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viernes, 5 de junio de 2020

Orar con la Santísima Trinidad (Domingo 7 de Junio)

En la Solemnidad de la Santísima Trinidad, fiesta de este domingo 7 de Junio, se celebra también el día "Pro-Orantibus", una jornada que la Iglesia dedica a recordar que existen personas, monjes y monjas,  que dedican su vida a la contemplación como tarea específica; consagrados y consagradas para servir a Dios en el  servicio de la oración.  No les olvidemos nunca, y hagamos hoy una petición especial para que no se pierda el espíritu contemplativo en la Iglesia, ya sea por el aumento de vocaciones a la vida consagrada en estos monasterios o por los nuevos caminos o monacatos que tenga a bien abrir el Espíritu. 

* * * 

Dedicando un día a festejar a la Santísima Trinidad no celebramos ningún acontecimiento salvador concreto. En los últimos meses, aunque no hemos tenido la oportunidad de celebrarlo todo comunitariamente debido al covid-19, el motivo de nuestras celebraciones han sido acontecimientos salvadores tales como  la pasión y la muerte de Jesús, su resurrección, la aparición a los discípulos, la  ascensión a los cielos, la venida del Espíritu, o la fiesta de Cristo Sacerdote que nos remite a Jesucristo entregado al Padre en sacrificio por la humanidad, y próximamente nos gozaremos en el regalo que supone la presencia sacramental del Corpus Christi, Pan de Vida para la salvación del mundo. 


Todas estas fiestas son memoriales de todo lo que Dios ha hecho por nosotros, y así, en su hacer se ha dado a conocer. La Solemnidad de la Santísima Trinidad, sin embargo, es una solemnidad de otro orden. Quiere que por un día no pensemos en “Dios para nosotros”. (¡Qué bueno que viniste!, diría un sudamericano), sino en el “Dios que es” (¡Qué bueno es que seas y estés!).

A Dios comienzas a conocerle por sus obras. Porque un día palpaste su presencia salvadora en tu vida. Le sentiste como amigo que te ama y acompaña en tus soledades, como terapeuta que curó las heridas de tu soberbia, tu avaricia o tu tristeza. Te admiraste de cómo te liberó de la depresión a la que estabas atado y que te ahogaba; te dio fuerzas acompañándote en tus dolores,  y consuelo en los momentos de duelo. Le has conocido  y le bendices como consejero que te ayudó a tomar aquella opción fundamental tan importante para tu vida, ... En todos esos momentos dejaste hacer al Espíritu, y así pudiste experimentar la Pascua, el paso de Dios por tu historia personal. 

Es bueno gozarse en Dios cuando se percibe en su hacer. Pero Dios te mira siempre, incluso cuando no lo sientes y lo crees lejano, y ausente de tu vida. ¿Recuerdas a los discípulos de Emaús? Se creían abandonados y solos, y Jesús mismo les sale al paso para decirles que Dios nunca les abandonó. Precisamente cuando más lejano parecía de ellos, era cuando más fuertemente los estaba amando en la cruz. En su pasión, muerte y descenso a los infiernos llevó consigo todas las mentiras, traiciones, y crímenes de la humanidad. Olvidado de todos, tiene presente a todos. Asumiendo el sufrimiento de la humanidad toda, descendió hasta las cloacas de sus miserias y tomándola de la mano la rescató. Hoy no podemos sino exclamar: ¡Cuánto haces por nosotros, Señor! ¡Cuánto agradecimiento en nuestro corazón! 

Dios “para mí”. Importante. Pero la fiesta de hoy está pidiendo una mirada nueva. Me invita a despojarme de ese "para mí" en lo que tiene de interés personal, para contemplarle  en su mismo Ser.



Aunque nunca te has parado a pensarlo, más allá de tus percepciones, experiencias, consuelos,  agradecimientos, o elucubraciones, Dios es. Y, perdona que te lo diga, porque son muchas las veces en que olvidas algo fundamental: aunque tú te olvidaras de Él, aunque no le rindieras culto, aunque no te hubiera creado a ti, ni hubiera creado el universo, y aunque nunca te hubiera salvado de nada, Dios no dejaría de ser. Tu ser (creación) y tu existir en luz (redención) no es una necesidad de Dios. Quienes necesitan de los hombres para existir son los ídolos (Sal 135,15). 



Dios es más allá de todo ser. Dios es Amor. ¿Necesitó Dios crear al hombre para poder amar? Pues no. El Dios de Jesucristo, la Santísima Trinidad, tiene cumplido en sí mismo su Ser-Amor. El Amor es pleno y completo en el núcleo de la Trinidad; tres personas que se aman hasta ser Uno. ¿Crees que es imposible? 


La versión más parecida de este Misterio, aunque con las deficiencias propias de lo humano, la tienes en el amor conyugal, por el que dos personas pueden amarse hasta el punto de ser “una sola carne” (Gn 2,24; Mt 19,5), un solo ser, sin dejar de ser dos. O en la familia: padre, madre e hijos, son varios y son “unidad familiar”, algo más que la suma de tres partes; no es matemáticas, es amor. O en esa conjunción que se da entre el amante, el amado y el amor (padre-madre amante, hijo-hija amados, espíritu de amor que fluye entre ellos)… 

Estas son algunas de las imágenes con las que el imaginario cristiano ha intentado expresar lo inexpresable: la plenitud que Dios es en sí mismo, que existe desde siempre, por siempre y para siempre. Es lo que filosóficamente se denomina aseidad (cualidad por la que un ser es y existe por sí mismo), palabra cuya meditación propició la conversión del joven Thomas Merton en sus años de juventud. Ya ves que también la mente es camino para llegar a Él.

Cuando se siente, se piensa y se contempla a Dios en sí mismo se abre una puerta nueva para entender y vivir la espiritualidad. Se descubre que, más allá del propio espíritu humano y sus batallas por sobrevivir en medio de la oscuridad, hay una luz que siempre ha estado, que está y que seguirá estando ahí. Adentrarte, o dicho más exactamente, ser introducido en este misterio de luz y amor es lo más gratificante que puedes vivir; porque te sitúa  más allá de toda pre-ocupación y ocupación humana, y todo tu ser encuentra ahí su descanso. Quien no se resiste a la seducción del Espíritu, y se abandona a la contemplación del Misterio de la Trinidad, queda purificado de sus ídolos, porque, a decir de san Juan de la Cruz, en la cima del monte, en la plenitud, “ahí solo mora honra y gloria de Dios”. 

* * *
En la fiesta de la Santísima Trinidad, no pienses (silencia tu mente), no te limites a recordar agradecido las heridas que Dios te sanó, ni las gracias especiales que te dio (silencia tu memoria); no hagas propósito de cambiar nada, ni planes para reorientar tu vida (silencia tu voluntad). Hoy solamente, contempla; adora y confía. No tienes nada que hacer, sólo dejarte hacer.

La Santísima Trinidad no es una fiesta para pensar en las maravillas que Dios ha hecho por ti, sino una invitación a permitir que Dios te acune en su seno y goces de la mayor gracia: ser y estar en la Trinidad; reposar sobre los brazos del Padre, en compañía del Hijo y respirando Vida en el Espíritu Santo.

“Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor”, dijo san Juan de la Cruz. Seguro que esta frase la has meditado casi siempre como una llamada urgente a “hacer”. Al leerla pensaste que el amor al que se refiere el autor es, evidentemente, tu amor. Medítala hoy desde otra perspectiva, desde el Amor que es Dios.  “¿Te siente vacío o vacía, triste, fracasado o fracasada, es la frustración la tónica de tu espíritu? ¿No hay amor en ti? Pues, ahí donde has perdido el amor, pon a Dios y sacarás amor".


* * *

Practica: 


* Afloja y suelta tus tensiones corporales, tus pensamientos de ahora, tus experiencias pasadas y tus expectativas futuras. 

* Entra en Presencia. Dios es "Presente". ¡Adéntrate en el Ahora!.



* Déjate seducir por el circulo de Amor que es la Santísima Trinidad y permite que te abarque y te inunde. 

*Abandónate en brazos del Padre, aprecia la compañía del Hijo y siente la caricia del Espíritu Santo.

*Observa cómo la contemplación con Dios te reconcilia con Él, con tus hermanos, y contigo mismo. Siente la armonía de reconciliación. Date tiempo


* * *

Al final, no dejes de tomar nota en tu diario. Recordar las dificultades, sugerencias, recuerdos, llamadas a actuar, etc. que Dios te sugiere tras su encuentro contigo, te ayudará a entenderle y entenderte a ti mismo cada vez con más claridad. 

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Transcribo aquí, por si te interesa, una oración clásica a la Santísima Trinidad, de la santa carmelita descalza Isabel de la Trinidad. Un resumen de su espiritualidad lo tienes clickando bajo la foto.




ELEVACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD 

(Preparación a la oración)

¡Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayúdame a olvidarme enteramente de mí para establecerme en Ti, inmóvil y tranquila, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, ¡oh mi Inmutable!, sino que cada minuto me sumerja más en la hondura de tu Misterio.

Inunda mi alma de paz; haz de ella tu cielo, la morada de tu amor y el lugar de tu reposo. Que nunca te deje allí solo, sino que te acompañe con todo mi ser, toda despierta en fe, toda adorante, entregada por entero a tu acción creadora.

(Dirígete al Hijo,
 segunda persona de la Trinidad)


¡Oh, mi Cristo amado, crucificado por amor, quisiera ser una esposa para tu Corazón; quisiera cubrirte de gloria amarte… hasta morir de amor! Pero siento mi impotencia y te pido «ser revestida de Ti mismo»; identificar mi alma con todos los movimientos de la tuya, sumergirme en Ti, ser invadida por Ti, ser sustituida por Ti, a fin de que mi vida no sea sino un destello de tu Vida. Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.

¡Oh, Verbo eterno, Palabra de mi Dios!, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero hacerme dócil a tus enseñanzas, para aprenderlo todo de Ti. Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las impotencias, quiero fijar siempre la mirada en Ti y morar en tu inmensa luz. ¡Oh, Astro mío querido!, fascíname para que no pueda ya salir de tu esplendor.


(Palabras al Espíritu Santo, 
tercera persona de la trinidad)



¡Oh, Fuego abrasador, Espíritu de Amor, «desciende sobre mí» para que en mi alma se realice como una encarnación del Verbo. Que yo sea para El una humanidad suplementaria en la que renueve todo su Misterio.



(Oración al Padre, primera persona)



Y Tú, ¡oh Padre Eterno!, inclínate sobre esta pequeña criatura tuya, «cúbrela con tu sombra», no veas en ella sino a tu Hijo Predilecto en quien has puesto todas tus complacencias.

(Conclusión: pide vivir sumergida en eterna comunión con Dios)

¡Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo!, yo me entrego a Ti como una presa. Sumergíos en mí para que yo me sumerja en Vos, mientras espero ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas.



Casto Acedo. paduamerida@gmail.com. Junio 2020

sábado, 30 de mayo de 2020

El aliento del alma (Pentecostés)

Una oración para Pentecostés. 

“Entonces el Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo” (Gn 2,7).

Hermoso versículo del libro del Génesis. Cada vez que lo leo imagino al autor, un judío exiliado en Mesopotamia donde la cultura del adobe y las vasijas de arcilla disfrutan una época de esplendor. Nuestro hagiógrafo observa cómo los alfareros modelan sus vasijas con el barro sacado de las tierras que bordean los ríos Éufrates y Tigris.

 Los poemas babilónicos hablan de una diosa, Marduk, que en el paradisíaco vergel donde convergen los dos ríos, da vida al héroe nacional, Guilgamés. La diosa  moldea el cuerpo del superhombre con  arcilla empapada en sangre derramada durante una pelea entre dioses;  y toma vida por el  aliento que la diosa  insufla en su nariz.

El autor bíblico no se había preguntado nunca el cómo y cuando había sido creado el género humano. Su Dios era de otro orden; no se había dado a conocer por mitos intemporales que cuentan historias y enseñanzas para explicar lo desconocido. Su Dios se había revelado obrando en la historia de su pueblo,  salvando del hambre, de la enfermedad, de la esclavitud y de la muerte. 

No obstante, observando el interés de los babilonios por las historias de creación no dudó ni un momento en señalar a su único Dios como autor del origen del hombre. Adaptándose a la cultura en la que se halla cuenta que  Dios crea a Adán, el primer hombre como cenit de todo lo creado antes. Yahvé, "el que es desde antes de existir nada", creó todo ordenando el caos (nada) preexistente con su Palabra y animándolo con su Espíritu.  Para ello nuestro escritor toma las imágenes de la cultura en la que vive su exilio: polvo, agua, arcilla, alfarero, soplo...

Al decir que Adán “se convirtió en ser vivo” el autor sagrado afirma que toda persona recibe de Dios su aliento  (ruáh, espiritu). Todo ser ha sido creado por Dios, y todo se sostiene por su Espíritu: “(Todas las criaturas) aguardan a que les eches comida a su tiempo: se la echas, y la atrapan; abres tu mano, y se sacian de bienes; escondes tu rostro, y se espantan; les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo” (Sal 134,27-30).

El aliento de Dios, su soplo, está en la base del ser y el devenir de los seres. La tierra, el mar, los cielos, tú y yo, el universo entero, … viven gracias al aliento de Dios. De la conexión espiritual con Dios depende la vida toda. Sin su Espiritu, todo perece.

Después de resucitar, Jesús se apareció a los suyos y les dijo: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”; es decir, como el Espíritu descendió sobre mi en el Jordán y me urgió a “evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos;  a proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4,18), así será para vosotros. "Sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo”, y les da el encargo de atar el mal y desatar el bien. 

El soplo de Jesús sobre los discípulos va a generar el movimiento del envío, lo cual evidencia que el Espíritu no es sólo Creador, también Redentor. El Espíritu es motor de nuestra razón de ser, está presente en el punto de partida de la práctica de la justicia, es la fuente del dinamismo del amor. Y amar como Dios es la vocación y destino (espiritualidad) del hombre.


* * *
Prácticamente todas las religiones tienen en cuenta la respiración como símbolo del Espíritu y camino para entrar en comunión con Él. 

Hoy es Pentecostés, la fiesta del Espíritu. Y te ofrezco aprovechar la evocación y contacto con la realidad de tu aliento para entrar en el silencio de Dios. 

·        Comienza  con la Secuencia del Espíritu Santo, esa invocación que te dispone a ser pertrechado por el Espíritu para afrontar con paciencia los avatares de la vida: oscuridad, sequedad, frialdad, fatigas, errores, etc.,; "Ven, Espíritu divino, / manda tu luz desde el cielo...".

·        Después de esa invocación, silencia tu cuerpo manteniendo la postura adecuada para permanecer  en quietud. Relaja todos y cada uno de los músculos que no necesitas para mantenerte despierto y respirar. Imagina como la caricia de Dios va moldeando tu cuerpo, como el alfarero que modela una vasija: tu cabeza, tronco, manos, pies,… Deja que el barro que eres se rinda dócil a sus manos. 

·        Observa ahora con atención cómo tus pulmones reciben por la nariz el aire que te une a toda la creación. Siente la comunicación, el diálogo y la compenetración, con el Todo y con todo al ritmo de tu inspiración y espiración. 

·       Deja que el aliento de Dios te invada. e invada. El Espíritu se une a tu espíritu. Sumérjete en Dios Espíritu Santo, que “lo trasciende todo, lo penetra todo, y lo invade todo” (Ef 4,6). En él vives, te mueves y existes (Hch 17,28).  ¡Te sientes uno con Él! 

·       “Todo es presencia y gracia. Vivir es este encuentro”. Quédate ahí, en gracia, en presencia… Tu espíritu unido al Espíritu… "¡Tú eres yo, yo soy Tú!  

·        Finalmente, repite con el salmo y el magníficat:“Todo ser que alienta alabe al Señor”.(Sal 150, 6). "Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador" (Lc 2,47).


 * * *

Terminada tu oración. Siéntate, toma papel y lápiz y escribe tu experiencia del momento.

·        Si ha sido gratificante, ¿qué he sentido? ¿Qué mociones –movimientos de tu corazón- han surgido en mi? ¿Perdón? ¿Alabanza? ¿Atención a la creación? ¿Comunión? ¿Comunicación de bienes? …

·        Si no has conseguido entrar en el silencio y el recogimiento necesarios: ¿Qué esperaba del momento? Ya sabes que la oración de silencio es desinteresada: sin un “por qué”, sin un “para qué”. …¿Qué me ha distraído? ¿Cuánto de utilidad le pido a mi momento de oración? ¿Qué ocupa mi corazón que le impide entrar en silencio?

·        A que me llama la práctica del silencio de hoy: ¿Moderar mi deseo de….? ¿Cuidar mis relaciones con …. (personas, cosas)? ¿Desprenderme de tiempo o bienes en beneficio de alguien? ¿Más fidelidad a …? ¿Desapego de ….? ¿Seguir orando a pesar de la sequedad?


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Que no te falte nunca el aliento de Dios. Y no olvides que si el alimento material es el sostén del cuerpo, la práctica de la oración es el aliento del alma.

Mérida. Mayo 2020

jueves, 28 de mayo de 2020

Camino de Perfección. 28



CAPÍTULO 28

En que declara qué es oración de recogimiento, y pónense algunos medios para acostumbrarse a ella.

1. Ahora mirad que dice vuestro Maestro: «Que estás en los cielos».

¿Pensáis que importa poco saber qué cosa es cielo y adónde se ha de buscar vuestro sacratísimo Padre? Pues yo os digo que para entendimientos derramados que importa mucho, no sólo creer esto, sino procurarlo entender por experiencia. Porque es una de las cosas que ata mucho el entendimiento y hace recoger el alma.

2. Ya sabéis que Dios está en todas partes. Pues claro está que adonde está el rey, allí dicen está la corte. En fin, que adonde está Dios, es el cielo. Sin duda lo podéis creer que adonde está Su Majestad está toda la gloria. Pues mirad que dice San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo. ¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta verdad y ver que no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con El, ni ha menester hablar a voces? Por paso que hable, está tan cerca que nos oirá. Ni ha menester alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a padre, pedirle como a padre, contarle sus trabajos, pedirle remedio para ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija.

3. Se deje de unos encogimientos que tienen algunas personas y piensan es humildad. Sí, que no está la humildad en que si el rey os hace una merced no la toméis, sino tomarla y entender cuán sobrada os viene y holgaros con ella. ¡Donosa humildad, que me tenga yo al Emperador del cielo y de la tierra en mi casa, que se viene a ella por hacerme merced y por holgarse conmigo, y que por humildad ni le quiera responder ni estarme con El ni tomar lo que me da, sino que le deje solo. Y que estándome diciendo y rogando le pida, por humildad me quede pobre, y aun le deje ir, de que ve que no acabo de determinarme!

No os curéis, hijas, de estas humildades, sino tratad con El como con padre y como con hermano y como con señor y como con esposo; a veces de una manera, a veces de otra, que El os enseñará lo que habéis de hacer para contentarle. Dejaos de ser bobas; pedidle la palabra, que vuestro Esposo es, que os trate como a tal.



4. Este modo de rezar, aunque sea vocalmente, con mucha más brevedad se recoge el entendimiento, y es oración que trae consigo muchos bienes. Llámase recogimiento, porque recoge el alma todas las potencias y se entra dentro de sí con su Dios, y viene con más brevedad a enseñarla su divino Maestro y a darla oración de quietud, que de ninguna otra manera. Porque allí metida consigo misma, puede pensar en la Pasión y representar allí al Hijo y ofrecerle al Padre y no cansar el entendimiento andándole buscando en el monte Calvario y al huerto y a la columna.

5. Las que de esta manera se pudieren encerrar en este cielo pequeño de nuestra alma,adonde está el que le hizo, y la tierra, y acostumbrar a no mirar ni estar adonde se distraigan estos sentidos exteriores, crea que lleva excelente camino y que no dejará de llegar a beber el agua de la fuente, porque camina mucho en poco tiempo. Es como el que va en una nao, que con un poco de buen viento se pone en el fin de la jornada en pocos días, y los que van por tierra tárdanse más.

6. Estos están ya, como dicen, puestos en la mar; que, aunque del todo no han dejado la tierra, por aquel rato hacen lo que pueden por librarse de ella, recogiendo sus sentidos a sí mismos. Si es verdadero el recogimiento, siéntese muy claro, porque hace alguna operación. No sé cómo lo dé a entender. Quien lo tuviere, sí entenderá. Es que parece se levanta el alma con el juego, que ya ve lo es las cosas del mundo. Alzase al mejor tiempo y como quien se entra en un castillo fuerte para no temer los contrarios: un retirarse los sentidos de estas cosas exteriores y darles de tal manera de mano que, sin entenderse, se le cierran los ojos por no las ver, porque más se despierte la vista a los del alma.

Así, quien va por este camino casi siempre que reza tiene cerrados los ojos, y es admirable costumbre para muchas cosas, porque es un hacerse fuerza a no mirar las de acá. Esto al principio, que después no es menester; mayor se la hace cuando en aquel tiempo los abre. Parece que se entiende un fortalecerse y esforzarse el alma a costa del cuerpo, y que le deja solo y desflaquecido, y ella toma allí bastimento para contra él.

7. Y aunque al principio no se entienda esto, por no ser tanto –que hay más y menos en este recogimiento-, si se acostumbra (aunque) al principio dé trabajo, porque el cuerpo torna de su derecho, sin entender que él mismo se corta la cabeza en no darse por vencido), si se usa algunos días y nos hacemos esta fuerza, verse ha claro la ganancia y entenderán, en comenzando a rezar, que se vienen las abejas a la colmena y se entran en ella para labrar la miel, y esto sin cuidado nuestro; porque ha querido el Señor que por el tiempo que le han tenido, se haya merecido estar el alma y voluntad con este señorío, que en haciendo una seña no más de que se quiere recoger, la obedezcan los sentidos y se recojan a ella. Y aunque después tornen a salir, es gran cosa haberse ya rendido, porque salen como cautivos y sujetos y no hacen el mal que antes pudieran hacer. Y en tornando a llamar la voluntad, vienen con más presteza, hasta que a muchas entradas de éstas quiere el Señor se queden ya del todo en contemplación perfecta.

8. Entiéndase mucho esto  que queda dicho, porque, aunque parece oscuro, se entenderá a quien quisiere obrarlo. Así que caminan por mar; y pues tanto nos va no ir tan despacio, hablemos un poco de cómo nos acostumbraremos a tan buen modo de proceder. Están más seguros de muchas ocasiones; pégase más presto el fuego del amor divino, porque con poquito que soplen con el entendimiento, como están cerca del mismo fuego, con una centellica que le toque se abrasará todo. Como no hay embarazo de lo exterior, estáse sola el alma con su Dios: hay gran aparejo para entenderse.

9. Pues hagamos cuenta que dentro de nosotras está un palacio de grandísima riqueza, todo su edificio de oro y piedras preciosas, en fin, como para tal Señor; y que sois vos parte para que este edificio sea tal, como a la verdad es así, que no hay edificio de tanta hermosura como una alma limpia y llena de virtudes, y mientras mayores, más resplandecen las piedras; y que en este palacio está este gran Rey, que ha tenido por bien ser vuestro Padre; y que está en un trono de grandísimo precio, que es vuestro corazón.
 

10. Parecerá esto al principio cosa impertinente -digo, hacer esta ficción para darlo a entender- y podrá ser aproveche mucho, a vosotras en especial; porque, como no tenemos letras las mujeres, todo esto es menester para que entendamos con verdad que hay otra cosa más preciosa, sin ninguna comparación, dentro de nosotras que lo que vemos por de fuera. No nos imaginemos huecas en lo interior. Yplega a Dios sean solas mujeres las que andan con este descuido; que tengo por imposible, si trajésemos cuidado de acordarnos tenemos tal huésped dentro de nosotras, nos diésemos tanto a las cosas del mundo, porque veríamos cuán bajas son para las que dentro poseemos. Pues ¿qué más hace una alimaña que en viendo lo que le contenta a la vista harta su hambre en la presa? Sí, que diferencia ha de haber de ellas a nosotras.

11. Reiránse de mí, por ventura, y dirán que bien claro se está esto, y tendrán razón; porque para mí fue oscuro algún tiempo. Bien entendía que tenía alma; mas lo que merecía esta alma y quién estaba dentro de ella, si yo no me tapara los ojos con las vanidades de la vida para verlo, no lo entendía. Que, a mi parecer, si como ahora entiendo que en este palacio pequeñito de mi alma cabe tan gran Rey, que no le dejara tantas veces solo, alguna me estuviera con El, y más procurara que no estuviera tan sucia. Mas ¡qué cosa de tanta admiración, quien hinchiera mil mundos y muy mucho más con su grandeza, encerrarse en una cosa tan pequeña! A la verdad, como es Señor, consigo trae la libertad, y como nos ama, hácese a nuestra medida.

12. Cuando un alma comienza, por no la alborotar de verse tan pequeña para tener en sí cosa tan grande, no se da a conocer hasta que va ensanchándola poco a poco, conforme a lo que es menester para lo que ha de poner en ella. Por esto digo que trae consigo la libertad, pues tiene el poder de hacer grande este palacio. Todo el punto está en que se le demos por suyo con toda determinación, y le desembaracemos para que pueda poner y quitar como en cosa propia. Y tiene razón Su Majestad, no se lo neguemos. Y como El no ha de forzar nuestra voluntad, toma lo que le damos, mas no se da a Sí del todo hasta que nos damos del todo.

Esto es cosa cierta y, porque importa tanto, os lo acuerdo tantas veces: ni obra en el alma como cuando del todo sin embarazo es suya, ni sé cómo ha de obrar; es amigo de todo concierto. Pues si el palacio henchimos de gente baja y de baratijas, ¿cómo ha de caber el Señor con su corte? Harto hace de estar un poquito entre tanto embarazo.

13. ¿Pensáis, hijas, que viene solo? ¿No veis que dice su Hijo: «que estás en los cielos?». Pues un tal Rey, a osadas que no le dejen solo los cortesanos, sino que están con El rogándole por nosotros todos para nuestro provecho, porque están llenos de caridad. No penséis que es como acá, que si un señor o prelado favorece a alguno por algunos fines, o porque quiere, luego hay las envidias y el ser malquisto aquel pobre sin hacerles nada.

Mérida Mayo 2020

Oración de recogimiento

Santa Teresa habla en la tercera morada de la oración de recogimiento (activo). La base del tema, expuesta por la misma Teres en el capítulo 28 de Camino de perfección q Tomado de la página de espiritualidad carmelitana CIPECAR os pongo aquí el resumen del tema. En entrada aparte os paso el Capítulo 28 de Camino de perfección de Santa Teresa.


Oración de recogimiento 
(Camino de perfección, 28)

Texto tomado de

Cómo entrar dentro de sí. Es un tema central del proceso de crecimiento espiritual. Santa teresa lo incluirá en las tercera moradas. El recogimiento es un estadio intermedio entre la oración rezada y la oración de pura contemplación. En el capítulo 28 de Camino de perfección Teresa intenta decirnos qué es oración de recogimiento, los medios, y cómo podemos acostumbrarnos a ello.
En un primer momento nos ha dicho que recogerse es centrarse en el Otro. Ahora consiste en «entrar, con El, dentro de sí».
Un presupuesto básico: entrar dentro de sí mismo. La Santa prefirió como punto de partida la segunda palabra del Padrenuestro «que estás en los cielos». No en los cielos estrellados, sino en los cielos de mi alma o de mi vida, cielos espaciosos y dilatados de mi espíritu. Le da calado teológico al tema del recogimiento, hondura de fe. La interioridad del hombre es morada, o templo del Espíritu. Dios tiene sus delicias ahí, en estar con nosotros. Es importante «no solo creerlo, sino procurar entenderlo por experiencia» (C 28,1). Esto de experimentar que somos morada de Dios no es cosa fácil cuando un alma comienza a orar. «El no se da a conocer hasta que va ensanchándola poco a poco, conforma a lo que es menester para lo que ha de poner en ella» (C 28,12)
Consignas
  • Ahí, en mi espacio interior, «Dios está tan cerca que nos oirá» (C 28,2), basta hablarle bajito.
  • Basta «ponerse en soledad y mirarle dentro de sí, y no extrañarse de tan buen huésped» (C 28,2).
  • Aprender a «hablarle como a Padre, pedirle como a Padre» (C 28,2).
  • Comunicarse con El sin falsas humildades (cf C 28,3).
  • Audacia cristiana: «tratad con él como con Padre y como con hermano y como con Señor y como con Esposo, a veces de una manera, a veces de otra, que El os enseñará lo que habéis de hacer para contentarle. Dejaos de ser bobas: pedidle la palabra, que vuestro Esposo es, que os trate como a tal» (C 28,3).
Recogerse 
¿Qué es? «Llámase recogimiento porque recoge el alma toda las potencias y se entra dentro de sí» (C 28,4).
  • Es cosa del alma, es decir, cosa del centro interior de la persona.
  • Es ella la que ha de convocar hacia dentro los sentidos y potencias.
  • El alma misma «se entra dentro de sí con su Dios» (C 28,4).
  • Dios actúa ahí: «viene con más brevedad a enseñarla su divino Maestro» (C 28,4).
  • La persona recibe todo el misterio de Cristo con hondura y sentido nuevos, en ese nuevo mundo de la interioridad.
Catarata de imágenes plásticas. «Es llegar a beber el agua de la fuente» (C 28,5). «Caminar mucho en poco tiempo» (C 28,5). Es como un viaje por mar llevados por el viento, es entrarse como las abejas en la colmena «para labrar allí la miel» (C 28,7). Es disponer de una centellica para soplar sobre ella y prender fuego de amor que lo abrase todo (C 28,8).
Cómo acostumbrarse. «Hablemos un poco de cómo nos acostumbraremos a tan buen modo de proceder» (C 28,8).
  • «Hagamos cuenta que dentro de nosotras está un palacio de grandísima riqueza» (C 28,9).
  • Pero el palacio no es fin para sí mismo, es morada para alguien. «No nos imaginemos huecas por dentro» (C 28,10). «En este palacio está un gran rey» (C 28,9).
  • Mi interioridad tiene una especie de dimensión religiosa y sacra: está hecha para ser capacidad de Dios, morada para él.
  • Entrar dentro.
  • Ser sensibles a la acción de El. Dios no nos habita como el ídolo está en su templo. Está en el palacio interior para la comunión de las personas.
  • El se da a conocer, enriqueciéndola experiencia interior del orante. «Que pueda poner y quitar como en cosa propia» (C 28,12). «El no ha de forzar nuestra voluntad», pues «El no se da a Sí del todo hasta que nos damos del todo» (C 28,12).



Lectura complementaria.

Lee detenidamente estos pensamientos del Diario de Etty Hillesum, una mujer que sintoniza con Teresa y que puede sintonizar también contigo.
«Creo que lo voy a hacer: cada mañana, antes de ponerme a trabajar, dedicaré media hora a «volverme hacia el interior», a escuchar lo que pasa en mí. También podría decir meditar. Pero esa palabra me hace sentirme aún un tanto incómoda. 
Sí, ¿por qué no media hora de paz conmigo misma? Movemos los brazos, las piernas y otros músculos por la mañana en el cuarto de baño, pero eso no basta. El hombre es cuerpo y espíritu. Media hora de gimnasia y media hora de ‘meditación’ puede proporcionarnos una buena base de concentración para toda la jornada. Pero conseguir una ‘hora de paz’ no es tan sencillo. Es algo que se aprende.
 Tendríamos que borrar del interior todo ese pequeño fárrago bajamente humano, todas las florituras. Una pequeña cabeza como la mía está siempre atiborrada de inquietud por naderías. Hay también sentimientos y pensamientos que nos elevan y nos liberan, pero ese fárrago se insinúa por todas partes. 
El fin de la meditación debería consistir en crear en nuestro interior una llanura grande y extensa, limpia de los zarzales disimulados que nos tapan la vista. Hacer entrar un poco de ‘Dios’ en nosotros, del mismo modo que hay un poco de ‘Dios’ en la Novena de Beethoven. Hacer entrar también un poco de ‘Amor’ en nosotros, no de un amor de lujo de media hora con el que te regalas, orgullosa de la elevación de tus sentimientos, sino de un amor que podamos transferir de algún modo a la modesta práctica cotidiana».
«Hay en mí un pozo muy profundo. Y en ese pozo está Dios. A veces consigo llegar a él, pero lo más frecuente es que las piedras y escombros obstruyan el pozo, y Dios quede sepultado. Entonces es necesario volver a sacarlo a la luz».
Mérida. Mayo 2020


sábado, 23 de mayo de 2020

Quedaos en Jerusalén (24 de Mayo)

Unas ideas para la oración contemplativa. De fondo un texto de H. de Lubac comentando a Orígenes y que habla de la connaturalidad que existe entre el alma y la Escritura, que podemos referir también al alma y el Espíritu Santo: "Cada vez que vuelvo a limpiar  mi pozo, obturado sin cesar por los Filisteos, limpio al mismo tiempo el pozo de las Escrituras.  Al agua que brota de uno corresponderá la que brota  del  otro". También podemos tener de fondo las video-diapositivas El país de los pozos, que podéis ver en 
https://www.youtube.com/watch?v=-OgV_CWYv1g.




Antes de subir a los cielos, el Señor ordenó a los suyos: “no os alejéis de Jerusalén. Aguardad que se cumpla la promesa del Padre, … porque Juan bautizó con agua, pero vosotros vais a ser bautizados con Espíritu Santo” (Hch 1,4-5). ¡Quedaos en Jerusalén! Es como decir: “aguardad seguros en la Comunidad. No tengáis prisa por contar a todo lo que habéis vivido conmigo, aún no he terminado mi obra en vosotros”. 



Quedarse en Jerusalén es “quedarse en casa”, entrar en el aposento interior. 

Durante estos días hemos escuchado insistentemente el eslogan: “¡Quédate en casa!”. Y ha sido ese gesto la menor manera de mostrar nuestro amor a todos. A muchos les ha costado entender el mensaje, porque según sus esquemas no se puede hacer nada por nadie quedándose en casa. Lo suyo es salir. Y no deja de ser cierto, pero “todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo” (Ecl 3,1). Y hay tiempo de parar y tiempo de andar, tiempo de quietud y tiempo de acción. Pues bien, en la Ascensión Jesús invita a empezar permaneciendo en Jerusalén, orando, invocando, esperando. 

Jesús sabía que a los discípulos, tras la experiencia pascual, no le faltaban ganas de salir corriendo a anunciar la Buena Nueva de la resurrección. Pero aún necesitaban algo: la fuerza y presencia del Espíritu. Por eso les aconseja que aguarden aún un tiempo, que se dispongan en la oración a recibir el impulso. 

Fuimos bautizados con agua y con Espíritu. Formalmente ya hemos recibido la fuerza que viene de lo alto. Está dentro de nosotros. Pero la tenemos enterrada bajo el peso del ego. El manantial de agua está dentro, pero a medio camino y en la superficie solo hay escombros y sequedad. La idolatría de las potencias ha cegado el pozo de agua viva que habita en nosotros. 
Cuando Isaac se estableció en Guerar huyendo del hambre, “volvió a excavar los pozos de agua que habían sido cavados en tiempo de su padre Abrahán y que los filisteos habían cegado después de la muerte de éste” (Gn 26,18), y los pozos dieron agua abundante. Y comprobaron, además, que mientras más reexcavaban, más se abrían los veneros y más agua nacía de ellos. Esta imagen bíblica nos puede servir en esta semana-puente entre Ascensión y Pentecostés, entre ausencia de Jesús y espera de su retorno: bajo los escombros que tapan nuestro pozo interior corren manantiales de agua viva. Para acceder a ella sólo hay que reexcavar el pozo que soy. 

Hemos sido bautizados. El Espíritu Santo, como agua viva y revitalizante, habita en la profundidad de nuestro ser. Pero los poderes de este mundo (empoderamiento del ego, filisteos enemigos) han querido darnos muerte cegando el acceso al manantial de la vida. Por eso hay que volver a excavar, apartar con el silencio de las potencias los ídolos que han ido diseñando nuestra mente, memoria y voluntad. Esos ídolos son nuestras ideas, nuestros prejuicios y nuestros deseos. Reexcavar el pozo es ahondar metros hacia lo profundo del ser, ir echando a un lado las imágenes falsas o limitadas de Dios, las desconfianzas, miedos, prejuicios, rutinas, malas costumbres, etc. que a lo largo de los años han taponado el brocal de nuestro pozo 

Quedarse en Jerusalén es entrar en recogimiento y silencio, cavar pacientemente el pozo interior que los filisteos han cegado. El camino para lograrlo es la fe, “que desembaraza el entendimiento encaminándole y enderezándole … en la noche espiritual de la fe a la unión con Dios” (San Juan de la Cruz. 2 S 23,4), la esperanza, que deja atrás las imágenes y experiencias de Dios, que no son Dios (cf 3 S,8), y la caridad, “que se goza solo en aquello que es honra y gloria de Dios” (3 S 17,2). 

El agua del Espíritu brota en el silencio de los pensamientos, obra de la FE (“el que cree en mí; como dice la Escritura: ´de sus entrañas manarán ríos de agua viva´.”Jn 7,37), el silencio de las experiencias e imágenes de Dios (ESPERANZA: “Dios es espíritu, y los que adoran deben hacerlo en espíritu y verdad” Jn 4,24) y el silencio de la propia gloria (CARIDAD: “acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios”. Rm 15,7; “el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él". Jn 14,23). 

Pues ya sabes la tarea de esta semana. Contémplate como un pozo. Observa lo que te impide entrar a fondo en tu ser. Siléncia todo soltando, dejando ir, ignorando. No prestes atención a esos filisteos, no tienen consistencia, deja que se diluyan, porque sólo son fuertes si tú les das tu atención. Por eso se resisten a apartarse de tu mente. 

Espera en Jerusalén el envío del Agua del Espíritu que invade, penetra y fecunda todas las cosas. Abísmate en el silencio, en la noche. Hasta beber el agua de la Vida. Y deja que en la noche oscura brote el agua viva que sacia tu sed. “Qué bien se yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche” (San Juan de la Cruz).

Casto Acedo. 

viernes, 15 de mayo de 2020

Sumergirte en la Verdad (17 de mayo)

Una lectura en clave contemplativa de uno de los versículos del evangelio de este domingo: "Le pediré al Padre que os de otro paráclito que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la Verdad". Buen domingo a todos.



En el evangelio de ni este domingo Jesús habla de “el Espíritu de la Verdad”. 

 Hablar de la verdad resulta un tanto complicado. Dado que somos tantos, y cada uno con su mirada propia, es difícil lograr una verdad que unifique.  Cada uno mira el mundo desde su orilla y se percibe  a sí mismo como una ola entre otras similares que que va y viene al mar una y otra vez con monotonía cansina. Sin embargo, también podemos decir que, miradas desde la anchura y profundidad del océano,  todas y cada una de las olas son el mar. 

¿Dónde está la verdad de nuestro ser? Cuando me miro en referencia a realidades exteriores a mí, me percibo como una ola entre otras que  agitada por el viento acaricia la arena o golpea las peñas del acantilado en su vaivén monótono; la existencia de los otros y lo otro crea en mí conflictos, diferencias, dispersión,… límites a mi ser. Pero si entro en el silencio, si permito que mi ola se recoja y repose totalmente en la inmensidad el mar, si me fundo con el océano, mi experiencia es de unidad, de plenitud. Entonces la caricia de la arena y el golpe de la roca me son indiferentes, porque la ola va y viene, pero el mar permanece.


Hay verdades como hay olas; y hay Verdad como hay mar. Las verdades son postes indicadores para el encuentro con la Verdad. Las sagradas escrituras, los mandamientos, los dogmas, son grandes olas que nacen de la inmensidad del mar, verdades que dulcifican el ánimo o lo remueven, verdades que alimentan la inteligencia, suscitan sentimientos y justifican acciones. Pero no son el mar. Aunque a veces adquieren tal proporción que se transforman en impedimento para ver  el mar que somos.


Dios es “el Espíritu de la Verdad”. Silenciar nuestras verdades, dejar que sean arrastradas por la fuerte atracción de la Verdad, permitir que reposen en su origen que es el Espíritu de la Verdad, nos da paz. La meditación contemplativa imita el movimiento de recogida de la ola. El contemplativo, soltando el modo ola, se deja llevar por la atracción del fondo y se hace océano. 

“Yo he venido al mundo a dar testimonio de la Verdad, y todo el que es de la verdad escucha mi voz” (Jn 18,37). Cristo es la Verdad. Contemplar es mirarle, reconocerse en Él, vivir en él; es permitir que el mar ejerza su atracción natural, no oponer resistencia a la llamada del océano, dejar que la ola vuelva al punto del que procede para volver a emerger con una vitalidad nueva. 


Aprovecha la imagen para meditar. Es fácil. Tan fácil como soltar tu ser ola y abismarte en el mar del silencio. Meditar es  dejarte llevar por la Verdad infinita que da sentido a tus verdades, es permitir que el Océano te abrace y te permita fundirte y hacerte  Uno con en Él. Luego vuelves como ola nueva que acaricia la sequedad de la arena y pule con su constancia las ariscas peñas del acantilado. 

¿Te imaginas una ola sin mar? ¿Te imaginas una vida sin Dios? Tus verdades, tus ritos, tus dogmas, tus acciones, tienen sentido sólo cuando despareces en el Océano para volver renovado. "Tenéis que nacer de nuevo" (cf Jn3,7). ¿Entiendes ahora por qué es bueno la determinada determinación de hacer silencio? 

* * *
EVANGELIO  
Jn 14, 15-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él».

Casto Acedo. castoacedo@gmail.com. Mayo 2020