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lunes, 15 de septiembre de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 62

62.

De cómo el hombre puede saber cuándo su actividad espiritual está por debajo y fuera de él, a su mismo nivel y dentro de él, y cuándo está por encima de él, pero debajo de Dios.

Pienso que te resultaría más fácil detectar el significado espiritual que está detrás de las expresiones ordinarias, si te explicara algunos términos comúnmente usados en relación a la actividad contemplativa. Esto te puede dar más seguridad a la hora de discernir con precisión cuándo tratas con cosas exteriores y por debajo de ti mismo, cuándo con cosas interiores e iguales a ti, y finalmente cuándo son las que te trascienden, aunque estén por debajo de Dios.

Por debajo de ti y exterior a ti se extiende todo el universo creado. Si, incluso el sol, la luna y las estrellas. Están situadas por encima de ti resplandeciendo en el firmamento; sin embargo, no se pueden comparar con tu excelsa dignidad de ser humano.

Los ángeles y las almas de los justos son superiores a ti, por cuanto están confirmados en gracia y revestidos gloriosamente de toda clase de virtudes, pero son iguales en naturaleza como criaturas inteligentes. Por naturaleza estás adornado de tres maravillosas facultades espirituales: memoria [1], razón y voluntad [2], y de dos facultades secundarias: imaginación [3] y percepción sensorial [4] . No hay nada por encima de ti en la naturaleza a excepción de Dios.

Cuando leas libros sobre la vida interior y encuentres alusiones a ti mismo, has de saber que quieren expresar tu yo total como ser humano de dignidad espiritual y no simplemente tu cuerpo físico. Como hombre, estás relacionado con todo lo que existe en la creación por medio de tus facultades.[5]

Si llegas a entender todo esto relativo a la jerarquía de la creación y a tu propia naturaleza y tu lugar en ella, tendrás algunos criterios para valorar la importancia de cada una de tus relaciones.

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NOTAS:

[1] El autor pone el término “Mind”, que significa “memoria” en el sentido agustiniano: sensibilidad psicosomática que abarca lo consciente y lo inconsciente, fondo del alma. Se traduce, según los casos, por memoria, mente o alma.

[2] Según la antropología clásica de la teología cristiana. Somos materia (cuerpo físico),somos alma (cuerpo espiritual) y somos espíritu (tocados por la chispa divina). Y el alma tiene tres potencias: memoria, entendimiento y voluntad. San Juan de la Cruz, en su espiritulidad, habla de "purificacion del alma";  y pluralziando dice que hay que procurar la purificación del entendimiento (pensamientos), la memoria (experiencias y vivencias conscientes o inconscientes que se han adherido a lo largo de nuestra historia personal) y la voluntad (decisión, actos, movimiento exterior), a las que llamamos potencias (poderse, capacidades) del alma. La vida espiritulidad, por tanto, es un camino de purificación o silencio de las propias ideas, las propias vivencias y los propios actos para dejar que todo eso esté en manos de Dios. que nuestro pensamiento esté en Dios (fe), nuestra experiencia se asiente en la experiencia de Dios (esperanza) y nuetras acciones sean la voluntad de Dios (amor). Se trata, diría san Juan de la Cruz, de purificar las potencias para que el alma toda alcance la unión con Dios. 

[4] Facultad mediante la cual "reprocucimos la imagen de las cosas presentes o ausentes" que guardamoe en la memoria (Nube 65)

[4] "La percepción sensorial es la facultad de nuestra alma que se vale de los sentidos y es dueña de ellos" (Nube, 66)

[5] Las facultades enumeradas serán tratadas cada una de ellas en los números 63-66.

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Septiembre 2025

C.A.

jueves, 28 de agosto de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 61

 


61.

QUE EN EL RECTO ORDEN DE LA NATURALEZA LA CARNE ESTÁ SUJETA AL ESPÍRITU Y NO VICEVERSA

A la vez, cuando arrastrados por el Espíritu levantamos nuestros ojos y nuestras manos hacia los cielos donde brillan las estrellas, alabamos a Dios en un hermoso gesto de devoción. Si el Espíritu Santo inspira en nosotros tal plegaria, debemos seguirle. Pero, por otra parte, no debemos preocuparnos del gesto, porque todo gesto físico ha de sujetarse al espíritu y no viceversa.[1]

La ascensión de nuestro Señor lo pone de manifiesto. En su divinidad, Jesús nunca estuvo (ni pudo estar) separado de Dios. Pero cuando, estando en la tierra, le llegó la hora prevista de volver al Padre, retornó al Padre corporalmente en su humanidad. Si, revestido de poder y de la fuerza del Espíritu, él, como una sola persona, volvió al Padre en su humanidad. Este misterio quedó expresado de la manera más adecuada por su ascensión hacia arriba.

De una forma similar, aunque menos completa, han de experimentar la verdadera relación de la materia con el espíritu aquellos que generosamente se entregan a la obra interior del amor que hemos descrito en este libro. Aun cuando el contemplativo no se dé cuenta de ello de una manera consciente, su cuerpo quedará influenciado por la disposición de su espíritu.[2] Pues cuando se

recoge para comenzar esta actividad, su cuerpo, que quizá estuvo postrado en una postura indolente, se recoge súbitamente en una postura de atención y alerta.[3] La alerta interior de su espíritu afecta a la disposición exterior de su cuerpo, y con qué precisión.

Es propio de la dignidad del hombre estar erecto, su rostro vuelto hacia las estrellas y no hacia la tierra como las bestias, pues es la más excelsa de las obras de Dios. La nobleza de su destino espiritual, que le llama a llegar espiritualmente hacia Dios, se refleja en el porte y dignidad de su postura erecta. Pero, fíjate bien. Dije que llega «espiritualmente» a Dios, no físicamente. Pues ¿puede un espíritu no material ser dirigido de acá para allá como algo físico? De ninguna manera.

Sé, por tanto, prudente para no interpretar lo espiritual en términos materiales. Es necesario usar palabras como «arriba», «abajo», «dentro», «fuera», «detrás», «delante», «izquierda» y «derecha». Pues por espiritual que pueda ser nuestro tema, nosotros somos hombres y debemos apoyarnos en el vocabulario del lenguaje humano ordinario para comunicarnos. El lenguaje pertenece al reino de la materia porque nuestras palabras derivan de la experiencia humana y se pronuncian con la lengua física. ¿Significa esto, sin embargo, que hayan de entenderse en un sentido literal? Por supuesto que no. Como seres humanos, podemos ir más allá de su significación inmediata y captar el significado espiritual que comportan a otro nivel.[4]

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NOTAS

[1] Es verdad que la postura corporal y los gestos ayudan a la oración; de ahí la importancia que damos, por ejemplo, a elevar las manos al cielo en la oración de alabanza, juntarlas y hacer una inclinación como signo de reverencia o mantener la quietud corporal en la oración de silencio contemplativo. Los gestos corporales ayudan a la vivencia espiritual No obstante, debemos caer en el fanatismo de las posturas o  gestos, creyendo que unos perfectos gestos de adoración, alabanza o meditación son esenciales para la oración. En una palabra: “evitemos el postureo”. La interiroridad debe prevalecer siempre sobre la exterioridad.

[2] Aquí se indica cómo es el espíritu el que debería marcar la respuesta física. Tal es la importancia de esta influencia que incluso el mismo rostro del espiritual termina por modificarse físicamente reflejando la dulzura de su alma. Como hemos dicho, los gestos exteriores, como las acciones (amor-odio, aceptación-rechazo), influyen en la interioridad. Del mismo modo, quien somete su interioridad al estrés de las pasiones (pecados capitales) ve cómo se deteriora su cuerpo y se convierte en icono de su maldad.   Una interioridad cultivada en la meditación y el silencio da frutos de salud, bienestar y bondad. "Plantad un árbol bueno y el fruto será bueno; plantad un árbol malo y el fruto será malo; porque el árbol se conoce por su fruto" (Mt 12,33). 

[3] “Postura de atención y alerta”; esa es la más adecuada para la oración; atentos a la Palabra, a la Presencia, al Misterio del Silencio.... Esa alerta interior repercute en la disposición exterior. Por el porte exterior, si no se trata de un farsante del postureo (hipócrita), se conoce la vivencia interior. De todos modos, lo que da la medida del nivel de espìritulidad es la práctica del amor y la misericordia. Y no olvidemos lo que dice el número 35 de Nube: "Las técnicas y métodos son en última instancia inútiles para despertar el amor contemplativo".

[4] Los gestos, el lenguaje, son modos limitados de expresión. Pero no los idolatremos. Nosotros sabemos que el Misterio se mueve en otro ámbito superior, que “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar” (1 Cor 2,9). Quien ha vivido la experiencia del encuentro sabe que no hay categorías físicas ni lingüísticas que puedan expresarlo adecuadamente. Pero como somos limitados, de cara al diálogo con nosotros mismos y con los hermanos, es lícito usar un lenguaje que nos ayude a saber y a mostrar que, aunque racionalmente inexplicable, la experiencia de Dios es razonable.  A esto se refiere san Pedro cuando habla de “dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza” (1 P3 3,15),

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Agosto 2025

C.A.

martes, 29 de julio de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 60

60. 

QUE EL CAMINO MÁS SUAVE Y MÁS SEGURO DEL CIELO SE MIDE POR LOS DESEOS Y NO POR LOS KILÓMETROS

Quizá la ascensión de Cristo sigue siendo para ti una piedra de escándalo. Él ascendió físicamente en presencia de todos sus discípulos y envió al Espíritu Santo como había prometido. Todo lo cual te hace creer que durante la oración has de dirigir literalmente tu mente hacia arriba.

De hecho, creemos que Cristo en su humanidad resucitada subió a su Padre, pero me vas a permitir que intente explicarte una vez más por qué este hecho no se ha de reconstruir en un sentido literal. Me explicaré lo más sencillamente que pueda aun cuando mi explicación no sea del todo adecuada.

Si, Cristo ascendió a los cielos y desde lo alto envió al Espíritu Santo, pero subió arriba porque esto era más adecuado que descender o dirigirse a la izquierda o a la derecha. Aparte del alto valor simbólico de dirigirse hacia arriba, la dirección de este movimiento, sin embargo, es totalmente accidental a la realidad espiritual. Pues en el reino del espíritu, el cielo está tan cerca de arriba como de abajo, de detrás como de delante, de la izquierda como de la derecha.[1]

El acceso al cielo se hace a través del deseo. El que desea estar en él, realmente está allí en espíritu. La senda que lleva al cielo se mide por el deseo y no por los kilómetros.[2] Por esta razón san Pablo dice en una de sus cartas: «Para nosotros nuestra patria está en el cielo...».[3] Otros santos han dicho sustancialmente lo mismo, pero de diferentes maneras. Quieren decir que el amor y el deseo constituyen la vida del espíritu. Y el espíritu mora donde mora su amor, tan ciertamente como mora en el cuerpo al que llena de vida.

¿Entiendes mejor ahora? No necesitamos tensar nuestro espíritu en todas las direcciones para llegar al cielo, pues ya vivimos en él por el amor y el deseo.

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NOTAS

[1]  Tal vez entendamos esto mejor con la explicación que da santa Teresa a la expresión del Padrenuestro “que estás en el cielo”. ¿Dónde está el cielo? No es un lugar físico (arriba, abajo, delante, detrás, dentro o fuera), sino una realidad espiritual y mística(misteriosa):

“Ahora mirad que dice vuestro Maestro: «Que estás en los cielos».

¿Pensáis que importa poco saber qué cosa es cielo y adónde se ha de buscar vuestro sacratísimo Padre? Pues yo os digo que para entendimientos derramados que importa mucho, no sólo creer esto, sino procurarlo entender por experiencia. Porque es una de las cosas que ata mucho el entendimiento y hace recoger el alma.

Ya sabéis que Dios está en todas partes. Pues claro está que adonde está el rey, allí dicen está la corte. En fin, que adonde está Dios, es el cielo. Sin duda lo podéis creer que adonde está Su Majestad está toda la gloria. Pues mirad que dice San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo. ¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta verdad y ver que no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con El, ni ha menester hablar a voces? Por paso que hable, está tan cerca que nos oirá. Ni ha menester alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a padre, pedirle como a padre, contarle sus trabajos, pedirle remedio para ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija" (Camino de perfección, 28,1-2)

[2] Confieso que hubo un tiempo en que me pareció que había que renunciar a todo deseo, incluso al deseo de Dios. Se trata de una doctrina budista, que sostiene que el sufrimiento viene causado por el deseo; elimínalo y el sufrimiento desaparece. Para salvar en cierto modo el radicalismo de la renuncia a los deseos me servía de la palabra anhelo, que definía como el impulso de búsqueda de Dios connatural al ser humano; un impulso inscrito en el alma y no motivado por nada externo.

Hoy, no tengo inconveniente en reconocer que los deseos son un camino privilegiado para llegar a Dios, porque los deseos son el reflejo de lo que la persona ama y busca. Y según el objeto y la intención del amor y la búsqueda podemos hablar de buenos y malos deseos. Son buenos los deseos que nos acercan a Dios y nos mueven a amar a los hermanos y a cuidar la creación. Sigo creyendo que el deseo de Dios está inscrito en el corazón de cada persona y está intimamente unido al deseo universal de felicidad, que muchos ponen en cosas que a la larga no dan sino insatisfacciones. 

Creados a imagen de Dios sólo en su imagen nos completamossólo Dios da la felicidad plena.  San Agustín expresó esto muy bien cuando dijo: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.”. Hemos sido creados para estar en Dios. Al final este santo encontró la felicidad en Dios abandonando los deseos mundanos y dejándose llevar por el Espíritu Santo.

San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, llamó “mociones” (impulsos o movimientos del corazón) a los deseos, y aconsejó que se sigan los buenos deseos y se rechacen los malos. ¿Cómo saber cuáles son los unos y cuáles son los otros? ¿Cómo discernir? Evaluando. Los buenos deseos traen  consolación, es decir,  conmducen a u na vida de paz, alegría, amor, etc.  y deben seguirse; los malos deseos conducen al estado de desolación: inquietud, tristeza, vanidad, etc., y deben evitarse. El acierto en la vida espiritual está en discernir cuáles son los deseos santos, aquellos que llevan a Dios. 

Ampliando resumidamente la enseñanza de Nube. “El acceso al cielo se hace a través del deseo”, añadimos que  los buenos deseos nos empujan hacia Dios y hacia la práctica del bien; los malos deseos nos alejan de Dios y del mandamiento del amor. Los primeros dan felicidad, los segundos tristeza. Es importante discernir cuáles deseos seguir a partir de la sabiduría que viene del Espíritu Santo en la oración y meditación; desde aquí aprendemos acerca de lo que más nos conviene para estar con Dios y ser fieles al mandato divino de amar, teniendo en cuenta que sólo el amor es capaz de llenar el deseo más hondo del corazón.

[3] Flp 3,20.

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Julio 2025

C.A,

lunes, 21 de julio de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 59

59. 

QUE LA ASCENSIÓN CORPORAL DE CRISTO NO HA DE TOMARSE COMO EJEMPLO PARA PROBAR QUE LOS HOMBRES HAN DE FORZAR SU MENTE HACIA ARRIBA DURANTE LA ORACIÓN; QUE EN LA CONTEMPLACIÓN SE HA DE OLVIDAR EL TIEMPO, EL LUGAR Y EL CUERPO

Objetas ahora que, puesto que nuestro Señor ascendió a su Padre físicamente como Dios y como hombre, la ascensión tiene también para nosotros una lección tanto física como espiritual. A esto he de contestar diciendo que en su ascensión la humanidad de nuestro Señor quedó transformada y que su cuerpo, aunque físico, era un cuerpo inmortal. Había muerto, pero en su resurrección se vistió de inmortalidad.

Sabemos que nuestros cuerpos resucitarán también en gloria en el último día. Serán, pues, espiritualizados y tan ágiles como lo es ahora nuestro pensamiento. Arriba o abajo, izquierda o derecha, detrás o delante serán una y la misma cosa, como nos dicen los teólogos.[1] Pero todavía no hemos recibido esta gloria, y por lo mismo sólo podemos subir  al cielo de una manera espiritual, que no tiene nada que ver con la dirección de la que hablamos ordinariamente.

Quiero que sepas claramente que los que obran espiritualmente, de modo especial los contemplativos, han de andar con cautela a la hora de interpretar lo que leen. Leemos «eleva» o «entra» o «impulso», pero debemos darnos cuenta de que estas expresiones no se dicen en un sentido literal o físico. «Impulso» o movimiento no se refiere a un movimiento físico ni la palabra «descanso» dice relación a una postura de reposo o de inmovilidad. Pues cuando nuestro trabajo es auténtico y maduro, es totalmente espiritual, alejado tanto del movimiento como del reposo.[2]  Además, se podría efectivamente describir mejor el término «impulso» como una transformación súbita que como una moción. En cualquier caso, tratándose de esta actividad espiritual, olvídate totalmente de lo que es tiempo, localización física y materialidad.

Sé cauto, por tanto, para no interpretar la ascensión en términos literales y materiales. No fuerces tu imaginación durante la oración en un loco intento de elevar tu cuerpo hacia arriba como si quisieras llegar a la luna. En la esfera del espíritu todo esto carece de sentido. Por lo que se refiere a la realidad física de la ascensión, recuerda que sólo Cristo ascendió físicamente, como lo atestiguan las Escrituras cuando dicen: «Nadie ha subido al cielo, sino el que ha bajado del cielo: el Hijo del Hombre»[3]. Así, pues, aun cuando nos fuera posible ahora subir al cielo físicamente (que no lo es), la causa seria una sobreabundancia de poder espiritual y no el esfuerzo de la imaginación hacia arriba o hacia abajo, a la izquierda o a la derecha. Es inútil y harás bien en evitar este error.




NOTAS 

[1] Hay un texto de san Pablo, muy citrado en los estudios misticos, Ef 3,17-19, que dice así: “que  Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios". Las dimensiones que se señalan, abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, han de interpretarse no con sentido localista o geofráfico, sino que sólo pretende indicar la inmensidad del amor de Cristo

San Pablo está usando el lenguaje del espacio tridimensional (o cuatridimensional simbólicamente) para expresar que el amor de Cristo no tiene límites. Es una forma poética de decir que el amor de Dios se extiende a todos lados (anchura), abarca todo el tiempo y la historia (longitud), desciende hasta las mayores miserias humanas (profundidad), y eleva al alma hasta la unión con Dios (altura). Un amor que “trasciende todo conocimiento”. Esta unidad del amor de Dios es lo que indica aquí Nube.

Por tanto, en la oración la cosa no estáen mirar hacia un lado u otro, hacia un lugar sagrado u otro que lo parezca menos. Si ayuda, bien vale. Pero lo realmente importante es entender que el conocimiento y el estar de Dios es eterno y lo abarca todo. Lo importante no es hacia dónde dirigirme en la oración sino sentir la presencia envolvente de Dios que me da un conocimiento trascendental, más allá de los límites de este mundo.

[2] Resulta curioso que mencione el “impulso” en la “inmovilidad”. Se trata de un movimiento que se da en la quietud, que no es por tanto obra humana sino obra de la gracia. La "inacción" aquí no significa pereza o pasividad sin sentido, sino un estado de entrega y receptividad espiritual, donde el alma no actúa desde el ego o la voluntad personal, sino que permite que Dios obre en ella. Un movimiento de atracción de Dios al alma que se deja llevar en la quietud.

[3] Jn 3,13.

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Julio 2025

C.A

miércoles, 2 de julio de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 58

Aunque no tengamos encuentros, seguimos avanzando en la lectura de la Nube del no-saber. El capítulo de hoy incluye notas muy largas de san Juan de la Cruz, que se ocupó en explicar el sentido de las visiones, locuciones, milagros y demás hechos sobrenaturales, no negándolos, pero sí relativizándolos. La fe, cuando es grande, no necesita de golosinas que la motiven a cada instante. Es más, las  experiencias místicas que placen a los sentidos (fenonemología), los gustos y regalos espirituales pueden alejar más que acercar a Dios; porque son la puerta a la autocomplacencia y la soberbia. Cuando se alcanza la cima del monte Carmelo: "nada", despojo total. Sólo "estarse amando al amado".

58.

QUE CIERTOS EJEMPLOS DE SAN MARTÍN Y SAN ESTEBAN NO SE HAN DE TOMAR LITERALMENTE COMO EJEMPLOS DE ELEVACIÓN HACIA ARRIBA DURANTE LA ORACIÓN

Con respecto a lo que algunas personas dicen sobre san Martín y san Esteban, debemos recordar que, aunque tuvieron visiones de Cristo, fueron gracias extraordinarias destinadas a confirmar una verdad espiritual. Estas personas saben muy bien que Cristo no llevó nunca la capa de san Martín -¡como si tuviera necesidad de ser protegido contra los elementos!-. No, esta manifestación fue para instrucción de aquellos de nosotros que somos llamados a la salvación como miembros del único cuerpo de Cristo. Cristo confirmaba, de esta forma simbólica, lo que ya había enseñado en el Evangelio.

Allí leemos que todo aquel que viste a un pobre o lo sirve en una necesidad material, física o espiritual por amor de Jesús, ha servido de hecho a Jesús mismo y será recompensado por él. En este ejemplo particular el Señor en su sabiduría decidió ratificar el Evangelio con un milagro y por eso se apareció a san Martín vestido con la capa que este había dado a un pobre.

Toda revelación como esta hecha a los hombres en la tierra tiene un profundo significado espiritual. Y por mi parte, creo que si la persona que la recibe pudiera captar este significado profundo de manera distinta, la visión sería innecesaria.[1] Aprendamos, pues, a ir más allá de la dura corteza y morder en lo jugoso del fruto.

¿Cómo haremos esto? Ciertamente, no como los herejes, pues son como borrachos que han apurado la copa y después la estrellan contra la pared. Mantengámonos en la verdad y evitemos esta grosera conducta. No debemos comer tanta fruta que lleguemos a aborrecer el árbol, ni hemos de beber tan desenfrenadamente que rompamos la copa cuando nos hayamos llenado. Ahora bien, el árbol y la copa representan visiones extraordinarias y otras gracias sensibles tales como los gestos de devoción que he señalado. La fruta y el vino representan el profundo significado espiritual de estas gracias. Si estos gestos están inspirados por el Espíritu, tienen sentido y son genuinos; de lo contrario, son hipócritas y falsos. Cuando son auténticos, son ricos en fruto espiritual, por eso no debemos despreciarlos. ¿No besa reverentemente la gente noble la copa por el vino que contiene? [2]

Por lo que respecta a la ascensión física de nuestro Señor a la vista de su madre y de sus discípulos, ¿han de entender esto los contemplativos como una invitación a estar absortos durante la oración, esperando contemplarle entronizado en su gloria o de pie en los cielos como lo vio san Esteban? Ciertamente, él no espera que escudriñemos el cielo durante el tiempo de nuestra actividad espiritual con el fin de contemplarle de pie, sentado, echado o en cualquier otra postura. No conocemos en realidad la naturaleza de la humanidad glorificada de nuestro Señor, ni conocemos tampoco la posición que ha adoptado en el cielo. Esto es trivial, por otra parte. Lo que sabemos es que su cuerpo humano y su alma están unidos para siempre con su divinidad en la gloria. No sabemos ni necesitamos saber qué hace, sino tan sólo que se posee a si mismo en completa libertad. Cuando en una visión se revela a si mismo en esta o aquella postura, lo hace para poner de relieve su mensaje espiritual y no para manifestar su semblante celestial.

Voy a clarificar más esto con un ejemplo. Estar de pie es símbolo de asistencia o apoyo. Antes de la batalla, por ejemplo, un amigo dirá a otro: «Animo, camarada. Lucha bravamente y no decaigas de ánimo, pues yo estaré a tu lado». Obviamente, cuando dice «yo estaré a tu lado», no se refiere a la postura física, pues quizá caminan en un escuadrón de caballería hacia una batalla que se ha de librar a caballo. Quiere decir que él estará allí dispuesto a ayudar. De modo semejante, nuestro Señor se apareció de pie a san Esteban durante su martirio para darle ánimos. No tenía intención de darnos una lección de cómo soñar despiertos. Más bien, es como si dijera a todos los mártires en la persona de san Esteban: «¡Mira, Esteban! He rasgado el firmamento para revelarme a mí mismo como presente aquí. Has de saber que yo estoy realmente a tu lado con mi fuerza omnipotente dispuesto a ayudarte. Así, pues, mantente en tu fe y soporta animosamente el mortal asalto de los que te apedrean, pues te coronaré con la gloria por el testimonio que has dado de mi, y no sólo a ti, sino a todos aquellos que sufren por mi amor».[3]

Espero que entiendas ahora que estas revelaciones físicas van dirigidas a manifestar una verdad espiritual, aunque pueda quedar oculta a un observador superficial.


NOTAS 

[1] * “... Para mover Dios al alma y levantarla del fin y extremo de su bajeza al otro fin y extremo de su alteza en su divina unión, halo de hacer ordenadamente y suavemente y al modo de la misma alma. ... . Por lo cual, la lleva primero instruyendo por formas e imágenes y vías sensibles a su modo de entender, ahora naturales, ahora sobrenaturales, y por discursos, a ese sumo espíritu de Dios.

Y ésta es la causa por que Dios le da las visiones y formas, imágenes y las demás noticias sensitivas e inteligibles espirituales; no porque no quisiera Dios darle luego en el primer acto la sabiduría del espíritu, ...Va Dios perfeccionando al hombre al modo del hombre, por lo más bajo y exterior, hasta lo más alto e interior.

De donde primero le perfecciona el sentido corporal, moviéndole a que use de buenos objetos naturales perfectos exteriores, como oír sermones, misas, ver cosas santas, mortificar el gusto en la comida, macerar con penitencia y santo rigor el tacto.

Y cuando ya están estos sentidos algo dispuestos, los suele perfeccionar más, haciéndoles algunas mercedes sobrenaturales y regalos para confirmarlos más en el bien, ofreciéndoles algunas comunicaciones sobrenaturales, así como visiones de santos o cosas santas corporalmente, olores suavísimos y locuciones, y en el tacto grandísimo deleite; con que se confirma mucho el sentido en la virtud y se enajena del apetito de los malos objetos.

... De esta manera, pues, la va Dios instruyendo y haciéndola espiritual, comenzándole a comunicar lo espiritual desde las cosas exteriores, palpables y acomodadas al sentido, según la pequeñez y poca capacidad del alma, para que mediante la corteza de aquellas cosas sensibles, que de suyo son buenas, vaya el espíritu haciendo actos particulares y recibiendo tantos bocados de comunicación espiritual, que venga a hacer hábito en lo espiritual y llegue a actual sustancia de espíritu, que es ajena de todo sentido; al cual, como habemos dicho, no puede llegar el alma sino muy poco a poco, a su modo, por el sentido, a que siempre ha estado asida.

Y así, a la medida que va llegando más al espíritu acerca del trato con Dios, se va más desnudando y vaciando de las vías del sentido, que son las del discurso y meditación imaginaria. De donde, cuando llegare perfectamente al trato con Dios de espíritu, necesariamente ha de haber evacuado todo lo que acerca de Dios podía caer en sentido (cf. 1 Cor. 13, 10), así como cuanto más una cosa se va arrimando más a un extremo, más se va alejando y enajenando del otro, y cuando perfectamente se arrimare, perfectamente se habrá también apartado del otro extremo. Por lo cual, comúnmente se dice un adagio espiritual, y es: Gustato spiritu, desipit omnis caro, que quiere decir: Acabado de recibir el gusto y sabor del espíritu, toda carne es insipiente. 

 (San Juan de la Cruz, Subida del monte Carmelo, Libro 2, cap 17, 3-5 -resumido-).

* En otro texto, el santo carmelita dice que los milagros y las visiones pueden alentar la fe, pero llega un momento en que no la aumentan sino que la disminuyen; un detrimento de la fe que puede ser en dos maneras:

La primera, acerca de los otros; porque, poniéndose a hacer la maravilla o virtud sin tiempo y necesidad, demás de que es tentar a Dios, que es gran pecado, podrá ser no salir con ella y engendrar en los corazones menos crédito y desprecio de la fe. Porque, aunque algunas veces salgan con ello, por quererlo Dios por otras causas y respectos, ...

... En la segunda manera puede asimismo recibir detrimento acerca del mérito de la fe, porque haciendo él mucho caso de estos milagros, se desarrima mucho del hábito sustancial de la fe, la cual es hábito oscuro; y así, donde más señales y testimonios concurren, menos merecimiento hay en creer. ...

...No es de condición de Dios que se hagan milagros, que, como dicen, cuando los hace, a más no poder los hace. Y por eso reprehendía él a los fariseos, porque no daban crédito sino por señales, diciendo: Si no viéredes prodigios y señales, no creéis (Jn. 4, 48). Pierden, pues, mucho acerca de la fe los que aman gozarse en estas obras sobrenaturales. 

(Subida del monte Carmelo, Libro 3,31, 8-9)

[2] *  “El alma no ha de poner los ojos en aquella corteza de figuras y objeto que se le pone de delante sobrenaturalmente, ahora sea acerca del sentido exterior, como son locuciones y palabras al oído y visiones de santos a los ojos, y resplandores hermosos, y olores a las narices, y gustos y suavidades en el paladar, y otros deleites en el tacto, que suelen proceder del espíritu, lo cual es más ordinario a los espirituales; ni tampoco los ha de poner en cualesquier visiones del sentido interior, cuales son las imaginarias; antes renunciarlas todas. Sólo ha de poner los ojos en aquel buen espíritu que causan, procurando conservarle en obrar y poner por ejercicio lo que es de servicio de Dios ordenadamente, sin advertencia de aquellas representaciones ni de querer algún gusto sensible. Y así, se toma de estas cosas sólo lo que Dios pretende y quiere, que es el espíritu de devoción, pues que no las da para otro fin principal; y se deja lo que él dejaría de dar, si se pudiese recibir en el espíritu sin ello (como habemos dicho, que es el ejercicio y aprehensión del sentido). 

(Subida del monte Carmelo, Libr 2 ,17.9)

*Las locuciones divinas  “pueden proceder en el entendimiento de tres causas, conviene a saber: del Espíritu Divino, que mueve y alumbra al entendimiento, y de la lumbre natural del mismo entendimiento, y del demonio, que le puede hablar por sugestión...

Cuando en las palabras y conceptos juntamente el alma va amando y sintiendo amor con humildad y reverencia de Dios, es señal que anda por allí el Espíritu Santo, el cual, siempre que hace algunas mercedes, las hace envueltas en esto.

Cuando procede de la viveza y lumbre solamente del entendimiento, el entendimiento es el que lo hace allí todo, sin aquella operación de virtudes, aunque la voluntad puede naturalmente amar en el conocimiento y luz de aquellas verdades, y, después de pasada la meditación, queda la voluntad seca, aunque no inclinada a vanidad ni a mal si el demonio de nuevo sobre aquello no la tentase. Lo cual no acaece en las que fueron de buen espíritu, porque después la voluntad queda ordinariamente aficionada a Dios e inclinada a bien, puesto que algunas veces después acaecerá quedar la voluntad seca, aunque la comunicación haya sido de buen espíritu, ordenándolo así Dios por algunas causas útiles para el alma; y otras veces no sentirá el alma mucho las operaciones o movimientos de aquellas virtudes, y será bueno lo que tuvo. Que por eso digo que es dificultosa de conocer algunas veces la diferencia que hay de unas a otras, por los varios efectos que en veces hacen; pero estos ya dichos son los comunes, aunque a veces en más, a veces en menos abundancia.

Aun las que son del demonio, a veces son dificultosas de entender y conocer, porque aunque es verdad que ordinariamente dejan la voluntad seca acerca del amor de Dios y el ánimo inclinado a vanidad, estimación o complacencia, todavía pone algunas veces en el ánimo una falsa humildad y afición hervorosa de voluntad fundada en amor propio, que a veces es menester que la persona sea harto espiritual para que lo entienda. Y esto hace el demonio por mejor encubrir(se), el cual sabe muy bien algunas veces hacer derramar lágrimas sobre los sentimientos que él pone, para ir poniendo en el alma las aficiones que él quiere. Pero siempre les procura mover la voluntad a que estimen aquellas comunicaciones interiores, y que hagan mucho caso de ellas, porque se den a ellas y ocupen el alma en lo que no es virtud, sino ocasión de perder la que hubiese.

(Subida del monte Carmelo, Libro 2. Cap 29,11)

[3] Dos ejemplos de cómo no se deben entender las visiones sobrenaturales desde lo que captan los sentidos:

“Demos caso que está un santo muy afligido porque le persiguen sus enemigos, y que le responde Dios, diciendo: Yo te libraré de todos tus enemigos. Esta profecía puede ser verdaderísima y, con todo eso, venir a prevalecer sus enemigos y morir a sus manos. Y así, el que la entendiera temporalmente, quedara engañado, porque Dios pudo hablar de la verdadera y principal libertad y victoria, que es la salvación donde el alma está libre y victoriosa de todos sus enemigos, mucho más verdaderamente y altamente que si acá se librara de ellos. Y así, esta profecía era mucho más verdadera y más copiosa que el hombre pudiera entender...

Pongamos otro ejemplo. Está una alma con grandes deseos de ser mártir. Acaecerá que Dios le responda diciendo: Tú serás mártir, y le dé interiormente gran consuelo y confianza de que lo ha de ser. Y, con todo, acaecerá que no muera mártir, y será la promesa verdadera. Pues ¿cómo no se cumplió así? Porque se cumplirá y podrá cumplir según lo principal y esencial de ella, que será dándole el amor y premio de mártir esencialmente; y así le da verdaderamente al alma lo que ella formalmente deseaba y lo que él la prometió. Porque el deseo formal del alma era, no aquella manera de muerte, sino hacer a Dios aquel servicio de mártir y ejercitar el amor por él como mártir. Porque aquella manera de morir, por si no vale nada sin este amor, el cual (amor) y ejercicio y premio de mártir le da por otros medios muy perfectamente; de manera que, aunque no muera como mártir, queda el alma muy satisfecha en que le dio lo que ella deseaba.

Porque tales deseos, cuando nacen de vivo amor, y otros semejantes, aunque no se les cumpla de aquella manera que ellos los pintan y los entienden, cúmpleseles de otra y muy mejor y más a honra de Dios que ellos sabían pedir. ...  

(Subida del monte Carmelo, Libr 2, 19, 12-13).

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Julio 2025

C. A,

miércoles, 18 de junio de 2025

NUBE DEL NO-SABER, 57

57.

CÓMO ALGUNOS JÓVENES PRESUNTUOSOS PRINCIPIANTES DISTORSIONAN LA PALABRA «ARRIBA»; LOS ENGAÑOS QUE SE SIGUEN.

Dejemos a un lado esta discusión ahora ahora[1] y volvamos a lo que comencé a decir sobre la comprensión espiritual de ciertas palabras clave. 

Dije más arriba que los jóvenes discípulos de espiritualidad que no tienen cuidado con la presunción están muy inclinados a interpretar mal la palabra «arriba». Oirán decir o leerán que los contemplativos deben «levantar su corazón a Dios». Inmediatamente comienzan a clavar la mirada en las estrellas como si estuvieran en otro planeta y a escuchar como si esperaran captar cantos celestiales de ángeles.

A veces enfocan su curiosa imaginación a penetrar los secretos de los planetas y a perforar el firmamento con la esperanza de ver en el espacio exterior. Están inclinados a imaginarse a Dios según sus propias fantasías, viéndole en suntuosa vestimenta y sentado en un trono exótico. Alrededor de él se imaginan ángeles en forma humana, dispuestos como músicos en una orquesta. Créeme, no se ha visto ni oído nada semejante en esta vida.[2]

Algunas de estas personas son engañadas de una manera increíble por el demonio, que incluso les enviará una especie de rocío que pretende ser el alimento celeste de los ángeles. Parece llegar suave y delicadamente de los cielos, dirigiéndose de modo maravilloso hacia su boca. Así han contraído el hábito de estar boquiabiertos como si trataran de coger moscas.

No te engañes. Todo esto es una ilusión, a pesar de sus matices piadosos, pues al mismo tiempo su corazón está vacío de fervor genuino. Por el contrario, esas locas fantasías les han llenado de tal vanidad, que el demonio puede llevarles fácilmente a hacerles oír extraños ruidos, iluminaciones raras y deliciosos olores. Es un engaño lamentable.

Estas gentes, sin embargo, no ven el engaño y están convencidas de que emulan a santos como Martín, que, en una revelación, vio a Cristo entre los ángeles vestido de esplendor; o Esteban, que vio al Señor glorioso en los cielos; o los discípulos, que le estaban mirando mientras desaparecía en las nubes. Creen que, como ellos, deberíamos mantener nuestra mirada fija en los cielos. 

Yo estoy de acuerdo en que deberíamos levantar nuestros ojos y manos en gestos corporales de devoción según nos impulse el Espíritu. Pero insisto en que nuestra actividad contemplativa no ha de dirigirse hacia arriba o abajo, a este lado o al otro, adelante o atrás, como si fuera una máquina. Pues no es actividad de la carne sino aventura de vida interior emprendida en el Espíritu.

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[1] Se refiere al tema que menciona al final del número anterior, donde habla de los herejes que siguen al anti-Cristo llevando una vida privada mundana mientras se esfuerzan por mostrar apariencia de virtud.

[2] Aunque Nube se refiere a los gustos por visiones exóticas de los misterios y las personas santas, viene bien aquí la reflexión que san Juan de la Cruz hace sobre las imágenes, denunciando que se corre con ellas el peligro de transformarlas en ídolos que más que ayudar a la cercanía de Dios ponen distancia. Hay sólo una linea muy sutil entre venerar (admiración y respeto al santo que representa una iamgen) y adorar (culto debido sólo a Dios) una imagen, ya ssea ésta una imagen material o fruto de nuestra imaginación.  El santo hace notar que “la persona devota de veras, en lo invisible principalmente pone la devoción y pocas imágenes ha menester, y de pocas usa...”. Tiene razón Nube “No te engañes. Todo esto es una ilusión, a pesar de sus matices piadosos, pues al mismo tiempo su corazón está vacío de fervor genuino”. Dice san Juan de la Cruz:

“El uso de las imágenes para dos principales fines le ordenó la Iglesia, es a saber: para reverenciar a los Santos en ellas, y para mover la voluntad y despertar la devoción por ellas a ellos; y cuanto sirven de esto son provechosas y el uso de ellas necesario. Y, por eso, las que más al propio y vivo están sacadas y más mueven la voluntad a devoción, se han de escoger, poniendo los ojos en esto más que en el valor y curiosidad de la hechura y su ornato. Porque hay, como digo, algunas personas que miran más en la curiosidad de la imagen y valor de ella que en lo que representa; y la devoción interior, que espiritualmente han de enderezar al santo invisible, olvidando luego la imagen, que no sirve más que de motivo, la emplean en el ornato y curiosidad exterior, de manera que se agrade y deleite el sentido y se quede el amor y gozo de la voluntad en aquello. Lo cual totalmente impide al verdadero espíritu, que requiere aniquilación del afecto en todas las cosas particulares.

Esto se verá bien por el uso abominable que en estos nuestros tiempos usan algunas personas que, no teniendo ellas aborrecido el traje vano del mundo, adornan a las imágenes con el traje que la gente vana por tiempo va inventando para el cumplimiento de sus pasatiempos y vanidades, y del traje que en ellas es reprendido visten las imágenes, cosa que a ellas fue tan aborrecible, y lo es; procurando en esto el demonio y ellos en él canonizar sus vanidades, poniéndolas en los santos, no sin agraviarles mucho. Y de esta manera, la honesta y grave devoción del alma, que de sí echa y arroja toda vanidad y rastro de ella, ya se les queda en poco más que en ornato de muñecas, no sirviéndose algunos de las imágenes más que de unos ídolos en que tienen puesto su gozo. Y así, veréis algunas personas que no se hartan de añadir imagen a imagen, y que no sea sino de tal y tal suerte y (hechura, y que no estén puestas sino de tal o tal manera, de suerte) que deleite al sentido; y la devoción del corazón es muy poca; y tanto asimiento tienen en esto como Micas en sus ídolos o como Labán, que el uno salió de su casa dando voces porque se los llevaban (Jue. 18, 24), y el otro, habiendo ido mucho camino y muy enojado por ellos, trastornó todas las alhajas de Jacob, buscándolos (Gn. 31, 34).

La persona devota de veras en lo invisible principalmente pone su devoción, y pocas imágenes ha menester y de pocas usa, y de aquéllas que más se conforman con lo divino que con lo humano, conformándolas a ellas y a sí en ellas con el traje del otro siglo y su condición, y no con éste, porque no solamente no le mueve el apetito la figura de este siglo, pero aun no se acuerda por ella de él, teniendo delante los ojos cosa que a él se parezca. Ni (en) esas de que usa tiene asido el corazón, porque, si se las quitan, se pena muy poco; porque la viva imagen busca dentro de sí, que es Cristo crucificado, en el cual antes gusta de que todo se lo quiten y que todo le falte.

Hasta los motivos y medios que llegan más a Dios, quitándoselos, queda quieto. Porque mayor perfección del alma es estar con tranquilidad y gozo en la privación de estos motivos que en la posesión con apetito y asimiento de ellos. Que, aunque es bueno gustar de tener aquellas imágenes que ayuden al alma a más devoción (por lo cual se ha de escoger la que más mueve), pero no es perfección estar tan asida a ellas que con propiedad las posea, de manera que, si se las quitaren, se entristezca”. (Subida del monte Carmelo, L. 3, ap 35, nn 3-5)

Junio 2025
C.A.

martes, 10 de junio de 2025

NUBE DEL NO-SABER 56

 


56.

QUE AQUELLOS QUE CONFÍAN MÁS EN SU PROPIA INTELIGENCIA NATURAL Y EN EL SABER HUMANO QUE EN LA DOCTRINA COMÚN Y LA DIRECCIÓN DE LA IGLESIA ESTÁN ENGAÑADOS.

Hay todavía otros que, aunque escapen a los engaños que acabo de describir, caen víctimas de su orgullo, de su curiosidad intelectual y de su saber de eruditos al rechazar la doctrina común y la orientación de la Iglesia.[1]

Estas personas y sus seguidores confían demasiado en su propio saber. Nunca estuvieron enraizados en esa humilde y ciega experiencia del amor contemplativo y de la bondad de vida que le acompaña. Son así vulnerables a la pseudo-experiencia trazada y dirigida por su enemigo espiritual. Llegan hasta levantarse y blasfemar contra los santos, los sacramentos y las ordenanzas de la santa Iglesia.

Los hombres sensuales y mundanos que creen que las exigencias de la Iglesia para la enmienda adecuada de su vida son demasiado molestas, corren pronta y fácilmente detrás de estos herejes, y los apoyan. Y todo porque imaginan que estos herejes los conducirán por una senda más suave que la santa Iglesia.

Ahora bien, creo realmente que todo aquel que no emprenda el camino arduo del cielo se deslizará fácilmente por el camino del infierno, como veremos cada uno de nosotros el último día. Estoy convencido de que si pudiéramos ver a estos herejes y sus seguidores en el momento actual, como los veremos en el día del juicio, nos daríamos cuenta de que, además de su abierta presunción al negar la verdad, están cargados con grandes y pesados pecados cometidos en su vida privada. Se dice de ellos que en su vida privada están tan llenos de vil lujuria como lo están de la falsa virtud que despliegan en su vida pública. Con toda verdad bien pueden llamarse los discípulos del Anticristo.

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NOTAS

[1] Es muy común y fácil en nuestro tiempo la crítica a la Iglesia situados en una posición que creemos más elevada que la institución que lleva veinte siglos discerniendo su misión y su tarea, con claroscuros, pero con la confianza puesta en el Espíritu Santo. Como dicen muchos, la prueba de que Dios va en la barca de la Iglesia es que ésta, a pesar de las tormentas internas que ha atravesado, no se ha hundido.

Dice Henri de Lubac, en su excelente libro Meditación sobre la Iglesia,(capítulo octavo, Nuestras tentaciones respecto de la Iglesia)) :

¡Cuántas tentaciones asaltan respecto de esta Madre, a la que solamente deberíamos limitarnos a amar! ...  Para amar a la Iglesia es necesario, venciendo antes toda repugnancia, amarla en toda su tradición y engolfarse, por así decirlo, en toda su vida como el grano se hunde en la tierra. De manera parecida hay que renunciar al veneno sutil de las místicas y de las filosofías religiosas que querrían sustituir la feo que se ofrecerán a trasponerla. Esta es la manera católica de perderse para llegar  a encontrarse. ... 

Hay que llevar hasta sus últimas consecuencias la lógica de la encarnación, por la cual la divinidad se adapta a la debilidad humana. Para poseer este tesoro hay que sostener el “vaso de arcilla” que lo contiene, y fuera del cual se evapora. Hay que ser sin reticencia “de la plebe de Dios”. Dicho de otra manera: la necesidad de ser humilde para adherirse a Cristo lleva consigo la necesidad de ser humilde  para buscarle en la Iglesia y de añadir a la sumisión del entendimiento “el amor de la fraternidad”.

No deja de ser un acto de soberbia creer tener la razón en cuestiones de fe y costumbres contra la tradición milenaria de una Iglesia que, ciertamente, ha dejado mucho que desear en su historia, pero que lleva en su fragilidad humana el tesoro de la divina tradición evangélica. Habría que meditar las palabras de san Pablo: "Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros" (2 Cor 4,7)

Cuando surgen tormentas no está la solución en abandonar la barca sino en mantenerse en ella firmes y entregados para que la nave recupere la estabilidad y se mantenga a flote en un mundo espiritualmente inestable. Deberíamos meditar esta cuetión: ¿hubiera llegado la tradición evangélica a nuestro tiempo sin la existencia de una instirución llamada Iglesia? 

Merece la pena mantener vivo el tesoro espiritualde la Iglesia evitando el deslizamiento hacia caminos de narcisismos espirituales individualistas, muy atractivos pero poco realistas y peligrosos dada la condición frágil y pecadora de la humanidad. Como dice H. de Lubac es conveniente la sumisión del entendimiento a la doctrina común  antes que perder "el amor de la fraternidad"; lo importante es amar, evitando que las ideologías y postureos narcisistas resquebrajen la necesaria unidad. 

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Junio 2025
Casto Acedo