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miércoles, 8 de abril de 2026

Salir con ansias de amor (1 S 14-15)

 Os paso aquí los capitulos 14 y 15 del libro primero de la Subida del monte Carmelo. Al final tenéis un comentario elaborado por IA; en dicho cometnario hay un error: no es en Noche oscura donde se encuenta el texto comentado sino en el primer libro de Subida del monte Carmelo en sus capítulos 14 y 15.

SUBIDA DEL MONTE CARMELO 

LIBRO PRIMERO 

CAPÍTULO 14

En el cual se declara el segundo verso de la canción:

Con ansias en amores inflamada.

1. Ya que habemos declarado el primer verso de esta canción, que trata de la noche sensitiva, dando a entender qué noche sea esta del sentido y por qué se llama noche; y también habiendo dado el orden y modo que se ha de tener para entrar en ella activamente, síguese ahora por su orden tratar de las propiedades y efectos de ella, que son admirables, los cuales se contienen en los versos siguientes de la dicha canción, los cuales yo apuntaré brevemente en gracia de declarar los dichos versos, como en el prólogo lo prometí, y pasaré luego adelante al segundo libro, el cual trata de la otra parte de esta noche que es la espiritual.

2. Dice, pues, el alma que con ansias, en amores inflamada pasó y salió en esta noche oscura del sentido a la unión del Amado. Porque para vencer todos los apetitos y negar los gustos de todas las cosas, con cuyo amor y afición se suele inflamar la voluntad para gozar de ellos, era menester otra inflamación mayor de otro amor mejor, que es el de su Esposo, para que, teniendo su gusto y fuerza en éste, tuviese valor y constancia para fácilmente negar todos los otros. 

Y no solamente era menester para vencer la fuerza de los apetitos sensitivos tener amor de su Esposo, sino estar inflamada de amor y con ansias (deseos). Porque acaece, y así es, que la sensualidad con tantas ansias de apetito es movida y atraída a las cosas sensitivas, que, si la parte espiritual no está inflamada con otras ansias mayores de lo que es espiritual, no podrá vencer el yugo natural, ni entrar en esta noche del sentido, ni tendrá ánimo para se quedar a oscuras de todas las cosas, privándose del apetito de todas ellas.

3. Y cómo y de cuántas maneras sean estas ansias de amor que las almas tienen en los principios de este camino de unión; y las diligencias e invenciones que hacen para salir de su casa, que es la propia voluntad en la noche de la mortificación de sus sentidos; y cuán fáciles y aun dulces y sabrosos les hacen parecer estas ansias del Esposo todos los trabajos y peligros de esta noche, ni es de decir de este lugar, ni se puede decir; porque es mejor para tenerlo y considerarlo que para escribirlo. Y así, pasaremos a declarar los demás versos en el siguiente capítulo.


CAPÍTULO 15

En el cual se declaran los demás versos de la dicha canción:

¡Oh dichosa ventura!, salí sin ser notada estando ya mi casa sosegada.

1. Toma por metáfora el mísero estado del cautiverio, del cual el que se libra tiene por dichosa ventura, sin que se lo impida alguno de los prisioneros. Porque el alma, después del primer pecado original, verdaderamente está como cautiva en este cuerpo mortal (1) sujeta a las pasiones y apetitos naturales, del cerco y sujeción de los cuales tiene ella por dichosa ventura haber salido sin ser notada, esto es, sin ser de ninguno de ellos impedida ni comprehendida.

2. Porque para esto le aprovechó salir en la noche oscura, que es en la privación de todos los gustos y mortificación de todos los apetitos, de la manera que habemos dicho. Y esto, estando ya su casa sosegada, conviene a saber, la parte sensitiva, que es la casa de todos los apetitos, ya sosegada por el vencimiento y adormecimiento de todos ellos. Porque hasta que los apetitos se adormezcan por la mortificación en la sensualidad, y la misma sensualidad esté ya sosegada de ellos, de manera que ninguna guerra haga al espíritu, no sale el alma a la verdadera libertad, a gozar de la unión de su Amado.

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Recurso (audio 16 m)

https://drive.google.com/file/d/1amgMJsvm7zojg3hgtzvIayXC_pO0K6Gi/view?usp=sharing

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 Nota (1). Advertimos aquí el concepto de "alma" como "carcel del cuerpo", propio de la antropología platónica y neoplatónica. La doctrina cristiana, heredera del judaísmo y no de la cultura griega, no concibe el alma como una esclava de las pasiones corporales. Alma y cuerpo forman un todo, y las pasiones son cosa tanto del cuerpo como del alma. Así lo da a entender el evangelio: "lo que sale de la boca brota del corazón; y esto es lo que hace impuro al hombre, porque del corazón salen pensamientos perversos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, difamaciones, blasfemias" (Mt 15,18-19). Por tanto, no se trata de abandonar el cuerpo (mortificación corporal) para liberar al alma, sino de liberar el cuerpo y el alma. De hecho san Juan de la Cruz no era nada amigo de las "penitencias de bestias" que hacían algunos que no entendieron la reforma teresiana del carmelo. Nuestro místico eras bien consciente de que la unión con Dios no se alcanza por el esfuerzo en "apagar" los sentidos, sino más bien por la gracia de la fe en el Amado del alma, que enciende en amor el corazón y alienta la esperanza.

C. A.

Abril 2026

Entrar en la noche del sentido (1 S 11-13)

Un tema un poco largo, y tal vez os resulte dificil de entender. Pero para ello tienes la interpretación que del texto hace la IA. Tienes el audio comentando al final. En dos versiones, parecidas pero no iguales. 

SUBIDA DEL MONTE CARMELO 

LIBRO PRIMERO 

CAPÍTULO 11

En que se prueba ser necesario para llegar a la divina unión carecer el alma de todos los apetitos, por mínimos que sean.

1. Parece que ha mucho que el lector desea preguntar que si es de fuerza que, para llegar a este alto estado de perfección, ha de haber precedido mortificación total en todos los apetitos, chicos y grandes, y que si bastará mortificar algunos de ellos y dejar otros, a lo menos aquellos que parecen de poco momento; porque parece cosa recia y muy dificultosa poder llegar el alma a tanta pureza y desnudez, que no tenga voluntad y afición a ninguna cosa.

2. A esto respondo: lo primero que, aunque es verdad que no todos los apetitos son tan perjudiciales unos como otros ni embarazan al alma, todos en igual manera se han de mortificar. Hablo de los voluntarios, porque los apetitos naturales poco o nada impiden para la unión al alma cuando no son consentidos; ni pasan de primeros movimientos todos aquellos en que la voluntad racional antes ni después tuvo parte; porque quitar éstos, que es mortificarlos del todo, en esta vida es imposible, y éstos no impiden de manera que no se pueda llegar a la divina unión, aunque del todo no estén, como digo, mortificados; porque bien los puede tener el natural, y estar el alma, según el espíritu racional, muy libre de ellos, porque (aún) acaecerá a veces, que esté el alma en harta unión de oración de quietud en la voluntad, y que actualmente moren éstos en la parte sensitiva del hombre, no teniendo en ellos parte la parte superior que está en oración. Pero todos los demás apetitos voluntarios, ahora sean de pecado mortal, que son los más graves; ahora de pecado venial, que son menos graves; ahora sean solamente de imperfecciones, que son los menores, todos se han de vaciar y de todos ha el alma de carecer para venir a esta total unión, por mínimos que sean. Y la razón es porque el estado de esta divina unión consiste en tener el alma, según la voluntad, con tal transformación en la voluntad de Dios, de manera que no haya en ella cosa contraria a la voluntad de Dios, sino que en todo y por todo su movimiento sea voluntad solamente de Dios.

3. Que ésta es la causa por que en este estado llamamos estar hecha una voluntad de Dios, la cual es voluntad de Dios, y esta voluntad de Dios es también voluntad del alma. Pues si esta alma quisiese alguna imperfección que no quiere Dios, no estaría hecha una voluntad de Dios, pues el alma tenía voluntad de lo que no la tenía Dios. Luego claro está que, para venir el alma a unirse con Dios perfectamente por amor y voluntad, ha de carecer primero de todo apetito de voluntad, por mínimo que sea; esto es, que advertidamente y conocidamente no consienta con la voluntad en imperfección, y venga a tener poder y libertad para poderlo hacer en advirtiendo.

Y digo conocidamente, porque sin advertirlo y conocerlo, o sin ser en su mano, bien caerá en imperfecciones y pecados veniales y en los apetitos naturales que hemos dicho; porque de estos tales pecados no tan voluntarios y subrepticios está escrito (Pv. 24, 16) que el justo caerá siete veces en el día y se levantará. Mas de los apetitos voluntarios, que son pecados veniales de advertencia, aunque sean de mínimas cosas, como he dicho, basta uno que no se venza para impedir.

Digo no mortificando el tal hábito, porque algunos actos, a veces, de diferentes apetitos, aún no hacen tanto cuando los hábitos están mortificados; aunque también éstos ha de venir a no los haber, porque también proceden de hábito de imperfección; pero algunos hábitos de voluntarias imperfecciones, en que nunca acaban de vencerse, éstos no solamente impiden la divina unión, sino también el ir adelante en la perfección.

4. Estas imperfecciones habituales son: como una común costumbre de hablar mucho, un asimientillo a alguna cosa que nunca acaba de querer vencer, así como a persona, a vestido, a libro, celda, tal manera de comida y otras conversacioncillas y gustillos en querer gustar de las cosas, saber y oír, y otras semejantes. Cualquiera de estas imperfecciones en que tenga el alma asimiento y hábito, es tanto daño para poder crecer e ir adelante en virtud, que, si cayese cada día en otras muchas imperfecciones y pecados veniales sueltos, que no proceden de ordinaria costumbre de alguna mala propiedad ordinaria, no le impedirán tanto cuanto el tener el alma asimiento a alguna cosa. Porque, en tanto que le tuviere, excusado es que pueda ir el alma adelante en perfección, aunque la imperfección sea muy mínima. Porque eso me da que una ave esté asida a un hilo delgado que a uno grueso, porque, aunque sea delgado, tan asida se estará a él como al grueso, en tanto que no le quebrare para volar. Verdad es que el delgado es más fácil de quebrar; pero, por fácil que es, si no le quiebra, no volará. Y así es el alma que tiene asimiento en alguna cosa, que, aunque mas virtud tenga, no llegará a la libertad de la divina unión.

Porque el apetito y asimiento del alma tienen la propiedad que dicen tiene la rémora con la nao, que, con ser un pece muy pequeño, si acierta a pegarse a la nao, la tiene tan queda, que no la deja llegar al puerto ni navegar. Y así es lástima ver algunas almas como unas ricas naos cargadas de riquezas, y obras, y ejercicios espirituales, y virtudes, y mercedes que Dios las hace, y por no tener ánimo para acabar con algún gustillo, o asimiento, o afición -que todo es uno-, nunca van adelante, ni llegan al puerto de la perfección, que no estaba en más que dar un buen vuelo y acabar de quebrar aquel hilo de asimiento o quitar aquella pegada rémora, de apetito.

5. Harto es de dolerse que haya Dios hécholes quebrar otros cordeles más gruesos de aficiones de pecados y vanidades, y por no desasirse de una niñería que les dijo Dios que venciesen por amor de él, que no es más que un hilo y que un pelo, dejen de ir a tanto bien. Y lo que peor es, que no solamente no van adelante, sino que, por aquel asimiento, vuelven atrás, perdiendo lo que en tanto tiempo con tanto trabajo han caminado y ganado, porque ya se sabe que, en este camino, el no ir adelante es volver atrás, y el no ir ganando es ir perdiendo. Que eso quiso Nuestro Señor darnos a entender cuando dijo: El que no es conmigo, es contra mí; y el que conmigo no allega, derrama (Mt. 12, 30).

El que no tiene cuidado de remediar el vaso por una pequeña resquicia que tenga basta para que se venga a derramar todo el licor que está dentro. Porque el Eclesiástico (19, 1) nos lo enseñó bien, diciendo: El que desprecia las cosas pequeñas, poco a poco ira cayendo. Porque, como él mismo dice (11, 34), de una sola centella se aumenta el fuego. Y así, una imperfección basta para traer otra, y aquéllas otras; y así, casi nunca se verá un alma que sea negligente en vencer un apetito, que no tenga otros muchos, que salen de la misma flaqueza e imperfección que tiene en aquél; y así, siempre van cayendo. Y ya hemos visto muchas personas a quien Dios hacía merced de llevar muy adelante en gran desasimiento y libertad, y por sólo comenzar a tomar un asimientillo de afición -y so color de bien- de conversación y amistad, írseles por allí vaciando el espíritu y gusto de Dios y santa soledad, caer de la alegría y enterez en los ejercicios espirituales y no parar hasta perderlo todo. Y esto, porque no atajaron aquel principio de gusto y apetito sensitivo, guardándose en soledad para Dios.

6. En este camino siempre se ha de caminar para llegar, lo cual es ir siempre quitando quereres, no sustentándolos. Y si no se acaban todos de quitar, no se acaba de llegar. Porque así como el madero no se transforma en el fuego por un solo grado de calor que falte en su disposición, así no se transformará el alma en Dios por una imperfección que tenga, aunque sea menos que apetito voluntario; porque, como después se dirá en la noche de la fe, el alma no tiene más de una voluntad, y ésta, si se embaraza y emplea en algo no queda libre, sola y pura, como se requiere para la divina transformación.

CAPÍTULO 12

En que se trata cómo se responde a otra pregunta, declarando cuáles sean los apetitos que bastan (a) causar en el alma los daños dichos.

1. Mucho pudiéramos alargarnos en esta materia de la noche del sentido, diciendo de lo mucho que hay que decir de los daños que causan los apetitos, no sólo en las maneras dichas, sino en otras muchas. Pero, para lo que hace a nuestro propósito, lo dicho basta; porque parece queda dado a entender cómo se llama noche la mortificación de ellos y cuánto convenga entrar en esta noche para ir a Dios. Sólo lo que se ofrece, antes que tratemos del modo de entrar en ella, para concluir con esta parte, es una duda que podría ocurrir al lector sobre lo dicho.

2. Y es lo primero, si basta cualquier apetito para obrar y causar en el alma los dos males ya dichos, es a saber: privativo, que es privar al alma de la gracia de Dios, y el positivo, que es causar en ella los cinco daños principales que habemos dicho.

Lo segundo, si basta cualquier apetito, por mínimo que sea, y de cualquiera especie que sea, a causar todos estos (cinco daños) juntos, o solamente unos causan unos y otros otros, como unos causan tormento, otros cansancio, otros tiniebla, etc.

3. A lo cual respondiendo, digo a lo primero que, cuanto al daño privativo, que es privar al alma de Dios, solamente los apetitos voluntarios que son de materia de pecado mortal pueden y hacen esto totalmente, porque ellos privan en esta vida al alma de la gracia y en la otra de la gloria, que es poseer a Dios.

A lo segundo digo que, así estos que son de materia de pecado mortal como los voluntarios de materia de pecado venial y los que son de materia de imperfección, cada uno de ellos basta para causar en el alma todos estos daños positivos juntos. Los cuales, aunque en cierta manera son privativos, llamámoslos aquí positivos, porque responden a la conversión de la criatura, así como el privativo responde a la aversión de Dios. Pero hay esta diferencia: que los apetitos de pecado mortal causan total ceguera, tormento e inmundicia y flaqueza, etc.; y los otros de materia de venial o imperfección no causan estos males en total y consumado grado, pues no privan de la gracia, de donde depende la posesión de ellos, porque la muerte de ella es vida de ellos; pero cáusanlos en el alma remisamente, según la remisión de la gracia que los tales apetitos causan en el alma. De manera que aquel apetito que más entibiare la gracia, más abundante tormento, ceguera y suciedad causará.

4. Pero es de notar que, aunque cada apetito causa estos males, que aquí llamamos positivos, unos hay que principal y derechamente causan unos, y otros otros, y los demás por el consiguiente. Porque, aunque es verdad que un apetito sensual causa todos estos males, pero principal y propiamente ensucia al alma y cuerpo. Y, aunque un apetito de avaricia también los causa todos, principal y derechamente causa (aflicción. Y, aunque un apetito de vanagloria, no más ni menos, los causa todos, principal y derechamente causa) tinieblas y ceguera. Y, aunque un apetito de gula los causa todos, principalmente causa tibieza en la virtud. Y así de los demás.

5. Y la causa por que cualquier acto de apetito voluntario produce en el alma todos estos efectos juntos, es por la contrariedad que derechamente tienen contra todos los actos de virtud que producen en el alma los efectos contrarios. Porque, así como un acto de virtud produce en el alma y cría juntamente suavidad, paz, consuelo, luz, limpieza y fortaleza, así un apetito desordenado causa tormento, fatiga, cansancio, ceguera y flaqueza. Todas las virtudes crecen en el ejercicio de una, y todos los vicios crecen en el de uno y los dejos de ellos en el alma. Y aunque todos estos males no se echan de ver al tiempo que se cumple el apetito, porque el gusto de él entonces no da lugar, pero antes o después bien se sienten sus malos dejos. Lo cual se da muy bien a entender por aquel libro que mandó el ángel comer a san Juan en el Apocalipsis (10, 9), el cual en la boca le hizo dulzura y en el vientre le fue amargor. Porque el apetito, cuando se ejecuta, es dulce y parece bueno, pero después se siente su amargo efecto; lo cual podrá bien juzgar el que se deja llevar de ellos. Aunque no ignoro que hay algunos tan ciegos e insensibles que no lo sienten, porque, como no andan en Dios, no echan de ver lo que les impide a Dios.

6. De los demás apetitos naturales que no son voluntarios, y de los pensamientos que no pasan de primeros movimientos, y de otras tentaciones no consentidas no trato aquí, porque éstos ningún mal de los dichos causan al alma. Porque aunque a la persona por quien pasan le haga parecer la pasión y turbación que entonces le causan que la ensucian y ciegan, no es así, antes la causan los provechos contrarios. Porque, en tanto que los resiste, gana fortaleza, pureza, luz y consuelo y muchos bienes. Según lo cual dijo Nuestro Señor a san Pablo (2 Cor. 12, 9) que la virtud se perfeccionaba en la flaqueza. Mas los voluntarios, todos los dichos y más males hacen. Y por eso el principal cuidado que tienen los maestros espirituales es mortificar luego a sus discípulos de cualquiera apetito, haciéndoles quedar en vacío de lo que apetecían, por librarles de tanta miseria.

CAPÍTULO 13

En que se trata de la manera y modo que se ha de tener para entrar en esta noche del sentido.

1. Resta ahora dar algunos avisos para saber y poder entrar en esta noche del sentido. Para lo cual es de saber que el alma ordinariamente entra en esta noche sensitiva en dos maneras: la una es activa; la otra, pasiva.

Activa es lo que el alma puede hacer y hace de su parte para entrar en ella, de lo cual ahora trataremos en los avisos siguientes.

Pasiva es en que el alma no hace nada, sino Dios la obra en ella, y ella se ha como paciente. De la cual trataremos en el cuarto libro, cuando habemos de tratar de los principiantes. Y porque allí habemos, con el favor divino, de dar muchos avisos a los principiantes, según las muchas imperfecciones que suelen tener en este camino, no me alargaré aquí en dar muchos; y porque también no es tan propio de este lugar darlos, pues de presente sólo tratamos de las causas por qué se llama noche este tránsito, y cuál sea ésta, y cuántas sus partes.

Pero, porque parece quedaba muy corto y no de tanto provecho no dar luego algún remedio o aviso para ejercitar esta noche de apetitos, he querido poner aquí el modo breve que se sigue; y lo mismo haré al fin de cada una de esotras dos partes o causas de esta noche de que luego, mediante el Señor, tengo de tratar.

2. Estos avisos que aquí se siguen de vencer los apetitos, aunque son breves y pocos, yo entiendo que son tan provechosos y eficaces como compendiosos, de manera que el que de veras se quisiese ejercitar en ellos, no le harán falta otros ningunos, antes en éstos los abrazará todos.

3. Lo primero, traiga un ordinario apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como se hubiera él.

4. Lo segundo, para poder bien hacer esto, cualquiera gusto que se le ofreciere a los sentidos, como no sea puramente para honra y gloria de Dios, renúncielo y quédese vacío de él por amor de Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro gusto, ni le quiso, que hacer la voluntad de su Padre, lo cual llamaba él su comida y manjar (Jn. 4, 34).

Pongo ejemplo: si se le ofreciere gusto de oír cosas que no importen para el servicio y honra de Dios, ni lo quiera gustar ni las quiera oír. Y si le diere gusto mirar cosas que no le ayuden (a amar) más a Dios, ni quiera el gusto ni mirar las tales cosas. Y si en el hablar otra cualquier cosa se le ofreciere, haga lo mismo; y en todos los sentidos, ni más ni menos, en cuanto lo pudiere excusar buenamente; porque si no pudiere, basta que no quiera gustar de ello, aunque estas cosas pasen por él.

Y de esta manera ha de procurar dejar luego mortificados y vacíos de aquel gusto a los sentidos, como a oscuras. Y con este cuidado en breve aprovechará mucho.

5. Y para mortificar y apaciguar las cuatro pasiones naturales, que son gozo, esperanza, temor y dolor, de cuya concordia y pacificación salen estos y los demás bienes, es total remedio lo que se sigue, y de gran merecimiento y causa de grandes virtudes.

6. Procure siempre inclinarse:

no a lo más fácil, sino a lo más dificultoso; 

no a lo más sabroso, sino a lo más desabrido; 

no a lo más gustoso, sino antes a lo que da menos gusto; 

no a lo que es descanso, sino a lo trabajoso; 

no a lo que es consuelo, sino antes al desconsuelo; 

no a lo más, sino a lo menos; 

no a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado; 

no a lo que es querer algo, sino a no querer nada; 

no andar buscando lo mejor de las cosas temporales, sino lo peor, 

y desear entrar en toda desnudez y vacío y pobreza por Cristo de todo cuanto hay en el mundo.

7. Y estas obras conviene las abrace de corazón y procure allanar la voluntad en ellas. Porque, si de corazón las obra, muy en breve vendrá a hallar en ellas gran deleite y consuelo, obrando ordenada y discretamente.

8. Lo que está dicho, bien ejercitado, bien basta para entrar en la noche sensitiva. Pero, para mayor abundancia, diremos otra manera de ejercicio que enseña a mortificar la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, que son las cosas que dice san Juan (1 Jn. 2, 16) reinan en el mundo, de las cuales proceden todos los demás apetitos.

9. Lo primero, procurar obrar en su desprecio y desear que todos lo hagan (y esto es contra la concupiscencia de la carne).

Lo segundo, procurar hablar en su desprecio y desear que todos lo hagan (y esto es contra la concupiscencia de los ojos).

Lo tercero, procurar pensar bajamente de sí en su desprecio y desear que todos lo hagan (también contra sí, y esto es contra la soberbia de la vida).

10. En conclusión de estos avisos y reglas conviene poner aquí aquellos versos que se escriben en la Subida del Monte, que es la figura que está al principio de este libro, los cuales son doctrina para subir a él, que es lo alto de la unión. Porque, aunque es verdad que allí habla de lo espiritual e interior, también trata del espíritu de imperfección según lo sensual y exterior, como se puede ver en los dos caminos que están en los lados de la senda de perfección. Y así, según ese sentido los entenderemos aquí, conviene a saber, según lo sensual. Los cuales, después, en la segunda parte de esta noche, se han de entender según lo espiritual.

11. Dice así:

Para venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada.

Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada.

Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada.

Para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada.

Para venir a lo que no gustas, has de ir por donde no gustas.

Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes.

Para venir a lo que no posees, has de ir por donde no posees.

Para venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres.

MODO PARA NO IMPEDIR AL TODO

12. Cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo.

Porque para venir del todo al todo has de negarte del todo en todo.

Y cuando lo vengas del todo a tener, has de tenerlo sin nada querer.

Porque, si quieres tener algo en todo, no tienes puro en Dios tu tesoro.

13. En esta desnudez halla el espiritual su quietud y descanso, porque, no codiciando nada, nada le fatiga hacia arriba y nada le oprime hacia abajo, porque está en el centro de su humildad. Porque, cuando algo codicia, en eso mismo se fatiga.

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Recursos: audios (20 m)

https://drive.google.com/file/d/1msaHivoE0wIAe-J25TKa9YCiU-K47day/view?usp=sharing

https://drive.google.com/file/d/1iuPwthaBoc5Cq5iNNsEVNiWYBjYtEMY6/view?usp=sharing

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C.A

Abril 2026

lunes, 2 de febrero de 2026

La noche del sentido

El tema es fácil de entender. Si negamos los apetitos o deseos, que se perciben por los sentidos, nos quedamos a oscuras... es la primera noche. Tengamos en cuenta el matiz aque establed san Juan: no se trata de renunciar a las cosas y ni a las personas, sino al "apetito de ellas", es decir, el deseo de poseerlas como fuente de satisfacción última. Así lo dice el santo: "no tratamos aquí del carecer de las cosas, porque eso no desnuda al alma si tiene apetito de ellas, sino de la desnudez del gusto y apetito de ellas". Comen taremos esta afirmación que luego sirve a muchos como justificción para creer que avanzan pero no es así, porque la lógica dice que quien no tiene el apetito no sufre dejando el manjar.

SUBIDA DEL MONTE CARMELO 

LIBRO PRIMERO 

CAPÍTULO 3

Habla de la primera causa de esta noche, que es de la privación del apetito en todas las cosas, y da la razón por qué se llama noche.

1.             Llamamos aquí noche a la privación del gusto en el apetito de todas las cosas; porque, así como la noche no es otra cosa sino privación de la luz, y, por el consiguiente, de todos los objetos que se pueden ver mediante la luz, por lo cual se queda la potencia visiva a oscuras y sin nada, así también se puede decir la mortificación del apetito noche para el alma, porque, privándose el alma del gusto del apetito en todas las cosas, es quedarse como a oscuras y sin nada. Porque, así como la potencia visiva mediante la luz se ceba y apacienta de los objetos que se pueden ver, y, apagada la luz no se ven, así el alma mediante el apetito se apacienta y ceba de todas las cosas que según sus potencias se pueden gustar; el cual también apagado, o, por mejor decir, mortificado, deja el alma de apacentarse en el gusto de todas las cosas, y así se queda según el apetito a oscuras y sin nada

2. Pongamos ejemplo en todas las potencias.

*Privando el alma su apetito en el gusto de todo lo que el sentido del *oído puede deleitar, según esta potencia se queda el alma a oscuras y sin nada.

*Y privándose del gusto de todo lo que al sentido de la *vista puede agradar, también según esta potencia se queda el alma a oscuras y sin nada.

*Y privándose del gusto de toda la suavidad de olores que por el sentido del *olfato el alma puede gustar, ni más ni menos según esta potencia, se queda a oscuras y sin nada.

*Y negando también el gusto de todos los manjares que pueden satisfacer al *paladar, también se queda el alma a oscuras y sin nada.

*Y, finalmente, mortificándose el alma en todos los deleites y contentamientos que del sentido del *tacto puede recibir, de la misma manera se queda el alma según esta potencia a oscuras y sin nada.

De manera que el alma que hubiere negado y despedido de sí el gusto de todas las cosas, mortificando su apetito en ellas, podremos decir que está como de noche, a oscuras, lo cual no es otra cosa sino un vacío en ella de todos las cosas.

3. La causa de esto es porque, como dicen los filósofos, el alma, luego que Dios la infunde en el cuerpo, está como una tabla rasa y lisa en que no está pintado nada; y si no es lo que por los sentidos va conociendo, de otra parte naturalmente no se le comunica nada. Y así, en tanto que está en el cuerpo, está como el que está en una cárcel oscura, el cual no sabe nada sino lo que alcanza a ver por las ventanas de la dicha cárcel, y si por allí no viese nada, no vería por otra parte. Y así, el alma, si no es lo que por los sentidos se le comunica, que son las ventanas de su cárcel, naturalmente por otra vía nada alcanzaría.

4. De donde, si lo que puede recibir por los sentidos ella lo desecha y niega, bien podemos decir que se queda como a oscuras y vacía; pues, según parece por lo dicho, naturalmente no le puede entrar luz por otras lumbreras que las dichas. Porque, aunque es verdad que no puede dejar de oír, y ver, y oler, y gustar, y sentir, no le hace más al caso ni le embaraza más al alma, si lo niega y lo desecha, que si no lo viese ni lo oyese, etc. Como también el que quiere cerrar los ojos quedará a oscuras, como el ciego, que no tiene potencia para ver. Y así, al propósito habla David (Sal. 87, 16), diciendo: Pauper sum ego, et in laboribus a iuventute mea; que quiere decir: Yo soy pobre y en trabajos desde mi juventud. Llámase pobre, aunque está claro que era rico, porque no tenía en la riqueza su voluntad, y así era tanto como ser pobre realmente, mas antes, si fuera realmente pobre y de la voluntad no lo fuera, no era verdaderamente pobre, pues el ánima estaba rica y llena en el apetito.

Y por eso llamamos esta desnudez noche para el alma, porque no tratamos aquí del carecer de las cosas, porque eso no desnuda al alma si tiene apetito de ellas, sino de la desnudez del gusto y apetito de ellas, que es lo que deja al alma libre y vacía de ellas, aunque las tenga. Porque no ocupan al alma las cosas de este mundo ni la dañan, pues no entra en ellas, sino la voluntad y apetito de ellas que moran en ella.

5. Esta primera manera de noche, como después diremos, pertenece al alma según la parte sensitiva, que es una de las dos que arriba dijimos, por las cuales ha de pasar el alma para llegar a la unión.

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Nota: 

Con sus distinciones más o menos mayores podemos poner de fondo la "metáfora del carruaje" para explicar la antropología que se esconde en los escritos de san Juan de la Cruz. Según traiciones muy antiguas (inida, egipto, grecia, etc.) la totalidad del ser humano particular es entendido como un carruaje con sus caballos (sentidos), cochero (cuerpo espiritual), viajero (espíritu), etc... San Juan de la Cruz da a entender que cuando los sentidos se desbocan y no se orientan al fin común que desea el auriga, el desorden rompe la armonía, genera el caos e impide el avance.  Os pongo unos dibujos ilustrativos de la metáfora del carruaje, presente en el Bhagavad- Gita y también desarrollada por Platón en Fedro.


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Febrero 2025

C. A.

lunes, 26 de enero de 2026

Deseo de Dios y deseo de las criaturas.

El texto de esta entrada está tomado del libro de Marc Foley, San Juan de la Cruz, una mística para vivir, libro que aconsejo que adquiráis si veis que os resulta de fácil la lectura y comprensión esta entrada de blog. Los temas los iré desarrollando desde este libro. Sólo pasaré al blog los textos de san Juan de la Cruz, a veces completos, y a veces resumidos.



APETITO Y APETITOS

Una cosa pido al Señor,  eso buscaré:  
habitar en la casa del Señor 
por los días de mi vida; 
gozar de la dulzura del Señor, 
contemplando su templo. (Salmo 27,4)

Deseo y deseos

Todo viaje espiritual tiene un conflicto: queremos hacer la voluntad de Dios (que consideramos un bien), pero no nos gusta sufrir; querríamos crecer en el amor de Dios, pero “sin tener que pasar” por ninguna noche oscura. Dios quiere llevar al alma (persona) por el camino del bien, pero ésta se resiste, se hacen “semejantes a los niños que, queriendo sus madres llevarlos en brazos, ellos van pateando y llorando, porfiando por se ir ellos por su pie, para que no se pueda andar nada, y, si se anduviere, sea al paso del niño” (S prólog. 3)

En realidad vivimos divididos, en conflicto constante con nosotros mismos; es la condición universal de nuestra naturaleza irredenta. Así lo expresa san  Pablo: “En efecto, no entiendo mi comportamiento, pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco; .. querer está a mi alcance, pero hacer lo bueno, no. Pues no hago lo bueno que deseo, sino que obro lo malo que no deseo”. (Rm 7, 15.18-19).

Tenemos el deseo de hacer el bien, pero no siempre el poder para realizarlo. Queremos ser felices, pero hacemos elecciones en la vida que nos hacen miserables. En la raíz de todo esto están, según san Juan, nuestros apetitos y deseos “desordenados”, es decir, no ordenados a nuestro bienestar y felicidad.

“Apetito” no es en san Juan una palabra peyorativa, es sinónimo de hambre, impulso o deseo. Según la teología clásica escolástica que estudió san Juan, el deseo es el impulso que habita en el corazón humano que nos lleva a buscar en Dios la plenitud. De hecho somos seres que deseamos a Dios; y esto es así porque descubrimos su Deseo, es decir, su Espíritu, instalado en lo más hondo de nuestro corazón: El nos ha deseado primero. En el cristianismo descubrimos una dinámica de los deseos: la espiritualidad cristiana no es sino un éxodo o salida de los deseos compulsivos (vehementes, apasionados) hacia el deseo de Dios.

Escondido en el subsuelo de nuestros deseos hay un deseo común: el deseo de felicidad, que no es un pasarlo bien o sentirse a gusto, o cualquier otro sentimiento placentero o pasajero. La felicidad es más bien una cualidad del alma que se obtiene cuando ésta alcanza la plenitud, algo que solo se da en la unión con Dios, ya que hemos sido hechos a su imagen y semejanza.

Todos nuestros deseos, dice la teología escolástica, tienen una dimensión finita y otra infinita. La comida suscita un deseo finito de alimentarnos físicamente y eliminar así el hambre física, pero la misma hambre es expresión de nuestra hambre de Dios; de igual modo el deseo sexual es un impulso fisiológico, psicológico y emocional parea calmar la separación o estar unido a otro, pero también oculta el deseo de estar unido al Otro. Los deseos finitos y el deseo infinito han de ordenarse, sino podemos caer en el error de pretender llenar nuestro deseo de infinito con la ayuda de los objetos finitos que son las criaturas.

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Las criaturas son migajas

“Las criaturas -las cosas creadas- son meajas que cayeron de la mesa de Dios” (1 S 6,3; cf Mt 15,26-27)[1], dice san Juan; como si dijera que son el exceso de la bondad de Dios que desciende hasta nosotros e incentiva nuestro deseo de Él. Las criaturas son como “meajas en hambre grande” que “hacen crecer el hambre y apetito (del alma) de verle a él (Dios) como es” (C 6.4).[1] Por una parte ofrecen las criaturas un destello de Dios (de su bondad, su belleza, etc) y despiertan en nosotros el deseo de lo que está aún por revelar; pero por otra parte, al no poder satisfacer y cumplir el deseo que evocan, nos dejan penando por algo más.

Podemos dejarnos cegar por las cosas y desearlas como si fueran capaces de satisfacer plenamente nuestra vida; éste camino suele terminar en insatisfacción (nunca saciados)  y frustración (fracadados). San Juan dice que cuando buscamos satisfacer nuestros deseos más profundos con las criaturas es como si caváramos cisternas rotas “que no pueden tener aua para satisfacer la sed... porque aquel no es su manjar” (1 S 6,6; cf Jr 2,13). Es este un camino equivocado.

Ahora bien, también podemos hacer como la esposa del Cántico espiritual,  que sabe que las criaturas no pueden satisfacer su deseo más profundo y  ha aceptado este hecho. Y aceptando esto asume el sufrimiento presente en la vida humana, sobrellevando el dolor interior y el anhelo que no pude cumplirse en esta vida. Se trata de elegir soportar el dolor implícito a la finitud rechazando anestesiarse con nada que no sea Dios; es decir, no elegir el imposible de lo infinito en lo finito.

La búsqueda desordenada de la felicidad nos conduce a la miseria. Así podemos ir tropezando por la vida ciegamente, de desilusión en desilusión. “Al fin lo he encontrad: la compañía perfecta, el trabajo ideal, la casa de mis sueños, la dieta mágica, ...”; los deseos desordenados conducen a una sucesión de promesas que no pueden cumplirse. Y  ”la propiedad” que de ahí se sigue es o que se sigue -dice san Juan- es “que andamos descontentos y  desabridos” (1 S 6,3)

Si siempre estamos comparando todo en la vida con algún modelo de perfección irreal, todo nos decepcionará y nada podrá satisfacernos. Nuestra vida se agriará y llegaremos a vivir amargados. Los amargados culpan al mundo de su miseria. Son los demás los culpables de mi miseria. La vida me ha tratado mal. Nada me ha sido favorable. Los demás me han hecho mal. En la Divina Comedia de Dante las almas que va a entrar en el infierno vomitan una letanía de culpas: “Blasfemando de Dios, de sus padres, de la especie humana, del sitio, del día de su nacimiento, de la prole de su prole y de su descendencia”. Están en el infierno porque han renunciado a toda responsabilidad por decisión personal.

Es una imagen pavorosa de aquello en lo que podemos convertirnos: gente resentida y llena de amargura. San Juan de la Cruz dice que en el camino espiritual no podemos pararnos: siempre avanzamos o retrocedemos. O conformamos nuestra vida a la voluntad de Dios o nos alejamos de ella. La elección es nuestra.

Para meditar

No destaría mal que meditaras hasta qué punto buscas realmente a Dios o si estas buscando otra cosa, que puede ser un dios que te dé el gusto y satisfacción en otras cosas. A veces buscamos la felicidad en cosas que al final nos hacen "miserables". ¿Dónde acaba la felicidad que buscaban muchos bebedores o aficionados a las drogas? En un centro de rehabilitación o en una muerte anunciada. ¿Dónde ha acabado la felicidad de quien esperaba ser feliz cuando tuviera mucho dinero? En una vida asqueada de todo, que no se satisface con nada.  ¿Dónde está la felicidad de quienes creían que la hallarían alcanzando un alto cargo? Muchos siguen penando por un cargo mayor, y tan enganchados en la droga como los que la buscan por desesperación. ¿Dónde ha terminado la felicidad de tantos que la pusieron en "poseer", que no amar, a una pareja que cumpliera sus caprichos? En muchos casos acabaron ejerciendo la violencia de género como reacción por su felicidad frustrada, ... Muchas veces la búsqueda de la felicidad nos hace miserables. Medita: ¿te has sentido alguna vez así, miserable, por querer hallar la felicidad a toda costa en las creaturas?

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NOTAS

[1] Así dice el alma en el Cántico Espiritual: “¡Ay, quién podrá sanarme! Acaba de entregarte ya de vero; no quieras enviarme de hoy más ya mensajero, que no saben decirme lo que quiero”. Las cosas y las noticias del Amado (Dios) no puueden satisfacer plenamente al alma; sólo el trato directo (la unión) con Dios, la unión con Él, puede satisfacernos totalmente.

[2] El texto al que se refiere san Juan de la Cruz es este:

“Una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».  El no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». El les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame». Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».  Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija” (Mt 15,22-28).

Jesús pone a prueba a la mujer acerca de qué busca, ¿sólo la sanación de su hija? ¿O algo más? La mujer no sólo lleva una petición  centrada en los físico y  creatural, también lleva consigo la fe en que lo que realmente es grande es poder tener a Dios ante ella.  Reconoce que las creaturas (migajas) apuntan a algo más grande (Dios, la mesa de su reino), ... Por eso alaba Jesús a la mujer y le concede el milagro.

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Enero 2026

Casto Acedo


La noche

 Transcribo aquí el texto completo de san Juan de la Cruz definiendo o dando a entender qué es la noche. Es el primer tema que tratamos de san Juan, y es un poco difícil porque supone que ya tenemos algunos conocimientos y experiencias de lo que seguirá. Aunque resulta un tanto difícil de leer os lo paso. Procurad acostumbraros al lenguaje del Santo. No hay nada como leerlo diréctamente. Lo que no entendáis lo podemos compartir en el próximo encuengtro. 

NOCHE OSCURA DEL ALMA

LIBRO PRIMERO

CAPÍTULO 1

En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

1. En esta primera canción canta el alma la dichosa suerte y ventura que tuvo en salir de todas las cosas afuera, y de los apetitos e imperfecciones que hay en la parte sensitiva del hombre, por el desorden que tiene de la razón. Para cuya inteligencia es de saber que, para que una alma llegue al estado de perfección, ordinariamente ha de pasar primero por dos maneras principales de noches, que los espirituales llaman purgaciones o purificaciones del alma, y aquí las llamamos noches, porque el alma, así en la una como en la otra, camina como de noche, a oscuras.

2. La primera noche o purgación es de la parte sensitiva del alma, de la cual se trata en la presente canción, y se tratará en la primera parte de este libro. Y la segunda es de la parte espiritual, de la cual habla la segunda canción que se sigue; y de ésta también trataremos en la segunda y tercera parte, cuanto a lo activo; porque, cuanto a lo pasivo, será en la cuarta.

3. Y esta primera noche pertenece a los principiantes al tiempo que Dios los comienza a poner en el estado de contemplación, de la cual también participa el espíritu, según diremos a su tiempo.

Y la segunda noche o purificación pertenece a los ya aprovechados, al tiempo que Dios los quiere ya poner en el estado de la unión con Dios; y ésta es más oscura y tenebrosa y terrible purgación, según se dirá después.

DECLARACIÓN DE LA CANCIÓN

4. Quiere, pues, en suma, decir el alma en esta canción que salió -sacándola Dios- sólo por amor de él, inflamada en su amor, en una noche oscura, que es la privación y la purgación de todos sus apetitos sensuales acerca de todas las cosas exteriores del mundo y de las que eran deleitables a su carne, y también de los gustos de su voluntad. Lo cual todo se hace en esta purgación del sentido. Y, por eso, dice que salía, estando ya su casa sosegada, que es la parte sensitiva, sosegados ya y dormidos los apetitos en ella, y ella en ellos. Porque no se sale de las penas y angustias de los retretes de los apetitos hasta que estén amortiguados y dormidos.

Y esto dice que le fue dichosa ventura, salir sin ser notada, esto es, sin que ningún apetito de su carne ni de otra cosa se lo pudiese estorbar. Y también porque salió de noche, que (es) privándola Dios de todos ellos, lo cual era noche para ella.

5. Y esto fue dichosa ventura, meterla Dios en esta noche, de donde se le siguió tanto bien, en la cual ella no atinara a entrar, porque no atina bien uno por sí solo a vaciarse de todos los apetitos para venir a Dios.

6. Esta es, en suma, la declaración de la canción. Y ahora nos habremos de ir por cada verso escribiendo sobre cada uno, y declarando lo que pertenece a nuestro propósito. Y el mismo estilo se lleva en las demás canciones, como en el prólogo dije, que, primero, se pondrá cada canción y se declarará, y después, cada verso.

 

CAPÍTULO 2

Declara qué noche oscura sea esta por que el alma dice haber pasado a la unión.

En una noche oscura.

1. Por tres cosas podemos decir que se llama noche este tránsito que hace el alma a la unión de Dios.

* La primera, por parte del término (de) donde el alma sale, porque ha de ir careciendo el apetito de todas las cosas del mundo que poseía, en negación de ellas; la cual negación y carencia es como noche para todos los sentidos del hombre.

* La segunda, por parte del medio o camino por donde ha de ir el alma a esta unión, lo cual es la fe, que es también oscura para el entendimiento, como noche.

* La tercera, por parte del término adonde va, que es Dios, el cual, ni más ni menos, es noche oscura para el alma en esta vida. Las cuales tres noches han de pasar por el alma, o, por mejor decir, el alma por ellas, para venir a la divina unión con Dios.

2. En el libro del santo Tobías (6, 18­22) se figuraron estas tres maneras de noches por las tres noches que el ángel mandó a Tobías el mozo que pasasen antes que se juntase en uno con la esposa.

* En la primera le mandó que quemase el corazón del pez en el fuego, que significa el corazón aficionado y apegado a las cosas del mundo; el cual, para comenzar a ir a Dios, se ha de quemar y purificar todo lo que es criatura con el fuego del amor de Dios. Y en esta purgación se ahuyenta el demonio, que tiene poder en el alma por asimiento a las cosas corporales y temporales.

3. * En la segunda noche le dijo que sería admitido en la compañía de los santos patriarcas, que son los padres de la fe. Porque pasando por la primera noche, que es privarse de todos los objetos de los sentidos, luego entra el alma en la segunda noche, quedándose sola en fe (no como excluye la caridad, sino las otras noticias del entendimiento -como adelante diremos-) que es cosa que no cae en sentido.

4. * En la tercera noche le dijo el ángel que conseguiría la bendición, que es Dios, el cual, mediante la segunda noche, que es fe, se va comunicando al alma tan secreta e íntimamente, que es otra noche para el alma, en tanto que se va haciendo la dicha comunicación muy más oscura que estotras, como luego diremos. Y pasada esta tercera noche, que es acabarse de hacer la comunicación de Dios en el espíritu, que se hace ordinariamente en gran tiniebla del alma, luego se sigue la unión con la esposa que es la sabiduría de Dios. Como también el ángel dijo a Tobías que, pasada la tercera noche, se juntaría con su esposa con temor del Señor; el cual temor de Dios cuando está perfecto, está perfecto el amor, que (es) cuando se hace la transformación por amor del alma (con Dios).

5. Estas tres partes de noche todas son una noche; pero tiene tres partes como la noche. Porque

* la primera, que es la del sentido, se compara a prima noche, que es cuando se acaba de carecer del objeto de las cosas.

* Y la segunda, que es la fe, se compara a la media noche, que totalmente es oscura.

* Y la tercera, al despidiente, que es Dios, la cual es ya inmediata a la luz del día. Y, para que mejor lo entendamos, iremos tratando de cada una de estas causas de por sí.

Enero 2026

C. A.

martes, 13 de enero de 2026

Nueva etapa con San Juan de la Cruz

 

Comenzamos este año con un nuevo enfoque de nuestra formación espiritual en el grupo. Coincidiendo con el Año Jubilar de san Juan de la Cruz, con motivo de los doscientos años de su canonización, nos adentraremos en el conocimiento del santo (aspectos biográficos) y su espiritualidad (aspectos místicos).

En el primer encuentro del lunes 12 de Enero, y al hilo del número 68 de Nube del no-saber, (clickar para ver) y fijándonos sobre todo en las notas a pie, hemos comentando algo referente al concepto de noche oscura en los escritos de san Juan; noche no es “tiempo de crisis” sino una definición de  lo que es para él la contemplación: adentrarse en la oscuridad que trae consigo el silencio de la mente, la memoria y la voluntad, que da “lugar a que arda y se encienda en el espíritu el amor que esta oscura y secreta contemplación trae consigo y pega al alma. Porque contemplación no es otra cosa que infusión secreta, pacífica y amorosa de Dios, que, si la dan lugar, inflama al alma en espíritu de amor” (San Juan de la Cruz, Noche Oscura, L. 2º,  10,5-6). Noche no es por tanto un concepto negativo sino positivo. A Dios se le encuentra en la noche.

En otro lugar dice. “No repares en parte ni en todo lo que tus potencias pueden comprehender. Quiero decir que nunca te quieras satisfacer en lo que entendieres de Dios” (Cántico 1,12), como si dijera que no te dejes deslumbrar por lo que te parece que entiendes de Dios, sino permanece en la oscuridad, porque, como dice la teología apofántica, para hablar y comprender a Dios más apropiadas son las negaciones que las afirmaciones.

Para intentar comprender algo el complejo término sanjuanista de noche, os invito a escuchar con atención la conferencia que sobre el tema tiene J. A. Marcos, La noche es la contemplación, que podéis consulta y escuchar en youtube (clickar para acceder) .

El ritmo de los encuentros presenciales será quincenal, manteniendo encuentros online intermedios. Aunque sin ceñirnos expresamente al texto, seguiremos en nuestra formación el libro “San Juan de la Cruz, una mística para vivir”, de Marc Foley, que expone  de una forma sencilla la mística del santo a partir de su obra Subida del Monte Carmelo.

Quien tenga paciencia y decisión para ello, puede leer directamente la obra de san Juan de la Cruz; advierto de que no es fácil su comprensión, sobre todo por el lenguaje propio del siglo XVI y porque rompe esquemas mentales muy arraigados en nosotros; de todos modos, en cada encuentro iré facilitando textos claves sobre los puntos que toquemos.

También anotaros que para Septiembre, una vez aflojen las calores, tenemos previsto un viaje jubilar a Úbeda, Baeza y Granada, lugares sanjuanistas del Sur, y donde escribió sus principales obras.

Me gustaría que los que estéis interesados en seguir esta formación sanjuanista lo comuniquéis y os comprometáis a asistir a las sesiones de formación y oración presenciales de los lunes en Salesianos (19:30 h), donde podemos compartir cara a cara nuestras dudas, luces y experiencias. Podéis comunicar vuestro interés a través del grupo de  Washap.

Que San Juan nos acerque a Dios y nos ilumine en esta nueva etapa.

13 Enero 2026

Casto Acedo.