Una oración para Pentecostés.
“Entonces el Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo” (Gn 2,7).
Hermoso versículo del libro del Génesis. Cada vez que lo leo imagino al autor, un judío exiliado en Mesopotamia donde la cultura del adobe y las vasijas de arcilla disfrutan una época de esplendor. Nuestro hagiógrafo observa cómo los alfareros modelan sus vasijas con el barro sacado de las tierras que bordean los ríos Éufrates y Tigris.
Los poemas babilónicos hablan de una diosa, Marduk, que en el paradisíaco vergel donde convergen los dos ríos, da vida al héroe nacional, Guilgamés. La diosa moldea el cuerpo del superhombre con arcilla empapada en sangre derramada durante una pelea entre dioses; y toma vida por el aliento que la diosa insufla en su nariz.
El autor bíblico no se había preguntado nunca el cómo y cuando había sido creado el género humano. Su Dios era de otro orden; no se había dado a conocer por mitos intemporales que cuentan historias y enseñanzas para explicar lo desconocido. Su Dios se había revelado obrando en la historia de su pueblo, salvando del hambre, de la enfermedad, de la esclavitud y de la muerte.
No obstante, observando el interés de los babilonios por las historias de creación no dudó ni un momento en señalar a su único Dios como autor del origen del hombre. Adaptándose a la cultura en la que se halla cuenta que Dios crea a Adán, el primer hombre como cenit de todo lo creado antes. Yahvé, "el que es desde antes de existir nada", creó todo ordenando el caos (nada) preexistente con su Palabra y animándolo con su Espíritu. Para ello nuestro escritor toma las imágenes de la cultura en la que vive su exilio: polvo, agua, arcilla, alfarero, soplo...
Al decir que Adán “se convirtió en ser vivo” el autor sagrado afirma que toda persona recibe de Dios su aliento (ruáh, espiritu). Todo ser ha sido creado por Dios, y todo se sostiene por su Espíritu: “(Todas las criaturas) aguardan a que les eches comida a su tiempo: se la echas, y la atrapan; abres tu mano, y se sacian de bienes; escondes tu rostro, y se espantan; les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo” (Sal 134,27-30).
El aliento de Dios, su soplo, está en la base del ser y el devenir de los seres. La tierra, el mar, los cielos, tú y yo, el universo entero, … viven gracias al aliento de Dios. De la conexión espiritual con Dios depende la vida toda. Sin su Espiritu, todo perece.
Después de resucitar, Jesús se apareció a los suyos y les dijo: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”; es decir, como el Espíritu descendió sobre mi en el Jordán y me urgió a “evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4,18), así será para vosotros. "Sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo”, y les da el encargo de atar el mal y desatar el bien.
El soplo de Jesús sobre los discípulos va a generar el movimiento del envío, lo cual evidencia que el Espíritu no es sólo Creador, también Redentor. El Espíritu es motor de nuestra razón de ser, está presente en el punto de partida de la práctica de la justicia, es la fuente del dinamismo del amor. Y amar como Dios es la vocación y destino (espiritualidad) del hombre.
El soplo de Jesús sobre los discípulos va a generar el movimiento del envío, lo cual evidencia que el Espíritu no es sólo Creador, también Redentor. El Espíritu es motor de nuestra razón de ser, está presente en el punto de partida de la práctica de la justicia, es la fuente del dinamismo del amor. Y amar como Dios es la vocación y destino (espiritualidad) del hombre.
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Prácticamente todas las religiones tienen en cuenta la respiración como símbolo del Espíritu y camino para entrar en comunión con Él.
Hoy es Pentecostés, la fiesta del Espíritu. Y te ofrezco aprovechar la evocación y contacto con la realidad de tu aliento para entrar en el silencio de Dios.
· Comienza con la Secuencia del Espíritu Santo, esa invocación que te dispone a ser pertrechado por el Espíritu para afrontar con paciencia los avatares de la vida: oscuridad, sequedad, frialdad, fatigas, errores, etc.,; "Ven, Espíritu divino, / manda tu luz desde el cielo...".
· Después de esa invocación, silencia tu cuerpo manteniendo la postura adecuada para permanecer en quietud. Relaja todos y cada uno de los músculos que no necesitas para mantenerte despierto y respirar. Imagina como la caricia de Dios va moldeando tu cuerpo, como el alfarero que modela una vasija: tu cabeza, tronco, manos, pies,… Deja que el barro que eres se rinda dócil a sus manos.
· Observa ahora con atención cómo tus pulmones reciben por la nariz el aire que te une a toda la creación. Siente la comunicación, el diálogo y la compenetración, con el Todo y con todo al ritmo de tu inspiración y espiración.
· Deja que el aliento de Dios te invada. e invada. El Espíritu se une a tu espíritu. Sumérjete en Dios Espíritu Santo, que “lo trasciende todo, lo penetra todo, y lo invade todo” (Ef 4,6). En él vives, te mueves y existes (Hch 17,28). ¡Te sientes uno con Él!
· “Todo es presencia y gracia. Vivir es este encuentro”. Quédate ahí, en gracia, en presencia… Tu espíritu unido al Espíritu… "¡Tú eres yo, yo soy Tú!
· Finalmente, repite con el salmo y el magníficat:“Todo ser que alienta alabe al Señor”.(Sal 150, 6). "Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador" (Lc 2,47).
Terminada tu oración. Siéntate, toma papel y lápiz y escribe tu experiencia del momento.
· Si ha sido gratificante, ¿qué he sentido? ¿Qué mociones –movimientos de tu corazón- han surgido en mi? ¿Perdón? ¿Alabanza? ¿Atención a la creación? ¿Comunión? ¿Comunicación de bienes? …
· Si no has conseguido entrar en el silencio y el recogimiento necesarios: ¿Qué esperaba del momento? Ya sabes que la oración de silencio es desinteresada: sin un “por qué”, sin un “para qué”. …¿Qué me ha distraído? ¿Cuánto de utilidad le pido a mi momento de oración? ¿Qué ocupa mi corazón que le impide entrar en silencio?
· A que me llama la práctica del silencio de hoy: ¿Moderar mi deseo de….? ¿Cuidar mis relaciones con …. (personas, cosas)? ¿Desprenderme de tiempo o bienes en beneficio de alguien? ¿Más fidelidad a …? ¿Desapego de ….? ¿Seguir orando a pesar de la sequedad?
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Que no te falte nunca el aliento de Dios. Y no olvides que si el alimento material es el sostén del cuerpo, la práctica de la oración es el aliento del alma.Mérida. Mayo 2020



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