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viernes, 12 de junio de 2020

Orar en el Corpus Christi (14 de Junio)

Una invitación a la oración en el día del Corpus Christi,  inspirada en Carlo Carreto (Más allá de las cosas) y santa Teresa de Jesús. 
"Ya sabéis que Dios está en todas partes. Pues claro está que adonde está el rey, allí dicen está la corte. En fin, que adonde está Dios, es el cielo. Sin duda lo podéis creer que adonde está Su Majestad está toda la gloria. Pues mirad que dice San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo.
¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta verdad y ver que no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con El, ni ha menester hablar a voces? Por paso que hable, está tan cerca que nos oirá. Ni ha menester alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a padre, pedirle como a padre, contarle sus trabajos, pedirle remedio para ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija "(Teresa de Jesús, Camino, 28, 2)

 Orar seriamente es dar al menos la hora veinticuatro a Dios, pero a Dios solo. Y sólo porque es Dios, el ser Absoluto. Él tiene derecho a que yo me detenga, como tiene derecho el huésped que viene a mí.

Qué consolador es entrar en una casa amiga y ver que todo se para porque uno ha llegado.

Si el dueño de la casa había decidido salir, atrasa su salida: ahora tiene que prestarte sus atenciones. Si la señora había pensado lavar, amontona toda la ropa, porque ahora tiene que atenderte a ti.

El huésped es sagrado; todo lo demás pasa a segundo plano. Ahora eres tú lo más importante; el tiempo no lo es tanto.

Pues bien, si tiene tales derechos el huésped que ha salido de cualquier punto de la tierra para venir a verte, para estar un rato contigo, ¿no tendrá igual derecho el Dios bajado del cielo en busca tuya? ¿El Dios que se ha encarnado para hacerse visible? ¿El Dios que se hizo Eucaristía para penetrar en tu casa y estar en ella el mayor tiempo posible?

Porque aquí radica, y sólo aquí, el sentido de la oración, la fuerza que la sostiene, la esperanza que la anima: en que hay alguien que te busca, alguien que está ante ti, alguien que te dice: «He aquí que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa; cenaré con él y él conmigo» (Ap 3, 20).


* * *
Acostumbrada el alma a orar ante el Santísimo con un “yo voy”, no vendría mal cambiar el chip y considerar los momentos de oración como un “Tú vienes”. No soy yo quien le busco, es Él quien  me busca a mí desde siempre. Y me encuentra.

Mi momento de oración, visto  como "su visita", no es un deber, sino una gracia. Una sorpresa. ¿Quién soy yo para que me visite mi Señor? (cf Lc 1,43). ¿Acaso me considero digno de ser visitado por Rey tan poderoso? 

Ante visita tan inesperada y grandiosa, no debe costar mucho dejar aun lado las ocupaciones y posponer los planes previstos para el día, porque la atención está centrada en el Huésped divino que se ha dignado a venir a casa de tan poca importancia.

"No sois vosotros quienes me habéis elegido, soy yo quien os ha elegido a vosotros" (Jn 15,16). No soy yo el que voy a Él sino Él quien viene a mi. ¡Qué extraño resulta este enfoque si lo comparo con el canto eucarístico que me enseñaron en la infancia: "Vamos, niños, al sagrario, que Jesús llorando está, pero viendo tantos niños muy contento se pondrá". Quien realmente está sólo, sin Él, soy yo. Y en verdad que las lágrimas no son suyas sino mías; lágrimas de llanto trocadas en alegría al saberme hallado en Él y por Él.

El mismo Señor que hace veinte siglos  vino por primera vez en la humildad de nuestra carne, sigue viniendo ahora. Viene en cada hombre y acontecimiento, y me visita sacramentalmente en la Eucaristía, memorial de su Pascua. Corpus Christi  es la fiesta del Paso de Dios, una invitación a abrir la puerta de mi interioridad y recibir al Huésped que viene a sanarme con su presencia y su palabra.


* * *


Notas para la oración

- Aprovecha el día de Corpus para recibir al Huésped que, aunque este año no procesione ritualmente, recorre las calles de tu historia y llama a la puerta de tu interioridad esperando ser recibido.

- Si puedes, a provecha para dar en soledad un tranquilo paseo contemplativo y acércate al sagrario de algún templo  cercano, o mejor a alguna capilla donde  esté expuesto el Santísimo a la adoración de los fieles. Ya que este año Él "no sale en procesión", al menos que tenga constancia de tu disponibilidad para recibirle y atenderle.

-Una vez ante el Santísimo, silencia tu mente y tu corazón. Deja todas tus ocupaciones. Dedica una hora a la oración. Considera el momento como un privilegio. Recibe con alegría al Señor que te visita.

-No pienses en Él. Ya sabes quién es. No le exijas que aclare tus dudas; tampoco le pidas  nada. No eres tú quien le visita, es Él quien ha venido a ti. El templo eres tú, y la Presencia Eucarística es su modo de estar dentro de ti.  Él sí podría ahora pedirte a ti que hicieras muchas cosas, pero no te pide nada. Sólo quiere tu atención amorosa y tu mirada.  

-No os pido ahora que penséis en El –dice santa Teresa a sus hijas- , ni que saquéis muchos conceptos ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis.  … ¿Es mucho que, quitados los ojos de las cosas exteriores, le miréis algunas veces a Él? Mirad que no está aguardando otra cosa, como dice a la esposa, sino que le miremos. Como le quisiereis, le hallaréis. Tiene en tanto que le volvamos a mirar, que no quedará por diligencia suya”. (Camino, 26,3)

- Estás ante el Señor de la Vida, Pan del Cielo que contiene en sí todo deleite. Viene  a gozarse contigo y a permitir que tú te goces en Él. Deja que el gozo del amor fluya entre vosotros.

-Jesús dentro de ti, en tu casa, contigo.  Tu alma llena de luz; le miras visible en la aparente nada de un trozo de Pan, y se abre ante ti una ventana invisible al infinito donde tu corazón se confunde con el inmenso océano de la Vida Eterna (cf Jn 4,13). Tu vida viene de Dios Infinito y fluye hacia el mismo Infinito del que procede. Te dejas llevar por la atracción del Amado y todo te sabe a comunión y vida.

- Terminada tu oración, párate a evaluar la experiencia. Si lo crees conveniente, toma nota de lo que has recibido. El Señor te ha visitado a ti, pobre y necesitado/a. Y no olvides completar tu oración comunicando o visitando hoy  a ese hermano o hermana que  sabes que seguro gozará al saber que te preocupas por él o ella. También necesita tu visita y ser mirado con cariño por alguien que le quiera de veras.

Casto Acedo. Junio 2020


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