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jueves, 26 de octubre de 2017

¡Bienvenidos!


Ayer comenzamos a hacer meditación en Mérida. Desde aquí quiero dar la bienvenida  los que se han añadido a nuestro grupo: Lola, Pepín y Vale, Caridad, Leticia, Carmen y Nico. Creo que no olvido a ninguno. Hemos quedado en vernos cada quince días los miércoles  (próximo el 8 de noviembre) a las 7,30, en la Parroquia de san Antonio.
 
Iniciamos el mismo proceso del año pasado, y, por tanto, los mismos temas y los mismos audios. Los comunicados irán aquí, volviendo a enlazar entradas que los veteranos ya conocéis del otro blog.
 
 
Que os vaya bonito a todos. Y ... ¡Buena meditación! No deis de lado a la práctica. Lo es todo en esto.
 
Casto Acedo. Oct 17

lunes, 23 de octubre de 2017

Discernir la oración con San Pedro de Alcántara


Vuelvo a enlazaros el texto de san Pedro de Alcántara que ya conocéis, aunque para muchos que se unieron más tarde al grupo será novedad. . Os lo transcribo en letra roja con comentarios míos en azul

Tras un tiempo de experimentar el silencio meditativo y haber sentido sus beneficios (si no fuera así no creo que siguierais en el grupo), llega el momento de la rutina, el cansancio, el aburrimiento… ¿Sigo o lo dejo? Es la pregunta-trampa. He aprendido con la inteligencia que hay “noches oscuras”, aunque no llego a entender su sentido; en esos momentos de sequedad toca poner en marcha el corazón, o sea, la voluntad; no olvides que en latín “volo” –de donde viene voluntad-. significa “querer”.

Ejercitarse en la voluntad supone seguir los pasos que Dios quiere para mí, no lo que yo quiero (normalmente confundo este “quiero” mío con “me apetece” o “me gusta”). San Pedro de Alcántara nos lo explica así:
 San Pedro de Alcántara
Tratado de oración y meditación
CAPÍTULO V.

DE ALGUNOS AVISOS NECESARIOS PARA LOS
QUE SE DAN A LA ORACIÓN

Aviso primero

Comienza el santo reconociendo que no es fácil llegarse a Dios, y sin una conveniente dirección (guía) y consejos para no perderse en el camino. O sea, que sin mapa de la carretera y sin humildad para dejarnos guiar por los caminos adecuados,  es casi un imposible.

Una de las cosas más arduas y dificultosas que hay en esta vida es saber ir a Dios y tratar familiarmente con él. Y por esto no se puede este camino andar sin alguna buena guía, ni tampoco sin algunos avisos para no perderse en él, y por esto será necesario apuntar aquí algunos con la nuestra acostumbrada brevedad….

1.- El primer consejo o aviso que da el santo es que sobre el “para qué” de la oración. Y previene de la reducción “filosófica” de la oración: buscarse a sí mismos y amarse a sí mismos. Es este un engaño lógico cuando se practica “meditación sin Dios”, es decir, cuando se reduce la meditación (también alude a la celebración de Sacramentos) a una serie de técnicas orientadas a encontrar un “lugar estufa” donde aislarme de mis preocupaciones y problemas; algo muy propio de la Nueva Era. Menciona aquí san Pedro de Alcántara que estamos ante una versión espiritual de los pecados capitales (avaricia, lujuria y gula espiritual) tan peligrosa como la versión sensual.

Entre los cuales, el primero sea acerca del fin que en estos ejercicios se ha de tener. Para lo cual es de saber que (como esta comunicación con Dios sea una cosa tan dulce y tan deleitable, según dice el Sabio) de aquí nace que muchas personas atraídas con la fuerza de esta maravillosa suavidad (que es sobre todo lo que se puede decir) se llegan a Dios y se dan a todos los espirituales ejercicios, así de lección como de oración y uso de Sacramentos, por el gusto grande que hallan en ellos, de tal manera, que el principal fin que a esto les lleva es el deseo de esta maravillosa suavidad. Éste es un muy grande y muy universal engaño en que caen muchos. Porque como el principal fin de todas nuestras obras haya de ser amar a Dios y buscar a Dios, esto más es amar a sí y buscar a sí, conviene saber, su propio gusto y contentamiento, que es el fin que los filósofos pretendían en su contemplación. Y esto es también -como dice un Doctor- un linaje de avaricia, lujuria y gula espiritual, que no es menos peligrosa que la otra sensual.

2.- Luego dice algo muy importante para nosotros a partir de este segundo año en que el cansancio de la práctica de meditación diaria puede hacer mella: no sentir gustos ni regalos en la oración no es signo de no estar haciendo lo correcto. No os juzguéis a vosotros como malos orantes si no vivis experiencias dulces y consoladoras; tampoco os juzguéis como más santos, ni juzguéis a nadie como tal, en razón de estas experiencias. Santa Teresa tuvo muchas de estas experiencias (también tuvo sus noches oscuras, aunque se mencionan menos), pero su santidad no se debe a esos dones de Dios sino a la búsqueda de la voluntad de Dios sobre la propia; fue vaciándose de su “volo” (querer, amar, voluntad) para que ese espacio lo fuera ocupando el “volo” de Dios. Así lo dice san Pedro:

…Y lo que es más, de este mismo engaño se sigue otro no menor, que es juzgar el hombre a sí y a los otros por estos gustos y sentimientos, creyendo que tanto tiene cada uno más o menos de perfección, cuanto más o menos gusta de Dios, que es un engaño muy grande. Pues contra estos dos engaños sirve este aviso y regla general: que cada uno entienda que el fin de todos estos ejercicios y de toda la vida espiritual es la obediencia de los mandamientos de Dios y el cumplimiento de la divina voluntad, para lo cual es necesario que muera la voluntad propia, para que así viva y reine la divina, pues es tan contraria a ella…. 


3. ¿Qué sentido tienen entonces las experiencias  humanamente gratificantes que se pueden dar en la oración? La razón es que se trata de signos que Dios nos da para hacernos saber que está cerca de nosotros en esta lucha por vivir según su voluntad. Y si es para este fin no hay inconveniente en pedirle esos dones a Dios, sobre todo en los momentos en que nos abate la oscuridad. Eso sí, siempre con un “que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. Vuelve a insistir reiterativamente el santo en que no son los gustos sino la conformidad con la voluntad de Dios libremente aceptada (lo que supone exiliar los propios gustos y voluntades) lo que determina la calidad de nuestra oración.

…Y porque tan gran victoria como ésta no se puede alcanzar sin muy grandes favores y regalos de Dios, por esto principalmente se ha de ejercitar la oración, para que por ella se alcancen estos favores y se sientan estos regalos para salir con esta empresa. Y de esta manera y para tal fin se pueden pedir y procurar los deleites de la oración  (según arriba dijimos), como los pedía David cuando decía: Vuélveme, Señor, la alegría de tu salud, y confírmame con tu espíritu principal (Ps.50,14). Pues conforme a esto, entenderá el hombre cuál ha de ser el fin que ha de tener en estos ejercicios, y por aquí también entenderá por dónde ha de estimar y medir su aprovechamiento y el de los otros, conviene saber, no por los gustos que hubiere recibido de Dios, sino por lo que por él hubiese padecido, así por hacer la voluntad divina, como por negar la propia.

Que éste haya de ser el fin de todas nuestras lecciones y oraciones, no quiero traer para esto más argumentos que aquella divina oración o salmo: Beati immaculati in via (Ps.118,1), que teniendo ciento setenta y siete versos (porque es el mayor del salterio) no se hallará en él uno solo que no haga mención de la ley de Dios y de la guarda de sus mandamientos, lo cual quiso el Espíritu Santo que así fuese, para que por aquí viesen los hombres cómo todas sus oraciones y meditaciones se habían de ordenar en todo y en parte a este fin, que es la obediencia y guarda de la ley de Dios, y todo lo que va fuera de aquí, es uno de los muy sutiles y más colorados engaños del enemigo, con el cual hace creer á los hombres que son algo, no siéndolo.

Por lo cual dicen muy bien los Santos que la verdadera prueba del hombre no es el gusto de la oración, sino la paciencia de la tribulación, la abnegación de sí mismo y el cumplimiento de la divina voluntad, aunque para todo esto aprovecha grandemente así la oración como los gustos y consolaciones que en ellas se dan.


4.- Finalmente invita a un examen personal acerca de la propia oración, con unas cuestiones concretas que ya el año pasado comentábamos en abundancia. Lo primero es  que miremos si vamos creciendo en humildad,que se manifiesta interiormente en una consideración equilibrada de nosotros mismos y en la capacidad de “sufrir las injusticias de los otros” (no se afirma que haya que promover esto), y exteriormente en la manera de relacionarnos con los demás, ayudándoles cuando nos necesitan, aceptándolos tal como son, con sus defectos y virtudes; también se ve la  humildad en el modo de soportar los momentos duros de la vida,  en la ausencia de críticas innecesarias (¿cómo rige su lengua?), en saber cuidar la vida afectiva (¿cómo guarda su corazón?), en luchar contra la dictadura de la sensualidad (dominar la carne), etc… ,

… Pues, conforme a esto, el que quisiere ver cuánto ha aprovechado en este camino de Dios, mire cuánto crece cada día en humildad interior y exterior. ¿Cómo sufre las injusticias de los otros? ¿Cómo sabe dar pasada a las flaquezas ajenas? ¿Cómo acude a las necesidades de sus prójimos? ¿Cómo se compadece y no se indigna contra los defectos ajenos? ¿Cómo sabe esperar en Dios en el tiempo de la tribulación? ¿Cómo rige su lengua? ¿Cómo guarda su corazón? ¿Cómo trae domada su carne con todos sus apetitos y sentidos? ¿ Cómo se sabe valer en las prosperidades y adversidades? ¿Cómo se repara y provee en todas las cosas con gravedad y discreción? …


5.- Y otra cuestión a analizar es la de la propia imagen, el propio “ego” (amor de la honra, del regalo y del mundo). Un elemento importante es que te preguntes si vas aceptándote cada día más como eres, más allá de querer proyectar ante los demás una imagen ideal de ti mismo que, a la larga, te esclaviza haciéndote decir y hacer lo que no quieres. Todo por temor al qué dirán, al rechazo, a sentirte solo.
Es verdad que ser tú mismo lleva a veces consigo incomprensiones, soledad, dudas de si no me estaré equivocando,… Es la experiencia de Jesús en Getsemaní: Soledad, abandono (se sentía incluso abandonado del Padre)… Es la “muerte del ego”, la mortificación, ¡habría que recuperar el significado de esta palabra como ejercicio de arrojar fuera de ti todo lo que te mata!. Ahora bien, eso que te anula y te mata,  tu “falso yo”,  no se va a retirar como si nada; luchará por seguir instalado en ti, por dominarte con el engaño de los pensamientos y las emociones; te dirá que te engañas a ti mismo si crees en la verdad de Dios, porque tú eres Dios...; ¡usa tu inteligencia!; también te dirá tu ego que has nacido para disfrutar, ¿No escuchas muy a menudo eso de “tengo derecho a disfrutar” como argumento para evadirse de las responsabilidades?
 Pero Dios te dice que tú no eres tus pensamientos; ya decía B. Pascal que el corazón tiene razones que la razón no comprende. Y tampoco eres tus emociones, ni las gratificantes ni las dolorosas; las emociones y los pensamientos son parte de ti, pero tú eres más que inteligencia y sentimientos, eres tú mismo, “imagen de Dios”; lo más grande, lo más fuerte y duradero de ti está muy dentro de ti mismo; como dice santa Teresa, lo que te da valor es que  tu “alma es como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, … un paraíso adonde dice Él tiene sus deleites” (1 Moradas 1,1). La puerta para entrar en ese paraíso interior que eres tú, donde -¡pásmate!- Dios mismo tiene sus deleites, es la oración.

 …Y, sobre todo esto, mire si está muerto el amor de la honra, y del regalo, y del mundo, y según lo que en esto hubiere aprovechado o desaprovechado, así se juzgue, y no según no que siente o no siente de Dios. Y por esto siempre ha de tener él un ojo, y el más principal en la mortificación, y el otro en la oración, porque esa misma mortificación no se puede perfectamente alcanzar sin el socorro de la oración….

 
Creo que merece la pena que tomes conciencia de lo te dice  san Pedro de Alcántara, extremeño, paisano nuestro por tanto, y maestro de santa Teresa de Ávila. Bueno es que medites, que dediques tiempo a silenciar la mente y el corazón para dar paso a Dios. Pero también es bueno que te pares a evaluar tu oración, no tanto valorando los gustos y regalos cuanto los cambios que se van danto en tu vida (conversión a Dios y al prójimo).

En este segundo año, menos propenso a sorprenderte por los avances en tu meditación, toca hacer oración contemplativa siguiendo la voluntad de Dios más allá de tus gustos y caprichos. Habrá momentos en que no encuentres un por qué  ni un para qué orar. A pesar de ello  te invito a perseverar. ¿Por qué tienes que hacerlo? Te respondo con las palabras de Jesús a san Pedro, que no entendía por qué Jesús, el maestro, tenía que lavarle los pies:  «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?». Jesús le replicó: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde». Pedro le dice: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Simón Pedro le dice: «Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza». (Jn 13,6-9). Orar, más que hacer, es “dejar hacer a Jesús”; para ello sólo tienes que descalzarte y poner los pies bajo el agua que Él  te acerca. Entiende así la oración; como un don que Jesucristo, Dios encarnado, se te acerca. Te parecerá impropio de Dios tanta humildad. Es su forma de hacer contigo. No dejes de poner tus pies ante él, tu vida entera, para que la purifique con el agua de su gracia. Eso es orar.

Por tanto, sé constante: no lo entiendes ahora, pero lo entenderás más tarde.


Casto Acedo. Febrero 2017.

viernes, 20 de octubre de 2017

Orar con el cuerpo (II)


Os paso las notas-esquema del tema 2 del libro que vamos siguiendo en nuestra formación de los jueves alternos.
 
LA ORACION Y EL CUERPO  (2)
 
 
·        Salud corporal y vigor espiritual íntimamente vinculados. Por eso, cuando se atraviesa una crisis espiritual (depresión, bajón) es aconsejable tomarse unos días de ejercicios físicos y contacto con la naturaleza…. Esto no basta, pero ayuda mucho.

· No es extraña la enfermedad en el orante. Y tampoco es extraño hallar espíritus fuertes en cuerpos debilitados. El cuerpo orante es, con frecuencia, un cuerpo enfermo. Santa Teresa decía que no se entra en la séptima morada (cima de la vida mística) sin muchas flaquezas y dolores físicos. (Tal vez se refiera a que sin pasar por la pasión no se llega a la resurrección).

·        Los cuerpos doloridos de los místicos eran muy propensos a la oración, como el cuerpo de Jesús crucificado. Pensemos en san Pablo apaleado, abofeteado, enfermo…, o en los estigmas de san Francisco de Asís….

·        Lo cierto es que cuando uno experimenta la debilidad del dolor y de la enfermedad tiene un camino abonado para la oración, tiene un “cuerpo orante”.

·        Es importante la preparación física para la oración, pero ¿qué significa eso de “cuerpo orante”?

o   Volvamos al inicio: “la experiencia religiosa es fundamentalmente la de un enamorarse incondicional y sin condiciones”. Y ese amor no es cosa solo del espíritu sino también del cuerpo.

o   Un cuerpo que ora es un cuerpo que ama, un cuerpo penetrado de ese amor sin condiciones ni límites. Un cuerpo lleno del “espíritu de amor”: “Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte” (Flp 1,20). “Glorificad a Dios en vuestro cuerpo” (1 Cor 6,20).

o   Cuando hayamos entendido esto comprenderemos la paradoja ignaciana de hacer cuanto podamos para conservar la salud, pero aceptar la enfermedad como un don de Dios cuando viene.


·        ¿Qué he de hacer para tener “un cuerpo que ama”? Sólo estar abierto a la conversión del cuerpo. Metanoia = cambiar de mentalidad, pasar del pecado y el error a la vida de Dios, cambiar el corazón de piedra por uno de carne…. Conversión intelectual, moral y religiosa.  … También hay, y vamos a hablar de ello, una conversión corporal o física que nos lleva a amar y aceptar nuestro cuerpo.

·        San Pablo: “amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia,  porque somos miembros de su cuerpo” (Ef 5,28-30). También deberíamos volvernos a los demás, que son “cuerpo de Cristo”… Convertirnos, pues a nuestro cuerpo (no odiarlo) y al cuerpo de Cristo (abiertos al encuentro con los demás)….

·        Todo esto lleva consigo apartarse del pecado que nace de la tendencia humana a odiar nuestros cuerpos, el universo material y el cuerpo de Cristo… algo que tiene como consecuencia que nos cueste aceptar el misterio de la encarnación (que Dios asumiera realmente un verdadero cuerpo humano).

·        Esta conversión al cuerpo (encarnación) es la clave de la religión cristiana. … Ya mencionamos el “docetismo”…. Este error sigue estando presente en el mundo. Afirmamos la encarnación con los labios, ¿pero la aceptamos profundamente en nuestro interior? … Hemos de procurar que con la meditación este misterio penetre en nuestra mente, pensamientos y cuerpos…. Hasta hacernos sentir y comprender que “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”… Hemos de desmentir toda teoría que proclame la maldad de lo material.


·        Es interesante que en el siglo V (Éfeso y Calcedonia) los cristianos se fijaran  de modo especial en la virgen María y le dieron el título de Theotokos (Madre de Dios), y no simplemente Cristotokos (Madre de Cristo); evitaban así dividir a Jesús en dos partes: una divina y otra humana. El concilio de Éfeso es hoy tan importante como en el siglo V.

* * *

·        Algunas conclusiones  prácticas:

o   “Encana tu oración”…Una oración enteramente humana. La oración mística no es una oración de puro espíritu; el silencio, la oscuridad, el vacío místicos, están profundamente encarnados.

o   Para encarnar la oración pon en sitio preferente estas dos mesas;

§  La mesa de la palabra: No quiere decir que la paklabra esté siempre en la mente, pero sí que en el silencio siempre encuentre espacio para hablar. Es bueno leer las Escrituras y que nos impregnemos de imágenes arquetípicas de la Biblia.

§  La mesa de la Eucaristía: Celebración y oración ante el Santísimo, proclamando la presencia divina y humana de Jesús.

§  La mesa de la vida: Que tu vida (acontecimientos diarios, dudas, alegrías, dificultades, … y acontecimientos del mundo) fluya en la oración y la alimente, como María “que guardaba todas estas cosas en su corazón” (Lc 2,19)


·        Si practicas así tu oración se seguirán consecuencias: ante todo descubrirás que la oración conduce a una comunidad de amor humano. En esto conocerán que oráis, en que os amáis unos a otros … No puedes saber si amas a Dios, pero puedes tener una idea de si amas al prójimo o no.

·       Haz que en el centro de tu oración crezca una comunidad de amor, de preocupación por la armonía de tu familia, del grupo, de la parroquia; de amoroso interés por los pobres y afligidos, torturados y oprimidos …por el cuerpo de Cristo que sufre en la tierra… Sé consciente de los grandes problemas del mundo: amenaza nuclear, terrorismo, guerras,  refugiados… Lleva todo esto a la mesa de tu oración.

·        No te olvides de conceder un puesto de honor a María, la Madre de Dios. Ella te conducirá a las tres mersas y al amor por el mundo que padece.

·        Cuidar tu cuerpo, sentirlo como parte activa de tu ser todo y de tu oración, no es sólo un consejo saludable físicamente. No. Te conducirá a amar de una manera más práctica tu cuerpo, el universo material y el cuerpo de Cristo.

Nota: Para la próxima semana colgaré el texto de san Pedro de Alcántara que leímos y comentamos.
Buena semana, meditadores.
Casto Acedo, Octubre 2017.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Orar con el cuerpo (I)

Va el resumen del tema 2 del libro que seguimos. No dejéis de leerlo y releerlo. Y sobre todo no dejéis de hacer vuestro día a día de silencio meditativo.
 
 
LA ORACION Y EL CUERPO 
·        “Orar es elevar la mente y el corazón a Dios” (Catecismo). Definición histórica y culturalmente condicionada.

 
·        Hoy tenemos una conciencia muy distinta acerca del cuerpo y su significado: lenguaje corporal, conocimiento de “lo sabio que es el cuerpo”. Si contactamos con él  nos dice qué comer, lo que nos conviene, la necesidad de un descanso adecuado, las consecuencias del abuso en comidas o en trabajo, etc…

 
·        Si pregunto a un psicólogo qué debo hacer para sintonizar con mi cuerpo... seguro que  me responde: “Medita”.

 
·        El cuerpo (la química del cuerpo) desempeña un papel fundamental en la vida emocional y religiosa…. Sabemos el efecto de muchas sustancias químicas para nuestro ánimo; sabemos que respirar con dificultad nos angustia y respirar sereno nos pacifica; hay una relación muy íntima entre nuestro cuerpo y nuestra “anima”.

 
·        Por otro lado, nunca se ha rendido tanto culto al cuerpo como hoy… tal vez se da hacia él una focalización excesiva.

 
·        Y todo esto afecta a nuestra manera de enfocar la oración; alimentación, salud, respiración, nervios, comida… todo esto incide en nuestra vida de oración (“mens sana in corpore sano” ¿oración sana en un cuerpo sano?).

 
·        La meditación es una actividad holística (entra en juego la totalidad de la persona: mente, corazón y cuerpo) … Ama a Dios no sólo con una parte de ti sino con todo tu ser.

 
·        Ejemplos bíblicos de oración con gestos hay en abundancia: Moisés alzando las manos durante la batalla (Ex 17,12), María, hermana de Moisés,  tocando y danzando para alabar a Dios (Ex 15,16), El niño Juanque salta de gozo en el seno de Isabel al llegar María a casa de Isabel; la mujer pecadora que inclinada lavó los pies de Jesús con sus lágrimas, y lo secó con sus cabellos; la actitud de Marta “sentada a los pies” 

 
·        El ideal del cuerpo orante siguió vivo en la tradición cristiana, sobre todo en la monástica. Para orar se requieren ciertos hábitos corporales: ayuno, dieta vegetariana, no-alcohol, trabajo manual en el campo, periodos de silencio riguroso…


·        Sin embargo, pese a su valor, con esta ascética se fue creando un cierto desprecio al cuerpo que fue poco a poco ganando terreno en la conciencia cristiana. Ya en el NT encontramos los “docetistas” que negaban la realidad del cuerpo de Jesús… Algunos “gnósticos” también negaban el valor del cuerpo: superioridad de los pneumáticos(espirituales) sobre los hilicos(corportales)  y psíquicos (animales)…. Los escritos de san Juan dan buena cuenta de estos “espiritualistas” … “En esto podréis conocer el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios;  y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios: es del Anticristo” (1 Jn 4,2-3)

 
·        La idea dualista de que lo material es malo seguiría ejerciendo un pernicioso influjo en el pensamiento cristiano. Platonismo, neoplatonismo… dejaron su impronta en san Agustín… De esta concepción platónica derivan costumbres como disciplinas, cilicios, flagelaciones, etc… Muchas personas piadosas llegaron a hablar incluso de un santo odio al cuerpo. (ejemplo no cristiano: Mahatma Gandhi)

 
·        La antigua ascética perduró siglos, pero no pudo con el empuje de la ciencia médica y psicológica del siglo XX. Freud y Jung nos hacen ver que aquellas austeridades ascéticas llevaban frecuentemente a la neurosis y otros trastornos psíquicos. Se comenzó entre cristianos a buscar una ascética que –sin abandonar lo bueno de la antigua- integrara lo apreciable de lo nuevo. Nosotros formamos parte de esa búsqueda.

 
·        La antigua ascética tendía a reprimir el instinto humano (hoy sabemos lo desastrosa que es toda represión. Reprimir el temor, el enojo, enojo, la alegría (¡hay personas que tienen miedo amostrarse alegres!), la sexualidad, … puede dar orígenes a determinados desórdenes psicológicos, e incluso a la depresión.

 
·        Estamos pasando de una espiritualidad de control (jinete que controla al caballo) a otra de aceptación e integración. ¿Cómo alcanzar la integración? Necesitamos:

 
o   Ayuda psicológica… para hacer un repaso a la historia de tu vida.
o   Ayuda escribir un diario… paera identificar los desfases.
o   También ayuda pintar o dibujar (mandala)
o   En fin: desarrollar cualquier actividad creativa y creadora… El contemplativo siempre es creativo.
 
 

 

·        Hemos dicho que la química del cuerpo es importante… Pero ¡cuidado con las drogas para inducir estados o experiencias religiosas!... Mejor que las drogas es:

 
o   Adiestrar el cuerpo adoptando un estilo de vida que facilite la oración,
o   Cuidarse en la comida y la bebida
o   Aprender a respirar
o   Aprender a ser consciente del cuerpo
o   Es bueno practicar algún deporte.
o   También puedes recurrir a alguna disciplina asiática (yoga, ejercicios respiratorios o pranayama,  postura del Loto, Tai chi),  pero no las confundas con la meditación propiamente dicha.

 
·        Para aunar la química del cuerpo con tu estado espiritual puedes practicar también la marcha, el camino, la peregrinación (cf El peregrino ruso)…  en la que al andar vas descubriendo tu propio ritmo interior… Te puedes ayudar de alguna frase (El peregrino decía “Señor, Jesús, ten compasión de mí”)…
·  Ve, pues, a pasear por el campo. Y mientras lo haces, recita rítmicamente esta frase: “Dios ama a N. (pones tu nombre)”. Repítelo una y otra vez esas palabras hasta que lleguen a formar parte de tu cuerpo y se reciten por sí mismas… Percibirás entonces como nunca que Dios te ama realmente y que eres dichoso.
Buena semana meditativa.
Nos vemos el Jueves 19 de Octubre. 
Casto Acedo. Octubre 2017.