1.- Comenzábamos preguntándonos “cómo meditar”
2.- Comenzamos insistiendo en la “postura” y “respiración”: QUIETUD…. Estar quieto para ser nosotros (como el vaso que revuelto está sucio y al quedarse quieto se posan las impurezas y adquiere claridad). La quietud corporal ayuda a la quietud interior. Quietud y silencio vienen a ser casi lo mismo: aquietar es silenciar… Para escuchar necesitamos estar “parados”, quietos. Cuando nos “aquietamos” se activa nuestra interioridad…
3.- Una vez quietos físicamente toca aquietarnos interiormente; silenciar las ”potencias” del alma; dejar de “ser-obrar” para dejar “al ser” ser en nosotros. Silenciar la memoria, el entendimiento y la voluntad.
a) Silenciar el ENTENDIMIENTO (los pensamientos)… nos sacan de nosotros mismos, nos alejan de lo único real (el presente) para llevarnos al mundo de la fantasía (pasado o futuro)… Esos pensamientos pueden ser buenos y hermosos (flores) o feos y desagradables (fieras)… “Buscando mis amores / iré por esos montes y riberas; / ni cogeré las flores, / ni temeré las fieras / y pasaré los fuertes y fronteras” (Sjc). “No tengáis miedo ni os asustéis; al contrario. Dad culto a Dios en vuestros corazones” (1 pe 3,14-15) …
Silenciar el entendimiento nos abre a la fe: ¿Qué es el entendimiento puesto en fe?: “Qué bien se yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche…” (San Juan de la Cruz) “La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve”. (Hb 11,1). El Dios que esperas no es Dios. Ver equivale a entender: (¿No lo ves? ¿Es que estás ciego para no verlo?) … “El que estuviera a oscuras y se cegare en todas sus luces propias y naturales, verá sobrenaturalmente; y la que a alguna luz suya se quisiere arrimar, tanto más cegará y se detendrá en el camino de la unión” (Sjc 2S 4,7) … Llega un momento en que el entendimiento no puede guiarte para la unión con Dios. … “Porque otras ciencias, con la luz del entendimiento se alcanzan; más esta de la fe, sin la luz del entendimiento se alcanza… y con la luz propia se pierde, si no se oscurece” (2S 3,4)…. “…y oscuro ha de ir por amor en fe, y no por mucha razón” (2S 29,5)… “Este entender no entendiendo, toda ciencia trascendiendo”…
a) Silenciar la MEMORIA: La memoria la conforman nuestras vivencias, nuestra historia, todo lo que hemos vivido y está en nosotros más o menos consciente o inconsciente… En nuestra memoria están también nuestras “imágenes” (imágenes de Dios, imágenes de los hermanos, … modo de entender el mundo, la moral, la vida… “No te harás imagen ninguna de Dios” …
El silencio de la memoria nos abre a la esperanza. Texto clave que cita Sjc: “Pues hemos sido salvados en esperanza. Y una esperanza que se ve no es esperanza. Efectivamente, ¿cómo va a esperar algo uno que ve? Pero si esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia” (Rm 8,24-25). … Aquí se enraíza lo que llamamos la “pobreza espiritual” (“bienaven-turados los pobres de espíritu” (Mt 5)… Ascesis-renuncia de la memoria, del propio ser (todo el bagaje de mis creencias y honra-consideración)… Bajar del pedestal … Silenciar la memoria es dejar el espíritu libre para que se mueva solo por el Espíritu Santo (el encuentro con Dios no es cuestión de voluntarismo, sino acción-don del Espíritu) … Ser pobres de espíritu… Mención bíblica especial la Virgen María, que voluntariamente pobre vivió siempre bajo la moción única del Espíritu Santo (Sjc 3S 2,10). …
c) Silenciar la VOLUNTAD (los “quereres” o apetencias)… Nada más sentarnos nos invade el deseo de levantarnos, de movernos, de hacer cosas… “No queremos estar” (miedo a silenciarnos, nerviosismo, …) … Nuestros “quereres” nos sacan de quicio (que sea lo que yo quiero… pero la vida es tozuda, y es lo que Dios quiere…)… Tarea del silencio de la voluntad: “Hágase tu voluntad…”… Dejar de poner la voluntad en el gozo propio (lo que yo quiero) y ponerla solo en el gozo de Dios (lo que Dios quiere) …
Silenciar la voluntad nos abre a la caridad-ágape (amor): … No querer mi querer (quererme) sino querer lo que Dios quiera: “no lo que yo quiero sino lo que tú quieres”. Se trata de dejar que Dios obre “en el vacío y la oscuridad de sus sentimientos”, porque amar así es amar “lo que es cierto y verdadero, al gusto de la fe” (III,17). … Que cada obra que realicemos no la midamos por el agrado que nos producen, sino por el agrado de Dios (y bien del prójimo) … Igual que con la ascesis del entendimiento y la memoria (imágenes e ideas que impiden avanzar) ocurre con la ascesis de la voluntad. Se trata de desligarse de los apegos a los gustos que proporcionan las obras (sean buenas o malas) que realizamos, apegos y gustos que impiden avanzar hacia el amor de Dios (unión con Dios)
4.- Todo esto que hacemos en el silencio es un ”camino espiritual”, un modo de facilitarnos el acercamiento a “Dios que viene si quiere”; estas prácticas no garantizan el encuentro, ayudan a su posibilidad. Son “disposiciones del alma” en lo que tienen de ascesis, y muestra de buena voluntad para el encuentro con el que es “inmarcesible”… No son sólo técnicas, son un modo de vida que diseñamos para nosotros: Vivir con el entendimiento puesto sólo en lo que Dios nos da a entender, la memoria anclada en lo que somos en origen (imagen de Dios, hijos de Dios) y la voluntad dirigida sólo a lo que es querido por Dios.
2.- Comenzamos insistiendo en la “postura” y “respiración”: QUIETUD…. Estar quieto para ser nosotros (como el vaso que revuelto está sucio y al quedarse quieto se posan las impurezas y adquiere claridad). La quietud corporal ayuda a la quietud interior. Quietud y silencio vienen a ser casi lo mismo: aquietar es silenciar… Para escuchar necesitamos estar “parados”, quietos. Cuando nos “aquietamos” se activa nuestra interioridad…
3.- Una vez quietos físicamente toca aquietarnos interiormente; silenciar las ”potencias” del alma; dejar de “ser-obrar” para dejar “al ser” ser en nosotros. Silenciar la memoria, el entendimiento y la voluntad.
a) Silenciar el ENTENDIMIENTO (los pensamientos)… nos sacan de nosotros mismos, nos alejan de lo único real (el presente) para llevarnos al mundo de la fantasía (pasado o futuro)… Esos pensamientos pueden ser buenos y hermosos (flores) o feos y desagradables (fieras)… “Buscando mis amores / iré por esos montes y riberas; / ni cogeré las flores, / ni temeré las fieras / y pasaré los fuertes y fronteras” (Sjc). “No tengáis miedo ni os asustéis; al contrario. Dad culto a Dios en vuestros corazones” (1 pe 3,14-15) …
Silenciar el entendimiento nos abre a la fe: ¿Qué es el entendimiento puesto en fe?: “Qué bien se yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche…” (San Juan de la Cruz) “La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve”. (Hb 11,1). El Dios que esperas no es Dios. Ver equivale a entender: (¿No lo ves? ¿Es que estás ciego para no verlo?) … “El que estuviera a oscuras y se cegare en todas sus luces propias y naturales, verá sobrenaturalmente; y la que a alguna luz suya se quisiere arrimar, tanto más cegará y se detendrá en el camino de la unión” (Sjc 2S 4,7) … Llega un momento en que el entendimiento no puede guiarte para la unión con Dios. … “Porque otras ciencias, con la luz del entendimiento se alcanzan; más esta de la fe, sin la luz del entendimiento se alcanza… y con la luz propia se pierde, si no se oscurece” (2S 3,4)…. “…y oscuro ha de ir por amor en fe, y no por mucha razón” (2S 29,5)… “Este entender no entendiendo, toda ciencia trascendiendo”…
a) Silenciar la MEMORIA: La memoria la conforman nuestras vivencias, nuestra historia, todo lo que hemos vivido y está en nosotros más o menos consciente o inconsciente… En nuestra memoria están también nuestras “imágenes” (imágenes de Dios, imágenes de los hermanos, … modo de entender el mundo, la moral, la vida… “No te harás imagen ninguna de Dios” …
El silencio de la memoria nos abre a la esperanza. Texto clave que cita Sjc: “Pues hemos sido salvados en esperanza. Y una esperanza que se ve no es esperanza. Efectivamente, ¿cómo va a esperar algo uno que ve? Pero si esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia” (Rm 8,24-25). … Aquí se enraíza lo que llamamos la “pobreza espiritual” (“bienaven-turados los pobres de espíritu” (Mt 5)… Ascesis-renuncia de la memoria, del propio ser (todo el bagaje de mis creencias y honra-consideración)… Bajar del pedestal … Silenciar la memoria es dejar el espíritu libre para que se mueva solo por el Espíritu Santo (el encuentro con Dios no es cuestión de voluntarismo, sino acción-don del Espíritu) … Ser pobres de espíritu… Mención bíblica especial la Virgen María, que voluntariamente pobre vivió siempre bajo la moción única del Espíritu Santo (Sjc 3S 2,10). …
c) Silenciar la VOLUNTAD (los “quereres” o apetencias)… Nada más sentarnos nos invade el deseo de levantarnos, de movernos, de hacer cosas… “No queremos estar” (miedo a silenciarnos, nerviosismo, …) … Nuestros “quereres” nos sacan de quicio (que sea lo que yo quiero… pero la vida es tozuda, y es lo que Dios quiere…)… Tarea del silencio de la voluntad: “Hágase tu voluntad…”… Dejar de poner la voluntad en el gozo propio (lo que yo quiero) y ponerla solo en el gozo de Dios (lo que Dios quiere) …
Silenciar la voluntad nos abre a la caridad-ágape (amor): … No querer mi querer (quererme) sino querer lo que Dios quiera: “no lo que yo quiero sino lo que tú quieres”. Se trata de dejar que Dios obre “en el vacío y la oscuridad de sus sentimientos”, porque amar así es amar “lo que es cierto y verdadero, al gusto de la fe” (III,17). … Que cada obra que realicemos no la midamos por el agrado que nos producen, sino por el agrado de Dios (y bien del prójimo) … Igual que con la ascesis del entendimiento y la memoria (imágenes e ideas que impiden avanzar) ocurre con la ascesis de la voluntad. Se trata de desligarse de los apegos a los gustos que proporcionan las obras (sean buenas o malas) que realizamos, apegos y gustos que impiden avanzar hacia el amor de Dios (unión con Dios)
4.- Todo esto que hacemos en el silencio es un ”camino espiritual”, un modo de facilitarnos el acercamiento a “Dios que viene si quiere”; estas prácticas no garantizan el encuentro, ayudan a su posibilidad. Son “disposiciones del alma” en lo que tienen de ascesis, y muestra de buena voluntad para el encuentro con el que es “inmarcesible”… No son sólo técnicas, son un modo de vida que diseñamos para nosotros: Vivir con el entendimiento puesto sólo en lo que Dios nos da a entender, la memoria anclada en lo que somos en origen (imagen de Dios, hijos de Dios) y la voluntad dirigida sólo a lo que es querido por Dios.
Casto Acedo. Junio 2018. paduemerida@gmail.com

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