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viernes, 15 de mayo de 2020

Sumergirte en la Verdad (17 de mayo)

Una lectura en clave contemplativa de uno de los versículos del evangelio de este domingo: "Le pediré al Padre que os de otro paráclito que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la Verdad". Buen domingo a todos.



En el evangelio de ni este domingo Jesús habla de “el Espíritu de la Verdad”. 

 Hablar de la verdad resulta un tanto complicado. Dado que somos tantos, y cada uno con su mirada propia, es difícil lograr una verdad que unifique.  Cada uno mira el mundo desde su orilla y se percibe  a sí mismo como una ola entre otras similares que que va y viene al mar una y otra vez con monotonía cansina. Sin embargo, también podemos decir que, miradas desde la anchura y profundidad del océano,  todas y cada una de las olas son el mar. 

¿Dónde está la verdad de nuestro ser? Cuando me miro en referencia a realidades exteriores a mí, me percibo como una ola entre otras que  agitada por el viento acaricia la arena o golpea las peñas del acantilado en su vaivén monótono; la existencia de los otros y lo otro crea en mí conflictos, diferencias, dispersión,… límites a mi ser. Pero si entro en el silencio, si permito que mi ola se recoja y repose totalmente en la inmensidad el mar, si me fundo con el océano, mi experiencia es de unidad, de plenitud. Entonces la caricia de la arena y el golpe de la roca me son indiferentes, porque la ola va y viene, pero el mar permanece.


Hay verdades como hay olas; y hay Verdad como hay mar. Las verdades son postes indicadores para el encuentro con la Verdad. Las sagradas escrituras, los mandamientos, los dogmas, son grandes olas que nacen de la inmensidad del mar, verdades que dulcifican el ánimo o lo remueven, verdades que alimentan la inteligencia, suscitan sentimientos y justifican acciones. Pero no son el mar. Aunque a veces adquieren tal proporción que se transforman en impedimento para ver  el mar que somos.


Dios es “el Espíritu de la Verdad”. Silenciar nuestras verdades, dejar que sean arrastradas por la fuerte atracción de la Verdad, permitir que reposen en su origen que es el Espíritu de la Verdad, nos da paz. La meditación contemplativa imita el movimiento de recogida de la ola. El contemplativo, soltando el modo ola, se deja llevar por la atracción del fondo y se hace océano. 

Yo he venido al mundo a dar testimonio de la Verdad, y todo el que es de la verdad escucha mi voz” (Jn 18,37). Cristo es la Verdad. Contemplar es mirarle, reconocerse en Él, vivir en él; es permitir que el mar ejerza su atracción natural, no oponer resistencia a la llamada del océano, dejar que la ola vuelva al punto del que procede para volver a emerger con una vitalidad nueva. 


Aprovecha la imagen para meditar. Es fácil. Tan fácil como soltar tu ser ola y abismarte en el mar del silencio. Meditar es  dejarte llevar por la Verdad infinita que da sentido a tus verdades, es permitir que el Océano te abrace y te permita fundirte y hacerte  Uno con en Él. Luego vuelves como ola nueva que acaricia la sequedad de la arena y pule con su constancia las ariscas peñas del acantilado. 

¿Te imaginas una ola sin mar? ¿Te imaginas una vida sin Dios? Tus verdades, tus ritos, tus dogmas, tus acciones, tienen sentido sólo cuando despareces en el Océano para volver renovado. "Tenéis que nacer de nuevo" (cf Jn3,7). ¿Entiendes ahora por qué es bueno la determinada determinación de hacer silencio? 

* * *
EVANGELIO  
Jn 14, 15-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él».

Casto Acedo. castoacedo@gmail.com. Mayo 2020

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