Buscar en este blog

lunes, 29 de abril de 2024

NUBE DEL NO-SABER 24

 

24.

QUÉ SEA LA CARIDAD EN SÍ MISMA; Y CÓMO SE CONTIENE SUTIL Y PERFECTAMENTE EN EL AMOR CONTEMPLATIVO

Hemos visto que la perfecta humildad es una parte integral del puro y ciego amor del contemplativo. Siendo todo él impulso hacia Dios, este simple amor golpea incesantemente sobre la oscura nube del no-saber, dejando todo pensamiento discursivo bajo la nube del olvido.

Y así como el amor contemplativo fomenta la perfecta humildad, de la misma manera crea la bondad práctica, especialmente la caridad. Pues en la caridad verdadera uno ama a Dios por si mismo, por encima de todo lo creado, y ama a su hermano el hombre porque esta es la ley de Dios.

En la obra contemplativa, Dios es amado por encima de toda criatura pura y simplemente por él mismo. En realidad, el verdadero secreto de esta obra no es otra cosa que un puro impulso hacia Dios por ser él quien es.[1]

Lo llamo puro impulso porque es totalmente desinteresado. En esta obra el perfecto artesano no busca el medro personal o verse exento del sufrimiento. Desea sólo a Dios y a él solo.[2] Está tan fascinado por el Dios que ama y tan preocupado porque se haga su voluntad en la tierra, que ni se da cuenta ni se preocupa de su propia comodidad o ansiedad. Y esto porque, a mi juicio, en esta obra Dios es realmente amado perfectamente y por ser él quien es. Pues un verdadero contemplativo no debe compartir con ninguna otra creatura el amor que debe a Dios.

En la contemplación, además, también se cumple totalmente el segundo mandamiento de la caridad. Los frutos de la contemplación son testigos de esto aun cuando durante el tiempo real de la oración el contemplativo avezado no dirija su mirada a ninguna persona en particular, sea hermano o extraño, amigo o enemigo. En realidad, ningún hombre le es extraño, porque considera a cada uno como hermano. Y nadie es su enemigo. Todos son sus amigos. Incluso aquellos que le hieren o le ofenden en la vida diaria son tan queridos para él como sus mejores amigos y todos los buenos deseos hacia sus mejores amigos se los desea a ellos.

* * *
*
______________

[1] Hablando de los apetitos o apegos, dice san Juan de la Cruz que quien aspira a hacerse una voluntad con Dios ha de vaciarse de todos los “apetitos voluntarios, ahora sean de pecado mortal, que son los más graves; ahora de pecado venial, que son menos graves; ahora sean solamente de imperfecciones, que son los menores, todos se han de vaciar y de todos ha el alma de carecer para venir a esta total unión, por mínimos que sean. Y la razón es porque el estado de esta divina unión consiste en tener el alma, según la voluntad, con tal transformación en la voluntad de Dios, de manera que no haya en ella cosa contraria a la voluntad de Dios, sino que en todo y por todo su movimiento sea voluntad solamente de Dios”. Cuando se busca de verdad a Dios no se desea ninguna otra cosa, aunque  parezca muy lícita y buena; el alma ha de apetecer sólo a Dios. (1 Subida 11,2).

Más en concreto sobre este tema de la exclusividad de Dios en la fe y la oración, y más actual, es lo que dice san Juan de la Cruz cerca de quienes creen celebrar a tal o cual santo cuando en realidad su único interés es su propia diversión y contento. Parte el discurso del santo haciendo notar quequienes recibieron a Jesús con cantos y palmas al entrar en Jerusalén pocos días después pidieron su muerte:

“Recibiéndole con tantos cantares y ramos (Mt. 21, 9) y lloraba el Señor (Lc. 19, 41); porque, teniendo ellos su corazón muy lejos de él, le hacían pago con aquellas señales y ornatos exteriores. En lo cual podemos decir que más se hacían fiesta a sí mismos que a Dios, como acaece a muchos el día de hoy, que, cuando hay alguna solemne fiesta en alguna parte, más se suelen alegrar por lo que ellos se han de holgar en ella, ahora por ver o ser vistos, ahora por comer, ahora por otros sus respectos, que por agradar a Dios. En las cuales inclinaciones e intenciones ningún gusto dan a Dios, mayormente los mismos que celebran las fiestas cuando inventan para interponer en ellas cosas ridículas e indevotas para incitar a risa la gente, con que más se distraen; y otros ponen cosas que agraden más a la gente que la muevan a devoción.

Pues ¿qué diré de otros intentos que tienen algunos de intereses en las fiestas que celebran? Los cuales si tienen más el ojo y codicia a esto que al servicio de Dios, ellos se lo saben, y Dios, que lo ve. Pero en las unas maneras y en las otras, cuando así pasa, crean que más se hacen a sí la fiesta que a Dios; ...La causa por que Dios ha de ser servido es sólo por ser él quien es, y no interponiendo otros fines. Y así, no sirviéndole sólo por quien él es, es servirle sin causa final de Dios". (3 Subida 38,2-3)

[2] Comentando la estrofa “Pues ya si en el ejido / de hoy más no fuere vista ni hallada, / diréis que me he perdido; / que, andando enamorada, / me hice perdidiza, y fui ganada” dice san Juan de la Cruz: “El que anda de veras enamorado, luego se deja perder a todo lo demás, por ganarse más en aquello que ama; y por eso el alma dice aquí que se hizo perdidiza ella misma, que es dejarse perder de industria.

Y es en dos maneras, conviene a saber: a sí misma, no haciendo caso de sí en ninguna cosa sino del Amado, entregándose a él de gracia sin ningún interese, haciéndose perdidiza a sí misma, no queriendo ganarse en nada para sí; lo segundo, a todas las cosas, no haciendo caso de todas sus cosas, sino de las que tocan al Amado; y eso es hacerse perdidiza, que es tener gana que la ganen.

Tal es el que anda enamorado de Dios, que no pretende ganancia ni premio, sino sólo perderlo todo y a sí mismo en su voluntad por Dios, y ésa tiene por su ganancia; y así lo es, según dice san Pablo (Fil. 1, 21), diciendo: Mi morir por Cristo es mi ganancia, espiritualmente a todas las cosas y a sí mismo. Y por eso dice el alma: fui ganada, porque el que a sí no se sabe perder no se gana, antes se pierde, según dice Nuestro Señor en el Evangelio (Mt. 16, 25), diciendo: El que quisiere ganar para sí su alma, ése la perderá; y el que la perdiere para consigo por mí, ése la ganará.

Y si queremos entender el dicho verso más espiritualmente y más al propósito que aquí se trata, es de saber que, cuando un alma en el camino espiritual ha llegado a tanto que se ha perdido a todos los modos y vías naturales de proceder en el trato con Dios, que ya no le busca por consideraciones ni formas ni sentimientos ni otros medios algunos de criatura y sentido, sino que pasó sobre todo eso y sobre todo modo suyo y manera, tratando y gozando a Dios en fe y amor, entonces se dice haberse de veras ganado a Dios, porque de veras se ha perdido a todo lo que no es Dios, y a lo que es en sí” (Cantico 29, 10-11).

Abril 2024
C.A.

lunes, 22 de abril de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 23


23.

QUE EN EL CAMINO ESPIRITUAL DIOS CONTESTARÁ POR Y CUIDARÁ DE TODOS AQUELLOS QUE NO ABANDONAN SU CONTEMPLACIÓN PARA RESPONDER POR Y CUIDARSE DE SÍ MISMOS.

Te aseguro que si con la gracia de Dios y un consejo fiable nos esforzamos con toda el alma en modelar nuestro amor y nuestra vida a imagen de los de María Magdalena, nuestro Señor nos defenderá como la defendió a ella. Todo el que piense o hable contra nosotros sentirá el reproche del Señor en lo secreto de su conciencia. Esto no quiere decir que no tendremos nada que aguantar. Tendremos que sufrir mucho, como María. Pero digo que si no prestamos atención a ello y proseguimos pacíficamente nuestra obra contemplativa a pesar de las críticas, como ella lo hizo, nuestro Señor reprenderá a los que nos hieren en lo profundo de sus corazones. Si son personas sinceras y abiertas, no dudarán en sentirse avergonzadas de sus pensamientos y palabras en pocos días. [1]

Y así como él vendrá en nuestra ayuda espiritual, de la misma manera incitará a otros a procurarnos comida y vestido y satisfará las necesidades de la vida cuando vea que no dejamos la obra del amor para atender a tales cosas por nosotros mismos. Digo esto especialmente para refutar a los que erróneamente sostienen que nadie se puede dedicar a la vida contemplativa sin haber provisto antes a todas sus necesidades materiales. Dicen: «Dios envía la vaca, pero no por el cuerno».[2] Pero interpretan falsamente a Dios y ellos lo saben. Pues Dios nunca defrauda a los que verdaderamente abandonan los intereses mundanos para dedicarse a él. 

Puedes estar cierto de esto: él proporcionará una de las dos cosas a sus amigos. O recibirán en abundancia todo lo que necesiten, o les dará aguante físico y un corazón paciente para soportar la necesidad. ¿Qué más da que haga lo uno o lo otro? Le es todo lo mismo al verdadero contemplativo. Todo el que pone en duda esto, demuestra que el maligno ha robado la fe de su corazón o que todavía no está tan totalmente entregado a Dios como debiera, a pesar de ingeniosas y estudiadas apariencias en contrario.

Vuelvo a repetir una vez más a todo aquel que quiera ser un auténtico contemplativo como María: deja que sea la maravillosa trascendencia y bondad de Dios la que te enseñe la humildad, mejor que el pensamiento de tus propios pecados, pues entonces tu humildad será perfecta. Atiende más a la soberanía absoluta de Dios que a tu propia miseria. Y recuerda que los que son perfectamente humildes no carecerán de nada de cuanto necesitan, sea en el orden espiritual o material. Dios les pertenece y él es su todo. Quien posee a Dios, como atestigua este libro, no necesita otra cosa en esta vida
_______________________

[1] “Cuando alguna alma tuviese algo de este grado de solitario amor, grande agravio se le hacía a ella y a la Iglesia si, aunque fuese por poco espacio, la quisiesen ocupar en cosas exteriores o activas, aunque fuesen de mucho caudal. Porque, pues Dios conjura que no la recuerden de este amor, ¿quién se atreverá y quedará sin reprensión? Al fin, para este fin de amor fuimos criados.
Adviertan, pues, aquí los que son muy activos, que piensan ceñir al mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios, dejado aparte el buen ejemplo que de sí darían, si gastasen siquiera la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración, aunque no hubiesen llegado a tan alta como ésta. Cierto, entonces harían más y con menos trabajo con una obra que con mil, mereciéndolo su oración, y habiendo cobrado fuerzas espirituales en ella; porque de otra manera todo es martillar y hacer poco más que nada, y a veces nada, y aun a veces daño. Porque Dios os libre que se comience a envanecer la sal (Mt. 5, 13), que, aunque más parezca que hace algo por de fuera, en sustancia no será nada, cuando está cierto que las obras buenas no se pueden hacer sino en virtud de Dios”.(San Juan de la Cruz, Cántico espiritual 29, 3

[2] Forma medieval del refrán “Dios ayuda a los que se ayudan”.

Abril 2024
C. A. 

martes, 9 de abril de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 22

 

22.

DEL MARAVILLOSO AMOR QUE CRISTO TUVO POR MARÍA MAGDALENA, QUE REPRESENTA A TODOS LOS PECADORES VERDADERAMENTE ARREPENTIDOS Y LLAMADOS A LA CONTEMPLACIÓN

Dulce fue el amor entre María y Jesús. ¡Cómo le amaba! ¡Y cuánto más la amaba él! No tomes el relato evangélico a la ligera como si fuera un cuento superficial. Describe su mutua relación con toda verdad. Al leerlo, ¿quién no ve que ella le amaba intensamente, sin reservarse nada de su amor y rechazando a cambio toda comodidad que no fuera la de su amor?

Es la misma María que le buscó llorando ante la tumba aquella primera mañana de Pascua. Los ángeles le hablaron entonces suavemente: «No llores, María», le dijeron. «Pues el Señor a quien buscas ha resucitado, como dijo. Va delante de vosotros a Galilea. Allí le veréis con sus discípulos, como os prometió».[1] Pero los mismos ángeles fueron incapaces de tranquilizarla o de detener sus lágrimas. Difícilmente podían los ángeles confortar a quien había salido al encuentro del Rey de los ángeles.[2]

¿Debo continuar? Sin duda, cualquiera que estudie la Escritura encontrará muchos ejemplos del amor total de María hacia Cristo registrados allí para nuestro provecho. Ellos confirmarán lo que vengo diciendo. De hecho, podría pensarse que fueron escritos especialmente para los contemplativos. Y así lo fueron para todo aquel que tenga el suficiente discernimiento para ver.

Cualquiera que reconozca en el amor hermoso y personal de nuestro Señor hacia María Magdalena el amor maravilloso e incomparable que tiene por todos los pecadores arrepentidos y dedicados sinceramente a la contemplación, habrá de reconocer por qué no pudo tolerar que ninguno -ni siquiera su hermana- hablara contra ella sin salir él mismo en su defensa. Si, y todavía hizo más. Pues en otra ocasión increpó a su huésped, Simón el Leproso, en su misma casa, por el simple hecho de haber pensado mal de ella. Grande en verdad fue su amor; ciertamente no fue superado..

* * *


[1] Mt 28,1-7; Jn 20,11-13. Recuerdo aquí también que la exégesis evangélica del siglo XVI identifica a María Magdalena con María, la hermana de Lázaro y Marta, amigos de Jesús, y con la mujer pecadora que lava los pies de Jesús en casa de Simón el publicano.

[2] ... Esta es la causa por que María Magdalena, con ser tan estimada en sí como antes era, no le hizo al caso la turba de hombres principales y no principales del convite, ni el mirar que no venía bien ni lo parecería ir a llorar y derramar lágrimas entre los convidados (Lc. 7, 37­38), a trueque de, sin dilatar una hora esperando otro tiempo y sazón, poder llegar ante aquel de quien estaba ya su alma herida e inflamada. Y ésta es la embriaguez y osadía de amor, que, con saber que su Amado estaba encerrado en el sepulcro con una gran piedra sellada y cercado de soldados ­que por que no le hurtasen sus discípulos le guardaban (Mt. 27, 60­66)­ no le dio lugar para que alguna de estas cosas se le pusiese delante, para que dejara de ir antes del día con los ungüentos para ungirle (Jn. 20, 1).

Y, finalmente, esta embriaguez y ansia de amor la hizo preguntar al que, creyendo que era el hortelano, le había hurtado del sepulcro, que le dijese, si le había él tomado, dónde le había puesto, para que ella le tomase (Jn. 20, 15); no mirando que aquella pregunta, en libre juicio y razón, era disparate, pues que está claro que si el otro lo había hurtado, no se lo había de decir, ni menos se lo había de dejar tomar.

Pero esto tiene la fuerza y vehemencia de amor, que todo le parece posible y todos le parece que andan en lo mismo que anda él; porque no cree que hay otra cosa en que nadie se deba emplear, ni buscar sino a quien ella busca y a quien ella ama, pareciéndole que no hay otra cosa que querer ni en qué se emplear sino aquello, y que también todos andan en aquello. Que, por eso, cuando la Esposa salió a buscar a su amado por las plazas y arrabales, creyendo que los demás andaban en lo mismo, les dijo que, si lo hallasen ellos, le hablasen, diciendo de ella que penaba de su amor (Ct. 5, 8). Tal era la fuerza del amor de esta María, que le pareció que, si el hortelano le dijera dónde le había escondido, fuera ella y lo tomara, aunque más le fuera defendido. 

* 
Abril 2024
C.A.

sábado, 23 de marzo de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 21



21.

UNA VERDADERA EXPLICACIÓN DEL PASAJE EVANGÉLICO: «MARÍA HA ELEGIDO LA MEJOR PARTE»

«María ha elegido la mejor parte». ¿Qué significa esto? Siempre que hablamos de lo mejor, suponemos algo bueno y algo mejor. Lo mejor es el grado superlativo. ¿Cuáles son, pues, las opciones de las que María eligió la mejor?

No hay tres formas de vida puesto que la santa Iglesia sólo habla de dos: la activa y la contemplativa. No, el significado más profundo del relato evangélico de san Lucas que acabamos de considerar es que Marta representa la vida activa y María la contemplativa, siendo la primera absolutamente necesaria para la salvación. Por eso, cuando se impone una opción entre dos, una de ellas no puede llamarse la mejor.

Con todo, aunque la vida activa y contemplativa son dos formas de vida dentro de la santa Iglesia, sin embargo, dentro de ellas tomadas en conjunto, hay tres partes, tres grados ascendentes. Ya hemos hablado de ellos, pero los resumiré aquí brevemente.

El primer grado o escalón es la buena y recta vida cristiana en la que el amor es predominantemente activo en las obras corporales de misericordia.

En el segundo, una persona comienza a meditar en las verdades espirituales relativas a sus propios pecados, a la Pasión de Cristo y a los goces de la eternidad.

La primera forma de vida es buena, pero la segunda es mejor, pues aquí comienzan a converger la vida activa y la contemplativa. Se mezclan en una especie de parentesco, llegando a ser hermanas, como Marta y María. Tanto es así que una persona activa no puede progresar en la contemplación, excepto en intervenciones ocasionales de una gracia especial. Y un contemplativo puede volver a medio camino -pero no más lejos- para emprender alguna actividad. No lo debería hacer, sin embargo, a no ser en raras ocasiones y por exigencia de una gran necesidad.

En el tercer grado o escalón una persona entra en la oscura nube del no-saber donde en secreto y sola centra todo su amor en Dios. El primer grado es bueno; el segundo, mejor, pero el tercero es el mejor. Esta es la mejor parte correspondiente a María.

Ahora resulta claro por qué nuestro Señor no dijo a Marta: «María ha elegido la vida mejor». Sólo hay dos modos de vida y, como dije, cuando una elección es sólo entre dos, una no puede llamarse la mejor. Pero nuestro Señor dice: «María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada». Las partes primera y segunda son buenas y santas pero desaparecerán con el paso de esta vida mortal. Pues en la eternidad no habrá necesidad de obras de misericordia como la hay ahora. La gente no tendrá hambre ni sed, ni morirá de frío o de enfermedad, sin hogar o cautiva. Nadie necesitará una sepultura cristiana, pues no morirá nadie. En el cielo ya no habrá que lamentarse por nuestros pecados o por la Pasión de Cristo. Por eso, si la gracia te llama a elegir la tercera parte, elígela con María. O, más bien, déjame que te muestre el camino. Si Dios te llama a la tercera parte, trata de alcanzarla; trabaja por conseguirla con todo tu corazón. Nunca se te quitará, pues no tendrá fin. Aunque comienza en la tierra, es eterna.

Replicaré con las palabras del Señor a las personas activas que se quejan de nosotros. Que hable él por nosotros como lo hizo por María cuando dijo: «Marta, Marta». Dice: «Oíd, todos los que vivís la vida activa: sed diligentes en las obras de la primera y segunda parte, trabajando ora en una, ora en otra. Y si os sentís inclinados, acometed intrépidamente las dos. Pero no os metáis con mis amigos contemplativos, pues no entendéis lo que les aflige. No les recriminéis el ocio de la tercera y mejor parte que es la de María».[1]


* * *

[1] En los textos que transcribimos a continuación se encuentran contenidos similares al número 21 de Nube del no-saber.


1

Hablando de las señales para dejar la meditación y pasar a la contemplación dice San Juan de la Cruz que hay quienes se quedan en el discurrir y les parece perder el tiempo pasar a la “contemplación amorosa”, 
“Y así hacen muchos que comienzan a entrar en este estado, que, pensando que todo el negocio está en ir discurriendo y entendiendo particularidades por imágenes y formas, que son la corteza del espíritu, como no las hallan en aquella quietud amorosa y sustancial en que se quiere estar su alma, donde no entienden cosa clara, piensan que se van perdiendo y que pierden tiempo, y vuelven a buscar la corteza de su imagen y discurso, la cual no hallan, porque está ya quitada; y así ni gozan la sustancia ni hallan meditación y túrbanse a sí mismos, pensando que vuelven atrás y que se pierden. Y, a la verdad, se pierden, (aunque no como ellos piensan, porque se pierden) a los propios sentidos y a la primera manera de sentir, lo cual es irse ganando al espíritu que se les va dando; en el cual cuanto van ellos menos entendiendo, van entrando más en la noche del espíritu, de que en este libro tratamos, por donde han de pasar para unirse con Dios sobre todo saber" (2 Subida 14,4)


2

También es muy similar sobre el  tema que aborda Nube, 21  eL comentario de san Juan de la Cruz en la Anotación para la canción 29 de Cántico, que dice:  
Pues si ya en el ejido  
de hoy más no fuere vista ni hallada, 
diréis que me he perdido, 
 que, andando enamorada,
  me hice perdidiza y fui ganada.

”Verdaderamente -comenta el santo al hilo de los versos- esta alma está perdida en todas las cosas, y sólo está ganada en amor, no empleando ya el espíritu en otra cosa. Por lo cual, aun a lo que es vida activa y otros ejercicios exteriores desfallece, por cumplir de veras con la una cosa sola que dijo el Esposo era necesaria (Lc. 10, 42), y es: la asistencia y continuo ejercicio de amor en Dios. Lo cual él precia y estima en tanto, que, así como reprendió a Marta (Lc. 10, 41) porque quería apartar a María de sus pies por ocuparla en otras cosas activas en servicio del Señor (entendiendo que ella se lo hacía todo y que María no hacía nada, pues se estaba holgando con el Señor, siendo ello muy al revés, pues no hay obra mejor ni más necesaria que el amor), así también en los Cantares (3, 5) defiende a la Esposa, conjurando a todas las criaturas del mundo, las cuales se entienden allí por las hijas de Jerusalén, que no impidan a la Esposa el sueño espiritual de amor, ni la hagan velar, ni abrir los ojos a otra cosa hasta que ella quiera.

Donde es de notar que, en tanto que el alma no llega a este estado de unión de amor, le conviene ejercitar el amor así en la vida activa como en la contemplativa. Pero, cuando ya llegase a él, no le es conveniente ocuparse en otras obras y ejercicios exteriores que le puedan impedir un punto de aquella asistencia de amor en Dios, aunque sean de gran servicio de Dios, porque es más precioso delante de Dios y del alma un poquito de este puro amor y más provecho hace a la Iglesia. aunque parece que no hace nada, que todas esas otras obras juntas. Que, por eso, María Magdalena, aunque con su predicación hacía gran provecho y le hiciera muy grande después, por el grande deseo que tenía de agradar a su Esposo y aprovechar a la Iglesia, se escondió en el desierto treinta años para entregarse de veras a este amor, pareciéndole que en todas maneras ganaría mucho más de esta manera, por lo mucho que aprovecha e importa a la Iglesia un poquito de este amor.

De donde, cuando alguna alma tuviese algo de este grado de solitario amor, grande agravio se le hacía a ella y a la Iglesia si, aunque fuese por poco espacio, la quisiesen ocupar en cosas exteriores o activas, aunque fuesen de mucho caudal. Porque, pues Dios conjura que no la recuerden de este amor, ¿quién se atreverá y quedará sin reprensión? Al fin, para este fin de amor fuimos criados.

Adviertan, pues, aquí los que son muy activos, que piensan ceñir al mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios, dejado aparte el buen ejemplo que de sí darían, si gastasen siquiera la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración, aunque no hubiesen llegado a tan alta como ésta. Cierto, entonces harían más y con menos trabajo con una obra que con mil, mereciéndolo su oración, y habiendo cobrado fuerzas espirituales en ella; porque de otra manera todo es martillar y hacer poco más que nada, y a veces nada, y aun a veces daño. Porque Dios os libre que se comience a envanecer la sal (Mt. 5, 13), que, aunque más parezca que hace algo por de fuera, en sustancia no será nada, cuando está cierto que las obras buenas no se pueden hacer sino en virtud de Dios.” (Cántico espiritual B 29,1-3)



3

Y finalmente anotemos qué opina san Juan de la Cruz de los directores espirituales que dicen a las lamas que dirigen que la oración cotemplativa es perder el tiempo:

“¡Cuántas veces está Dios ungiendo al alma con alguna unción muy delgada de noticia amorosa, serena, pacífica, solitaria y muy ajena del sentido y de lo que se puede pensar; no pudiendo meditar ni gustar de cosa de arriba ni de abajo, ni de noticias, porque la trae Dios ocupada en aquella unción solitaria, inclinada a soledad y ocio, y vendrá uno que no sabe sino martillar y macear como herrero, y porque él no enseña más que aquello, dirá: "Andá, dejaos de eso que es perder el tiempo, y ociosidad, sino tomad y meditad y haced actos, que es menester que hagáis de vuestra parte actos y diligencias, que son esotros alumbramientos y cosas de bausanes (bausasnes = necios, tontos, simples, abobados).

Y así, no entendiendo estos los grados de oración ni vías del espíritu, no echan de ver que aquellos actos que ellos dicen que haga el alma, y aquel caminar con discurso está ya hecho, pues ya aquella alma ha llegado a la negación sensitiva; y que, cuando ya se ha llegado al término y está andado el camino, ya no hay caminar, porque sería volver a alejarse del término. Y así, no entendiendo que aquella alma está ya en la vía del espíritu, en el cual no hay discurso y que ya el discurso cesa y es de Dios el agente y el que habla secretamente al alma solitaria, callando ella, sobrepone otro ungüento en el alma de groseras noticias y jugos en que las imponen y deshácenle la soledad y recogimiento, y por el consiguiente, la subida obra que en ella Dios pintaba. Y así el alma ni hace lo uno, ni aprovecha en lo otro, y así todo es dar golpe en la herradura”. (Llama de amor viva A, 3,38-39).

Marzo 2024
C.A.

domingo, 17 de marzo de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 20




20.

QUE DE UN MODO ESPIRITUAL DIOS TODOPODEROSO DEFENDERÁ A TODOS LOS QUE POR SU AMOR NO ABANDONEN SU CONTEMPLACIÓN PARA DEFENDERSE A SÍ MISMOS.

Pienso que los que se esfuerzan por ser contemplativos no sólo deberían perdonar a todos los que se quejan de ellos, sino que han de estar tan ocupados en su propio trabajo que ni siquiera se den cuenta de lo que se dice o se hace a su alrededor.

Es lo que hizo María Magdalena, y por eso es nuestro modelo. Si seguimos su ejemplo, Jesús hará ciertamente por nosotros lo que hizo por ella. ¿Y qué fue lo que hizo? Recordarás que Marta urgía a Jesús a que reprendiese a María; a que le dijera que se levantara y la ayudara en la faena. Pero nuestro Señor Jesucristo, que discernía los pensamientos secretos de todos los corazones, comprendió perfectamente que María estaba inmersa en una contemplación amorosa de su divinidad, y por eso se puso de su parte. Con una cortés delicadeza propia de su bondad, contestó por ella ya que su amor por él no le permitía dejarle el tiempo suficiente para contestarle por si misma. 

¿Y qué le dijo? Marta había apelado a él como a juez, pero él le contestó más que como juez. Habló como defensor legal de María puesto que esta le amaba tanto. «Marta, Marta», le dijo. La llamó dos veces por su nombre para cerciorarse de que le escuchaba y se detuvo lo suficiente para que prestara atención a lo que le iba a decir: «Te ocupas y te turbas por muchas cosas». Esto indica que las personas activas están siempre ocupadas e interesadas por un sinfín de asuntos relativos primeramente a si mismas y después a sus hermanos cristianos según lo exige el amor. Quería que Marta se diera cuenta de que su obra era importante y valiosa para su desarrollo espiritual.

Añadió, sin embargo, para que no concluyera que era la mejor obra posible: «Una sola cosa es necesaria». ¿Y qué crees que es esta sola cosa? Se refería, sin duda, a la obra del amor y de la alabanza de Dios por si mismo. No hay obra mayor. Quería, finalmente, que Marta comprendiera que no es posible dedicarse enteramente a esta obra y a la acción al mismo tiempo. Las preocupaciones de cada día y la vida contemplativa no pueden combinarse adecuadamente aunque puedan unirse de una forma incompleta. Para aclarar esto, añadió: «María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada». Pues la obra del perfecto amor que comienza aquí en la tierra es la misma que el amor que es vida eterna; son una sola cosa.

Marzo 2024
C.A.

lunes, 11 de marzo de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 19

19.

BREVE DEFENSA DEL AUTOR EN QUE ENSEÑA QUE LOS CONTEMPLATIVOS HAN DE EXCUSAR A LAS PERSONAS ACTIVAS QUE SE QUEJAN DE ELLOS

Quizá pienses que he insultado a Marta, uno de los amigos especiales de Dios, comparándola con las personas mundanas que critican a los contemplativos, o por haberlos comparado con ella. En realidad, no quería ofender a ninguno de ellos. No permita Dios que yo diga algo en este libro que condene a alguno de los amigos de Dios en cualquier grado de santidad en que se encuentre, ni a uno solo de sus santos. 

Pues creo en verdad que debemos excusar a Marta por quejarse, teniendo en cuenta el tiempo y las circunstancias del incidente. No se daba cuenta entonces de lo que María estaba haciendo. Tampoco ha de sorprender, pues dudo que hubiera oído hablar alguna vez de la posibilidad de tal perfección. Además, fue cortés y breve en su queja, y por eso creo que debe quedar completamente excusada.

Pienso igualmente que los críticos con mentalidad mundana que encuentran faltas a los contemplativos han de ser también perdonados en atención a su ignorancia, aun cuando a veces son también desconsiderados. Así como Marta era ignorante de lo que decía cuando protestaba ante el Señor, de la misma manera estas personas entienden poco o nada sobre la vida contemplativa. Les exaspera el ardor de los jóvenes que buscan a Dios. No pueden comprender cómo estos jóvenes pueden abandonar su carrera y oportunidades y aprestarse con sencillez y sinceridad de corazón a ser amigos de Dios. 

Estoy seguro de que si algo de esto tuviera sentido para ellos, no se comportarían como lo hacen. Y por lo mismo, creo que debemos excusarlos. Sólo han experimentado una forma de vida -la suya propia- y no pueden imaginar otra. Por otra parte, cuando recuerdo los caminos en que he fracasado por ignorancia, pienso que debo ejercer una amable tolerancia hacia los demás. De lo contrario no los trataría como yo quiero que me traten.

Marzo 2024
C. A. 

viernes, 1 de marzo de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 18


18.

CÓMO HASTA EL PRESENTE LAS PERSONAS ACTIVAS CRITICAN A LAS CONTEMPLATIVAS POR IGNORANCIA, LO MISMO QUE MARTA CRITICÓ A MARÍA

Así como Marta se quejó de María, de la misma manera en todo tiempo las personas activas se han quejado de las contemplativas. Sucede con mucha frecuencia que la gracia de la contemplación surge en personas de todo estado y condición de vida, tanto religiosos como seglares. Pero cuando después de bucear en su propia conciencia y buscar un consejo seguro deciden consagrarse de lleno a la contemplación, su familia y sus amigos descargan sobre ellos una tormenta furiosa de crítica tachándolos severamente de vagos.[1] Estas personas desenterrarán toda clase de chismes horribles, verdaderos o falsos, en torno a aquellos que emprendieron esta forma de vida y acabaron en terribles males. Con toda seguridad, no tienen nada bueno que contar.

Es cierto que muchos que aparentemente habían dejado las vanidades mundanas siguieron después malos caminos. Existe siempre este peligro. Estas personas que deberían haber entrado al servicio de Dios como sus contemplativos terminaron siendo esclavos del demonio y contemplativos del diablo porque rehusaron escuchar el consejo de los auténticos guías espirituales. Se convirtieron en hipócritas o herejes y cayeron en delirios y otras perversidades que les llevaron a difamar la santa Iglesia. Dudo si proseguir en torno a esto ahora, por miedo a oscurecer nuestro tema. Pero después, Dios mediante, si veo que es necesario, te diré algunas de las causas y circunstancias de su caída. Dejemos por el momento el tema y sigamos con nuestro argumento

_________________

[1] La vida contemplativa no es cosa de vagos; y quienes así lo creen van perdidos;  no saben que los contemplativos se pierden, pero en otro sentido: no pierden el tiempo sino que ganan mucho perdiéndose en Dios. La sensación cuando cesa la meditación e imaginación durante la oración es de pérdida de tiempo: “Y así hacen muchos que comienzan a entrar en este estado, que, pensando que todo el negocio está en ir discurriendo y entendiendo particularidades por imágenes y formas, que son la corteza del espíritu, como no las hallan en aquella quietud amorosa y sustancial en que se quiere estar su alma, donde no entienden cosa clara, piensan que se van perdiendo y que pierden tiempo, y vuelven a buscar la corteza de su imagen y discurso, la cual no hallan, porque está ya quitada; y así ni gozan la sustancia ni hallan meditación y túrbanse a sí mismos, pensando que vuelven atrás y que se pierden. Y, a la verdad, se pierden, (aunque no como ellos piensan, porque se pierden) a los propios sentidos y a la primera manera de sentir, lo cual es irse ganando al espíritu que se les va dando; en el cual cuanto van ellos menos entendiendo, van entrando más en la noche del espíritu, de que en este libro tratamos, por donde han de pasar para unirse con Dios sobre todo saber”.( 2 Subida 14,4).  Perder "los propios sentidos y la manera de sentir" propia del estado purgativo (ascética)  o iluminativo (reflexión y meditación) y entrar en la noche del espíritu es un gran avance y ganancia. Se va "por donde han de pasar pafra unise con Diois sobre todo saber". Así se comprende que pasividad no es vagancia y que perderse es ganarse. 

Quienes creen, por tanto,  que la vida contemplativa es una pérdida de tiempo se equivocan. Y si son directores espirituales los que no entienden la actividad que lleva consigo la simple contemplación amorosa de Dios en recogimiento, hacen mucho daño. “Y con ser este daño más grande que se puede encarecer, es tan común y frecuente, que apenas se hallará un maestro espiritual que no le haga en las almas que comienza Dios a recoger en esta manera de contemplación. Porque ¡cuántas veces está Dios ungiendo al alma contemplativa con alguna unción muy delgada de noticia amorosa, serena, pacífica, solitaria, muy ajena del sentido y de lo que se puede pensar!; con la cual no puede meditar ni pensar en cosa alguna, ni gustar de cosa de arriba ni de abajo, por cuanto la trae Dios ocupada en aquella unción solitaria, inclinada a ocio y soledad; y vendrá un maestro espiritual que no sabe sino martillar y macear con las potencias como herrero, y, porque él no enseña más que aquello y no sabe más que meditar, dirá: "Anda, dejaos de esos reposos, que es ociosidad y perder tiempo; sino toma y medita y haced actos interiores, porque es menester que hagáis de vuestra parte lo que en vos es que esotros son alumbramientos y cosas de bausanes". (Llama de amor viva, 3,43).

Marzo 2024 
C.A.