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jueves, 8 de octubre de 2020

Terceras moradas (I) 7 de Octubre

El último encuentro-meditación que tuvimos fue en torno a la Tercera morada de santa Teresa. Y más en concreto, el capitulo 1.

Ya sabéis que hemos entrado en el Castillo de la interioridad en la Primera morada, y ahí comenzamos un camino espiritual; tomamos aquí conciencia de lo que  somos: imagen de Dios, es decir, nuestra naturaleza original –que sigue siendo real en nosotros- es bondad, compasión, amor, generosidad, etc. es decir, todo lo que Dios es, porque somos imagen suya.. Nunca debemos de perder esto de vista. El recorrido que hacemos no es hacia afuera, sino hacia dentro de cada persona, para encontrar al Señor del castillo nos en el centro de nuestro ser: ahí nos habita el Espíritu, en la Séptima morada, lo más interior (Dios está en lo más interior de mí mismo, interior intimo meo, decía san Agustín). La puerta de entrada y acceso a las moradas del castillo es la oración. 

En la Segunda morada se nos advierte que hay que luchar en el castillo. Es esta una morada propiamente ascética. Para ir avanzando en la vida espiritual hay que vencer (cortar) todo lo que estorba. ¿Recordáis lo del pajarillo que está atado con un hilo de seda y no puede volar? Pues eso. Se pide que dejemos a un lado perezas (determinada determinación de seguir adelante en la oración), apegos a cosas exteriores, situaciones o relaciones que impiden o entorpecen  la vida espiritual, etc… 

¡Examínese cada cuál qué es lo que hasta ahora le ha ido dificultando su crecimiento espiritual! Para este examen es  muy importante el propio conocimiento. Dice la Santa que éste debe ser el pan con el que se guise todo lo referente a este camino; de lo contrario podemos caer en la trampa de engañarnos a nosotros mismos o ser engañados por el pensamiento o valores del ambiente.  

La tercera morada es para personas que ya han comenzado a vivir una cierta religiosidad. Personas buenas, que rezan, intentan vivir los mandamientos, hacen obras de caridad, y  han ido venciendo las dificultades propias de la segunda morada. Sin embargo, su vida no está aún satisfecha; la propia dinámica de su ser espiritual le pide algo más. Y Teresa, echando mano de sus recuerdos y de dos ejemplos bíblicos, va a poner en pie la esencia de la Tercera morada, que no la explico sino que remito, para la lectura del primer capítulo y comentario de Tomás Álvarez  en

http://teresadoctora.blogspot.com/2012/11/moradas-terceras-cap-1.html,

también al comentario de Catalina Sastre en

https://www.youtube.com/watch?v=F5xZ4WpiJeI&t=42s, y

https://www.youtube.com/watch?v=i4Mh_rIwfQc&t=133s.

De Catalina Sastre os mandaré el contenido en audio mp3.

En las moradas terceras cita la santa dos textos bíblicos esenciales. El salmo 111,1 y Mateo 19,16-22 (encuentro con el joven rico). Yo me limito a comentar el segundo texto bíblico de referencia: EL JÓVEN RICO. 

El primero habla en positivo de quienes entran en la Tercera Morada. Se trata del salmo 111,1 (http://www.franciscanos.org/oracion/salmo111.htm) : “Bienaventurado quien teme al Señor y ama de corazón sus mandatos” (Es bueno leer todo el salmo y aprovechar algún momento de silencio y oración). Quien vive el salmo 111 es “justo, clemente y compasivo”, está con Cristo.

Tenéis las terceras moradas explicadas en el libro que seguimos de Antonio Mass, Acercar el cielo, que resumió para todos Macarena.

Del pasaje de "El joven rico" tienes un comentario y oración en la siguiente entrada de este blog.

Casto Acedo. Paduamerida@gmail.com.


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