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sábado, 27 de junio de 2020

Amar tu cruz (Oración para el domingo 13º A)



“El que no carga su cruz 
y me sigue, 
no es digno de mi”
(Mt 10,38)

* * *

Una historia de Anthony de Mello, en El canto del pájaro,  y que en los encuentros habituales me habéis oído referir muchas veces.  La historia es la misma de siempre, pero su lectura es nueva cada vez que la escuchas:

DIENTES DE LEÓN

Un hombre que se sentía orgullosísimo del césped de su jardín se encontró un buen día con que en dicho césped crecía una gran cantidad de "dientes de león". Y aunque trató por todos los medios de librarse de ellos, no pudo impedir que se convirtieran en una auténtica plaga. 

Al fin escribió al ministerio de Agricultura, refiriendo todos los intentos que había hecho, y concluía preguntando: "¿Qué puedo hacer?". 

Al poco tiempo llegó la respuesta: "Le sugerimos que aprenda a amarlos". 

También yo tenía un césped del que estaba muy orgulloso, y también sufrí una plaga de "dientes de león" que traté de combatir con todos los medios a mi alcance. De modo que el aprender a amarlos no fue nada fácil. 

Comencé por hablarles todos los días cordial y amistosamente. Pero ellos sólo respondían con su hosco silencio. Aún les dolía la batalla que había librado contra ellos. Probablemente recelaban de mis motivos. 

Pero no tuve que aguardar mucho tiempo a que volvieran a sonreír y a recuperar su sosiego. Incluso respondían ya a lo que yo les decía. Pronto fuimos amigos. 

Por supuesto que mi césped quedó arruinado, pero ¡qué delicioso se hizo mi jardín! 

* * * 



¿Cuál suele ser el motivo de mi oración? ¿Qué me mueve a dedicar un tiempo a la meditación o a la contemplación y el silencio? 

Es muy importante conocer las motivaciones de nuestros actos. Porque a menudo nos sobreviene el desánimo, y no precisamente por la falta de bondad de los actos que realizamos -¿quién va a decir en el caso que nos ocupa que orar no es bueno?- sino por el enfoque que le damos. 

Solemos ir a la oración con una serie de expectativas y objetivos. Y entre esas expectativas están nuestras cruces. Sobre todo en la oración de petición insistimos al Señor, le instamos y le pedimos de modo más o menos directo, que nos quite las cruces de la vida. 

Es un error. Es muy conocida la historia de aquel que le pedía a Dios que le quitara o al menos le cambiara la cruz que se le había dado a llevar. Dios, que sabía que eran muchos los que le pedían tal favor, los reunió a todos y les mandó poner las propias cruces en un montón. Luego pidió a cada uno que cogiera una de ellas. Y la sorpresa vino cuando, sopesadas las cruces ajenas, cada cual volvió a tomar la suya. 

¿Qué es la cruz? ¿Cuál es nuestra cruz? La cruz no es otra cosa que la realidad de cada día, mi realidad, mi huerto donde junto a las flores y los frutos crecen los cardos. Cada uno tiene sus cruces, realidades que pesan físicamente (enfermedad, minusvalía, ancianidad…), psíquicamente (complejos, miedos, decepciones…) o espiritualmente (pérdida de sentido, sequedad espiritual, debilidad ante aquello que sabemos que hay que vencer, o en la lucha contra los propios sentimientos…).

Cada cual tiene sus dientes de león, sus cruces o su cruz, que no son otra cosa que la realidad de su vida tal y como le va viniendo. Porque la vida, en gran medida, no la elegimos, nos viene dada por las circunstancias y las personas que se cruzan con ella. 

¿Qué relación tienen estas cruces con la vida orante? Cuando realidades desagradables, no queridas ni deseadas, aparecen en la vida, mi modo de oración suele optar por uno de estos enfoques o motivaciones:


*evadirme de la realidad, es decir, dedicar un tiempo a la oración para estar lejos de esos problemas y de paso pedir a Dios que me los solucione; o

*aprovechar para contemplar los problemas como parte de mi existir; asumir las cruces, "gloriarme en la cruz" dice san Pablo (Gal 6,14), sabiendo y sintiendo que forma parte de mi vida; mirarla con Cristo y saberme acompañado por Él en el camino hacia el Calvario. Gloriarme en la cruz es aceptar y amar mis propias limitaciones, abrazarlas sin rendirme a ellas, con un amor más de esperanza que de resignación. 

Contemplar es ver, mirar, observar. ¿Soluciono algo con esto? De momento identifico mi realidad y asumo lo que en ella hay de sufrimiento y de lucha. Hay cruces de las que no podré desprenderme fácilmente, pero todas me enseñan algo sobre mí, y son una oportunidad de crecimiento en fe, esperanza y humildad, sin dejar de lado el realismo de caridad que exige este amor en el dolor. 

Alguno dirá que eso de cargar con la cruz que suponen la familia, los amigos, las propias situaciones dolorosas, los fracasos, etc., es “perder la vida”. Por eso lo más común ante esto es el escapismo, la huida hacia la distracción, el consumo, el dopaje con sustancias extrañas... Sin embargo, para un servidor del Maestro tomar la cruz y seguir sus pasos no es “perder la vida”. “El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará” (Mt 10,39). 

Quien aprende a amar sus cruces como el jardinero  sus dientes de león, acaba descubriendo que su jardín no es el más deslumbrante de la comarca, pero es el suyo, y esto hace que para él sea el más hermoso de todos. De ahí que, puesto a elegir una cruz entre las que llevan mis hermanos, termine finalmente eligiendo la mía. Y abrazándola con amor. "Abrazar la Cruz -dice el papa Francisco- es abrazar las contrariedades, no huir de ellas y dejar que el Espíritu de Dios se abra paso".

* * *
Para orar este domingo

* Busca un momento y lugar tranquilos donde puedas silenciar tu cuerpo, tu mente y tu corazón. 

* Comienza pidiendo al Espíritu Santo que su luz penetre tu alma y te ayude a conocerte y hallar consuelo en tus sufrimientos. 

* Cuando miramos algo que nos duele solemos instintivamente volver la cabeza y tendemos a cerrar el corazón con actitud defensiva. Tú,  suelta violencias, y siente sobre tu hombro la suave mano de Jesús que mira contigo el panorama de las realidades dolorosas de tu vida. Con Él, haz un repaso de tus cruces. Paséate sin prisas por los lugares, los acontecimientos, las personas, las situaciones, que más te hicieron o hacen sufrir. Son los dientes de león de tu jardín interior. 

* Elige una de tus cruces para contemplarla con Jesús. La observas en silencio, acallando miedos, prejuicios, repulsas. No apartes los ojos de ella. Mírala con amor y compasión. Pon amor en lo que ves y da amor a la persona o situación que tienes ante ti. Recuerda a san Juan de la Cruz :“donde no hay amor, pon amor y sacarás amor”

* Deja que el amor vaya embelleciendo la cruz que contemplas. ¿Lo crees posible? ¿No crees que es hermosa la estampa del Crucificado? Es lo más hermoso del mundo. No es bella por el sufrimiento que muestra sino por el amor que transpira,  porque en su cruz Jesús cargó con nuestras cruces. Amó su cruz, y amándola nos amó y nos redimió. Contempla este Misterio.

* Jesús te perdona por las veces que la cruz que contemplas ahora, tu sufrimiento, te arrancó la paz. Odiabas esa cruz y te volvías contra las circunstancias o los hermanos a los que considerabas causantes de ella. Hoy, ahora, contemplas cómo Jesús te ama y perdona ese tu rechazo violento de la cruz. 

* Haz tú lo mismo. Ama a Jesús. Ama tu cruz. Perdónate a ti mismo tu torpeza. Ámate con el mismo amor de Jesús. Porque al que mucho ama, mucho se le perdona (cf Lc 7,47-48). Dios te perdona, haz tu lo mismo (cf Col 3,13). Padre, “perdóname, porque no sabía lo que hacía cuando cargaba mi cruz sobre los hombros de tu Hijo”. Repite interiormente esta oración. 

* Termina tu tiempo de meditación abrazando con amor la cruz que has contemplado -otro día puedes escoger otra para tu oración-.  Jesús dice; “Venid a mi los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera” (Mt 11,29). ¿Lo entiendes ahora? El amor de Jesús y tu propio amor aplicado a tu cruz, la hace llevadera, hermosa y amable, como los dientes de león de tu jardín. Su existencia es inevitable, pero tu odio, con la ayuda del Espíritu, se puede evitar.

* Una vez terminada la oración no olvides tomar nota de las enseñanzas y las llamadas que has recibido en ella. Te ayudará a valorar el proceso de tu vida espiritual.

* * *


EVANGELIO Mt 10,37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: 

«El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. 

El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. 

El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. 



El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

Casto Acedo. paduamerida@gmail.com. Junio 2019


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