Transcribo aquí las notas de la charla del primer día
· Empezamos un camino; un camino de oración. Es verdad que ya todos rezamos. De un modo u otro todos rezamos. Podríamos empezar por ahí, comunicando cada uno cómo y cuándo reza. (tiempo para compartir)
· Rezar –podríamos decir- es “estar-comunicar con Dios”. Normalmente lo entendemos como un movimiento que va de mí mismo hacia Dios; y lo hago :
o Con los labios (oración vocal: privada o litúrgica)o Con la mente (meditación: imagino a Dios; me situó ante Jesús)
o En solitario (oración personal, íntima)
o En común (oración comunitaria)
· En todos los modos de oración podemos caer en un círculo llamado “rutina”… Los ritos son buenos y necesarios (me ahorran tener que pensarme y organizarme cada día), pero si degeneran en “rutinarismo” acaban por desfondarnos. Se impone despertar la conciencia para vivir en profundidad todos los momentos de la vida.
· He dicho “despertar la conciencia”… Y esta expresión nos puede introducir ya en lo que llamamos “oración contemplativa”, otro modo de oración común en y de nuestra tradición cristiana. Oración de contemplación es “orar desde la toma de conciencia de lo que somos y de dónde estamos”… Contemplar es “mirar”, “observar”… Como se observa una obra de arte, o un paisaje, o una puesta de sol… Contemplar es ver la realidad tal y como es, no “como creemos que es” o “como quisiéramos que fuera”. (Iremos comprendiendo esto con el tiempo, porque es difícil de explicar, por eso necesitamos contemplar).
· Hoy sólo vamos a apuntar unas breves ideas. La primera es acerca de nosotros mismos, de nuestra persona. Observar este cuadro que nos ofrece una visión del hombre muy cercana a la que santa Teresa nos da en el libro de Las moradas:
o También junto a Dios se señala el CENTRO PERSONAL DE MI SER(mi “yo profundo”, real).
o En las afueras encontramos una palabras que nos remiten a otras realidades: Mente (yo mental), afectos y emociones (yo emocional), cuerpo (yo corporal-físico), ambiente (mis circunstancias).
· Vivir profundamente es vivir todos los aspectos de mi vida desde mi “yo profundo” (con Dios, desde Dios):
o Situarme adecuadamente en mi ambiente geográfico y social,o Sentirme dueño de mi cuerpo, gozar de él y de mis sentidos,
o Gestionar logradamente mis sentimientos, emociones, estados de ánimo,
o Ser dueño de mis pensamientos (que no me dominen las obsesiones mentales)
o Conocer mi “yo profundo”… donde habita Dios.
· ¿Cómo lograr una vida así? Lo primero decir que “es un regalo de Dios”; no está en nuestras manos llegar a lograrla. Aunque sí se nos indica un camino para mostrar a Dios nuestra buena disposición (una ascesis, la práctica de unas virtudes, “comprar el billete de la lotería”, si no lo adquirimos Dios no suele dar el premio; pero también es cierto que el hecho de adquirirlo no nos garantiza que seremos premiados).
· La ascesis o “virtud” va acompañada de muchas otras; nosotros hoy señalamos dos que creemos importantes:
* Primero humildad. Dios no necesita de nosotros. Nosotros sí le necesitamos. Por tanto, ¡”somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer!”. Quien no se acerca así a la oración corre el peligro de desanimarse al no ver los frutos…
* Segundo perseverancia. Tomar una “determinada determinación” de ponernos en ejercicio de oración con una disciplina a prueba de cansancios y sinsentidos.
Conclusión: este camino se inicia con estas dos premisas: humildad (renuncia al os propios méritos y fuerzas, obediencia al proyecto que se propone) y perseverancia (Constancia, renuncia al "mariposeo" y a la discontinuidad, valorar el día a día de la práctica de la meditación).
¡Buen camino a todos!
Casto A.
Casto A.


No hay comentarios:
Publicar un comentario