El próximo jueves compartiremos acerca de nuestra manera de orar, de cara a enriquecernos con las enseñanzas de unos y otros. Como introducción os adelanto el tema que desarrolla el libro-texto que vamos siguiendo (Enamorarse de Dios, de John Williams).
Modos de orar
Hay muchos modos de orar, como hay muchas formas de expresar amor.
1) Algunos se sienten espontáneamente inclinados a orar: hablan con Dios, le exponen su problemas, se quejan como Job, … Amigos de Dios que dialogan con Él. ¡Déjalos ir, Dios les irá instruyendo a medida que pasen de la palabra al silencio.
2) Otros usan una frase o mantra: “Jesús”, “Ten piedad”, “Señor mío y Dios mío”, “¡Ven, Espíritu Santo!”, “Santa María, ruega por nosotros”; Hay quienes tienen apego a una sola palabra: Dios, paz, amor, alegría, …, o a un sonido: campana, cuenco, una música concreta, … Canto interior de un himno favorito…, orar “en lenguas” (glosolalia).
3) Existe también la oración impetratoria o de petición. “Simón, he rogado por ti” (Lc 22,32)… “Os recuerdo a todos en mis oraciones”… Cuidado con el exceso de apego a la oración impetratoria… Mejor dejar las cosas en sus manos; Así hizo María, no pidió sino que expuso el problema: “No tienen vino”; No manipulemos a Dios exigiéndole: “¿Acaso no puedo hacer con mis bienes lo que me de la gana?” No trates de manipularme, te dice Dios.
4) Hay quien reduce su oración a “acción de gracias”… “Deo gratias”. Cuando lleguemos a dar gracias solamente es que hemos avanzado mucho en la oración.
5) Algunos oran con la respiración, al compás, repitiendo el nombre de Jesús… Durante el día suelen hacer una pausa para respirar y repetir el nombre.
6) Disponemos también de la llamada “aplicación de los sentidos”. Que recomienda san Ignacio en sus ejercicios, y que consiste en adentrarse en algún episodio de los evangelios “como si presente me hallase” y aplicando los sentidos de la imaginación: ver, oir, tocar, oler, gustar. Una variante es que Jesús entra en tu aposento y te dice que te ama, pidiendo que correspondas a su amor.
7) Contemplar las escrituras. Situarse, por ejemplo, ante los koan (paradojas) que parecen algunos textos, como “bienaventurados los pobres”, o “quien pierde su vida la ganará”…
8) Muy aconsejable para este tipo de meditación con la Escritura es el uso de las parábolas: escoge una parábola, léela y reléela varias veces a lo largo del día… repite alguna palabra,… al final del día verás que algo ha sido transformado en ti.
9) Hay quienes oran copiando las escrituras en una especie de ejercicio caligráfico, …más que un ejercicio de estética caligráfica, poco a poco la palabra escrita va adentrándose en el corazón.
10) Para los católicos es aconsejable orar ante el sagrario tratando del Señor acerca de lo que pasa por su mente o por su corazón, o guardando silencio sumiéndose en los abismos de la contemplación.
· Todos estos modos de orar llevan a ese silencio en el que descansas ante Dios… Los antiguos teólogos (santos Padres) decían que toda forma de oración desemboca finalmente en la oración contemplativa…. Por eso, cada vez que entres en ese amoroso silencio, quédate ahí. Permanece en él hasta que no puedas ya luchar contra las distracciones. Vuelve entonces a la frase que te llevó ahí… Con el tiempo verás que las palabras surgen del silencio y el silencio de las palabras.
· El silencio es valioso, pero no hagas de él un fetiche. Lo importante no es el silencio ni la palabra, sino el amor…. Tal vez Jesús nos diría hoy: “No abuses de los silencios como los gentiles, que creen que por mucho silencio oran mejor” … La experiencia religiosa no es la de un silencio sino la de un enamorarse sin restricciones.
· Otro aspecto importante: Hay quien dice que cualquier palabra o frase basta para orar. ¡No!... Lo más adecuado es invocar el nombre del amado. Cuando recitas el Nombre u otra palabra religiosa tu ser queda invadido por el Dios al que estás invocando (In-voco = llamo hacia mi)… Si me detengo en cualquier palabra ¿qué valor tiene eso? … No olvides que lo más importante es el amor. Las palabras ayudan, pero solo eso.
· Algunas tradiciones aconsejan dejarse hipnotizar por el sonido … A nosotros nos hipnotiza una persona: Jesús. … poco importa el sonido que uses, lo importante es dejarte invadir por el Espíritu Santo. … A veces el mismo Espíritu te hará decir: “¡Padre!” … El gong, el cuenco, la campanao cualquier otra música sólo es una muleta para ayudarte a volver la conciencia hacia Él.
Hay muchas maneras de orar… A veces se entremezclan… Y es fundamental que encuentres tu propio camino; y no pienses que al hallarlo ya has terminado; nunca digas que has hallado el definitivo y absoluto camino… Nunca digas “este es mi camino y lo seguiré hasta la muerte”, o “este es mi mantra y lo repetiré siempre”… La oración es un proceso o viaje, a medida que avanzas irás dejando atrás métodos y modos… Algunos acabarán por ser un obstáculo… Al final dirás con san Juan de la Cruz: “El camino no es ningún camino”: “Por aquí no hay camino, que para el justo no hay ley” (cf Dibujo del monte) … Dios tiene siempre la última palabra; a nosotros nos queda sólo seguirle. La vida de oración está llena de sorpresas.
* * *
-¿Qué me llama más la atención del tema?
-¿Cómo estoy meditando?
-¿Qué dificultades encuentro y cómo procuro superarlas?
No solemos compartir mucho en el grupo. Ya os he dicho alguna vez que el exceso de palabras a veces distrae más que ayuda. Pero si hablamos y escuchamos desde el corazón seguro que podemos sacar mucho provecho.
Casto Acedo. Noviembre 2018




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