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miércoles, 7 de noviembre de 2018

Avisos para la oración (San Pedro de Alcántara)



Igual que el año pasado os hacía un comentario sobre el inicio del Proslogion de san Anselmo, para ver que hay elementos de la meditación que son parte de la tradición cristiana, hoy hago lo mismo con un texto del Tratado de oración y meditación de nuestro paisano san Pedro de Alcántara. Os lo transcribo en letra roja con comentarios míos en azul.
 
Os aviso que el segundo año no es tan dulce como el primero. Tras un tiempo de experimentar el silencio meditativo y haber sentido sus beneficios (si no fuera así no creo que siguierais en el grupo), llega el momento de la rutina, el cansancio, el aburrimiento… ¿Sigo o lo dejo? Es la pregunta-trampa. He aprendido con la inteligencia que hay “noches oscuras”, aunque no llego a entender su sentido; en esos momentos de sequedad toca poner en marcha el corazón, o sea, la voluntad; no olvides que en latín “volo” –de donde viene voluntad-. significa “querer”. Ejercitarse en la voluntad supone seguir los pasos que Dios quiere para mí, no lo que yo quiero (normalmente confundo este “quiero” mío con “me apetece” o “me gusta”). San Pedro de Alcántara nos lo explica así:

 San Pedro de Alcántara
Tratado de oración y meditación 
CAPÍTULO V.

DE ALGUNOS AVISOS NECESARIOS PARA LOS
QUE SE DAN A LA ORACIÓN 

Aviso primero

Comienza el santo reconociendo que no es fácil llegarse a Dios, y sin una conveniente dirección (guía) y consejos para no perderse en el camino. O sea, que sin mapa de carretera y sin humildad para dejarnos guiar por los caminos adecuados,  es casi un imposible.
 
Una de las cosas más arduas y dificultosas que hay en esta vida es saber ir a Dios y tratar familiarmente con él. Y por esto no se puede este camino andar sin alguna buena guía, ni tampoco sin algunos avisos para no perderse en él, y por esto será necesario apuntar aquí algunos con la nuestra acostumbrada brevedad….


1.- El primer consejo o aviso que da el santo es que sobre el “para qué” de la oración. Y previene de la reducción “filosófica” de la oración: buscarse a sí mismos y amarse a sí mismos. Es este un engaño lógico cuando se practica “meditación sin Dios”, es decir, cuando se reduce la meditación (también alude a la celebración de Sacramentos) a una serie de técnicas orientadas a encontrar un “lugar estufa” donde aislarme de mis preocupaciones y problemas; algo muy propio de la Nueva Era. Menciona aquí san Pedro de Alcántara que estamos ante una versión espiritual de los pecados capitales (avaricia, lujuria y gula espiritual) tan peligrosa como la versión sensual.

Entre los cuales, el primero sea acerca del fin que en estos ejercicios se ha de tener. Para lo cual es de saber que (como esta comunicación con Dios sea una cosa tan dulce y tan deleitable, según dice el Sabio) de aquí nace que muchas personas atraídas con la fuerza de esta maravillosa suavidad (que es sobre todo lo que se puede decir) se llegan a Dios y se dan a todos los espirituales ejercicios, así de lección como de oración y uso de Sacramentos, por el gusto grande que hallan en ellos, de tal manera, que el principal fin que a esto les lleva es el deseo de esta maravillosa suavidad. Éste es un muy grande y muy universal engaño en que caen muchos. Porque como el principal fin de todas nuestras obras haya de ser amar a Dios y buscar a Dios, esto más es amar a sí y buscar a sí, conviene saber, su propio gusto y contentamiento, que es el fin que los filósofos pretendían en su contemplación. Y esto es también -como dice un Doctor- un linaje de avaricia, lujuria y gula espiritual, que no es menos peligrosa que la otra sensual.


2.- Luego dice algo muy importante para nosotros a partir de este segundo año en que el cansancio de la práctica de meditación diaria puede hacer mella: no sentir gustos ni regalos en la oración no es signo de no estar haciendo lo correcto. No os juzguéis a vosotros como malos orantes si no vivis experiencias dulces y consoladoras; tampoco os juzguéis como más santos, ni juzguéis a nadie como tal, en razón de estas experiencias. Santa Teresa tuvo muchas de estas experiencias (también tuvo sus noches oscuras, aunque se mencionan menos), pero su santidad no se debe a esos dones de Dios sino a la búsqueda de la voluntad de Dios sobre la propia; fue vaciándose de su “volo” (querer, amar, voluntad) para que ese espacio lo fuera ocupando el “volo” de Dios. Así lo dice san Pedro:

…Y lo que es más, de este mismo engaño se sigue otro no menor, que es juzgar el hombre a sí y a los otros por estos gustos y sentimientos, creyendo que tanto tiene cada uno más o menos de perfección, cuanto más o menos gusta de Dios, que es un engaño muy grande. Pues contra estos dos engaños sirve este aviso y regla general: que cada uno entienda que el fin de todos estos ejercicios y de toda la vida espiritual es la obediencia de los mandamientos de Dios y el cumplimiento de la divina voluntad, para lo cual es necesario que muera la voluntad propia, para que así viva y reine la divina, pues es tan contraria a ella….
 

3. ¿Qué sentido tienen entonces las experiencias  humanamente gratificantes que se pueden dar en la oración? La razón es que se trata de signos que Dios nos da para hacernos saber que está cerca de nosotros en esta lucha por vivir según su voluntad. Y si es para este fin no hay inconveniente en pedirle esos dones a Dios, sobre todo en los momentos en que nos abate la oscuridad. Eso sí, siempre con un “que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. Vuelve a insistir reiterativamente el santo en que no son los gustos sino la conformidad con la voluntad de Dios libremente aceptada (lo que supone exiliar los propios gustos y voluntades) lo que determina la calidad de nuestra oración.
 
…Y porque tan gran victoria como ésta no se puede alcanzar sin muy grandes favores y regalos de Dios, por esto principalmente se ha de ejercitar la oración, para que por ella se alcancen estos favores y se sientan estos regalos para salir con esta empresa. Y de esta manera y para tal fin se pueden pedir y procurar los deleites de la oración  (según arriba dijimos), como los pedía David cuando decía: Vuélveme, Señor, la alegría de tu salud, y confírmame con tu espíritu principal (Ps.50,14). Pues conforme a esto, entenderá el hombre cuál ha de ser el fin que ha de tener en estos ejercicios, y por aquí también entenderá por dónde ha de estimar y medir su aprovechamiento y el de los otros, conviene saber, no por los gustos que hubiere recibido de Dios, sino por lo que por él hubiese padecido, así por hacer la voluntad divina, como por negar la propia.
 
Que éste haya de ser el fin de todas nuestras lecciones y oraciones, no quiero traer para esto más argumentos que aquella divina oración o salmo: Beati immaculati in via (Ps.118,1), que teniendo ciento setenta y siete versos (porque es el mayor del salterio) no se hallará en él uno solo que no haga mención de la ley de Dios y de la guarda de sus mandamientos, lo cual quiso el Espíritu Santo que así fuese, para que por aquí viesen los hombres cómo todas sus oraciones y meditaciones se habían de ordenar en todo y en parte a este fin, que es la obediencia y guarda de la ley de Dios, y todo lo que va fuera de aquí, es uno de los muy sutiles y más colorados engaños del enemigo, con el cual hace creer á los hombres que son algo, no siéndolo.
 
Por lo cual dicen muy bien los Santos que la verdadera prueba del hombre no es el gusto de la oración, sino la paciencia de la tribulación, la abnegación de sí mismo y el cumplimiento de la divina voluntad, aunque para todo esto aprovecha grandemente así la oración como los gustos y consolaciones que en ellas se dan.
 

4.- Finalmente invita a un examen personal acerca de la propia oración, con unas cuestiones concretas que ya el año pasado comentábamos en abundancia. Lo primero es  que miremos si vamos creciendo en humildad,que se manifiesta interiormente en una consideración equilibrada de nosotros mismos y en la capacidad de “sufrir las injusticias de los otros” (no se afirma que haya que promover esto), y exteriormente en la manera de relacionarnos con los demás, ayudándoles cuando nos necesitan, aceptándolos tal como son, con sus defectos y virtudes; también se ve la  humildad en el modo de soportar los momentos duros de la vida,  en la ausencia de críticas innecesarias (¿cómo rige su lengua?), en saber cuidar la vida afectiva (¿cómo guarda su corazón?), en luchar contra la dictadura de la sensualidad (dominar la carne), etc… ,

 

… Pues, conforme a esto, el que quisiere ver cuánto ha aprovechado en este camino de Dios, mire cuánto crece cada día en humildad interior y exterior. ¿Cómo sufre las injusticias de los otros? ¿Cómo sabe dar pasada a las flaquezas ajenas? ¿Cómo acude a las necesidades de sus prójimos? ¿Cómo se compadece y no se indigna contra los defectos ajenos? ¿Cómo sabe esperar en Dios en el tiempo de la tribulación? ¿Cómo rige su lengua? ¿Cómo guarda su corazón? ¿Cómo trae domada su carne con todos sus apetitos y sentidos? ¿ Cómo se sabe valer en las prosperidades y adversidades? ¿Cómo se repara y provee en todas las cosas con gravedad y discreción? …
 
 
5.- Y otra cuestión a analizar es la de la propia imagen, el propio “ego” (amor de la honra, del regalo y del mundo). Un elemento importante es que te preguntes si vas aceptándote cada día más como eres, más allá de querer proyectar ante los demás una imagen ideal de ti mismo que, a la larga, te esclaviza haciéndote decir y hacer lo que no quieres. Todo por temor al qué dirán, al rechazo, a sentirte solo.

Es verdad que ser tú mismo lleva a veces consigo incomprensiones, soledad, dudas de si no me estaré equivocando,… Es la experiencia de Jesús en Getsemaní: soledad, abandono (se sentía incluso abandonado del Padre)… Es la “muerte del ego”  por mortificación, ¡habría que recuperar el significado de esta palabra como ejercicio de arrojar fuera de ti todo lo que te mata!. Ahora bien, eso que te anula y te mata,  tu “falso yo”,  no se va a retirar como si nada; luchará por seguir instalado en ti, por dominarte con el engaño de los pensamientos y las emociones; te dirá que te engañas a ti mismo si crees en la verdad de Dios, porque tú eres Dios; ¡usa tu inteligencia!; también te dirá tu ego que has nacido para disfrutar, ¿No escuchas muy a menudo eso de “tengo derecho a disfrutar” como argumento para evadirse de las responsabilidades?

 Pero Dios te dice que tú no eres tus pensamientos; ya decía B. Pascal que el corazón tiene razones que la razón no comprende. Y tampoco eres tus emociones, ni las gratificantes ni las dolorosas; las emociones y los pensamientos son parte de ti, pero tú eres más que inteligencia y sentimientos, eres “imagen de Dios”, lo más grande, lo más fuerte y duradero de ti está muy dentro de ti mismo; como decía santa Teresa, lo que te da valor es que  tu “alma es como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, … un paraíso adonde dice Él tiene sus deleites” (1 Moradas 1,1). La puerta para entrar en ese paraíso interior que eres tú, donde -¡pásmate!- Dios mismo tiene sus deleites, es la oración.

…Y, sobre todo esto, mire si está muerto el amor de la honra, y del regalo, y del mundo, y según lo que en esto hubiere aprovechado o desaprovechado, así se juzgue, y no según no que siente o no siente de Dios. Y por esto siempre ha de tener en él un ojo, y el más principal en la mortificación, y el otro en la oración, porque esa misma mortificación no se puede perfectamente alcanzar sin el socorro de la oración…

 
Creo que merece la pena que tomes conciencia de lo te dice que san Pedro de Alcántara, paisano nuestro extremeño y maestro de santa Teresa de Ávila. Bueno es que medites, que dediques tiempo a silenciar la mente y el corazón para dar paso a Dios. Pero también es bueno que te pares a evaluar tu oración, no tanto valorando los gustos y regalos cuanto los cambios que se van danto en tu vida (conversión a Dios).
 
En este segundo año, menos propenso a sorprenderte por los avances en tu meditación, toca hacer oración contemplativa siguiendo la voluntad de Dios. ¿Por qué tengo que hacerlo? Te respondo con las palabras de Jesús a san Pedro, que no entendía por qué Jesús, el maestro, tenía que lavarle los pies:  «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?». Jesús le replicó: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde». Pedro le dice: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Simón Pedro le dice: «Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza». (Jn 13,6-9). Orar, más que hacer, es “dejar hacer a Jesús”; para ello sólo tienes que descalzarte y poner los pies bajo el agua que Él  te acerca. Entiende así la oración; como un don que Jesucristo, Dios encarnado, te acerca. Te parecerá impropio de Dios tanta humildad. Es su forma de hacerse contigo. No dejes de poner tus pies ante él, tu vida entera, para que la purifique con el agua de su gracia. Eso es orar.

Por tanto, sé constante: no lo entiendes ahora, pero lo entenderás más tarde.


Casto Acedo. Noviembre 2018

 

Patología del deseo y el gozo

Aunque no es una entrada propia del grupo de contemplación, sino de san Juan de la Cruz, paso aquí para enlazaros las notas que comenté en el curso sobre san Juan de la Cruz acerca de los "apetitos" o "deseos" tomadas de JEAN CALUD LARCHET, Terapéutica de las enfermedades espirituales, ed. Sígueme (Salamanca, 2014) 59-77

Patología del deseo y el gozo 

 1. El hombre ha sido creado para unirse a Dios. “El ojo ha sido creado para ver, el oído para oir… y el hombre para elevarse a Cristo… Cristo es la meta de todo deseo”… “El colmo de lo deseable es llegar a Dios” (S Basilio). … dirigiendo su corazón y su deseo a lo que naturalmente es su destino, el hombre disfruta el mayor placer imaginable. (el gozo espiritual)… Adán, en su estado original, no deseaba más que a Dios. (No conocía ningún placer sensible, porque éste quedaba absorbido en el placer espiritual de la unión con Dios).

2. Con el pecado el deseo y el gozo naturales del hombre se desvía. Al dar la espalda a Dios, el movimiento natural del deseo y de la búsqueda del placer que anida en el alma humana, se desvía de su meta, alejándose de su naturaleza (el proyecto original de Dios sobre él)… Al dejar de desear y amar a Dios, su deseo se vuelve hacia él mismo (filiautia): y desligado de Dios en su espíritu busca el placer en sus sentidos… llegan a desear su propio bien antes que el bien de Dios….

3. A medida que el hombre se aleja de Dios (ateísmo) se vuelve ególatra (egoísmo)… Buscando satisfacer su deseo (placer) de plenitud, el hombre inventa multitud de pasiones… Le obliga a ello el miedo al sufrimiento que genera la incompleción… Porque el deseo no deja de moverse, y cuando no se satisface en un objeto busca otro, y luego oro, y otro… Se transforma así en una grave enfermedad del alma.. (consumismo: delirio del hombre que ha perdido el sentido del verdadero Dios)… El hombre se “animaliza”.

4. Una consecuencia nefasta de esta desviación del deseo hacia el placer egoísta es la consideración del mundo y de los otros sólo como objetos con los que satisfacer mis deseos… El valor de mis relaciones se mide por la intensidad y cantidad de placer que puedo obtener de ellas. Las relaciones humanas se convierten, en relaciones de objetos con objetos, entregados a los caprichos y deseos de los placeres sensibles.

5. Los placeres obtenidos por las pasiones (pecados capitales) son sólo sucedáneos, falsificaciones del gozo espiritual del verdadero bien…. Reflexionando un poco en ello se puede ver el estado de “delirio” (locura, patología), dispersión, fragmentación, que producen en el hombre… al apartarse de Dios el hombre pierde su unidad, y se expande en una multiplicidad de modos de ver la realidad (según la conveniencia de cada momento), modos a veces contradictorios… Deseos tan contradictorios en un mismo ser generan inestabilidad y pérdida de la paz.

6. La no satisfacción de los deseos genera en el hombre caído el sufrimiento… El placer sensible y el dolor van unidos … Y cuando no se satisface el placer se produce dolor, sufrimiento, … y el peor no es precisamente el sufrimiento físico, sino el psíquico (vacío, sinsentido, depresión,…tristeza) … Cuando se yerra queriendo saciar la vida llamada a lo infinito con bienes finitos, sobre viene la tristeza… Ninguna realidad de este mundo (que necesariamente es finito) está en condiciones de satisfacer el infinito deseo de infinito que hay en el hombre. … Los bienes finitos (sensibles) son limitados y finitos, y el placer obtenido por ellos se esfuma rápidamente, mientras que los bienes espirituales son bienes firmes, seguros y eternos.,

7.  El deseo del hombre es “único”, no puede repartirse entre Dios y las realidades sensibles (no podéis servir a Dios y al dinero) … No se pueden albergar en el corazón humano pasiones diversas; hay una que lo atrae todo hacia ella. … Esto explica que quien no sabe avanzar en el camino espiritual concentra sus esfuerzos en lo material… Todo hombre que no ama a Dios con toda su alma revolotea por el mundo y agota su amor en las cosas.


Casto Acedo. Noviembre 2018
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 


lunes, 27 de agosto de 2018

Desierto y oración

 
 Al hablar de la “oración del ser”, dijimos que en realidad se trata de la “oración del estar enamorado”. Y si podemos orar de esta manera, hagámoslo: abandonemos tanto los malos como los buenos pensamientos y entremos en la esfera del silencio amoroso, del amor sin palabras.
 
Cuando la interioridad entra en crisis

 Pero no siempre  sientes la oración como esa experiencia de "estar enamorado" y es fácil que tengas la sensación de que estas perdiendo el tiempo. Y no es así;  la oración existencial es un “viaje” en apariencia estático. Sin embargo, aunque en la quietud (que no quietismo) lo exterior parece inactivo,  los niveles inconscientes, penetrados de amor y fe, están muy activos. 

La vida espiritual puede compararse al itinerario del éxodo desde Egipto hasta la tierra prometida a través del desierto; o con el camino de los discípulos de Emaús, que parten de una situación de oscuridad hasta que se le abren los ojos al Misterio (cf Lc 24,13-35). Se trata de recorrido que puede llamarse viaje interior a las profundidades del propio ser; o viaje al interior de la noche.

Al principio el viaje transcurre sin incidentes, con suavidad, pero tarde o temprano vendrán las turbulencias. Nadie te ha prometido un jardín de rosas.  Llegará la "crisis"; y llegará también la "gran crisis", trastorno que puede tener lugar dos o tres veces a lo largo de la vida y que afectará a las raíces profundas de tu ser.

La crisis puede ser exógena (externa),  producida por motivos externos: rechazo de quienes creías tu amigo, fracaso en el trabajo, perdida de buena fama, humillación por parecer que te muestras débil o estúpido ante los demás,  angustia, bajón.

Pero también puede ser endógena (interior), originada por las convulsiones del interior. De pronto te sientes mal. Insomnio, temblores, etc. parece que se desintegra el armazón de tu vida.  Se hace evidente la presencia del mal. Todo lo que te parecía seguro parece derrumbarse y no sabes hacia donde dirigirte. Las cosas que antes te satisfacían, ahora no te importan. Se pueden dar en ti dan en ti cambios de estado de ánimo brutales que te ponen  al borde del ataque de nervios. ¿Cómo he llegado a esto?

 
El Espíritu te lleva al desierto
 
La meditación es un ejercicio cuaresmal de adentramiento en el silencioso desierto de tu interioridad.  A Jesús, tras el bautismo,  "el Espíritu lo llevó al desierto para ser tentado por el diablo"; a ti, bautizado, también te lleva el Espíritu al desierto. ¿Porqué tenemos la obsesión de pensar que la vida cristiana es un oasis perpetuo? No. Es desierto y oasis; tal vez más desierto que oasis.
 
Dios, en el camino de tu vida, te hace pasar por desiertos exteriores: problemas familiares, paro laboral, enfermedades, situaciones sociales difíciles, etc. y también por tu desierto interior.  ¿Quieres conocerte de veras?  Prueba a no tener comida, a perder todo tu prestigio, a ser humillado por todos. ¿Qué queda entonces de ti? Pues bien, vivir el desierto es vivir el despojo de las vanidades, la soledad más absoluta, el abandono de todo lo que hasta ahora era la razón de tu vida, la pérdida de todo aquello en lo que tu ego se ha sostenido hasta ahora.  

La primera sensación cuando te quitan el suelo donde pisas es de vértigo; viene luego el miedo; hay quienes no dudan en volver cuanto antes a lo anterior. Son tentados como el pueblo de Israel en el desierto, cuando al poco de ser liberados y cantar agradecidos su nueva vida, ya no les satisface el maná que Dios les dio, y "se pusieron a llorar , diciendo: «¡Quién nos diera carne para comer! ¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, y de los pepinos y melones y puerros y cebollas y ajos! En cambio ahora se nos quita el apetito de no ver más que maná". (Nm 3,4-6). La rutina de lo que empezó con ilusión cansa, ¿no tienes ya experiencia de ello? La primera tentación ante la crisis es la de volver a Egipto, a como estábamos antes, como si el regreso a la esclavitud fuera la solución. Pero hay que seguir, no hay otra salida que la fe, es decir, la confianza a pesar de la sequedad. A su tiempo Dios proveerá un nuevo alimento que nos satisfaga. 

La fe tiene su vertiente oscura; "la fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve" (Hbr 11,1); una fe que ve con claridad, que no duda, no es tal. Un alma solo pude orar "puesta en fe". Me gusta esa expresión, que creo muy de san Juan de la Cruz, de que la oración sólo es verdadera cuando el hombre se pone "en fe"; o lo que es lo mismo, situado con esperanza, paz y serenidad en la oscuridad de la noche. En momentos de crisis la fe da a la meditación el único alimento que la mantiene viva: la confianza en Dios; se trata de la aceptación del despojo de todo aquello en que confiaba, a la espera de que Dios haga resurgir desde la interioridad al hombre nuevo, una vez despojado de todo lo viejo.
Lo más hermoso de todo esto es que tu verdadero yo, tu identidad más real, es hermosa, has sido creado "a imagen de Dios", y en el núcleo de tu corazón está Él. Nunca ha dejado de estar. Si Dios está ahí, y si Dios es amor, ¿por qué temo adentrarme en las profundidades de mi ser? Porque el demonio me engaña, me hace sentir miedo, me seduce haciéndome creer que sólo en el dinero, el prestigio y la autosuficiencia está la vida.
 
Hermoso y saludable ejercicio para esta cuaresma ese de abrir los ojos para ver las seducciones de ese encantador de serpientes que me distrae con sus ruidos para que no llegue al fondo de mi vida. Él sabe que si doy paso a la Luz que hay en mi interior la oscuridad que es él desaparecerá.
 
 
Caminar sabiendo que vas en buena dirección

Cuando logras apartar de tu conciencia las mentiras de tu ego, la conciencia de tu verdadera identidad aflora a la superficie y se va haciendo presente en ella. Cuando te adentras en el desierto, cuando dejas atrás tus “capas de cebolla”, cuando te despojas de tus “adornos” mentales y físicos, aparece ante ti lo que hay en el fondo; y en ese fondo hay mucho de inconsciente que no te agrada; hay una parte de nuestra personalidad que hemos arrinconado y odiamos contemplar, y que al ser removidas en la travesía espiritual puede despertar en forma de  sueños, malos deseos, pesadillas, etc. Pueden emerger aquí también las pulsiones sexuales que creíamos que ya teníamos controladas. Los demonios del ego se niegan a abandonar la casa que tan cómodamente han habitado hasta ahora.
 
Si observas en ti miedos, pesadillas, insomnios, etc.   es bueno comunicar esto a alguien que te escuche. Muchos abandonan aquí su camino por temor.
 
Cuando por la meditación se ahonda en uno mismo sale a la superficie la propia máscara;  tu papel-rol-máscara (padre, madre, maestro, sacerdote profesor, niño bueno, persona simpática…), que está ahí,  vivo y latente, se defiende de la verdad que amenaza con hacerlo desaparecer.  El pedestal del ego se viene abajo, y te preguntas: ¿me seguirán queriendo quienes solo conocen mi ego?  ¿Se reirán de mi?... Puede que entres en pánico.

Reconocer como eres, lo que piensas, lo que crees realmente, ante los demás -incluso ante ti mismo-, lleva consigo su dolor, pero una vez superado,  te hace crecer en la virtud por excelencia del hombre feliz: la humildad. No me canso de repetir la definición que santa teresa da de esta virtud: "humildad es vivir en verdad".
 
La dirección correcta la marca Moisés en el Éxodo. En nuestra meditación el camino es Cristo, Él señala la ruta. Si Él fue arrastrado al desierto por el Espíritu para conocer la noche de la prueba, si en Getsemaní soportó la oscuridad y la duda fiado en el Padre, está claro que nuestro sendero pasa por esa misma fe y abandono a la voluntad de Dios. ¡No te dejes embaucar por los cantos de sirena del mundo!
 

Adquirir una mirada global
 
Puede que entres en una “gran crisis” (derrumbe de todo; vacío que te hace decir como santa Teresa que “ni las cosas de Dios ni las de los hombres me satisfacen”). Cuando lleguen las crisis, repito, debes encontrar un consejero. Y debes mirar tu situación de forma holística (en su totalidad):

1. En su dimensión psicológica.  Tal vez debas acudir a un psicólogo que resitúe las vivencias de tu infancia, juventud, relaciones con tus padres, problemas de encaje sexual… etc.

2. Pero la psicología no debe ocultar la dimensión religiosa de lo que está sucediendo. En la crisis te encuentras con el insondable misterio de la persona y la existencia humana. La psicología puede ser tu ayuda, pero no te salvará; Jesús es tu Salvador, y deberás tener fe en él. Grítale como los discípulos en la barca que zozobra; Él duerme en tu misma barca (cf Mt 8,23-27) ) En momentos de crisis no abandones la oración, aunque tal vez no te convenga aumentar el tiempo; aunque sí es conveniente variar el modo; puede ser mejor orar dando largos paseos, dejando que el proceso interior se asimile interiormente de manera más pausada. Y por supuesto: acércate a la EUCARISTIA (alimento para el camino).

3. Finalmente no olvides la dimensión física. Los problemas internos suelen somatizarse. En momentos de crisis cuida tu alimentación y no abandones el ejercicio físico. Eso sí:  ¡ojo con las drogas químicas! No recurras a ellas. Son pan para hoy y hambre para mañana.

Repito que lo mires todo de forma global (holística, integral). Algunos te dirán que estás “cansado”, otros que “necesitas un terapeuta”, alguien   te recomendará que reces con más confianza. No cabe duda de que todo es bueno, pero nada es suficiente por sí solo.


Y en la globalidad de la mirada entra también el salirte del momento obsesivo en que te mete la crisis y contemplar tu vida en su totalidad; "no hay mal que cien años dure", y tu crisis no es sino una parte, posiblemente muy pequeña, de la globalidad de tu vida.
 

Finalmente, no olvides que  no estás sólo, hay un grupo de oración que "hace espaldas" contigo. Y tienes el testimonio de muchos que pasaron estas “crisis” (Pablo de Tarso, Juan de la Cruz, etc).   Hoy se suele hablar de “crisis de la mitad de la vida” (demonio meridiano)  o de un “viaje” al mundo del inconsciente o interioridad. Es ley de vida, y la literatura la ha descrito prolijamente: viajes de Ulises, Libro bíblico del Éxodo, Divina comedia, etc.  La vida espiritual es, en cierto modo, una aventura, un descenso a los infiernos, a la noche para despertar luego a la luz clara y limpia de la aurora.
 
Para este viaje tienes guías (sagradas escrituras, libros de oración) y maestros. Nuestro maestro es uno: Jesucristo. Pero no olvides que el viaje lo haces tú, y es tu constancia en la lucha (meditación, silencio) de cada día la que hará posible que, como Samuel, oigas la voz de Dios que te llama en la noche: "¡Samuel, Samuel!" (cf 1 Sam 3,1-14).
 
 
 

sábado, 9 de junio de 2018

El silencio de las potencias


 
Os paso las notas de la última enseñanza, sin desarrollar. Por si os sirven de referencia para entender el audio que ya mandé. Feliz semana.
El silencio de las potencias

1.- Comenzábamos preguntándonos “cómo meditar”

2.- Comenzamos insistiendo en la “postura” y “respiración”: QUIETUD…. Estar quieto para ser nosotros (como el vaso que revuelto está sucio y al quedarse quieto se posan las impurezas y adquiere claridad). La quietud corporal ayuda a la quietud interior. Quietud y silencio vienen a ser casi lo mismo: aquietar es silenciar… Para escuchar necesitamos estar “parados”, quietos. Cuando nos “aquietamos” se activa nuestra interioridad…

3.- Una vez quietos físicamente toca aquietarnos interiormente; silenciar las ”potencias” del alma; dejar de “ser-obrar” para dejar “al ser” ser en nosotros. Silenciar la memoria, el entendimiento y la voluntad.

a) Silenciar el ENTENDIMIENTO (los pensamientos)… nos sacan de nosotros mismos, nos alejan de lo único real (el presente) para llevarnos al mundo de la fantasía (pasado o futuro)… Esos pensamientos pueden ser buenos y hermosos (flores) o feos y desagradables (fieras)… “Buscando mis amores / iré por esos montes y riberas; / ni cogeré las flores, / ni temeré las fieras / y pasaré los fuertes y fronteras” (Sjc). “No tengáis miedo ni os asustéis; al contrario. Dad culto a Dios en vuestros corazones” (1 pe 3,14-15) …


Silenciar el entendimiento nos abre a la fe: ¿Qué es el entendimiento puesto en fe?: “Qué bien se yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche…” (San Juan de la Cruz) “La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve”. (Hb 11,1). El Dios que esperas no es Dios. Ver equivale a entender: (¿No lo ves? ¿Es que estás ciego para no verlo?) … “El que estuviera a oscuras y se cegare en todas sus luces propias y naturales, verá sobrenaturalmente; y la que a alguna luz suya se quisiere arrimar, tanto más cegará y se detendrá en el camino de la unión” (Sjc 2S 4,7) … Llega un momento en que el entendimiento no puede guiarte para la unión con Dios. … “Porque otras ciencias, con la luz del entendimiento se alcanzan; más esta de la fe, sin la luz del entendimiento se alcanza… y con la luz propia se pierde, si no se oscurece” (2S 3,4)…. “…y oscuro ha de ir por amor en fe, y no por mucha razón” (2S 29,5)… “Este entender no entendiendo, toda ciencia trascendiendo”…

a) Silenciar la MEMORIA: La memoria la conforman nuestras vivencias, nuestra historia, todo lo que hemos vivido y está en nosotros más o menos consciente o inconsciente… En nuestra memoria están también nuestras “imágenes” (imágenes de Dios, imágenes de los hermanos, … modo de entender el mundo, la moral, la vida… “No te harás imagen ninguna de Dios” …


El silencio de la memoria nos abre a la esperanza. Texto clave que cita Sjc: “Pues hemos sido salvados en esperanza. Y una esperanza que se ve no es esperanza. Efectivamente, ¿cómo va a esperar algo uno que ve? Pero si esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia” (Rm 8,24-25). … Aquí se enraíza lo que llamamos la “pobreza espiritual” (“bienaven-turados los pobres de espíritu” (Mt 5)… Ascesis-renuncia de la memoria, del propio ser (todo el bagaje de mis creencias y honra-consideración)… Bajar del pedestal … Silenciar la memoria es dejar el espíritu libre para que se mueva solo por el Espíritu Santo (el encuentro con Dios no es cuestión de voluntarismo, sino acción-don del Espíritu) … Ser pobres de espíritu… Mención bíblica especial la Virgen María, que voluntariamente pobre vivió siempre bajo la moción única del Espíritu Santo (Sjc 3S 2,10). …

  c) Silenciar la VOLUNTAD (los “quereres” o apetencias)… Nada más sentarnos nos invade el deseo de levantarnos, de movernos, de hacer cosas… “No queremos estar” (miedo a silenciarnos, nerviosismo, …) … Nuestros “quereres” nos sacan de quicio (que sea lo que yo quiero… pero la vida es tozuda, y es lo que Dios quiere…)… Tarea del silencio de la voluntad: “Hágase tu voluntad…”… Dejar de poner la voluntad en el gozo propio (lo que yo quiero) y ponerla solo en el gozo de Dios (lo que Dios quiere) …


Silenciar la voluntad nos abre a la caridad-ágape (amor): … No querer mi querer (quererme) sino querer lo que Dios quiera: “no lo que yo quiero sino lo que tú quieres”. Se trata de dejar que Dios obre “en el vacío y la oscuridad de sus sentimientos”, porque amar así es amar “lo que es cierto y verdadero, al gusto de la fe” (III,17). … Que cada obra que realicemos no la midamos por el agrado que nos producen, sino por el agrado de Dios (y bien del prójimo) … Igual que con la ascesis del entendimiento y la memoria (imágenes e ideas que impiden avanzar) ocurre con la ascesis de la voluntad. Se trata de desligarse de los apegos a los gustos que proporcionan las obras (sean buenas o malas) que realizamos, apegos y gustos que impiden avanzar hacia el amor de Dios (unión con Dios)

4.- Todo esto que hacemos en el silencio es un ”camino espiritual”, un modo de facilitarnos el acercamiento a “Dios que viene si quiere”; estas prácticas no garantizan el encuentro, ayudan a su posibilidad. Son “disposiciones del alma” en lo que tienen de ascesis, y muestra de buena voluntad para el encuentro con el que es “inmarcesible”… No son sólo técnicas, son un modo de vida que diseñamos para nosotros: Vivir con el entendimiento puesto sólo en lo que Dios nos da a entender, la memoria anclada en lo que somos en origen (imagen de Dios, hijos de Dios) y la voluntad dirigida sólo a lo que es querido por Dios.
 
Casto Acedo. Junio 2018. paduemerida@gmail.com
 

miércoles, 30 de mayo de 2018

San Agustín y el niño (A propósito del misterio de la Santísima Trinidad)

Repasando mi Blog "En tu nombre..." he encontrado esta breve y simple reflexión de hace tres años. Creo oportuno reponerla aquí por lo que nos puede iluminar en nuestro camino de contemplación. 
 
 

Una leyenda atribuye a san Agustín que un día paseaba por la playa mientras iba reflexionando sobre el misterio de la Santísima Trinidad. Trataba de comprender, con su mente analítica, cómo era posible que tres Personas diferentes (Padre, Hijo y Espíritu Santo) pudieran constituir un único Dios.
 
Estando en esas cavilaciones encontró a un niño que había excavado un pequeño hoyo en la arena y trataba de llenarlo con agua del mar. El niño corría hacia el mar y recogía un poquito de agua en una concha marina. Después regresaba corriendo a verter el líquido en el hueco, repitiendo esto una y otra vez. Aquello llamó la atención del santo, quien lleno de curiosidad le preguntó al niño sobre lo que hacía:
–Intento meter toda el agua del oceáno en este hoyo –le respondió el niño.
–Pero eso es imposible –replicó el teólogo– ¿cómo piensas meter toda el agua del oceáno que es tan inmenso en un hoyo tan pequeñito?
– Al igual que tú, que pretendes comprender con tu mente finita el misterio de Dios que es infinito…
 
Y en ese instante el niño desapareció.


* * * *

 
Una de las lecciones más importantes de las muchas que se pueden extraer del “misterio” de la Santísima Trinidad es precisamente la constatación de que "es un misterio". Dios es misterio, Dios es inalcanzable para la mente del hombre, es impensable; y vamos así  más allá de san Anselmo, que lo definía como “aquello mayor de lo cual nada puede pensarse”.
 
Siendo así, ¿habrá que renunciar a su conocimiento? De ninguna manera; porque conocer no es sólo pensar; también con el corazón se llega al conocimiento, más aún, solo desde el corazón se puede conocer de veras la realidad. Porque el amor me sitúa más allá de mi subjetividad e intereses, el amor limpia mi mirada, dispone mi ánimo para empaparse de la realidad que me envuelve. El amor me abre la puerta a la contemplación, me permite empaparme de Dios y sentirme parte de Él.

Si la Trinidad sólo se explica místicamente desde la relación de las personas, sólo desde mi relación profunda con Dios, desde el conocimiento del corazón (conocimiento cordial), me está permitido acceder al Misterio insondable de Dios. El tiempo del hombre es, pues, tiempo de contemplar, de amar, de abrir los poros del corazón, porque la mente humana es pequeña, y queda aún más empequeñecida cuando prescinde de la sensibilidad del corazón. Dios es uno, Dios es tres, Dios es Misterio.

Deja a un lado los conceptos que te deslumbran y déjate iluminar por las intuiciones del corazón.  Dios no cabe en el pequeño hoyo que has excavado con tus conceptos. Busca espacios y tiempos para no pensar,  momentos para “ dejar de hacer” y “sentir tu ser”. No te empeñes tanto en acarrear el agua a tu pozo y sumérgete en el mar del que viene toda agua! 
 
Casto Acedo. Mayo 2015-2018. paduamerida@gmail.com.

sábado, 26 de mayo de 2018

Día PRO-ORANTIBUS, (27 de Mayo)



27 de mayo,
Jornada “Pro Orantibus”:
“Solo quiero que le miréis a Él”

 El domingo 27 de mayo, solemnidad de la Santísima Trinidad, se celebra la Jornada Pro Orantibus (a favor de los que oran). Los obispos españoles, en el Año Jubilar Teresiano, proponen como lema la invitación de Santa Teresa, “Solo quiero que le miréis a Él“. Además manifiestan “el agradecimiento y, a la vez, el apoyo paternal a los innumerables hombres y mujeres que esparcidos por la geografía española mantienen vivo el ideal religioso de la vida contemplativa”.
 
¿Qué mejor día que este de la Solemnidad de la Santísima Trinidad para celebrar el don de la contemplación? Dios es Misterio. Y en su trascendencia y cercanía por Jesucristo, Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo) es el motor y la meta de todo cristiano; todos estamos llamados a la contemplación como estilo de vida, un estilo que no apunta a otra cosa sino a vivir dando gloria a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo con todo nuestro ser: memoria (sentimientos), inteligencia (pensamientos)  y voluntad (obras). Como señala san Juan de la Cruz en su dibujo del Monte,  la vida contemplativa apunta a vivir en la sola gloria de la Trinidad: “Solo mora en este monte  la honra y gloria de Dios”.

En España, según datos de diciembre de 2017, hay 801 monasterios de vida contemplativa (35 masculinos y 766 femeninos) y 9.195 religiosos y religiosas (340 masculinos y 8.855 femeninas).
 
Según los datos que se están recopilando desde las instancias pertinentes, en los monasterios españoles hay aproximadamente 150 postulantes; 250 novicias y 450 profesas temporales. En las congregaciones religiosas femeninas habría alrededor de un 26% de extranjeras.
 
Además de estos datos, no son nada desdeñables los numerosos grupos de laicos que se interesan y se sumergen en la práctica de la oración contemplativa. Nuestro grupo podría contarse entre ellos. ¡Ojalá estos grupos crezcan en número e intensidad para que Dios sea conocido y gustado por todos los que le buscan con un corazón sincero!.
 

No quisiera que esta celebración del día Pro-orantibus pasara desapercibida para nosotros. Que hoy no nos falte la oración por todos los que han optado por vivir una vida de total entrega a la oración en los diversos monasterios de vida contemplativa, ni tampoco un recuerdo y compromiso con todos los laicos que buscan a Dios en lo que muchos llaman “el nuevo monacato”, una vida de contemplación en el mundo buscando espacios y tiempos para el encuentro con Dios en medio del ajetreo de nuestro ruidoso y acelerado mundo contemporáneo. 

¡Feliz día, Contemplativos!
Casto Acedo. paduamerida@gmail.com. Mayo 2018