Hoy también doble ración.

31.
CÓMO HAN DE CONDUCIRSE LOS PRINCIPIANTES EN LA CONTEMPLACIÓN CON RESPECTO A SUS PENSAMIENTOS E INCLINACIONES AL PECADO
Cuando creas que has hecho lo que has podido para enmendar tu vida de acuerdo con las leyes de la Iglesia, entrégate apasionadamente a la actividad contemplativa. Y si el recuerdo de tus pecados pasados o la tentación de cometer otros nuevos rondara tu mente, formando un obstáculo entre ti y tu Dios, aplástalos con tus pies y pasa con decisión por encima de ellos. Intenta sepultar el pensamiento de estas obras bajo la espesa nube del olvido como si tú o cualquier otro nunca las hubiera realizado. En una palabra: tan pronto como surjan estos pensamientos, habrás de rechazarlos.
Si llegares a sentirte duramente fatigado probablemente comenzarás a investigar las técnicas, los métodos y las secretas sutilezas de las ciencias ocultas para que te ayuden a controlarlos. Pero, créeme, las técnicas para controlar tus pensamientos se aprenden mejor de Dios a través de la experiencia que de cualquier hombre en esta vida.
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DE DOS RECURSOS
ESPIRITUALES QUE PUEDEN APROVECHAR A LOS PRINCIPIANTES EN LA CONTEMPLACIÓN
Te hablaré también un poco
sobre dos técnicas para dominar las distracciones. Pruébalas y mejóralas si
puedes.
Cuando te sientas molestado
por pensamientos impertinentes, trata de no enterarte de su presencia ni de
cómo se han colado entre ti y tu Dios. Mira más allá de ellos -por encima de
sus hombros, como si dijéramos- como si estuvieras contemplando algo distinto,
como así es en verdad. Pues más allá de ellos está oculto Dios en la oscura
nube del no-saber. Haz esto y estate seguro de que pronto te sentirás aliviado
de la angustia que te producen.
Te puedo garantizar la
ortodoxia de esta técnica, porque en realidad significa un anhelo hacia Dios,
un ansia de verlo y gustarlo en cuanto es posible en esta vida. Y un deseo como
este ya es amor, que siempre trae paz.
Existe otra estrategia que
deberías intentar también. Cuando te sientas totalmente exhausto de luchar
contra tus pensamientos, dite a ti mismo: «Es inútil luchar más con ellos», y
después ríndete a sus pies como un cobarde o cautivo. Pues, al hacer esto, te
encomiendas a Dios en medio de tus enemigos y admites la radical impotencia de
tu naturaleza.
Te aconsejo que recuerdes esta
estratagema particular, pues al emplearla te haces completamente dócil en las
manos de Dios.
Y ciertamente, cuando esta actitud es auténtica, equivale a un
autoconocimiento, ya que te ves a ti mismo como realmente eres, una miserable y
corrompida criatura, menos que nada sin Dios.
Es, en realidad, una humildad
experiencial. Cuando Dios te ve apoyado sólo en esta verdad, no puede menos que
apresurarse a ayudarte desquitándose en tus enemigos. Luego como padre que
corre a rescatar a su hijo pequeño de las mandíbulas del jabalí o de los osos
salvajes, te cogerá y te estrechará en sus brazos, enjugando tiernamente tus
lágrimas espirituales.
* * *
NOTAS
Comentando los versos que canta “Nuestro lecho florido, / de cuevas de leones enlazado, / en púrpura
tendido, / de paz edificado, /de mil escudos de oro coronado”, habla san Juan
de la Cruz de “echar fuera todo temor”. El perfecto amor lo hace. Es un modo de
decir que cuando se pone la mirada en el Amado, cosa que hace el amante
perfecto, los temores, ideas, pensamientos y demás obstáculos a la meditación, quedan a un lado. Habla del
Esposo, Hijo de Dios, como lecho donde recostada el alma se le comunica el
Amado” (cf 2N 24,3). Comenta que este lecho es “de paz edificado” dice el santo:
”Pone aquí la cuarta excelencia
de este lecho, que depende en orden de la tercera que acaba de decir; porque la
tercera era perfecto amor, (y del perfecto amor), cuya propiedad es echar fuera
todo temor, como dice san Juan (1 Jn. 4, 18), sale la perfecta paz del alma,
que es la cuarta propiedad de este lecho, como dijimos. Para mayor inteligencia
del cual es de saber que cada una de las virtudes de suyo es pacífica, mansa y
fuerte, y, por el consiguiente, en el alma que las posee hacen estos tres
efectos, conviene a saber: paz, mansedumbre y fortaleza. Y porque este lecho
está florido, compuesto de flores de virtudes, como habemos dicho, y todas
ellas son pacíficas, mansas y fuertes, de aquí es que está de paz edificado, y
el alma pacífica, mansa y fuerte, que son tres propiedades donde no puede
combatir guerra alguna, ni de mundo, ni de demonio, ni de carne. Y tienen las
virtudes al alma tan pacífica y segura, que le parece estar toda ella edificada
de paz." (Cántico 24,8).
Tras citar las lamentaciones de Jeremías
3,1-20, el libro de Job 12,22 y Salmo 138,12 y 142,4-4, viene a decir san Juan de la Cruz, en un número bastante amplio del que recojo una parte, que todas las pruebas de la noche son
purgación para el alma a fin de purificarla y hacerla dócil a Dios. Las dixtracciones y sequedades en la oración son parte de la noche que Dios permite como purificación para llegar a la unión: “Hasta que el
Señor acabe de purgarla de la manera que él lo quiere hacer, ningún medio ni
remedio le sirve ni aprovecha para su dolor; cuánto más, que puede el alma tan
poco en este puesto como el que tienen aprisionado en una oscura mazmorra atado
de pies y manos, sin poderse mover ni ver, ni sentir algún favor de arriba ni
de abajo, hasta que aquí se humille, ablande y purifique el espíritu, y se ponga
tan sutil y sencillo y delgado, que pueda hacerse uno con el espíritu de Dios,
según el grado que su misericordia quisiere concederle de unión de amor, que
conforme a esto es la purgación más o menos fuerte y de más o menos tiempo”. (Noche
7,3).
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Mayo 2024
C.A.