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miércoles, 7 de noviembre de 2018

Patología del deseo y el gozo

Aunque no es una entrada propia del grupo de contemplación, sino de san Juan de la Cruz, paso aquí para enlazaros las notas que comenté en el curso sobre san Juan de la Cruz acerca de los "apetitos" o "deseos" tomadas de JEAN CALUD LARCHET, Terapéutica de las enfermedades espirituales, ed. Sígueme (Salamanca, 2014) 59-77

Patología del deseo y el gozo 

 1. El hombre ha sido creado para unirse a Dios. “El ojo ha sido creado para ver, el oído para oir… y el hombre para elevarse a Cristo… Cristo es la meta de todo deseo”… “El colmo de lo deseable es llegar a Dios” (S Basilio). … dirigiendo su corazón y su deseo a lo que naturalmente es su destino, el hombre disfruta el mayor placer imaginable. (el gozo espiritual)… Adán, en su estado original, no deseaba más que a Dios. (No conocía ningún placer sensible, porque éste quedaba absorbido en el placer espiritual de la unión con Dios).

2. Con el pecado el deseo y el gozo naturales del hombre se desvía. Al dar la espalda a Dios, el movimiento natural del deseo y de la búsqueda del placer que anida en el alma humana, se desvía de su meta, alejándose de su naturaleza (el proyecto original de Dios sobre él)… Al dejar de desear y amar a Dios, su deseo se vuelve hacia él mismo (filiautia): y desligado de Dios en su espíritu busca el placer en sus sentidos… llegan a desear su propio bien antes que el bien de Dios….

3. A medida que el hombre se aleja de Dios (ateísmo) se vuelve ególatra (egoísmo)… Buscando satisfacer su deseo (placer) de plenitud, el hombre inventa multitud de pasiones… Le obliga a ello el miedo al sufrimiento que genera la incompleción… Porque el deseo no deja de moverse, y cuando no se satisface en un objeto busca otro, y luego oro, y otro… Se transforma así en una grave enfermedad del alma.. (consumismo: delirio del hombre que ha perdido el sentido del verdadero Dios)… El hombre se “animaliza”.

4. Una consecuencia nefasta de esta desviación del deseo hacia el placer egoísta es la consideración del mundo y de los otros sólo como objetos con los que satisfacer mis deseos… El valor de mis relaciones se mide por la intensidad y cantidad de placer que puedo obtener de ellas. Las relaciones humanas se convierten, en relaciones de objetos con objetos, entregados a los caprichos y deseos de los placeres sensibles.

5. Los placeres obtenidos por las pasiones (pecados capitales) son sólo sucedáneos, falsificaciones del gozo espiritual del verdadero bien…. Reflexionando un poco en ello se puede ver el estado de “delirio” (locura, patología), dispersión, fragmentación, que producen en el hombre… al apartarse de Dios el hombre pierde su unidad, y se expande en una multiplicidad de modos de ver la realidad (según la conveniencia de cada momento), modos a veces contradictorios… Deseos tan contradictorios en un mismo ser generan inestabilidad y pérdida de la paz.

6. La no satisfacción de los deseos genera en el hombre caído el sufrimiento… El placer sensible y el dolor van unidos … Y cuando no se satisface el placer se produce dolor, sufrimiento, … y el peor no es precisamente el sufrimiento físico, sino el psíquico (vacío, sinsentido, depresión,…tristeza) … Cuando se yerra queriendo saciar la vida llamada a lo infinito con bienes finitos, sobre viene la tristeza… Ninguna realidad de este mundo (que necesariamente es finito) está en condiciones de satisfacer el infinito deseo de infinito que hay en el hombre. … Los bienes finitos (sensibles) son limitados y finitos, y el placer obtenido por ellos se esfuma rápidamente, mientras que los bienes espirituales son bienes firmes, seguros y eternos.,

7.  El deseo del hombre es “único”, no puede repartirse entre Dios y las realidades sensibles (no podéis servir a Dios y al dinero) … No se pueden albergar en el corazón humano pasiones diversas; hay una que lo atrae todo hacia ella. … Esto explica que quien no sabe avanzar en el camino espiritual concentra sus esfuerzos en lo material… Todo hombre que no ama a Dios con toda su alma revolotea por el mundo y agota su amor en las cosas.


Casto Acedo. Noviembre 2018
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 


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