buena Nueva a otras personas. … Aunque no sin cierto temor, lo hiciste. Superaste el miedo al qué dirán. Así, con el relato del paso de Jesús por tu vida te hiciste apóstol, como los de Emaús, como María Magdalena, como Juan, como Pedro… Contémplate así, apóstol, enamorado o enamorada de Jesús, alma que no puede callar el don del amor recibido … Mírate como Samaritana que ha encontrado lo que buscaba (cf Jn 4).

5. Termina tu oración dando gracias a Dios por el privilegio de haberle visto, y pidiéndole humildemente que nunca te avergüences de contar a otros tu experiencia, lo que contemplaste y palparon tus manos, lo que oíste y lo que viste aquel día inolvidable en que el Señor te reveló su amor con su presencia.
Y, una vez concluida tu meditación, no olvides tonar nota de las llamadas que Dios te hace, de las invitaciones concretas a cambiar tu vida y mejorar la de los que te rodean. La Pascua es un encuentro que hace florecer nuevos sentimientos y nuevas acciones.

* * *

EVANGELIO
Lucas (24,35-48):

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.»

Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma.

Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»

Dicho esto, les mostró las manos y los pies.

Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo que comer?»

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Palabra del Señor

Casto Acedo. Abril 2021. paduamerida@gmail.com

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