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lunes, 5 de febrero de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 14

 


14.

QUE EN ESTA VIDA LA HUMILDAD IMPERFECTA HA DE PRECEDER A LA PERFECTA

Si hablo de la humildad imperfecta no lo hago porque dé poca importancia al verdadero autoconocimiento. Aunque se juntaran todos los ángeles y santos del cielo con todos los miembros de la Iglesia en la tierra, situados en todos los grados de la santidad cristiana, y rogaran por mi crecimiento en la humildad, estoy cierto que no me aprovecharía tanto ni me llevaría tan rápido a la perfección de esta virtud, como un poco de autoconocimiento. Ciertamente, es imposible llegar a la perfecta humildad sin él.

Por tanto, no huyas del sudor y de la fatiga que supone el conseguir un verdadero autoconocimiento, pues estoy seguro de que cuando lo hayas adquirido llegarás muy pronto al conocimiento experiencial de la bondad y del amor de Dios. No un conocimiento completo, naturalmente, pues eso no es posible al hombre; ni siquiera tan completo al que poseerás en la alegría de la eternidad, pero si un conocimiento tan completo como es posible al hombre en esta vida.

Mi propósito al explicar los dos tipos de humildad no es ponerte en seguimiento de la perfecta con desprecio de la imperfecta. No, y confío en que nunca harás esto. Mi intención es simplemente ayudarte a apreciar la excelsa dignidad de la obra contemplativa del amor, en comparación con cualquier otra posible con la ayuda de la gracia. Pues el amor secreto de un corazón puro que presiona sobre esa nube oscura del no-saber que está entre ti y tu Dios de una manera oculta pero cierta incluye en si mismo la perfecta humildad sin ayuda de ideas concretas o claras.[1] Quería además que apreciaras la excelencia de la humildad perfecta de forma que la mantuvieras ante tu corazón como un acicate a tu amor.

Esto es importante para nosotros dos. Y finalmente, me he esforzado por explicar todo esto porque creo que un conocimiento pleno sobre la perfecta humildad por si mismo te hará más humilde. Pues pienso a menudo que la ignorancia de los dos grados de humildad ocasiona una buena dosis de orgullo. Es muy posible que un poco de gusto de lo que he llamado humildad imperfecta pudiera llevarte a creer que ya eres humilde a la perfección. Te engañarías a ti mismo y lo que es más, habrías caído en el fétido cieno de la presunción. Esfuérzate, pues, por conseguir esta virtud en toda su perfección. Cuando una persona la experimenta no pecará ni entonces ni durante mucho tiempo.

*


[1] San Juan dela Cruz: “...como el estado de perfección, que consiste en perfecto amor de Dios y desprecio de sí, no puede estar sino con estas dos partes, que es conocimiento de Dios y de sí mismo, de necesidad ha de ser el alma ejercitada primero en el uno y en el otro, dándole ahora a gustar lo uno engrandeciéndola, y haciéndola ahora probar lo otro y humillándola, hasta que, adquiridos los hábitos perfectos, cese ya el subir y bajar, habiendo ya llegado y viéndose con Dios, que está en el fin de esta escala, en quien la escala se arrima y estriba.

Porque esta escala de contemplación, que, como habemos dicho, se deriva de Dios, es figurada por aquella escala que vio Jacob durmiendo, por la cual subían y descendían ángeles de Dios al hombre y del hombre a Dios, el cual estaba estribando en el extremo de la escala (Gn. 28, 12). Todo lo cual dice la Escritura divina que pasaba de noche y Jacob dormido para dar a entender cuán secreto y diferente del saber del hombre es este camino y subida para Dios. Lo cual se ve bien, pues que, ordinariamente, lo que en él es de más provecho, que es irse perdiendo y aniquilando a sí mismo, tiene por peor, y lo que menos vale, que es hallar su consuelo y gusto, en que ordinariamente antes pierde que gana, si a eso se hace, tiene por mejor. (2 n 18,4)

Febrero 2024 

C. A.

lunes, 29 de enero de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 13

 

13.

DE LA NATURALEZA DE LA HUMILDAD; CUÁNDO ES PERFECTA Y CUÁNDO ES IMPERFECTA.

Consideremos, pues, la virtud de la humildad de forma que puedas entender por qué es perfecta cuando Dios solo es su fuente y por qué es imperfecta cuando surge de otra fuente aun cuando Dios pudiera ser la principal. Trataré de explicar primero lo que es la humildad en si misma y después será más fácil captar la diferencia.

Un hombre es humilde cuando permanece en la verdad con un conocimiento y apreciación de sí mismo tal cual es[1]. Y de hecho, cualquiera que se vea y experimente tal como real y verdaderamente es, no tendrá dificultad alguna en ser humilde, pues dos cosas le aparecerán muy claras. En primer lugar, verá claramente la degradación, miseria y flaqueza de la condición humana, fruto del pecado original. De estos efectos del pecado original el hombre nunca se verá totalmente libre en esta vida, por santo que llegue a ser.

En segundo lugar, tendrá que reconocer la bondad trascendente de Dios tal como es en sí mismo y en su rebosante y superabundante amor hacia el hombre. Ante tan gran bondad y amor la naturaleza tiembla, los sabios tartamudean como locos, y los ángeles y santos quedan cegados por su gloria. Tan abrumadora es la revelación de la naturaleza de Dios, que si su poder no los sostuviera, no me atrevo a pensar qué sucedería.

La humildad engendrada por este conocimiento experimental de la bondad y del amor de Dios la llamo perfecta, porque es una actitud que el hombre mantendrá incluso en la eternidad. Pero la humildad que surge de una comprensión realista de la condición humana la considero imperfecta, porque no sólo desaparecerá en la muerte juntamente con su causa, sino que en esta misma vida no siempre será operativa. Pues a veces las personas muy avanzadas en la vida contemplativa pueden recibir de Dios tal gracia que de repente se sientan totalmente fuera de si mismas y sin pensar o preocuparse por si son santas o pecadoras.

Los contemplativos ya adelantados pueden experimentar esto con mayor o menor frecuencia, según la sabiduría de Dios, pero en cualquier caso, a mi juicio, es un fenómeno pasajero. Durante este tiempo, sin embargo, aunque pueden perder todo interés o preocupación por sus pecados o virtudes, no pierden el sentido del inmenso amor y bondad de Dios y por tanto, tienen humildad perfecta. Por otra parte, si el primer motivo es operativo, aunque sea de modo secundario, sólo tienen humildad imperfecta. No estoy sugiriendo, sin embargo, que se dé de lado el primer motivo. No quiera Dios que me entiendas mal, pues estoy convencido de que las dos cosas son provechosas y necesarias en esta vida.

* * *

[1] Dice san Juan de la Cruz que el conocimiento propio lleva a la desnudez espiritual, la cual supone el desapego de todo, incluidos los gozos que pueden inclinar a la soberbia. “En esta desnudez halla el espiritual su quietud y descanso, porque, no codiciando nada, nada le fatiga hacia arriba y nada le oprime hacia abajo, porque está en el centro de su humildad. Porque, cuando algo codicia, en eso mismo se fatiga” (1 S 13,13). Resulta interesante todo lo que el santo dice indirectamente de la humildad al hablar de la “soberbia espiritual” en 1 Noche, 2. Es interesante cómo hace caer en la cuenta de las sutilezas con las que la soberbia se adueña del alma bajo .

Enero 2024
Casto Acedo
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lunes, 22 de enero de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 12

 

12.

QUE EN LA CONTEMPLACIÓN QUEDA DESTRUIDO EL PECADO Y SE FOMENTA TODA CLASE DE BIEN.

Así, pues, para mantenerte firme y evitar las trampas, mantente en la senda en que estás. Deja que tu incesante deseo golpee en la nube del no-saber que se interpone entre ti y tu Dios. Penetra esa nube con el agudo dardo de tu amor, rechaza el pensamiento de todo lo que sea inferior a Dios y no dejes esta obra por nada. La misma obra contemplativa del amor llegará a curarte de todas las raíces del pecado[1]. Ayuna cuanto quieras, mantente en vigilia hasta bien entrada la noche, levántate antes de la aurora, disciplina tu cuerpo y, si te es permitido -que no lo es-, sácate los ojos, arráncate la lengua, tapa tus oídos y nariz y prescinde de tus miembros; si, castiga tu cuerpo con toda clase de disciplina y seguirás sin conseguir nada. El deseo y la tendencia hacia el pecado permanecerían en tu corazón.

Todavía más, si lloraras en perpetuo llanto tus pecados y la Pasión de Cristo y ponderaras incesantemente los goces del cielo, ¿crees que te haría algún bien? Mucho bien, no me cabe la menor duda. Estoy seguro de que aprovecharías y crecerías en la gracia, pero en comparación con el ciego impulso del amor, todo esto es muy poco. Pues la obra contemplativa del amor es la mejor parte y pertenece a María. Es totalmente completa en si misma, mientras que todas las demás disciplinas y ejercicios son de poco valor sin ella.

La obra del amor no sólo cura las raíces del pecado, sino que fomenta la bondad práctica. Cuando es auténtica verás que eres sensible a toda necesidad y que respondes con una generosidad desprovista de toda intención egoísta.[2] Todo lo que trates de hacer sin este amor será ciertamente imperfecto, pues es seguro que se echará a perder por ulteriores motivos.

La bondad auténtica se manifiesta en una manera habitual de obrar bien y de responder adecuadamente en cada situación, según se presenta; está movida siempre por el deseo de agradar a Dios.[3] Solo él es la fuente pura de todo bien, y si alguna persona se ve motivada por algo distinto de Dios, aun cuando Dios sea el primero, entonces su virtud es imperfecta. Esto es evidente en el caso de dos virtudes en particular, la humildad y el amor fraterno. Quien adquiere estos hábitos y actitudes no necesita otros, pues en ello

Enero 2024
C.A.



[1] Hablando de la Llama, es decir, del fuego del Espíritu Santo que hace prender en la lumbre el tronco que es el alma, dice san Juan de la Cruz, “que el mismo Dios, que quiere entrar en el alma por unión y transformación de amor, es el que antes está embistiendo en ella y purgándola con la luz y calor de su divina llama” (Llama 1,21), dando a entender que, “no pudiendo caber dos contrarios en el sujeto del alma”  (2 N 1,21), es de necesidad que sea purgada de sus pecados. Cuando el alma busca y desea la unión Dios mismo la va purgando como respuesta al amor que pone en ello.

[2] Esta ausencia de egoísmo en las obras es un criterio privilegiado para evaluar el avance espiritual. El párrafo anterior da pistas acerca del auténtico amor que es fruto no tanto de la ascética como de la mística. El amor y la virtud que se ha de buscar no es el que nace de nuestros sacrificios y esfuerzos; con éstos ejercicios ascéticos preparamos el terreno, pero llega un momento en que cedes a Dios el control de todo y nace el verdadero Amor. 

[3] Se define la virtud en el texto original como “un afecto bien ordenado y medido totalmente dirigido a Dios por él mismo”. Definición que aparece varias veces en Ricardo de san Víctor (1110-1173). La Nueva Enciclopedia católica (1967) la define como “Una prontitud y disposición, habitual y bien establecida, de las fuerzas del hombre, que las dirige a una bondad específica del acto” (Mc Graw-Hill, Nueva York, Vol 15, p. 704). Es importante notar que el texto de la Nube del no-saber habla de virtud más en el primer sentido que en el segundo, en línea con los místicos y teólogos ingleses medievales. 

lunes, 15 de enero de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 11

 


11.

QUE EL HOMBRE HA DE VALORAR CON PRECISIÓN SUS PENSAMIENTOS E INCLINACIONES Y EVITAR UNA ACTITUD DE DESCUIDO CON RESPECTO AL PECADO VENIAL

No digo esto porque me preocupe el que tú o cualquier otra persona de oración se halle realmente bajo el peso de la culpa de pecados como estos. Mi intención es poner de relieve la importancia que tiene para ti el percatarte de tus pensamientos y deseos tan pronto como surgen, ya que has de aprender a rechazar el más mínimo de ellos que pudiera conducirte al pecado.

Te prevengo que una persona que no vigila y controla sus pensamientos, aun cuando no sean pecaminosos en sus primeros movimientos, terminará por no dar importancia a los pecados leves. Es imposible evitar todas las faltas y caídas en esta vida, pero la falta de cuidado en torno a pequeños pecados deliberados es algo intolerable para quien busca verdaderamente la perfección. Pues normalmente la negligencia en los pecados leves abre la puerta a la probabilidad del pecado mortal.

Enero 2024
C. A.

viernes, 5 de enero de 2024

Hemos visto salir su estrella. Feliz Epifanía.


"Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo".

Los “sabios venidos de oriente” son toda una alegoría de la vida espiritual cristiana.

Parten de un lugar  lejano y ajeno al niño-Dios. Se dice que de oriente, donde existe toda una milenaria tradición espiritual de busqueda de la sabiduría.

Los sabios o magos escrutadores de estrellas son contemplativos. En la noche observan y han visto una estrella que les invita a la aventura espiritual. Y no dudan en dejar su zona de confort, su lugar de estancia habitual,  sus materialidades, sus ideas, sus creencias, sus seguridades, para ir tras la nueva luz que han visto.
La estrella no es la meta. La luz que emite es solo un destello, un prefacio, un pórtico para el encuentro con el Misterio. La estrella señala, es signo, que “les guía hasta pararse encima de donde estaba el niño”. El Niño es a la vez camino y meta; estar con él es el todo del camino espiritual. “Se llenaron de inmensa alegría”, es decir, de plenitud.

*

En la cueva de Belén, en las afueras de la población, alejado del ruido de la ciudad, “en la noche serena, la Palabra descendió desde los cielos” (Sb 18,14). Los magos, “cayendo de rodillas lo adoraron”. Adorar es poner el centro de la propia vida en el objeto o persona que se adora. La vida de estos buscadores tiene desde ese momento un nuevo centro. Ya no buscan estrellas, han encontrado  la luz de la que ellos mismos proceden, “Luz verdadera, de luz verdadera”. La divinidad se manifiesta en la humanidad de este niño.
Hay un acto de reconocimiento en las ofrendas de los magos: 
*oro (reconocimiento de su realeza; el Reino de Dios, su Rey, ha venido), 
*incienso (ofrenda propia de dioses, quemar todo en buen olor para alabanza y gloria del Niño-Dios), y 
*mirra (perfume propio que indica la humanidad del Salvador, que en un acto de suprema humildad, estará dispuesto incluso a morir por amor; el perfume apunta al embalsamamiento de su cuerpo descolgado de la cruz).
Una vez vivida la experiencia del encuentro, llegados a la Luz, los sabios, dejando a un lado los caminos de Herodes, símbolo de todos los que intentan dinamitar la alegría de su encuentro, “se retiraron a  su tierra por otro camino”. Vuelven a su origen, al lugar de la vida diaria, pero de forma distinta. Sus vidas serán las mismas, pero sólo en apariencia. El encuentro con la Luz de la que procede toda luz da un sentido nuevo a todo.  
Aprende de estos sabios. Si has visto salir “su estrella” no dudes en dejar las débiles lámparas del mundo y encaminarte hacia la “Luz de Luz”, Jesucristo. 
Medita todo esto en tu corazón y dedica un tiempo a contemplar tu noche. Ha salido una estrella.   
FELIZ EPIFANÍA
(Día de la manifestación de Dios "para todos")
Enero 2024
Casto Acedo. 

jueves, 28 de diciembre de 2023

NUBE DEL NO-SABER 10

 


10. 
DE LA MANERA QUE TIENE EL HOMBRE DE CONOCER CUÁNDO SUS PENSAMIENTOS SON PECAMINOSOS; DE LA DIFERENCIA ENTRE PECADOS MORTALES Y VENIALES

Otra cosa son los pensamientos sobre los hombres mortales y sobre las cosas materiales o mundanas. Es posible que aparezcan en tu mente sin tu consentimiento pensamientos relativos a estas cosas. No hay pecado en ello, pues no es culpa tuya ya que todo esto sucede como resultado del pecado original. Aunque quedaste limpio del pecado original en el bautismo, sigues cargado con sus consecuencias. Por lo mismo, estás obligado a rechazar estos pensamientos inmediatamente, pues tu naturaleza es débil. Si no lo haces, te puedes ver arrastrado a amar u odiar según las reacciones que susciten.

Si es un pensamiento agradable o te recuerda algún placer pasado, podrías sorprenderte consintiendo al goce del mismo; y si se trata de un pensamiento desagradable o te trae a la memoria algún recuerdo doloroso, podrías ceder a un sentimiento de rencor. Un consentimiento tal puede llegar a convertirse en pecado grave en el caso de una persona que vive alejada de Dios y que ha hecho una elección fundamental en contra del bien. Pero en el caso tuyo como de cualquier otra persona que sinceramente ha renunciado a las ataduras mundanas, sólo sería un pecado leve.

Al haber elegido tu modo de vida actual, hiciste una opción radical por Dios, y esto queda en pie, aunque tengas algún fallo pasajero. No hay un consentimiento pleno y por esto, para ti, sería un pecado más leve. A pesar de todo esto, si permites que tus pensamientos, faltos de control, lleguen al punto en que consciente y voluntariamente tú te instalas en ellos, con pleno consentimiento, caerías en un pecado grave. Pues es siempre pecado grave, si con plena conciencia y asentimiento te mantienes pensando en alguna persona o cosa que incitan tu corazón a uno de los siete pecados capitales.

Si le das vueltas a alguna injusticia pasada o presente, pronto te torturarán deseos de venganza e ira; y la ira es pecado. Si engendras desprecio profundo por otra persona y una especie de odio lleno de rencor y de juicios prematuros, has sucumbido a la envidia. Si cedes a la comodidad y a la desgana de hacer el bien, esto se llama pereza. Si el pensamiento que te viene (o suscitas) está cargado de engreimiento y te hace presumir de tu honor, inteligencia, los dones recibidos de la gracia, de tu estado social, tus talentos o tu belleza, y si voluntariamente te regocijas en ello, estás cayendo en el pecado del orgullo. Si se trata de un pensamiento referido a cosas materiales, es decir, bienestar, posesiones u otros bienes terrenales que la gente se afana en conseguir y llamar suyos, y si te mantienes en este pensamiento suscitando el deseo, esto es codicia. Si sucumbes al deseo desordenado de comidas y bebidas refinadas o en cualquier otro de los goces del gusto, el pecado se llama gula. Y finalmente, el deseo ilícito del goce carnal o de las caricias y los halagos de otros, esto se llama lujuria.

Si tus errantes pensamientos evocan cualquier placer, pasado o presente, y si te detienes en él, dejándole que eche raíces en tu corazón y que alimente tu deseo carnal, corres el peligro de verte vencido por el deleite de la pasión. Entonces pensarás que estás en posesión de todo lo que pudieras desear y que este placer puede satisfacerte a la perfección.

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Diciembre 2023
C. A.

martes, 12 de diciembre de 2023

NUBE DEL NO-SABER 8 (2)




8 (2)

... DE LA DISTINCIÓN ENTRE LOS GRADOS Y LAS PARTES DE LA VIDA ACTIVA Y CONTEMPLATIVA.

Me preguntas ahora: si estos pensamientos no sólo son buenos en si mismos sino que además pueden usarse para bien, ¿por qué los debo dejar bajo una nube de olvido?

Responder a esto precisa cierta explicación. Comenzaré diciendo que en la Iglesia hay dos clases o formas de vida, la activa y la contemplativa. La vida activa es inferior, y la contemplativa superior. Dentro de la vida activa hay también dos grados, uno bajo y otro más alto.

Pero estas dos vidas son tan complementarias que, si bien son totalmente diferentes entre sí, ninguna de las dos puede existir independientemente de la otra. Pues el grado superior de la vida activa se introduce en el grado inferior de la contemplativa, de manera que, por activa que sea una persona, es también al mismo tiempo parcialmente contemplativa. Y cuando el hombre es tan contemplativo como puede ser en esta vida, en cierta medida sigue siendo activo.

La vida activa es de tal naturaleza que comienza y termina en la tierra. La contemplativa, sin embargo, puede ciertamente comenzar en la tierra pero continuará sin fin en la eternidad. Y ello porque la vida contemplativa es la parte de María que no le será quitada. La vida activa, en cambio, se ve turbada y preocupada por muchas cosas, pero la contemplativa se sienta en paz con la única cosa necesaria.[1]

En el grado inferior de la vida activa la persona hace bien ocupándose en buenas acciones y obras de misericordia. En el grado superior de la vida activa (que se funde con el grado inferior de la vida contemplativa) el hombre comienza a meditar en las cosas del espíritu. Ahora es cuando debe ponderar con lágrimas la maldad del hombre hasta adentrarse en la Pasión de Cristo y los sufrimientos de sus santos con ternura y compasión. Es ahora también cuando crece en el aprecio de la bondad de Dios y de sus dones y comienza a alabarle y darle gracias por las maravillosas maneras con que actúa en su creación.

Pero en el grado más alto de la contemplación -tal como la conocemos en esta vida- todo es oscuridad y una nube del no-saber. Aquí uno se vuelve a Dios con deseo amoroso de sólo él mismo y permanece en la ciega conciencia de su desnudo ser.[2]

Las actividades del grado inferior de la vida activa dejan gran parte del potencial humano natural del hombre sin explotar. En esta etapa vive, como si dijéramos, fuera de si mismo o por debajo de si mismo. A medida que avanza hacia el grado superior de la vida activa (que se funde con el grado inferior de la vida contemplativa) se va haciendo más interior, viviendo más desde las profundidades de si mismo y haciéndose más verdaderamente humano. Pero en el grado superior de la vida contemplativa se trasciende a si mismo porque consigue por la gracia lo que por naturaleza está por encima de él. Pues ahora se encuentra unido a Dios espiritualmente en una comunión de amor y de deseo.[3]

La experiencia enseña que es necesario dejar a un lado por un tiempo las obras del grado inferior de la vida activa, a fin de adentrarse en el grado superior de la vida activa, que, como dijimos, se funde en el grado inferior de la vida contemplativa. De la misma manera, llega un momento en que es necesario dar de lado estas obras también a fin de avanzar hacia el grado superior de la vida contemplativa. Y así como es error que una persona que se sienta a meditar piense en las cosas que ha hecho o que hará sin mirar si son buenas y dignas en si mismas, de la misma manera no está bien que una persona que debiera estar ocupada en la obra de la contemplación en la oscuridad de la nube del no-saber deje que las ideas sobre Dios, sus dones maravillosos, su bondad o sus obras le distraigan de la atención a Dios mismo. Es esta una cuestión distinta del hecho de que se trate de pensamientos buenos que reportan confort y gozo. No tienen lugar aquí![4]

Por ello te apremio a que deseches todo pensamiento sabio o sutil por santo o valioso que sea. Cúbrelo con la espesa nube del olvido porque en esta vida sólo el amor puede alcanzar a Dios, tal cual es en sí mismo, nunca el conocimiento.[5] Mientras vivimos en estos cuerpos mortales, la agudeza de nuestro entendimiento permanece embotada por limitaciones materiales siempre que trata con las realidades espirituales y más especialmente con Dios. Nuestro razonamiento, pues, no es jamás puro pensamiento, y sin la asistencia de la misericordia divina nos llevaría muy pronto al error.

* * *

[1] “Es lástima ver que hay muchos que, queriéndose su alma estar en esta paz y descanso de quietud interior, donde se llena de paz y refección de Dios, ellos la desasosiegan y sacan afuera a lo más exterior, y la quieren hacer volver a que ande lo andado sin propósito, y que deje el termino y fin en que ya reposa por los medios que encaminaban a él, que son las consideraciones. ... A estos tales se les ha de decir que aprendan a estarse con atención y advertencia amorosa en Dios en aquella quietud, y que no se den nada por la imaginación ni por la obra de ella, pues aquí, como decimos, descansan las potencias y no obran activamente, sino pasivamente, recibiendo lo que Dios obra en ellas”. (San Juan de la Cruz 2 Subida  12 7-8).

[2] * “¡Oh si supiesen los hombres de cuánto bien de luz divina los priva esta ceguera que les causan sus aficiones y apetitos, y en cuántos males y daños les hacen ir cayendo cada día en tanto que no los mortifican! Porque no hay fiarse de buen entendimiento, ni dones que tengan recibidos de Dios, para pensar que, si hay afición o apetito, dejará de cegar y oscurecer y hacer caer poco a poco en peor. (Ibid 2 S 8,6)

* “Aunque estas visiones de sustancias espirituales no se pueden desnudar y claramente ver en esta vida con el entendimiento, puédense, empero, sentir en la sustancia del alma con suavísimos toques y juntas, lo cual pertenece a los sentimientos espirituales, .... Porque a éstos se endereza y encamina nuestra pluma, que es a la divina junta y unión del alma con la Sustancia divina” (2 S 24,4)

* “En este tiempo totalmente se ha de llevar el alma por modo contrario del primero. Que si antes le daban materia para meditar y meditaba, que ahora antes se la quiten y que no medite,... En este estado en ninguna manera la han de imponer en que medite ni se ejercite en actos, ni procure sabor ni fervor, porque sería poner obstáculo al principal agente, que, como digo, es Dios, el cual oculta y quietamente anda poniendo en el alma sabiduría y noticia amorosa sin especificación de actos, aunque algunas veces los hace especificar en el alma con alguna duración. Y así, entonces el alma también se ha de andar sólo con advertencia amorosa a Dios, sin especificar actos, habiéndose, como habemos dicho, pasivamente, sin hacer de suyo diligencias, con la advertencia amorosa, simple y sencilla, como quien abre los ojos con advertencia de amor” (Ibid Ll 3,33)

[3] “ Y yo le di de hecho a mí, sin dejar cosa. “En aquella bebida de Dios suave, en que, como habemos dicho, se embebe el alma en Dios, muy voluntariamente y con grande suavidad se entrega el alma a Dios toda, queriendo ser toda suya y no tener cosa en sí ajena de él para siempre, causando Dios en ella en la dicha unión, la pureza y perfección que para esto es menester; que, por cuanto él la transforma en sí, hácela toda suya y evacua en ella todo lo que tenía ajeno de Dios. De aquí es que, no solamente según la voluntad sino también según la obra, quede ella de hecho sin dejar cosa, toda dada a Dios, así como Dios se ha dado libremente a ella; de manera que quedan pagadas aquellas dos voluntades, entregadas y satisfechas entre sí, de manera que en nada haya de faltar ya la una a la otra, con fe y firmeza de desposorio” (Ibid  Cantico  27,6; cf 22,3-4)

[4] “Tal es la noche y purgación del sentido en el alma; la cual, en los que después han de entrar en la otra más grave del espíritu, para pasar a la divina unión de amor (porque no todos, sino los menos, pasan ordinariamente), suele ir acompañada con graves trabajos y tentaciones sensitivas, que duran mucho tiempo, aunque en unos más que en otros. Porque a algunos se les da el ángel de Satanás (2 Cor. 12, 7), que es el espíritu de fornicación, para que les azote los sentidos con abominables y fuertes tentaciones, y les atribule el espíritu con feas advertencias y representaciones más visibles en la imaginación, que a veces les es mayor pena que el morir. ( Ibid N 2,14,1)

[5] “, Todo lo que la imaginación puede imaginar y el entendimiento recibir y entender (en esta vida) no es ni puede ser medio próximo para la unión de Dios.” (Ibid 2 S 8,4; cf 2 S 12,8).

*
Diciembre 2023
Casto Acedo