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sábado, 18 de diciembre de 2021

"Tu luz, Señor, nos hace ver la luz" (Sal 35,10)


 "Cuando un silencio sereno lo envolvía todo, y la noche estaba a la mitad de su carrera, tu Palabra se lanzó desde los cielos" (Sb 18,14-16). Me parece que estas palabras pueden iluminar nuestra meditación en estos días de Navidad. En la noche desciende la Luz desde el cielo. La meditación abre el corazón y la mente para que la Luz de Dios prenda nuestra lámpara interior a fin de que  nuestros ojos puedan ver y edificar un mundo nuevo.

Paulatinamente, la meditación nos va abriendo a la realidad que somos y que nos rodea.Así lo explica el Padre Larrañaga:

Supongamos que estamos a oscuras en una sala, sólo se oyen nuestras voces; encendemos una pequeña vela, y un pequeño círculo se ilumina; vamos encendiendo más velas y comenzamos a vernos los que estamos aquí; se encienden unas luces y nosotros y todo lo que nos rodea parece que toma volumen y rasgos más definidos; se encienden unos focos bien situados y potentes y el espacio en el que estamos se llena de color. ¿Qué ha cambiado? Este lugar estaba ahí, pero no era perceptible para mí; era como si no existencia. La luz la ha hecho presencia “para mí”; las cosas estaban ahí, pero yo no las veía; la luz ha llevado a descubrir su presencia. La luz transforma la sala en un “rostro”, en una presencia para mí.

Pues bien, con Dios ocurre igual: Está presente en cada uno de los seres creados, de las cosas y de los hombres. Ahora bien, si medito como una vela Dios se comienza a ver, si medito como varias Dios va dejándose ver en mi entorno, si medito como una lámpara Dios va tomando cuerpo en los otros, si medito como un foco potente a Dios comienzo a verlo en todos y en todas las cosas. Recordemos el canto de las criaturas de san Francisco de Asís; el mundo y sus acontecimientos –muerte, lobo, todo- comienza a ser visto como fraterno; Si meditara como lo hizo san Francisco, también para mí Dios sería mi todo.

¿Qué cambia en nosotros la meditación? Nuestra forma de ver las cosas, nuestra visión: mirar con una linterna en la oscuridad de la noche es pobre; si iluminamos todo con una luz que venga desde fuera, veremos “toda la realidad como es”, no solo “aquello que a nosotros nos parece que es”.

La meditación nos ilumina, nos hace ver, nos ayuda a tomar conciencia de nuestro mundo interior (lo que somos) y exterior (donde estamos) , y del lugar que debemos ocupar, lo que debemos hacer,  en la realidad que nos toca vivir para no ver frustrada nuestra vida.

Prepara la Navidad dedicando tiempo a meditar. 

Diciembre 2021.

Casto Acedo. 

domingo, 5 de diciembre de 2021

Prepara el camino.


“Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos; los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajados; lo torcido será enderezado, lo escabrosos será camino llano. Y toda carne verá la salvación de Dios” (Lc 3,6).

Dos tipos de dificultades encuentras en la vida cuando quieres sacar adelante algún proyecto, bien sea familiar, laboral, social, espiritual o religioso.

1.- La primera dificultad viene de la soberbia con la que solemos actuar. Comienzas algo, y enseguida quieres imponer tu ritmo, tus criterios, tu visión personal de las cosas…. Y chocas con los criterios, el ritmo y la visión de los que te acompañan. Porque no viajas solo … Y si la soberbia es extrema, todo se va al traste.

2.- La segunda dificultad viene de la baja confianza en ti mismo y en tus posibilidades, del miedo a aventurarte en algo nuevo, de las decepciones previas en tareas similares. ¡He fracasado ya en tantos proyectos que no creo que este salga adelante! … La depresión está servida, la oscuridad y el miedo paralizan.

El Señor no viene a realizar tu proyecto por ti, no hace lo que tú puedes hacer; sería inmiscuirse en tu libertad; pero te va a facilitar el camino. De hecho, hará lo más grueso: rebajar las colinas, ayudarte a desmontar tu ego, tu soberbia. En una obra de ingeniería de vías y caminos es lo más costoso, lo que no te atreves a hacer solo porque sabes que te desborda. 

También sanará tus miedos y te dará una visión incluso optimista de tus fracasos anteriores. cubre el abismo para que no vuelvas a hundirte en la desesperación. No temas, Él está contigo. No dice el evangelio que rellenes los valles, “serán rellenados”, “Dios ha mandado rellenarse a los barrancos hasta hacer que el suelo se nivele para que Israel camine seguro”, dice el profeta Barúc (5,4-9).

A ti sólo te toca hacer el trabajo fino, lo más fácil: ser transparente, sincero, enderezar lo que en ti haya de torcido; reconocer tus equivocaciones y poner buena voluntad para volver al camino recto; y allanar las asperezas de tu espíritu, pulir las zonas escabrosas de tu alma, crear dentro de ti el ambiente, las condiciones necesarias para que la marcha sea fluida.

Así, con la presencia de Dios y tu colaboración, no sólo tú, sino también “toda carne”, la humanidad entera, "verá la salvación de Dios".

Esto es el Adviento, don de Dios y tarea tuya parea que todos nos beneficiemos.

Feliz Domingo segundo de Adviento.

Diciembre 2021

Casto Acedo.

lunes, 4 de octubre de 2021

A vueltas con "la verdadera alegría"



Al celebrar el día de san Francisco de Asís siempre me viene a la mente la florecilla de “La verdadera alegría” que ya transcribí en una entrada de  otro blog. Os propongo hacer hoy una lectura de esta historia siguiendo el esquema de novicio-profeso-monje; desierto-vida pública-pascua, o más plásticamente: cueva-valle-cementerio, que presentamos hace unos días para ilustrar la visión general  de nuestra nueva etapa. 

Pero vayamos por partes. Primero la florecilla:


El mismo fray Leonardo refirió allí mismo que cierto día el bienaventurado Francisco, en Santa María, llamó a fray León y le dijo:
– «Hermano León, escribe.»
El cual respondió:
– «Heme aquí preparado.»
– «Escribe –dijo– cuál es la verdadera alegría.

Viene un mensajero y dice que todos los maestros de París han ingresado en la Orden. Escribe: No es la verdadera alegría.
Y que también, todos los prelados ultramontanos, arzobispos y obispos; y que también, el rey de Francia y el rey de Inglaterra. Escribe: No es la verdadera alegría.

También, que mis frailes se fueron a los infieles y los convirtieron a todos a la fe; también, que tengo tanta gracia de Dios que sano a los enfermos y hago muchos milagros: Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría.

Pero ¿cuál es la verdadera alegría?

Vuelvo de Perusa y en una noche profunda llegó acá, y es el tiempo de un invierno de lodos y tan frío, que se forman canelones del agua fría congelada en las extremidades de la túnica, y hieren continuamente las piernas, y mana sangre de tales heridas.

Y todo envuelto en lodo y frío y hielo, llego a la puerta, y, después de haber golpeado y llamado por largo tiempo, viene el hermano y pregunta: ¿Quién es? Yo respondo: El hermano Francisco.
Y él dice: Vete; no es hora decente de andar de camino; no entrarás.
E insistiendo yo de nuevo, me responde: Vete, tú eres un simple y un ignorante; ya no vienes con nosotros; nosotros somos tantos y tales, que no te necesitamos.
Y yo de nuevo estoy de pie en la puerta y digo: Por amor de Dios recogedme esta noche.
Y él responde: No lo haré.
Vete al lugar de los Crucíferos y pide allí.
Te digo que si hubiere tenido paciencia y no me hubiere alterado, que en esto está la verdadera alegría y la verdadera virtud y la salvación del alma.

Y el breve comentario: 

1. 

Viene un mensajero y dice que todos los maestros de París han ingresado en la Orden. Escribe: No es la verdadera alegría.
Y que también, todos los prelados ultramontanos, arzobispos y obispos; y que también, el rey de Francia y el rey de Inglaterra. Escribe: No es la verdadera alegría.
La  alegría que nace de aquí es la que se viviría en la cueva. No está mal, pero no es la definitiva. Rompo con los "enemigos", con todo lo que me estorba para entrar en mi mismo y poder encontrarme con Dios. Cuando me quedo solo y entre "conversos" ya no hay problemas, todo es silencio y armonía con los hermanos. Desaparecen los peligros que suponían hasta entonces aquellos que me ataban por apego o aversión. Todo està tranquilo, no hay divergencias. Ahora sólo me queda vivir en la cómoda zona de confort de mi celda y purificarme para afrontar mi posterior regreso al mundo de  los que me alejaban de mí mismo y de Dios. Un buen paso, pero sólo es el principio. 

2.

El mensajero me dice que mis frailes se fueron a los infieles y los convirtieron a todos a la fe; también, que tengo tanta gracia de Dios que sano a los enfermos y hago muchos milagros: Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría.
Abandono mi celda, regreso a la comunidad, bajo al valle. Me relaciono con los infieles de los que me aparté para irme a fortalecer en la cueva. A mi regreso mis relaciones con ellos son más fluidas. No me dejo llevar tan fácilmente por la presión social; ya no cultivo la imagen que ellos esperan de mí. Soy cada vez más y mismo. Se va produciendo el milagro de un trato amigable y cordial con aquellos de quienes que me alejé en mi retiro al desierto o la montaña. Vuelvo a vivir en la calle, en el trabajo, en el ocio compartido. Pero ya no conduzco mi vida desde el miedo a que me dejen solo si no respondo a sus expectativas;  ahora la bondad llena mi corazón. Descubro que amando a todos sin falsedad, practicanso la compasión con todos, hablando y haciendo la verdad, siendo yo mismo, también se me acepta. Todo en mi vida va creciendo en armonía. Pero aún no he logrado la verdadera alegría y libertad.

3.
Vuelvo de Perusa y en una noche profunda llegó aquí, y es el tiempo de un invierno de lodos y tan frío, que se forman canelones del agua fría congelada en las extremidades de la túnica, y hieren continuamente las piernas, y mana sangre de tales heridas.
Y todo envuelto en lodo y frío y hielo, llego a la puerta, y, después de haber golpeado y llamado por largo tiempo, viene el hermano y pregunta: ¿Quién es? Yo respondo: El hermano Francisco.
Y él dice: Vete; no es hora decente de andar de camino; no entrarás.
Te digo que si hubiere tenido paciencia y no me hubiere alterado, que en esto está la verdadera alegría y la verdadera virtud y la salvación del alma.

Aquí he llegado a la etapa de perfección, la madurez, soy capaz de vivir entre los malolientes cadáveres del cementerio sin inmutarme. Mi interioridad no se ve afectada ni por lo  agradable que descubrí en la cueva y el valle ni por lo desagradable, presente en este caso en la actitud del hermano portero. Me apalea y desprecia, "a mí, que soy un santo". Pero no me importa, porque he alcanzado la verdadera alegría. Mi corazón está repleto de compasión incluso hacia mi adversario. No deseo ningún daño o castigo al hermano que me apalea, ni siquiera profiero una sola palabra de reproche. Mi vida es pura compasión y misericordia. ¡Perdónales, porque no saben lo que hacen!, esta es mi oración.  En mitad de la tormenta mi corazón permanece en equilibrio y serenidad. He alcanzado la libertad y la paz. La verdadera alegría.
Llegado a este punto aprendo que la felicidad y la paz sólo pueden ser el fruto maduro de un corazón compasivo, y consciente de ello me preparo para que los regocijos y los golpes de la vida me afecten y conmuevan cada vez menos, hasta llegar a la verdadera apatheia, el equilibrio, la ecuanimidad que predicó Jesús, que Él vivió de modo excelente en la cruz y que san Pablo resume en su carta a los Tesalonicenses (5,15-24);
"Que nadie devuelva a otro mal por mal; esmeraos siempre en haceros el bien unos a otros y a todos. Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.  No apaguéis el espíritu,  no despreciéis las profecías.  Examinadlo todo; quedaos con lo bueno. Guardaos de toda clase de mal.  Que el mismo Dios de la paz os santifique totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.  El que os llama es fiel, y él lo realizará".

Todo un resumen de prácticas apropiadas para avanzar en el camino espiritual que conduce a la sabiduría que es la verdadera alegría.

Felicidades a todos y que aprovechemos la enhorabuena de tener a san Francisco de Asís como referente para nuestro camino. Un camino en el que nunca estamos solos y que podemos culminar si lo ponemos en manos de Dios. "El que os llama es fiel, y él lo realizará".

 4 de Octubre de 2021

Casto Acedo.

sábado, 2 de octubre de 2021

Iniciación a la oración contemplativa


PRESENTACION DEL CURSO 

ORACION CONTEMPLATIVA 

1. PREMISA  

 Una de las cosas que hemos aprendido en los últimos años en el grupo es que no puede haber un crecimiento espiritual si no se da a un tiempo un crecimiento personal integral. A este crecimiento integral apuntamos.

2.     UNA PREGUNTA CLAVE  

¿Qué valor concedo a la vida espiritual?   Hay muchas cosas en muestra vida, pero nada se puede comparar con el valor del camino espiritual. En él nos lo jugamos todo. Cosas como la libertad, la paz, el equilibrio personal, … eliminar patrones de comportamiento y defectos, desarrollar cualidades latentes en nosotros como el amor y la compasión… desarrollar nuestra capacidad de atención, de conocimiento, etc… Si esto no tiene un valor superior a lo meramente corporal y externo no merece la pena embarcarse en el proyecto.

3.     OBJETIVO PRIMERO 

Despertar a la esencia de lo que somos: seres espirituales. En la oración-meditación nos encontramos con Dios y con nosotros mismos.  Por tanto pretendemos descubrir lo que somos (no lo que pensamos, sentimos, o deseamos; no lo que hacemos o lo que hemos conseguido…) mirándonos el espejo que es Cristo.... Despertar a lo que de "original" (creados a imagen u semejanza de Dios)  hay en nosotros.

4.     OBJETIVO ÚLTIMO 

Objetivo último: “Ser discípulos de Jesucristo”. En la base de todo estará seguir la tradición cristiana, que  es seguir los pasos de Jesús… siendo discípulos. “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos». (Mt 28,19-20). Lo primero: “hacer discípulos”, que escuchan, contactan, aprenden, viven con el Maestro. Formarnos como discípulos. 


5.     UN CAMINO INTEGRAL. 

Iniciamos un camino INTEGRAL de espiritualidad. No vamos a meditar de manera aislada, sino que vamos a integrar la meditación con unas reflexiones, una cosmovisión, una manera de integrar los temas a la vida diaria, una manera de afrontar las dificultades y adversidad, unas pistas para evaluar los progresos y una conducta que esté en armonía con lo que estudiamos y meditamos. Integral quiere decir que incluimos todos los aspectos del ser y de la vida. Esto  crea una sinergia que hará que cada parte se potencie con las otras. Resumiendo: Conocimientos (mente, ideas, inteligencia), experiencias, (vibraciones-emociones, acontecimientos) y vida exterior  (modo de vida, conducta...). Todo forma parte de la vida personal. Todo ha de crecer en armonía. 

6. ESCENARIO DE NUESTRO PROYECTO

Vamos a actuar sobre nuestra mente y corazón. Utilizamos la palabra mente como algo que incluye la razón, pero va más allá. También incluye el corazón. El camino que comenzamos es un “camino de conversión”, una respuesta a la  llamada de Jesús a despertar y a cambiar (conversión). La invitación evangélica "convertios y creed en el evangelio” está en el fondo de nuestro proyecto. 

  Conviene recordar que “conversión” en la Biblia es la traducción del término griego "metanoia", que significa cambio de mente, o mejor, de mentalidad. Y eso no se hace exclusivamente en el cojín o el banquito, sino en un escenario más amplio. Vamos a aprovechar nuestra vida para crecer. Todo lo que vivimos será fuente de sabiduría: nuestras relaciones personales, nuestra vida familiar, laboral, de ocio, lo que comemos… todo, de alguna manera está llamado a cambiar en una vida nueva.  Una cosas es “cambiar tu vida en media hora de cojín” y otra es poner toda tu vida participando en el proyecto. La práctica formal (banquito) nos introduce en la vida diaria y la vida diaria en la práctica formal. Cuando la meditación va acompañada de una visión correcta de la vida, una conducta correcta, unas actitudes adecuadas, un abordaje sabio de la adversidad, etc. podemos avanzar mucho más. 

7.     ESTRATEGIAS :

·       * Charlas para alimentar el  conocimiento (mente, ideas, inteligencia) Práctica de oración meditativa (técnicas oración y  de meditación)

·       *Desafíos para afrontar el necesario cambio personal en la adversidad.

·       *Acordar pautas de conducta acordes a lo que pretendemos en cada tema.

·       *Pistas para evaluar progresos.

·       *… Siempre contando con la “Gracia de Dios”

 

8.    MODO CONCRETO DE MEDITACION. 

En lo referente a técnicas de meditación echaremos mano de la tradición contemplativa de la humanidad (cristiana, budista o de otro signo). Y creo que aquí conviene aclarar algo importante acerca de los modos de orar. Hacer meditación siguiendo determinadas técnicas no es renunciar a la propia identidad. De hecho, la misma Iglesia, “no impide que auténticas prácticas de meditación provenientes del Oriente cristiano y de las grandes religiones no cristianas, que ejercen un atractivo sobre el hombre de hoy, alienado y turbado, puedan constituir un medio adecuado para ayudar a la persona que hace oración a estar interiormente distendida delante de Dios, aunque le urjan las solicitaciones exteriores[1].


9.    CUATRO ETAPAS

El proceso puede durar sobre 3 o 4 años. El esquema general es el de ir viviendo en cierta manera un “monacato laico”, con encuentros comunes de oración semanal, práctica de la oración privada “en la celda” (hogar o cualquier otro sitio donde hallar silencio exterior y soledad física), y retiros de profundización.

El esquema general de todo el proceso:


Etapa 1

Etapas 2 y 3

Etapa 4

                  Cueva                      (estabilidad y equilibrio)

                     Valle                    (Amor, bondad compasión)

            Cementerio                (Vivir en sabiduría)

             Jesús en desierto              (vida oculta en Nazaret)

        Jesús en el mundo        (Vida pública)

              Jesús en Pascua                (Muerte resurrección)

San Pablo. Desierto      ¿Desierto de Petra?

Pablo en Jerusalén   (Comunidad cristiana)

           Entre paganos               Atenas

Vía purgativa

Vía iluminativa

Vía unitiva

Novicio

Profeso

Monje

Principiantes

Adelantados

Perfectos

Infancia

Juventud

Madurez

          Entra en tu celda             y reordena tu vida

Ordena tus relaciones fraternas

        Afronta los problemas            que te salen al paso

Bajo la mirada del Padre

Bajo la mirada del Hijo

Bajo la mirada del E.S.

Oración vocal

Oración mental

Oración contemplativa.

10.     RECURSOS EXTRAORDINARIOS.

o   Entrevista personal

o   Retiros de silencio.

GSJC. Mérida, 29 de Septiembre de 2021

castoacedo@gmail.com



[1] Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta a los obispos de la iglesia católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, 28. (15 de octubre de 1989). Interesante los apartados  de la carta sobre Cuestiones de métodos psicofísico-corpóreos (nn 16-28).

lunes, 26 de julio de 2021

Oración centrante

 Thomas Keating toma la práctica de la oración centrante del capítulo 7 del libro anónimo La nube del no saber, capítulo  que transcribimos aquí literalmente.   


Nube del no-saber, 7

CÓMO SE HA DE CONDUCIR UNA PERSONA DURANTE LA ORACIÓN RESPECTO A LOS PENSAMIENTOS, ESPECIALMENTE RESPECTO A LOS QUE NACEN DE LA CURIOSIDAD E INTELIGENCIA NATURAL.

 Es inevitable que las ideas surjan en tu mente y traten de distraerte de mil maneras. Te preguntarán diciendo: «¿Qué es lo que buscas?, ¿qué quieres?». A todas ellas debes responder: «A Dios solo busco y deseo, a él solo».

Y si te preguntan: «¿Quién es este Dios?», diles que es el Dios que te creó, que te redimió y te trajo a esta obra. Di a tus pensamientos: «Sois incapaces de captarle. Dejadme». Dispérsalos volviéndote a Jesús con amoroso deseo. 

No te sorprendas si tus pensamientos parecen santos y valiosos para la oración. Con toda probabilidad te encontrarás a ti mismo pensando en las maravillosas cualidades de Jesús, su dulzura, su amor, su gracia, su misericordia. Pero si prestas atención a estas ideas, verás que han conseguido lo que deseaban de ti, y continuarán hablándote hasta inclinarte hacia el pensamiento de la Pasión.

Vendrán después ideas sobre su gran bondad y si continúas atento, estarán complacidas.

Pronto te encontrarás pensando en tu vida pecadora y quizá con este motivo te podrás acordar de algún lugar en que viviste en tu vida pasada, hasta que de repente, antes de que te des cuenta, tu mente se habrá disipado por completo.

Y, sin embargo, no eran malos pensamientos. En realidad eran pensamientos buenos y santos, tan valiosos que todo el que desee avanzar sin haber meditado con frecuencia en sus propios pecados, en la Pasión de Cristo, la mansedumbre, bondad y dignidad de Dios, se extraviará y fracasará en su intento. Pero una persona que ha meditado largamente estas cosas ha de dejarlas detrás, bajo la nube del olvido, si es que quiere penetrar la nube del no-saber que está entre él y su Dios.

Por eso, siempre que te sientas movido por la gracia a la actividad contemplativa y estés determinado a realizarla, eleva con sencillez tu corazón a Dios con un suave movimiento de amor. Piensa solamente en Dios que te creó, que te redimió y te guió a esta obra. No dejes que otras ideas sobre Dios entren en tu mente. Incluso esto es demasiado. Basta con un puro impulso hacia Dios, el deseo de él solo.

Si quieres centrar todo tu deseo en una simple palabra que tu mente pueda retener fácilmente, elige una palabra breve mejor que una larga. Palabras tan sencillas como «Dios» o «Amor» resultan muy adecuadas. Pero has de elegir una que tenga significado para ti. Fíjala luego en tu mente, de manera que permanezca allí suceda lo que suceda. Esta palabra será tu defensa tanto en la guerra como en la paz. Sírvete de ella para golpear la nube de la oscuridad que está sobre ti y para dominar todas las distracciones, fijándolas en la nube del olvido, que tienes debajo de ti. Si algún pensamiento te siguiera molestando queriendo saber lo que haces, respóndele con esta única palabra. Si tu mente comienza a intelectualizar el sentido y las connotaciones de esta «palabrita», acuérdate de que su valor estriba en su sencillez. Haz esto y te aseguro que tales pensamientos desaparecerán. ¿Por qué? Porque te has negado a desarrollarlos discutiendo con ellos.


paduamerida@gmail.comJulio 2021

miércoles, 23 de junio de 2021

Creer y tocar a Jesús (Orar el domingo 27 de Junio)

Este domingo la liturgia ofrece unos textos preciosos para la meditación. El libro de la Sabiduría 1,13-15; 2,23-24, nos habla del Dios de la vida y la salud; la antífona del salmo 29 -"Te ensalzaré, Señor, porque me has librado"- confiesa a Dios como liberador de males; la carta a los Corintios (2 Cor. 8,7.9.13,15) toca tierra en lo referente a la verdadera caridad que invita a trabajar por la igualdad económica para todos; y el evangelio (Mc 5,41-43) pone ante nosotros dos ejemplos de fe que favorecen el milagro de la sanación e incluso la resurrección: la mujer que padecía flujos de sangre, y Jairo, a quien la enfermedad de su hija le mueve a buscar a Jesús. Para esta meditación nos centramos en el texto de la mujer hemorroísa.



EVANGELIO 

Jesús marchaba acompañado de mucha gente que le apretujaba.

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría.

Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando:

—«¿Quién me ha tocado el manto?».

Los discípulos le contestaron:

—«Ves como te apretuja la gente y preguntas "¿Quién me ha tocado?"».

Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo:

—«Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud».


REFLEXIÓN

¡Cuántas personas veo en esta mujer! Personas cuyas vidas se van desgarrando a jirones. Enfermedad, rupturas, dependencias, depresión, … Personas desahuciadas,  que han gastado toda su fortuna en remedios -médicos, psiquiatras, curanderos, nigromantes, cuentistas,…- y no han conseguido erradicar el mal. Al final los remedios resultaron ser peores que la enfermedad. “En vez de mejorar se había puesto peor”.

La mujer que narra el evangelio no había perdido totalmente la esperanza. Ha oído que llega Jesús, el profeta de Nazaret. Dicen que hace milagros. Pero ¿cómo ella, débil e impura a causa de su enfermedad (cf Lv 15,29-27), va a acercarse a un profeta tan poderoso y puro? 

En su desesperación se cruza un rayo de luz que alimenta su fe. ¿Y si, aprovechando la multitud, me acerco y le toco? Y así lo hizo: “le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría”. Y la fe obró el milagro. "Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado".

Jesús nota la emanación de fuerza que ha salido de Él; pero no ha visto a la mujer. Por eso pregunta: "¿Quién me ha tocado los vestidos”. ¡Dios mío, me ha visto!, pensó la mujer; y asoma en su rostro la conciencia de una culpa. ¿Cómo he podido atreverme a pasar por medio de una multitud contaminando a todos con mi impureza? 

“La mujer se acercó asustada y temblorosa, se le echó a los pies y le confesó todo”. Y para sorpresa de ella, y sorpresa sobre todo de los fariseos y legalistas, Jesús no muestra hacia ella ni pizca de reproche, sólo compasión y misericordia. Hace constar el poder de la fe de esa mujer y la despide en paz y con salud.

* * *

Un buen texto para meditar en este domingo. Para observar cómo yo también me desangro a causa de mis enfermedades espirituales, mis apegos y deseos. “Cánsase y fatígase el alma que tiene apetitos, porque es como el enfermo de calentura, que no se halla bien hasta que se le quite la fiebre, y cada rato le crece la sed” (SJC. 1 S 6,4).

Huyendo del sufrimiento y la muerte gasto mis energías buscando la sanación de mi alma. Me aferro a  libros, distracciones, análisis psicológicos, recetas de auto-ayuda, creencias y  prácticas supersticiosas.  Como sediento que bebe agua de mar, quiero huir y eliminar mi sufrimiento recurriendo a cosas que no hacen sino aumentar mi sed.

Me siento agotad@ y no encuentro la salud.  He logrado hacer un detallado diagnóstico de mi mal. Incluso tengo ideas acerca de cómo sanarlo. Pero no me basta el saber. La psicología me da un diagnóstico certero, intento seguir los consejos que me ofrece pero no me recupero; ¿qué me falta? Tal vez la fe en Aquel que me  puede sanar, fe en el poder de Jesús. Puede que la solución no esté en mi alma sino fuera de ella.

Basta que extienda la mano al manto de Jesús y lo toque "con fe", con la certeza de que ahí está la medicina:
    * en la presencia de Jesús en su Palabra que da vida,
    * en el misterio de la comunidad-iglesia,
    * en el pan y el vino del sacramento eucarístico,
    * en la piel y el corazón del hermano.

Desde la fe que te mueve a acercarte a Él puedes sanarte. El contacto con Jesús activó la gracia sanadora de Dios en la mujer.  “Hija, tu fe te ha curado”. "Con tu fe y mi fuerza lo puedes alcanzar todo", te dice Jesús (Lc 17,9) . La fe te pone en contacto con el Misterio. Una vez más se cumple lo dicho en el salmo 35,11: “En ti, Señor, está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz”.


MEDITACIÓN 

*  Busca un lugar adecuado para retirarte a orar.

* Respira profundo y suelta pensamientos, sobrecargas emotivas y prisas.

* Hazte “presente al presente” tomando consciencia de tu cuerpo y tu respiración.

* * *

* Trae a tu imaginación la escena evangélica de la curación de la mujer que padecía flujos de sangre (puedes releer el texto)

* * *

* Observa una de tus heridas (apegos que te hacen perder energía): envidia, ira, pereza, lujuria, soberbia, … Observa sólo una. Concreta. Y mírala sin juzgar sobre ella, sólo mírala con amor.

* Dí con san Pablo: “Desgraciado de mi” ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?... Jesucristo, el Señor” (Rm 7,24)

*Acerca tu mano al manto de Jesús y, al tocarlo, siente la energía que fluye de Él hacia tí sanando tu herida… Quédate un tiempo  ahí, contemplando y admirando como pasa su fuerza hacia ti en virtud de la fe que has puesto en su poder.

*Deja que su mirada te traspase ...  "Tu fe te ha curado... queda en paz y con salud"... Déjate invadir por su presencia sanante.

* * *

* Da gracias a Dios por todo lo que hace por ti, por tu sanación , por su misericordia….

* Termina tu oración inclinándote ante la grandeza del amor de Jesús….

Casto Acedo. Junio 2021.