[1]
“Es lástima ver que hay muchos
que, queriéndose su alma estar en esta paz y descanso de quietud interior,
donde se llena de paz y refección de Dios, ellos la desasosiegan y sacan afuera
a lo más exterior, y la quieren hacer volver a que ande lo andado sin
propósito, y que deje el termino y fin en que ya reposa por los medios que
encaminaban a él, que son las consideraciones. ... A estos tales se les ha de
decir que aprendan a estarse con atención y advertencia amorosa en Dios en
aquella quietud, y que no se den nada por la imaginación ni por la obra de
ella, pues aquí, como decimos, descansan las potencias y no obran activamente,
sino pasivamente, recibiendo lo que Dios obra en ellas”. (San Juan de la Cruz 2
Subida 12 7-8).
[2]
* “¡Oh si supiesen los hombres de cuánto bien de luz divina los priva esta
ceguera que les causan sus aficiones y apetitos, y en cuántos males y daños les
hacen ir cayendo cada día en tanto que no los mortifican! Porque no hay fiarse
de buen entendimiento, ni dones que tengan recibidos de Dios, para pensar que,
si hay afición o apetito, dejará de cegar y oscurecer y hacer caer poco a poco
en peor. (Ibid 2 S 8,6)
* “Aunque estas visiones de
sustancias espirituales no se pueden desnudar y claramente ver en esta vida con
el entendimiento, puédense, empero, sentir en la sustancia del alma con
suavísimos toques y juntas, lo cual pertenece a los sentimientos espirituales, ....
Porque a éstos se endereza y encamina nuestra pluma, que es a la divina junta y
unión del alma con la Sustancia divina” (2 S 24,4)
* “En este tiempo totalmente se
ha de llevar el alma por modo contrario del primero. Que si antes le daban
materia para meditar y meditaba, que ahora antes se la quiten y que no medite,...
En este estado en ninguna manera la han de imponer en que medite ni se ejercite
en actos, ni procure sabor ni fervor, porque sería poner obstáculo al principal
agente, que, como digo, es Dios, el cual oculta y quietamente anda poniendo en
el alma sabiduría y noticia amorosa sin especificación de actos, aunque algunas
veces los hace especificar en el alma con alguna duración. Y así, entonces el
alma también se ha de andar sólo con advertencia amorosa a Dios, sin
especificar actos, habiéndose, como habemos dicho, pasivamente, sin hacer de
suyo diligencias, con la advertencia amorosa, simple y sencilla, como quien
abre los ojos con advertencia de amor” (Ibid Ll 3,33)
[3]
“ Y yo le di de hecho a mí, sin dejar cosa. “En aquella bebida de Dios
suave, en que, como habemos dicho, se embebe el alma en Dios, muy
voluntariamente y con grande suavidad se entrega el alma a Dios toda, queriendo
ser toda suya y no tener cosa en sí ajena de él para siempre, causando Dios en
ella en la dicha unión, la pureza y perfección que para esto es menester; que,
por cuanto él la transforma en sí, hácela toda suya y evacua en ella todo lo
que tenía ajeno de Dios. De aquí es que, no solamente según la voluntad sino
también según la obra, quede ella de hecho sin dejar cosa, toda dada a Dios,
así como Dios se ha dado libremente a ella; de manera que quedan pagadas
aquellas dos voluntades, entregadas y satisfechas entre sí, de manera que en
nada haya de faltar ya la una a la otra, con fe y firmeza de desposorio” (Ibid Cantico 27,6; cf 22,3-4)
[4]
“Tal es la noche y purgación del sentido en el alma; la cual, en los que
después han de entrar en la otra más grave del espíritu, para pasar a la divina
unión de amor (porque no todos, sino los menos, pasan ordinariamente), suele ir
acompañada con graves trabajos y tentaciones sensitivas, que duran mucho tiempo,
aunque en unos más que en otros. Porque a algunos se les da el ángel de Satanás
(2 Cor. 12, 7), que es el espíritu de fornicación, para que les azote los
sentidos con abominables y fuertes tentaciones, y les atribule el espíritu con
feas advertencias y representaciones más visibles en la imaginación, que a
veces les es mayor pena que el morir. ( Ibid N 2,14,1)
[5] “, Todo
lo que la imaginación puede imaginar y el entendimiento recibir y entender (en
esta vida) no es ni puede ser medio próximo para la unión de Dios.” (Ibid 2 S
8,4; cf 2 S 12,8).

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