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viernes, 5 de junio de 2020

Orar con la Santísima Trinidad (Domingo 7 de Junio)

En la Solemnidad de la Santísima Trinidad, fiesta de este domingo 7 de Junio, se celebra también el día "Pro-Orantibus", una jornada que la Iglesia dedica a recordar que existen personas, monjes y monjas,  que dedican su vida a la contemplación como tarea específica; consagrados y consagradas para servir a Dios en el  servicio de la oración.  No les olvidemos nunca, y hagamos hoy una petición especial para que no se pierda el espíritu contemplativo en la Iglesia, ya sea por el aumento de vocaciones a la vida consagrada en estos monasterios o por los nuevos caminos o monacatos que tenga a bien abrir el Espíritu. 

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Dedicando un día a festejar a la Santísima Trinidad no celebramos ningún acontecimiento salvador concreto. En los últimos meses, aunque no hemos tenido la oportunidad de celebrarlo todo comunitariamente debido al covid-19, el motivo de nuestras celebraciones han sido acontecimientos salvadores tales como  la pasión y la muerte de Jesús, su resurrección, la aparición a los discípulos, la  ascensión a los cielos, la venida del Espíritu, o la fiesta de Cristo Sacerdote que nos remite a Jesucristo entregado al Padre en sacrificio por la humanidad, y próximamente nos gozaremos en el regalo que supone la presencia sacramental del Corpus Christi, Pan de Vida para la salvación del mundo. 


Todas estas fiestas son memoriales de todo lo que Dios ha hecho por nosotros, y así, en su hacer se ha dado a conocer. La Solemnidad de la Santísima Trinidad, sin embargo, es una solemnidad de otro orden. Quiere que por un día no pensemos en “Dios para nosotros”. (¡Qué bueno que viniste!, diría un sudamericano), sino en el “Dios que es” (¡Qué bueno es que seas y estés!).

A Dios comienzas a conocerle por sus obras. Porque un día palpaste su presencia salvadora en tu vida. Le sentiste como amigo que te ama y acompaña en tus soledades, como terapeuta que curó las heridas de tu soberbia, tu avaricia o tu tristeza. Te admiraste de cómo te liberó de la depresión a la que estabas atado y que te ahogaba; te dio fuerzas acompañándote en tus dolores,  y consuelo en los momentos de duelo. Le has conocido  y le bendices como consejero que te ayudó a tomar aquella opción fundamental tan importante para tu vida, ... En todos esos momentos dejaste hacer al Espíritu, y así pudiste experimentar la Pascua, el paso de Dios por tu historia personal. 

Es bueno gozarse en Dios cuando se percibe en su hacer. Pero Dios te mira siempre, incluso cuando no lo sientes y lo crees lejano, y ausente de tu vida. ¿Recuerdas a los discípulos de Emaús? Se creían abandonados y solos, y Jesús mismo les sale al paso para decirles que Dios nunca les abandonó. Precisamente cuando más lejano parecía de ellos, era cuando más fuertemente los estaba amando en la cruz. En su pasión, muerte y descenso a los infiernos llevó consigo todas las mentiras, traiciones, y crímenes de la humanidad. Olvidado de todos, tiene presente a todos. Asumiendo el sufrimiento de la humanidad toda, descendió hasta las cloacas de sus miserias y tomándola de la mano la rescató. Hoy no podemos sino exclamar: ¡Cuánto haces por nosotros, Señor! ¡Cuánto agradecimiento en nuestro corazón! 

Dios “para mí”. Importante. Pero la fiesta de hoy está pidiendo una mirada nueva. Me invita a despojarme de ese "para mí" en lo que tiene de interés personal, para contemplarle  en su mismo Ser.



Aunque nunca te has parado a pensarlo, más allá de tus percepciones, experiencias, consuelos,  agradecimientos, o elucubraciones, Dios es. Y, perdona que te lo diga, porque son muchas las veces en que olvidas algo fundamental: aunque tú te olvidaras de Él, aunque no le rindieras culto, aunque no te hubiera creado a ti, ni hubiera creado el universo, y aunque nunca te hubiera salvado de nada, Dios no dejaría de ser. Tu ser (creación) y tu existir en luz (redención) no es una necesidad de Dios. Quienes necesitan de los hombres para existir son los ídolos (Sal 135,15). 



Dios es más allá de todo ser. Dios es Amor. ¿Necesitó Dios crear al hombre para poder amar? Pues no. El Dios de Jesucristo, la Santísima Trinidad, tiene cumplido en sí mismo su Ser-Amor. El Amor es pleno y completo en el núcleo de la Trinidad; tres personas que se aman hasta ser Uno. ¿Crees que es imposible? 


La versión más parecida de este Misterio, aunque con las deficiencias propias de lo humano, la tienes en el amor conyugal, por el que dos personas pueden amarse hasta el punto de ser “una sola carne” (Gn 2,24; Mt 19,5), un solo ser, sin dejar de ser dos. O en la familia: padre, madre e hijos, son varios y son “unidad familiar”, algo más que la suma de tres partes; no es matemáticas, es amor. O en esa conjunción que se da entre el amante, el amado y el amor (padre-madre amante, hijo-hija amados, espíritu de amor que fluye entre ellos)… 

Estas son algunas de las imágenes con las que el imaginario cristiano ha intentado expresar lo inexpresable: la plenitud que Dios es en sí mismo, que existe desde siempre, por siempre y para siempre. Es lo que filosóficamente se denomina aseidad (cualidad por la que un ser es y existe por sí mismo), palabra cuya meditación propició la conversión del joven Thomas Merton en sus años de juventud. Ya ves que también la mente es camino para llegar a Él.

Cuando se siente, se piensa y se contempla a Dios en sí mismo se abre una puerta nueva para entender y vivir la espiritualidad. Se descubre que, más allá del propio espíritu humano y sus batallas por sobrevivir en medio de la oscuridad, hay una luz que siempre ha estado, que está y que seguirá estando ahí. Adentrarte, o dicho más exactamente, ser introducido en este misterio de luz y amor es lo más gratificante que puedes vivir; porque te sitúa  más allá de toda pre-ocupación y ocupación humana, y todo tu ser encuentra ahí su descanso. Quien no se resiste a la seducción del Espíritu, y se abandona a la contemplación del Misterio de la Trinidad, queda purificado de sus ídolos, porque, a decir de san Juan de la Cruz, en la cima del monte, en la plenitud, “ahí solo mora honra y gloria de Dios”. 

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En la fiesta de la Santísima Trinidad, no pienses (silencia tu mente), no te limites a recordar agradecido las heridas que Dios te sanó, ni las gracias especiales que te dio (silencia tu memoria); no hagas propósito de cambiar nada, ni planes para reorientar tu vida (silencia tu voluntad). Hoy solamente, contempla; adora y confía. No tienes nada que hacer, sólo dejarte hacer.

La Santísima Trinidad no es una fiesta para pensar en las maravillas que Dios ha hecho por ti, sino una invitación a permitir que Dios te acune en su seno y goces de la mayor gracia: ser y estar en la Trinidad; reposar sobre los brazos del Padre, en compañía del Hijo y respirando Vida en el Espíritu Santo.

“Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor”, dijo san Juan de la Cruz. Seguro que esta frase la has meditado casi siempre como una llamada urgente a “hacer”. Al leerla pensaste que el amor al que se refiere el autor es, evidentemente, tu amor. Medítala hoy desde otra perspectiva, desde el Amor que es Dios.  “¿Te siente vacío o vacía, triste, fracasado o fracasada, es la frustración la tónica de tu espíritu? ¿No hay amor en ti? Pues, ahí donde has perdido el amor, pon a Dios y sacarás amor".


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Practica: 


* Afloja y suelta tus tensiones corporales, tus pensamientos de ahora, tus experiencias pasadas y tus expectativas futuras. 

* Entra en Presencia. Dios es "Presente". ¡Adéntrate en el Ahora!.



* Déjate seducir por el circulo de Amor que es la Santísima Trinidad y permite que te abarque y te inunde. 

*Abandónate en brazos del Padre, aprecia la compañía del Hijo y siente la caricia del Espíritu Santo.

*Observa cómo la contemplación con Dios te reconcilia con Él, con tus hermanos, y contigo mismo. Siente la armonía de reconciliación. Date tiempo


* * *

Al final, no dejes de tomar nota en tu diario. Recordar las dificultades, sugerencias, recuerdos, llamadas a actuar, etc. que Dios te sugiere tras su encuentro contigo, te ayudará a entenderle y entenderte a ti mismo cada vez con más claridad. 

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Transcribo aquí, por si te interesa, una oración clásica a la Santísima Trinidad, de la santa carmelita descalza Isabel de la Trinidad. Un resumen de su espiritualidad lo tienes clickando bajo la foto.




ELEVACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD 

(Preparación a la oración)

¡Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayúdame a olvidarme enteramente de mí para establecerme en Ti, inmóvil y tranquila, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, ¡oh mi Inmutable!, sino que cada minuto me sumerja más en la hondura de tu Misterio.

Inunda mi alma de paz; haz de ella tu cielo, la morada de tu amor y el lugar de tu reposo. Que nunca te deje allí solo, sino que te acompañe con todo mi ser, toda despierta en fe, toda adorante, entregada por entero a tu acción creadora.

(Dirígete al Hijo,
 segunda persona de la Trinidad)


¡Oh, mi Cristo amado, crucificado por amor, quisiera ser una esposa para tu Corazón; quisiera cubrirte de gloria amarte… hasta morir de amor! Pero siento mi impotencia y te pido «ser revestida de Ti mismo»; identificar mi alma con todos los movimientos de la tuya, sumergirme en Ti, ser invadida por Ti, ser sustituida por Ti, a fin de que mi vida no sea sino un destello de tu Vida. Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.

¡Oh, Verbo eterno, Palabra de mi Dios!, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero hacerme dócil a tus enseñanzas, para aprenderlo todo de Ti. Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las impotencias, quiero fijar siempre la mirada en Ti y morar en tu inmensa luz. ¡Oh, Astro mío querido!, fascíname para que no pueda ya salir de tu esplendor.


(Palabras al Espíritu Santo, 
tercera persona de la trinidad)



¡Oh, Fuego abrasador, Espíritu de Amor, «desciende sobre mí» para que en mi alma se realice como una encarnación del Verbo. Que yo sea para El una humanidad suplementaria en la que renueve todo su Misterio.



(Oración al Padre, primera persona)



Y Tú, ¡oh Padre Eterno!, inclínate sobre esta pequeña criatura tuya, «cúbrela con tu sombra», no veas en ella sino a tu Hijo Predilecto en quien has puesto todas tus complacencias.

(Conclusión: pide vivir sumergida en eterna comunión con Dios)

¡Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo!, yo me entrego a Ti como una presa. Sumergíos en mí para que yo me sumerja en Vos, mientras espero ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas.



Casto Acedo. paduamerida@gmail.com. Junio 2020

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