14.
QUE EN
ESTA VIDA LA HUMILDAD IMPERFECTA HA DE PRECEDER A LA PERFECTA
Si
hablo de la humildad imperfecta no lo hago porque dé poca importancia al
verdadero autoconocimiento. Aunque se juntaran todos los ángeles y santos del
cielo con todos los miembros de la Iglesia en la tierra, situados en todos los
grados de la santidad cristiana, y rogaran por mi crecimiento en la humildad,
estoy cierto que no me aprovecharía tanto ni me llevaría tan rápido a la
perfección de esta virtud, como un poco de autoconocimiento. Ciertamente, es
imposible llegar a la perfecta humildad sin él.
Por
tanto, no huyas del sudor y de la fatiga que supone el conseguir un verdadero
autoconocimiento, pues estoy seguro de que cuando lo hayas adquirido llegarás
muy pronto al conocimiento experiencial de la bondad y del amor de Dios. No un
conocimiento completo, naturalmente, pues eso no es posible al hombre; ni
siquiera tan completo al que poseerás en la alegría de la eternidad, pero si un
conocimiento tan completo como es posible al hombre en esta vida.
Mi
propósito al explicar los dos tipos de humildad no es ponerte en seguimiento de
la perfecta con desprecio de la imperfecta. No, y confío en que nunca harás
esto. Mi intención es simplemente ayudarte a apreciar la excelsa dignidad de la
obra contemplativa del amor, en comparación con cualquier otra posible con la
ayuda de la gracia. Pues el amor secreto de un corazón puro que presiona sobre
esa nube oscura del no-saber que está entre ti y tu Dios de una manera
oculta pero cierta incluye en si mismo la perfecta humildad sin ayuda de ideas
concretas o claras.[1]
Quería además que apreciaras la excelencia de la humildad perfecta de forma que
la mantuvieras ante tu corazón como un acicate a tu amor.
Esto
es importante para nosotros dos. Y finalmente, me he esforzado por explicar
todo esto porque creo que un conocimiento pleno sobre la perfecta humildad por
si mismo te hará más humilde. Pues pienso a menudo que la ignorancia de los dos
grados de humildad ocasiona una buena dosis de orgullo. Es muy posible que un
poco de gusto de lo que he llamado humildad imperfecta pudiera llevarte a creer
que ya eres humilde a la perfección. Te engañarías a ti mismo y lo que es más,
habrías caído en el fétido cieno de la presunción. Esfuérzate, pues, por
conseguir esta virtud en toda su perfección. Cuando una persona la experimenta
no pecará ni entonces ni durante mucho tiempo.
*
[1] San Juan
dela Cruz: “...como el estado de perfección, que consiste en perfecto amor de
Dios y desprecio de sí, no puede estar sino con estas dos partes, que es
conocimiento de Dios y de sí mismo, de necesidad ha de ser el alma ejercitada
primero en el uno y en el otro, dándole ahora a gustar lo uno engrandeciéndola,
y haciéndola ahora probar lo otro y humillándola, hasta que, adquiridos los
hábitos perfectos, cese ya el subir y bajar, habiendo ya llegado y viéndose con
Dios, que está en el fin de esta escala, en quien la escala se arrima y estriba.
Porque esta escala de contemplación, que, como habemos dicho, se deriva de Dios, es figurada por aquella escala que vio Jacob durmiendo, por la cual subían y descendían ángeles de Dios al hombre y del hombre a Dios, el cual estaba estribando en el extremo de la escala (Gn. 28, 12). Todo lo cual dice la Escritura divina que pasaba de noche y Jacob dormido para dar a entender cuán secreto y diferente del saber del hombre es este camino y subida para Dios. Lo cual se ve bien, pues que, ordinariamente, lo que en él es de más provecho, que es irse perdiendo y aniquilando a sí mismo, tiene por peor, y lo que menos vale, que es hallar su consuelo y gusto, en que ordinariamente antes pierde que gana, si a eso se hace, tiene por mejor. (2 n 18,4)
Febrero 2024
C. A.

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