Buscar en este blog

lunes, 1 de diciembre de 2025

Carlos de Foucauld

 

Carlos de Foucauld

Carlos de Foucauld fue un explorador, militar y religioso francés cuya espiritualidad ha influido profundamente en la Iglesia y en el mopdo de entender la vida eremítica y monástica del siglo XX. Su camino de fe estuvo marcado por una intensa búsqueda de Dios a través de la soledad, la pobreza y la imitación radical de la vida de Jesús.

Laconversión de Carlos de Foucault  fue muy sorprendente. Hubo un momento culminante en la Iglesia de San Agustín, en París, donde arrodillado comprendió que si hay un Dios la vida no merece vivirse sino en entrega absoluta a Él. Pero este acontecimiento estuvo precedido por un largo camino tejido deinsatisfacción, juergas, aventuras  y preguntas profundas. 

Poco a poco fue descubriendo cómo Dios lo acompañaba mientras él se alejaba de Él. Si Carlos buscó a Dios, Dios lo buscó aún más. Esta búsqueda mutua es un proceso apasionante, pues desvela algo de la historia personal con Dios. Los escritos del hermano Carlos de Foucauld no dejan de mostrar la constante ternura y la proximidad de un Dios que no deja de llamar.

A partir de su encuentro con Dios la experiencia vivida por él genera una teología del “Absoluto de Dios”. Es una teología espiritual que no tiene nada de teórica: lo primero es la vida, luego las formulaciones seguidas de decisiones, de proyectos, de ir más allá; siempre en búsqueda para hallar la respuesta a la pregunta ¿qué debo hacer? ¿qué quiere Dios de mí?

También es propio de Carlos de Foucauld el vivir siempre en itinerancia; Carlos transita desde la increencia hasta el descubrimiento de Dios como Absoluto; insatisfecho siempre, pero no con amargura sino con la ilusión por su búsqueda constante, su ir más allá en pos de Dios: ¿Qué quieres Señor? Y la respuesta a esta pregunta acerca del Absoluto de Dios la encuentra el hermano Carlos en lo más concreto, en lo humano en lo que Jesús se encarnó, en las necesidades de los que le rodean. Encuentra la dimensión contemplativa en el estar en contacto con el prójimo, no en aislarse. Carlos de Foucauld se descentra de si mismo y pone su centro en Dios y en los hermanos; un camino plenamente evangélico. Queda “impactado” por el “núcleo duro” de la fe cristiana: a Dios sólo lo podemos encontrar en la “carne humana”, en el hombre-hermano.

La espiritualidad de Carlos de Foucauld es una espiritualidad para nuestro mundo; y consiste en asimilar que la llamada de Dios no es otra que ser y vivir para los “otros”. Es una espiritualidad de la encarnación que desenmascara la falsedad de las pseudo-espiritualidades que reducen lo espiritual a ritualismos y legalismos morales, olvidando que la espiritualidad es ante todo experiencia y relación directa con Dios y con los hermanos. Para el Hermano Universal Dios está en el corazón del mundo, ahí está el lugar donde hacer experiencia de Dios. Una espiritualidad de la encarnación, que podemos resumir en estos puntos:

1.     Imitación de la vida oculta de Jesús: Uno de los pilares de la espiritualidad del hermano Carlos fue su deseo de imitar la vida de Jesús en Nazaret. Carlos de Foucauld valoraba profundamente la vida sencilla, humilde y oculta que Jesús llevó antes de comenzar su ministerio público. En su vida en el desierto, buscó reflejar esa cercanía con Dios a través de la oración y el trabajo cotidiano.

2.   Abandono total en Dios: El abandono confiado en la voluntad de Dios fue central para él. Creía que, como Jesús, debía entregarse completamente a la voluntad del Padre, con una confianza absoluta, incluso en medio de la incertidumbre y el sufrimiento. Esto se expresa en su famosa "Oración de abandono", "Padre, me pongo en tus manos..."

3.  Fraternidad universal: Inspirado por el amor de Jesús hacia todas las personas, Foucauld promovió la idea de la fraternidad universal. Vivió entre los pueblos tuaregs en el Sahara, sin tratar de convertirlos, sino simplemente compartiendo su vida con ellos, mostrando amor y respeto. Buscaba ser un “hermano universal”, un puente entre diferentes culturas y religiones.

4.  Presencia contemplativa: Aunque Carlos de Foucauld no fundó ninguna orden religiosa en vida, dejó un legado de vida contemplativa en el corazón del mundo. Para él, estar en silencio ante el Señor y contemplar su amor era una parte esencial de su relación con Dios. Esa contemplación debe ser vivida en medio de las realidades del mundo, no solo en el aislamiento.

5.  Pobreza y humildad radical: Otra característica de su espiritualidad fue su deseo de vivir en la pobreza material, siguiendo el ejemplo de Jesús. Este estilo de vida le permitió estar más cerca de los pobres y marginados, compartiendo sus condiciones y mostrando que el Reino de Dios es para todos.

Noviembre 2025

lunes, 3 de noviembre de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 65

 

65

DE LA PRIMERA FACULTAD SECUNDARIA, LA IMAGINACIÓN; CÓMO FUNCIONA Y CÓMO LA HA DAÑADO EL PECADO ORIGINAL. [1]

Con la facultad de la imaginación reproducimos para nosotros la imagen de las cosas presentes o ausentes. La imaginación y todas las imágenes que reproduce se hallan contenidas en la memoria.

Antes del pecado original, la imaginación cooperaba totalmente con la razón. Como una criada, reflejaba fielmente cada imagen de acuerdo con la realidad, y así la razón nunca era engañada en sus juicios por una imagen deformada de cualquier cosa, fuera material o espiritual. Ahora, sin embargo, esta integridad de nuestra naturaleza se ha perdido, y la imaginación no cesa día y noche de deformar la imagen de las criaturas materiales, de tergiversar su esencia espiritual o de engendrar en nuestra memoria fantasmas de cosas espirituales. Sin la ayuda de la gracia corremos el peligro de tener grandes errores de percepción, produciéndose así muchas deformaciones de la realidad.

La naturaleza indisciplinada de la imaginación es evidente en la experiencia de los neófitos que acaban de dejar el mundo y que están en el comienzo de la vida contemplativa. No sin gran dificultad apartan su alma de millares de pensamientos e imágenes placenteras, o de fantasías en torno a su pasado que la imaginación desbocada proyecta continuamente sobre la pantalla de su alma. Esta habitual actividad indisciplinada de la imaginación es una de las consecuencias dolorosas del pecado original.

A medida que estos neófitos progresan en las prácticas de la vida contemplativa, meditando fielmente en su humana fragilidad, en la Pasión de Cristo, su bondad trascendente y en las demás verdades de la vida interior, la razón va gradualmente sanando, recuperando su justo predominio sobre la imaginación.

* * *
______________

NOTAS

[1] Me parece que podríamos entender este número de Nube como una invitación a recuperar una sana “razón” o la "verdadera filosofía" (amor al saber verdadero, búsqueda de la verdad).

Es verdad que nuestra imaginación, dañada por el pecado (aparición del ego) tergiversa la verdad de lo que vemos y vivimos. Imaginamos mundos maravillosos, placeres inagotables, espiritualidades fantásticas que nos acercan a una felicidad sensualmente eterna, etc. El “yo aparente o ego”  lleva al alma a mirar la realidad no como es sino como nos gustaría que fuera.

Como si fueramos un ordenador (hardware), la imaginación graba en nuestro interior una memoria (software) concreta que puede ser sanadora o enfermiza. Si es el ego quien manda sobre el alma, hará que nuestras experiencias personales (gozos, sufrimientos, alegrías, dolores, etc.) las guardemos y recordemos desde sus parámetros, y al recordar nuestras experiencias recaeremos en nuestros errores; pero si en la contemplación ponemos la imaginación al servicio de Dios, “meditando fielmente en su humana fragilidad, en la Pasión de Cristo, su bondad trascendente y en las demás verdades de la vida interior, la razón va gradualmente sanando, recuperando su justo predominio sobre la imaginación”.

Podríamos decir que hay una razón o sabiduría mundana, que alimenta la imaginación manipulada por el ego, y una razón o sabiduría divina, que imprime en el alma el Espíritu Santo, y que se cultiva en la contemplación de las realidades divinas.

El mundo actual, por medio de las redes, suscita unas expectativas, una realidad que imaginamos generalmente según los parámetros mundanos. Hacer silencio contemplativo, “imaginar a Dios”, o mejor “dejar que Dios llene el vacío de nuestra imaginación”, es una buena medicina para sanar el alma y volverla a su belleza, verdad y bondad original. Antes del pecado,“la imaginación cooperaba totalmente con la razón -alimentaba los pensamientos y las acciones dejándose llevar por la sabiduría divina-. Como una criada, reflejaba fielmente cada imagen de acuerdo con la realidad, y así la razón nunca era engañada en sus juicios por una imagen deformada de cualquier cosa, fuera material o espiritual."

Merece la pena “contemplar las cosas de Dios”, moldear la memoria desde el realismo de la sabiduría divina, porque sirven al cuidado de una vida saludable según la voluntad de quien de veras nos ama. La oración y los sacramentos nos ayudan a vivir en "lo que es de veras" (realidad) y a escapar del engaño de "lo que es sólo fantasía" de nuestra imaginación. "Sin la ayuda de la gracia -dice el texto- corremos el peligro de tener grandes errores de percepción, produciéndose así muchas deformaciones de la realidad". El noveno mandamiento previene de esto cuando aconseja: "no consentirás pensamientos ni deseos impuros"; es la imaginación la que pone esos pensamientos y ensoñaciones en nuestra mente; ser dueño de ella no dejando que se corompa con la mentira y  poniéndola al servicio de los "pensamientos de Dios" (Is 55,8-9) es un trabajo obligado para quien quiere progresar en la vida espiritual. 

El trabajo de sanar la memoria, liberándola de miedos y de ensoñaciones engañosas es fundamental.  Es preciso que nos preguntemos cada día: ¿cómo alimentamos nuestra razón (interioridad, mente)?, ¿dónde buscamos la sabiduría (verdad)?. Más que las experiencias concretas vividas son los constructos que la imaginación hace de ellas loque determina en gran parte nuestra visión de la vida y las decisiones  que tomamos. ¿En qué te basas o con qué elementos gestionas tus experiencias, con qué enfoques o desde qué mirada imaginas lo que vives y lo guardas en tu memoria? Un cultivo sano de la imaginación es ponerla al servicio de Dios en la oración y en la práctica de las virtudes. 

Noviembre 2025
C.A.

viernes, 24 de octubre de 2025

NUBE DEL NO-SABER 64

 64. 

DE LAS OTRAS DOS FACULTADES PRINCIPALES, LA RAZÓN Y LA VOLUNTAD; CÓMO FUNCIONABAN ANTES DEL PECADO ORIGINAL.

La razón es la facultad que nos permite distinguir lo bueno de lo malo, lo bueno de lo mejor y lo mejor de lo buenísimo. O, según los casos, lo bueno de lo malo, lo malo de lo peor y lo peor de lo malísimo. Antes de pecar, el hombre hacía esto de una manera natural y fácil, pero ahora la razón, cegada a consecuencia del pecado original, yerra a menos que esté iluminada por la gracia.[1]

La memoria abarca tanto la razón como su objeto. Después de que la razón ha determinado lo que es bueno, la voluntad se dirige hacia ello con amor y deseo y descansa finalmente en ello con satisfacción, deleite y pleno consentimiento.[2]

Antes del pecado original, el hombre no se encontraba en peligro de elegir y de amar un falso bien, ya que en su integridad original experimentaba cada cosa como realmente era. Ninguna de sus facultades estaba perturbada y no era propenso a ser engañado por ninguna de ellas. Pero en el presente orden de cosas, el hombre no puede elegir el bien de una manera firme sin la asistencia de la gracia.[3] El pecado original le dejó herido y ciego, de manera que es fácilmente engañado por las apariencias y llevado a elegir un mal disfrazado de bien. La memoria abarca, asimismo, la voluntad y su objeto.



NOTAS

[1] Podemos decir que al hecho de saber “distinguir lo bueno de lo malo, lo bueno de lo mejor y lo mejor de lo buenísimo”, se le llama sabiduría. La potencia del alma que llamamos inteligencia, entendimiento o razón, pierde con el pecado (apego a las cosa del mundo) la inteligencia de lo bueno y lo buenísimo. Si estudias con detenimiento los libros sapienciales (Job, proverbios, Eclesiastés, Eclesiástico y Sabiduría), puedes observar que se dan consejos sabios que iluminan para entender y actuar de modo que no nos alejemos de Dios. No es posible recuperar esa pureza de la inteligencia original  “a menos que esté iluminada por la gracia”,  y los libros sapienciales son luz divina, gracia de Dios para reorientar adecuadamente la vida pecadora.

[2] Esto también lo hemos comentando muchas veces. El primer paso que se da en la vida espiritual es la percepción (contacto directo con un objeto, persona o acontecimiento), a lo que le sigue un pensamiento (la razón o el entendimiento) que se ha de procurar sea “pensamiento de Dios”,  "porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (cf Is 55,8-11), dice Dios. Aquí juega un papel importante  la formación espiritual por medio del estudio, la meditación y la contemplación. Y el tercer paso es la acción, que corresponde a la voluntad, que quiere hallar en el cumplimiento de las obras la satisfacción y deleite del paraiso. 

[3] Tras el pecado original,  para realizar actos bondadosos se requiere de la gracia de Dios, sino se corre el peligro de “ser fácilmente engañado por las apariencias” de verdad y bondad; podemos elegir “un mal disfrazado de bien”, algo más común de lo que parece. Hay que contar con la gracia de Dios, estar dispuesto a que sea Él y no tú quien se erija en criterio de discernimiento.Con  la oración, la lectura de las Sagradas Escrituras, la Tradición  o/y la guía de un buen acompañante espiritual, podemos recibir la iluminación adecuada; y en el Bautismo, la Reconciliación, la Eucaristía  y los demás sacramentos recibimos la gracia-fuerza sobrenatural  necesaria para que nuestra voluntad se incline con determinación a obrar según las enseñanzas de Cristo.

* * *

Octubre 2025

C.A.


lunes, 13 de octubre de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 63

63

DE LAS FACULTADES DEL ESPÍRITU EN GENERAL; CÓMO LA MEMORIA, COMO FACULTAD PRINCIPAL, ABARCA EN SÍ MISMA TODAS LAS DEMÁS FACULTADES Y SUS OBRAS

La razón, la voluntad, la imaginación y la percepción sensorial son las potencias con las que el hombre opera para elaborar los datos de la realidad.La memoria es la facultad comprehensiva que recibe, selecciona y retiene el conocimiento adquirido a través de las otras cuatro facultades.[1]  Puesto que la naturaleza de la función de la memoria es tan diferente de la de las otras facultades, no podemos decir propiamente que opera, en sentido activo, sino que más bien entiende en una actitud propiamente receptiva.

A unas facultades del hombre las llamo primarias y a otras secundarias, no porque el espíritu del hombre sea divisible, sino porque los datos que elaboran se pueden dividir en dos categorías principales. La primera incluye todos los datos relativos al espíritu, y la llamo primaria; la segunda incluye todo lo relativo a la materia, y la considero secundaria. Cuando las dos facultades principales, razón y voluntad, tratan directamente las cosas espirituales, pueden funcionar independientemente de la imaginación y de la percepción sensorial.

La imaginación y la percepción sensorial operan con lo material, tanto presente como ausente. Residen en el cuerpo y funcionan a través de los cinco sentidos del cuerpo. Pero mientras la razón y la voluntad funcionan de una manera autónoma, la imaginación y la percepción sensorial requieren la asistencia de la razón y de la voluntad a fin de poder captar incluso las cosas materiales en su totalidad. La esencia, las causas, las propiedades y diferencias de las cosas materiales son inaccesibles a la imaginación y a la percepción sensorial sin la ayuda de las facultades primarias.

Resumiendo, pues, la razón y la voluntad se llaman primarias, porque no son materiales y pueden funcionar independientemente de las otras facultades dentro de la esfera de lo espiritual. La imaginación y la percepción sensorial se llaman secundarias, porque operan con las cosas materiales y actúan en el cuerpo a través de los cinco sentidos. La memoria es una facultad primaria porque, si bien no opera directamente con los datos de la realidad, abarca en si misma las otras cuatro facultades, juntamente con el conocimiento que estas adquieren. Explicaré esto más detenidamente.

* * *



[1] En la entrada anterior se especificaba a qué se refiere el autor de Nube cuando habla de la memoria: el autor escribe “Mind”, que significa “memoria” en el sentido agustiniano: sensibilidad psicosomática que abarca lo consciente y lo inconsciente, fondo del alma. Se traduce, según los casos, por memoria, mente o alma.  En este numero da a entender el autor que por “memoria” podríamos entender las facultades de la imaginación y la percepción.

Yo os he hablado muy a menudo de la “memoria” como las impresiones que quedan en el alma a raíz de las experiencias; el recuerdo de lo vivido genera un modo muy subjetivo de percibir e imaginar el mundo y la vida. El “silencio de la memoria” es necesario para crecer en la virtud de la esperanza; las experiencias gozosas o dolorosas determinan mucho esta virtud. Purificar la memoria supone volver al estado inicial de “silencio primigenio del alma”, donde la esperanza está puesta solo en Dios. “Solo Dios basta”.

Depurar la memoria es volver al estado primigenio. El cartujano autor de Las puertas de la esperanza apunta a que depurar la memoria es volver a la pureza original recibida en el Bautismo. Merece la pena meditar sus palabras: 

"Dios creó tu alma silenciosa en el Bautismo, en un silencio inviolado. La llenó de sí mismo al descender a ella toda la Trinidad santa; nada más que para Él. Fue más tarde, poco a poco cuando el mundo hizo irrupción. El ruido la invadió, cubriendo la dulce voz de Dios. Desde el barullo se amplifica 

¡Vuelve al silencio bautismal, hermano! El ruido tiene tres generadores: 1. los recuerdos, 2. la curiosidad, 3. las inquietudes. ¡Paraliza sus acciones!”

Eliminar ruidos, acallar recuerdos (memoria) curiosidad (intelecto) e inquietudes (voluntad), es un buen ejercicio para trabajar el silencio interior e impedir que la memoria interrumpa la unión con Dios en la oración.

Octubre 2025

C.A.


lunes, 15 de septiembre de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 62

62.

De cómo el hombre puede saber cuándo su actividad espiritual está por debajo y fuera de él, a su mismo nivel y dentro de él, y cuándo está por encima de él, pero debajo de Dios.

Pienso que te resultaría más fácil detectar el significado espiritual que está detrás de las expresiones ordinarias, si te explicara algunos términos comúnmente usados en relación a la actividad contemplativa. Esto te puede dar más seguridad a la hora de discernir con precisión cuándo tratas con cosas exteriores y por debajo de ti mismo, cuándo con cosas interiores e iguales a ti, y finalmente cuándo son las que te trascienden, aunque estén por debajo de Dios.

Por debajo de ti y exterior a ti se extiende todo el universo creado. Si, incluso el sol, la luna y las estrellas. Están situadas por encima de ti resplandeciendo en el firmamento; sin embargo, no se pueden comparar con tu excelsa dignidad de ser humano.

Los ángeles y las almas de los justos son superiores a ti, por cuanto están confirmados en gracia y revestidos gloriosamente de toda clase de virtudes, pero son iguales en naturaleza como criaturas inteligentes. Por naturaleza estás adornado de tres maravillosas facultades espirituales: memoria [1], razón y voluntad [2], y de dos facultades secundarias: imaginación [3] y percepción sensorial [4] . No hay nada por encima de ti en la naturaleza a excepción de Dios.

Cuando leas libros sobre la vida interior y encuentres alusiones a ti mismo, has de saber que quieren expresar tu yo total como ser humano de dignidad espiritual y no simplemente tu cuerpo físico. Como hombre, estás relacionado con todo lo que existe en la creación por medio de tus facultades.[5]

Si llegas a entender todo esto relativo a la jerarquía de la creación y a tu propia naturaleza y tu lugar en ella, tendrás algunos criterios para valorar la importancia de cada una de tus relaciones.

* * *


NOTAS:

[1] El autor pone el término “Mind”, que significa “memoria” en el sentido agustiniano: sensibilidad psicosomática que abarca lo consciente y lo inconsciente, fondo del alma. Se traduce, según los casos, por memoria, mente o alma.

[2] Según la antropología clásica de la teología cristiana. Somos materia (cuerpo físico),somos alma (cuerpo espiritual) y somos espíritu (tocados por la chispa divina). Y el alma tiene tres potencias: memoria, entendimiento y voluntad. San Juan de la Cruz, en su espiritulidad, habla de "purificacion del alma";  y pluralziando dice que hay que procurar la purificación del entendimiento (pensamientos), la memoria (experiencias y vivencias conscientes o inconscientes que se han adherido a lo largo de nuestra historia personal) y la voluntad (decisión, actos, movimiento exterior), a las que llamamos potencias (poderse, capacidades) del alma. La vida espiritulidad, por tanto, es un camino de purificación o silencio de las propias ideas, las propias vivencias y los propios actos para dejar que todo eso esté en manos de Dios. que nuestro pensamiento esté en Dios (fe), nuestra experiencia se asiente en la experiencia de Dios (esperanza) y nuetras acciones sean la voluntad de Dios (amor). Se trata, diría san Juan de la Cruz, de purificar las potencias para que el alma toda alcance la unión con Dios. 

[4] Facultad mediante la cual "reprocucimos la imagen de las cosas presentes o ausentes" que guardamoe en la memoria (Nube 65)

[4] "La percepción sensorial es la facultad de nuestra alma que se vale de los sentidos y es dueña de ellos" (Nube, 66)

[5] Las facultades enumeradas serán tratadas cada una de ellas en los números 63-66.

* * *

*

Septiembre 2025

C.A.

jueves, 28 de agosto de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 61

 


61.

QUE EN EL RECTO ORDEN DE LA NATURALEZA LA CARNE ESTÁ SUJETA AL ESPÍRITU Y NO VICEVERSA

A la vez, cuando arrastrados por el Espíritu levantamos nuestros ojos y nuestras manos hacia los cielos donde brillan las estrellas, alabamos a Dios en un hermoso gesto de devoción. Si el Espíritu Santo inspira en nosotros tal plegaria, debemos seguirle. Pero, por otra parte, no debemos preocuparnos del gesto, porque todo gesto físico ha de sujetarse al espíritu y no viceversa.[1]

La ascensión de nuestro Señor lo pone de manifiesto. En su divinidad, Jesús nunca estuvo (ni pudo estar) separado de Dios. Pero cuando, estando en la tierra, le llegó la hora prevista de volver al Padre, retornó al Padre corporalmente en su humanidad. Si, revestido de poder y de la fuerza del Espíritu, él, como una sola persona, volvió al Padre en su humanidad. Este misterio quedó expresado de la manera más adecuada por su ascensión hacia arriba.

De una forma similar, aunque menos completa, han de experimentar la verdadera relación de la materia con el espíritu aquellos que generosamente se entregan a la obra interior del amor que hemos descrito en este libro. Aun cuando el contemplativo no se dé cuenta de ello de una manera consciente, su cuerpo quedará influenciado por la disposición de su espíritu.[2] Pues cuando se

recoge para comenzar esta actividad, su cuerpo, que quizá estuvo postrado en una postura indolente, se recoge súbitamente en una postura de atención y alerta.[3] La alerta interior de su espíritu afecta a la disposición exterior de su cuerpo, y con qué precisión.

Es propio de la dignidad del hombre estar erecto, su rostro vuelto hacia las estrellas y no hacia la tierra como las bestias, pues es la más excelsa de las obras de Dios. La nobleza de su destino espiritual, que le llama a llegar espiritualmente hacia Dios, se refleja en el porte y dignidad de su postura erecta. Pero, fíjate bien. Dije que llega «espiritualmente» a Dios, no físicamente. Pues ¿puede un espíritu no material ser dirigido de acá para allá como algo físico? De ninguna manera.

Sé, por tanto, prudente para no interpretar lo espiritual en términos materiales. Es necesario usar palabras como «arriba», «abajo», «dentro», «fuera», «detrás», «delante», «izquierda» y «derecha». Pues por espiritual que pueda ser nuestro tema, nosotros somos hombres y debemos apoyarnos en el vocabulario del lenguaje humano ordinario para comunicarnos. El lenguaje pertenece al reino de la materia porque nuestras palabras derivan de la experiencia humana y se pronuncian con la lengua física. ¿Significa esto, sin embargo, que hayan de entenderse en un sentido literal? Por supuesto que no. Como seres humanos, podemos ir más allá de su significación inmediata y captar el significado espiritual que comportan a otro nivel.[4]

* * *

NOTAS

[1] Es verdad que la postura corporal y los gestos ayudan a la oración; de ahí la importancia que damos, por ejemplo, a elevar las manos al cielo en la oración de alabanza, juntarlas y hacer una inclinación como signo de reverencia o mantener la quietud corporal en la oración de silencio contemplativo. Los gestos corporales ayudan a la vivencia espiritual No obstante, debemos caer en el fanatismo de las posturas o  gestos, creyendo que unos perfectos gestos de adoración, alabanza o meditación son esenciales para la oración. En una palabra: “evitemos el postureo”. La interiroridad debe prevalecer siempre sobre la exterioridad.

[2] Aquí se indica cómo es el espíritu el que debería marcar la respuesta física. Tal es la importancia de esta influencia que incluso el mismo rostro del espiritual termina por modificarse físicamente reflejando la dulzura de su alma. Como hemos dicho, los gestos exteriores, como las acciones (amor-odio, aceptación-rechazo), influyen en la interioridad. Del mismo modo, quien somete su interioridad al estrés de las pasiones (pecados capitales) ve cómo se deteriora su cuerpo y se convierte en icono de su maldad.   Una interioridad cultivada en la meditación y el silencio da frutos de salud, bienestar y bondad. "Plantad un árbol bueno y el fruto será bueno; plantad un árbol malo y el fruto será malo; porque el árbol se conoce por su fruto" (Mt 12,33). 

[3] “Postura de atención y alerta”; esa es la más adecuada para la oración; atentos a la Palabra, a la Presencia, al Misterio del Silencio.... Esa alerta interior repercute en la disposición exterior. Por el porte exterior, si no se trata de un farsante del postureo (hipócrita), se conoce la vivencia interior. De todos modos, lo que da la medida del nivel de espìritulidad es la práctica del amor y la misericordia. Y no olvidemos lo que dice el número 35 de Nube: "Las técnicas y métodos son en última instancia inútiles para despertar el amor contemplativo".

[4] Los gestos, el lenguaje, son modos limitados de expresión. Pero no los idolatremos. Nosotros sabemos que el Misterio se mueve en otro ámbito superior, que “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar” (1 Cor 2,9). Quien ha vivido la experiencia del encuentro sabe que no hay categorías físicas ni lingüísticas que puedan expresarlo adecuadamente. Pero como somos limitados, de cara al diálogo con nosotros mismos y con los hermanos, es lícito usar un lenguaje que nos ayude a saber y a mostrar que, aunque racionalmente inexplicable, la experiencia de Dios es razonable.  A esto se refiere san Pedro cuando habla de “dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza” (1 P3 3,15),

*

Agosto 2025

C.A.

martes, 29 de julio de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 60

60. 

QUE EL CAMINO MÁS SUAVE Y MÁS SEGURO DEL CIELO SE MIDE POR LOS DESEOS Y NO POR LOS KILÓMETROS

Quizá la ascensión de Cristo sigue siendo para ti una piedra de escándalo. Él ascendió físicamente en presencia de todos sus discípulos y envió al Espíritu Santo como había prometido. Todo lo cual te hace creer que durante la oración has de dirigir literalmente tu mente hacia arriba.

De hecho, creemos que Cristo en su humanidad resucitada subió a su Padre, pero me vas a permitir que intente explicarte una vez más por qué este hecho no se ha de reconstruir en un sentido literal. Me explicaré lo más sencillamente que pueda aun cuando mi explicación no sea del todo adecuada.

Si, Cristo ascendió a los cielos y desde lo alto envió al Espíritu Santo, pero subió arriba porque esto era más adecuado que descender o dirigirse a la izquierda o a la derecha. Aparte del alto valor simbólico de dirigirse hacia arriba, la dirección de este movimiento, sin embargo, es totalmente accidental a la realidad espiritual. Pues en el reino del espíritu, el cielo está tan cerca de arriba como de abajo, de detrás como de delante, de la izquierda como de la derecha.[1]

El acceso al cielo se hace a través del deseo. El que desea estar en él, realmente está allí en espíritu. La senda que lleva al cielo se mide por el deseo y no por los kilómetros.[2] Por esta razón san Pablo dice en una de sus cartas: «Para nosotros nuestra patria está en el cielo...».[3] Otros santos han dicho sustancialmente lo mismo, pero de diferentes maneras. Quieren decir que el amor y el deseo constituyen la vida del espíritu. Y el espíritu mora donde mora su amor, tan ciertamente como mora en el cuerpo al que llena de vida.

¿Entiendes mejor ahora? No necesitamos tensar nuestro espíritu en todas las direcciones para llegar al cielo, pues ya vivimos en él por el amor y el deseo.

* * *



NOTAS

[1]  Tal vez entendamos esto mejor con la explicación que da santa Teresa a la expresión del Padrenuestro “que estás en el cielo”. ¿Dónde está el cielo? No es un lugar físico (arriba, abajo, delante, detrás, dentro o fuera), sino una realidad espiritual y mística(misteriosa):

“Ahora mirad que dice vuestro Maestro: «Que estás en los cielos».

¿Pensáis que importa poco saber qué cosa es cielo y adónde se ha de buscar vuestro sacratísimo Padre? Pues yo os digo que para entendimientos derramados que importa mucho, no sólo creer esto, sino procurarlo entender por experiencia. Porque es una de las cosas que ata mucho el entendimiento y hace recoger el alma.

Ya sabéis que Dios está en todas partes. Pues claro está que adonde está el rey, allí dicen está la corte. En fin, que adonde está Dios, es el cielo. Sin duda lo podéis creer que adonde está Su Majestad está toda la gloria. Pues mirad que dice San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo. ¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta verdad y ver que no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con El, ni ha menester hablar a voces? Por paso que hable, está tan cerca que nos oirá. Ni ha menester alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a padre, pedirle como a padre, contarle sus trabajos, pedirle remedio para ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija" (Camino de perfección, 28,1-2)

[2] Confieso que hubo un tiempo en que me pareció que había que renunciar a todo deseo, incluso al deseo de Dios. Se trata de una doctrina budista, que sostiene que el sufrimiento viene causado por el deseo; elimínalo y el sufrimiento desaparece. Para salvar en cierto modo el radicalismo de la renuncia a los deseos me servía de la palabra anhelo, que definía como el impulso de búsqueda de Dios connatural al ser humano; un impulso inscrito en el alma y no motivado por nada externo.

Hoy, no tengo inconveniente en reconocer que los deseos son un camino privilegiado para llegar a Dios, porque los deseos son el reflejo de lo que la persona ama y busca. Y según el objeto y la intención del amor y la búsqueda podemos hablar de buenos y malos deseos. Son buenos los deseos que nos acercan a Dios y nos mueven a amar a los hermanos y a cuidar la creación. Sigo creyendo que el deseo de Dios está inscrito en el corazón de cada persona y está intimamente unido al deseo universal de felicidad, que muchos ponen en cosas que a la larga no dan sino insatisfacciones. 

Creados a imagen de Dios sólo en su imagen nos completamossólo Dios da la felicidad plena.  San Agustín expresó esto muy bien cuando dijo: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.”. Hemos sido creados para estar en Dios. Al final este santo encontró la felicidad en Dios abandonando los deseos mundanos y dejándose llevar por el Espíritu Santo.

San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, llamó “mociones” (impulsos o movimientos del corazón) a los deseos, y aconsejó que se sigan los buenos deseos y se rechacen los malos. ¿Cómo saber cuáles son los unos y cuáles son los otros? ¿Cómo discernir? Evaluando. Los buenos deseos traen  consolación, es decir,  conmducen a u na vida de paz, alegría, amor, etc.  y deben seguirse; los malos deseos conducen al estado de desolación: inquietud, tristeza, vanidad, etc., y deben evitarse. El acierto en la vida espiritual está en discernir cuáles son los deseos santos, aquellos que llevan a Dios. 

Ampliando resumidamente la enseñanza de Nube. “El acceso al cielo se hace a través del deseo”, añadimos que  los buenos deseos nos empujan hacia Dios y hacia la práctica del bien; los malos deseos nos alejan de Dios y del mandamiento del amor. Los primeros dan felicidad, los segundos tristeza. Es importante discernir cuáles deseos seguir a partir de la sabiduría que viene del Espíritu Santo en la oración y meditación; desde aquí aprendemos acerca de lo que más nos conviene para estar con Dios y ser fieles al mandato divino de amar, teniendo en cuenta que sólo el amor es capaz de llenar el deseo más hondo del corazón.

[3] Flp 3,20.

*

Julio 2025

C.A,