Buscar en este blog

lunes, 11 de marzo de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 19

19.

BREVE DEFENSA DEL AUTOR EN QUE ENSEÑA QUE LOS CONTEMPLATIVOS HAN DE EXCUSAR A LAS PERSONAS ACTIVAS QUE SE QUEJAN DE ELLOS

Quizá pienses que he insultado a Marta, uno de los amigos especiales de Dios, comparándola con las personas mundanas que critican a los contemplativos, o por haberlos comparado con ella. En realidad, no quería ofender a ninguno de ellos. No permita Dios que yo diga algo en este libro que condene a alguno de los amigos de Dios en cualquier grado de santidad en que se encuentre, ni a uno solo de sus santos. 

Pues creo en verdad que debemos excusar a Marta por quejarse, teniendo en cuenta el tiempo y las circunstancias del incidente. No se daba cuenta entonces de lo que María estaba haciendo. Tampoco ha de sorprender, pues dudo que hubiera oído hablar alguna vez de la posibilidad de tal perfección. Además, fue cortés y breve en su queja, y por eso creo que debe quedar completamente excusada.

Pienso igualmente que los críticos con mentalidad mundana que encuentran faltas a los contemplativos han de ser también perdonados en atención a su ignorancia, aun cuando a veces son también desconsiderados. Así como Marta era ignorante de lo que decía cuando protestaba ante el Señor, de la misma manera estas personas entienden poco o nada sobre la vida contemplativa. Les exaspera el ardor de los jóvenes que buscan a Dios. No pueden comprender cómo estos jóvenes pueden abandonar su carrera y oportunidades y aprestarse con sencillez y sinceridad de corazón a ser amigos de Dios. 

Estoy seguro de que si algo de esto tuviera sentido para ellos, no se comportarían como lo hacen. Y por lo mismo, creo que debemos excusarlos. Sólo han experimentado una forma de vida -la suya propia- y no pueden imaginar otra. Por otra parte, cuando recuerdo los caminos en que he fracasado por ignorancia, pienso que debo ejercer una amable tolerancia hacia los demás. De lo contrario no los trataría como yo quiero que me traten.

Marzo 2024
C. A. 

viernes, 1 de marzo de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 18


18.

CÓMO HASTA EL PRESENTE LAS PERSONAS ACTIVAS CRITICAN A LAS CONTEMPLATIVAS POR IGNORANCIA, LO MISMO QUE MARTA CRITICÓ A MARÍA

Así como Marta se quejó de María, de la misma manera en todo tiempo las personas activas se han quejado de las contemplativas. Sucede con mucha frecuencia que la gracia de la contemplación surge en personas de todo estado y condición de vida, tanto religiosos como seglares. Pero cuando después de bucear en su propia conciencia y buscar un consejo seguro deciden consagrarse de lleno a la contemplación, su familia y sus amigos descargan sobre ellos una tormenta furiosa de crítica tachándolos severamente de vagos.[1] Estas personas desenterrarán toda clase de chismes horribles, verdaderos o falsos, en torno a aquellos que emprendieron esta forma de vida y acabaron en terribles males. Con toda seguridad, no tienen nada bueno que contar.

Es cierto que muchos que aparentemente habían dejado las vanidades mundanas siguieron después malos caminos. Existe siempre este peligro. Estas personas que deberían haber entrado al servicio de Dios como sus contemplativos terminaron siendo esclavos del demonio y contemplativos del diablo porque rehusaron escuchar el consejo de los auténticos guías espirituales. Se convirtieron en hipócritas o herejes y cayeron en delirios y otras perversidades que les llevaron a difamar la santa Iglesia. Dudo si proseguir en torno a esto ahora, por miedo a oscurecer nuestro tema. Pero después, Dios mediante, si veo que es necesario, te diré algunas de las causas y circunstancias de su caída. Dejemos por el momento el tema y sigamos con nuestro argumento

_________________

[1] La vida contemplativa no es cosa de vagos; y quienes así lo creen van perdidos;  no saben que los contemplativos se pierden, pero en otro sentido: no pierden el tiempo sino que ganan mucho perdiéndose en Dios. La sensación cuando cesa la meditación e imaginación durante la oración es de pérdida de tiempo: “Y así hacen muchos que comienzan a entrar en este estado, que, pensando que todo el negocio está en ir discurriendo y entendiendo particularidades por imágenes y formas, que son la corteza del espíritu, como no las hallan en aquella quietud amorosa y sustancial en que se quiere estar su alma, donde no entienden cosa clara, piensan que se van perdiendo y que pierden tiempo, y vuelven a buscar la corteza de su imagen y discurso, la cual no hallan, porque está ya quitada; y así ni gozan la sustancia ni hallan meditación y túrbanse a sí mismos, pensando que vuelven atrás y que se pierden. Y, a la verdad, se pierden, (aunque no como ellos piensan, porque se pierden) a los propios sentidos y a la primera manera de sentir, lo cual es irse ganando al espíritu que se les va dando; en el cual cuanto van ellos menos entendiendo, van entrando más en la noche del espíritu, de que en este libro tratamos, por donde han de pasar para unirse con Dios sobre todo saber”.( 2 Subida 14,4).  Perder "los propios sentidos y la manera de sentir" propia del estado purgativo (ascética)  o iluminativo (reflexión y meditación) y entrar en la noche del espíritu es un gran avance y ganancia. Se va "por donde han de pasar pafra unise con Diois sobre todo saber". Así se comprende que pasividad no es vagancia y que perderse es ganarse. 

Quienes creen, por tanto,  que la vida contemplativa es una pérdida de tiempo se equivocan. Y si son directores espirituales los que no entienden la actividad que lleva consigo la simple contemplación amorosa de Dios en recogimiento, hacen mucho daño. “Y con ser este daño más grande que se puede encarecer, es tan común y frecuente, que apenas se hallará un maestro espiritual que no le haga en las almas que comienza Dios a recoger en esta manera de contemplación. Porque ¡cuántas veces está Dios ungiendo al alma contemplativa con alguna unción muy delgada de noticia amorosa, serena, pacífica, solitaria, muy ajena del sentido y de lo que se puede pensar!; con la cual no puede meditar ni pensar en cosa alguna, ni gustar de cosa de arriba ni de abajo, por cuanto la trae Dios ocupada en aquella unción solitaria, inclinada a ocio y soledad; y vendrá un maestro espiritual que no sabe sino martillar y macear con las potencias como herrero, y, porque él no enseña más que aquello y no sabe más que meditar, dirá: "Anda, dejaos de esos reposos, que es ociosidad y perder tiempo; sino toma y medita y haced actos interiores, porque es menester que hagáis de vuestra parte lo que en vos es que esotros son alumbramientos y cosas de bausanes". (Llama de amor viva, 3,43).

Marzo 2024 
C.A. 

jueves, 22 de febrero de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 17


17. 

QUE UN VERDADERO CONTEMPLATIVO NO HA DE MEZCLARSE EN LA VIDA ACTIVA NI PREOCUPARSE DE LO QUE ESTÁ A SU ALREDEDOR NI SIQUIERA DEFENDERSE CONTRA LOS QUE LE CRITICAN

En el Evangelio de san Lucas leemos que nuestro Señor entró a casa de Marta, y mientras ella se puso inmediatamente a prepararle la comida, su hermana María no hizo otra cosa que estar sentada a sus pies. Estaba tan embelesada escuchándole que no prestaba atención a lo que hacía Marta. Ciertamente las tareas de Marta eran santas e importantes. (Son, en efecto, las obras del primer grado de la vida activa). Pero María no les daba importancia. Ni se daba cuenta tampoco del aspecto humano de nuestro Señor, de la belleza de su cuerpo mortal, o de la dulzura de su voz y conversación humanas, si bien esta podría haber sido una obra más santa y mejor. (Representa el segundo grado de la vida activa y el primero de la vida contemplativa). Pero se olvidó de todo esto y estaba totalmente absorta en la altísima sabiduría de Dios oculta en la oscuridad de su humanidad.

María se volvió a Jesús con todo el amor de su corazón, inmóvil ante lo que veía u oía hablar y hacer en torno a ella. Se sentó en perfecta calma, con el amor gozoso y secreto de su corazón disparado, hacia esa nube del no-saber entre ella y su Dios. Pues, como he dicho antes, nunca hubo ni habrá criatura tan pura o tan profundamente inmersa en la amorosa contemplación de Dios que no se acerque a él en esta vida a través de esta suave y maravillosa nube del no-saber.[1]

Y fue a esta misma nube donde María dirigió el oculto anhelo de su amante corazón. ¿Por qué? Porque es la parte mejor y más santa de la vida contemplativa que es posible al hombre y no la hubiera cambiado por nada de esta tierra. Aun cuando Marta se quejara a Jesús, regañándole por no ordenarle que se levantase y la ayudase en la tarea, María permanecía allí muy quieta e imperturbable, sin mostrar el más mínimo resentimiento contra Marta por su regaño. Pero esto en realidad no ha de sorprendernos, pues estaba totalmente absorta en otra actividad, totalmente desconocida para María, y no tenía tiempo de comunicárselo a su hermana o de defenderse.[2]

¿No ves, amigo mío, que todo este incidente relativo a Jesús y a las dos hermanas era una lección para las personas activas y contemplativas de la Iglesia de todos los tiempos? María representa la vida contemplativa, y todos los contemplativos deberían modelar sus vidas en la suya. Marta representa la vida activa, y todas las personas activas deberían tomarla como su guía.

* * *

________________


[1] Comentando el verso "A dónde tre escondiste", dice san Juan de la Cruz: 

"¿Adónde te escondiste? Y es como si dijera: Verbo, Esposo mío, muéstrame el lugar donde estás escondido. En lo cual le pide la manifestación de su divina esencia; porque el lugar donde está escondido el Hijo de Dios es, como dice san Juan (1, 18), el seno del Padre, que es la esencia divina, la cual es ajena de todo ojo mortal y escondida de todo humano entendimiento; que por eso Isaías (45, 15), hablando con Dios, dijo: Verdaderamente tú eres Dios escondido. 

De donde es de notar que, por grandes comunicaciones y presencias, y altas y subidas noticias de Dios que un alma en esta vida tenga, no es aquello esencialmente Dios, ni tiene que ver con él, porque todavía, a la verdad, le está al alma escondido, y por eso siempre le conviene al alma sobre todas esas grandezas tenerle por escondido y buscarle escondido, diciendo: ¿Adónde te escondiste? 

Porque ni la alta comunicación ni presencia sensible es cierto testimonio de su graciosa presencia, ni la sequedad y carencia de todo eso en el alma lo es de su ausencia en ella. Por lo cual el profeta Job (9, 11) dice: Si viniere a mí no le veré, y si se fuere no le entenderé” (San Juan de la Cruz, Cántico espiritual 1,3.)

[2] En la "anotación para la canción 29" ("Pues ya si en el ejido / de hoy más no fuere vista ni hallada / direis que me he perdido / que, andando enamorada / me hice perdidiza y fui ganada"), dice el santo Carmelita: 

“Verdaderamente esta alma está perdida en todas las cosas, y sólo está ganada en amor, no empleando ya el espíritu en otra cosa. Por lo cual, aun a lo que es vida activa y otros ejercicios exteriores desfallece, por cumplir de veras con la una cosa sola que dijo el Esposo era necesaria (Lc. 10, 42), y es: la asistencia y continuo ejercicio de amor en Dios. Lo cual él precia y estima en tanto, que, así como reprendió a Marta (Lc. 10, 41) porque quería apartar a María de sus pies por ocuparla en otras cosas activas en servicio del Señor (entendiendo que ella se lo hacía todo y que María no hacía nada, pues se estaba holgando con el Señor, siendo ello muy al revés, pues no hay obra mejor ni más necesaria que el amor), así también en los Cantares (3, 5) defiende a la Esposa, conjurando a todas las criaturas del mundo, las cuales se entienden allí por las hijas de Jerusalén, que no impidan a la Esposa el sueño espiritual de amor, ni la hagan velar, ni abrir los ojos a otra cosa hasta que ella quiera.

 Donde es de notar que, en tanto que el alma no llega a este estado de unión de amor, le conviene ejercitar el amor así en la vida activa como en la contemplativa. Pero, cuando ya llegase a él, no le es conveniente ocuparse en otras obras y ejercicios exteriores que le puedan impedir un punto de aquella asistencia de amor en Dios, aunque sean de gran servicio de Dios, porque es más precioso delante de Dios y del alma un poquito de este puro amor y más provecho hace a la Iglesia. aunque parece que no hace nada, que todas esas otras obras juntas. Que, por eso, María Magdalena, aunque con su predicación hacía gran provecho y le hiciera muy grande después, por el grande deseo que tenía de agradar a su Esposo y aprovechar a la Iglesia, se escondió en el desierto treinta años para entregarse de veras a este amor, pareciéndole que en todas maneras ganaría mucho más de esta manera, por lo mucho que aprovecha e importa a la Iglesia un poquito de este amor.

De donde, cuando alguna alma tuviese algo de este grado de solitario amor, grande agravio se le hacía a ella y a la Iglesia si, aunque fuese por poco espacio, la quisiesen ocupar en cosas exteriores o activas, aunque fuesen de mucho caudal. Porque, pues Dios conjura que no la recuerden de este amor, ¿quién se atreverá y quedará sin reprensión? Al fin, para este fin de amor fuimos criados.

Adviertan, pues, aquí los que son muy activos, que piensan ceñir al mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios, dejado aparte el buen ejemplo que de sí darían, si gastasen siquiera la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración, aunque no hubiesen llegado a tan alta como ésta. Cierto, entonces harían más y con menos trabajo con una obra que con mil, mereciéndolo su oración, y habiendo cobrado fuerzas espirituales en ella; porque de otra manera todo es martillar y hacer poco más que nada, y a veces nada, y aun a veces daño.

Porque Dios os libre que se comience a envanecer la sal (Mt. 5, 13), que, aunque más parezca que hace algo por de fuera, en sustancia no será nada, cuando está cierto que las obras buenas no se pueden hacer sino en virtud de Dios". (Ibid 29,1-3).

jueves, 15 de febrero de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 16


16.

QUE UN PECADOR VERDADERAMENTE CONVERTIDO Y LLAMADO A LA CONTEMPLACIÓN LLEGA A LA PERFECCIÓN DEL MODO MÁS RÁPIDO A TRAVÉS DE LA CONTEMPLACIÓN; QUE ESTE ES EL CAMINO MÁS SEGURO PARA OBTENER DE DIOS EL PERDÓN DEL PECADO

No importa que el hombre haya pecado mucho, ya que puede arrepentirse y enmendar su vida. Y si siente que la gracia de Dios le arrastra a la vida contemplativa (habiendo seguido fielmente la dirección de su padre y consejero espiritual), que nadie se atreva a llamarle presuntuoso por querer alcanzar a Dios en la oscuridad de esa nube del no-saber con el humilde deseo de su amor. ¿No dijo nuestro Señor a María, que representa a todos los pecadores arrepentidos llamados a la contemplación: «tus pecados te son perdonados»[1]?. ¿Piensas que dijo esto sólo porque ella se acordaba siempre de sus pecados pasados? ¿O por la humildad que sentía a la vista de su miseria? ¿O porque su dolor era grande? No, fue porque «amó mucho».

Graba bien esto. Pues en ello puedes ver lo poderoso que es con la ayuda de Dios ese secreto amor contemplativo. Es más poderoso, te lo aseguro, que cualquier otra cosa. Pero, al mismo tiempo, María estaba llena de remordimiento, lloró mucho sus pecados pasados y estaba profundamente humillada ante el pensamiento de su vileza. En el mismo sentido, nosotros que hemos sido tan miserables y habituales pecadores durante toda nuestra vida deberíamos lamentar nuestro pasado y ser totalmente humildes al recordar nuestro infeliz estado.

Pero, ¿cómo? Sin duda el camino de María es el mejor. Ciertamente nunca cesó de sentir un constante dolor por sus pecados y durante toda su vida los llevó como una gran carga secreta en su corazón. Sin embargo, la Escritura testifica que su más hondo dolor no fue tanto por sus malas obras como por su falta de amor. Si, y por esto desfallecía con un ansia y tristeza transidas de dolor que le llevaban casi al trance de la muerte, pues aunque su amor era muy grande a ella le parecía muy pequeño. No has de sorprenderte por esto. Es el estilo de todos los verdaderos amantes.[2] Cuanto más aman, más desean amar. En su corazón conocía con absoluta certeza que era el más miserable de todos los pecadores. Se daba cuenta de que sus malas obras le habían separado del Dios a quien tanto amaba y por eso mismo desfallecía ahora, enferma como estaba por su falta de amor.

¿Y qué hizo? ¿Piensas que entonces bajó desde las alturas de su gran deseo a lo hondo de su mala vida buceando en ese fétido cieno y en el lodazal de sus pecados, examinándolos uno a uno en sus mínimos detalles a fin de medir su dolor y sus lágrimas más eficazmente? No, ciertamente. ¿Por qué? Porque Dios mismo, en las profundidades de su espíritu, le enseñó con su gracia la inutilidad de esta actitud. Con las solas lágrimas podría haberse despertado más pronto a nuevos pecados que a un perdón seguro de su pasado.

Por eso, dirigió apresuradamente su amor y deseo hacia esa nube del no-saber y aprendió a amarle, sin verle a la clara luz de la razón ni sentir su presencia en el goce sensible de la devoción.[3] Tan absorta estaba en el amor que con frecuencia olvidaba si había sido pecadora o inocente. Si, pienso que se enamoró tanto de la divinidad del Señor que apenas se daba cuenta de la belleza de su presencia humana cuando estaba sentado junto a ella, hablando y enseñando. Por el relato evangélico se diría que llegó a olvidarse de todo, tanto de lo material como de lo espiritual.[4]

*
__________________

[1] Lc 7,47.

[2] "Verse ha si el corazón está bien robado en si trae ansias por el Amado o no gusta de otra cosa sino de él, .... La razón es porque el corazón no puede estar en paz y sosiego sin posesión; y, cuando está aficionado, ya no tiene posesión de sí ni de alguna otra cosa; y si tampoco posee de veras lo que ama, no le puede faltar fatiga hasta que lo posea; porque hasta entonces está el alma como el vaso vacío que espera el lleno, y como el hambriento que desea el manjar, y como el enfermo que gime por la salud, y como el que está colgado en el aire, que no tiene en qué estribar; de esta misma manera está el corazón enamorado" (Cántico 9,5).

“Deseando, pues, el alma verse poseída ya de este gran Dios, de cuyo amor se siente robado y llagado el corazón, no pudiéndolo ya sufrir, pide en esta canción determinadamente le descubra y muestre su hermosura, que es su divina esencia, y que le mate con esta vista, desatándola de la carne, pues en ella no puede verle y gozarle como desea, poniéndole por delante la dolencia y ansia de su corazón, en que persevera penando por su amor, sin poder tener remedio con menos que esta gloriosa vista de su divina esencia". (Ibid 11,2)

[3] “Acerca de lo que algunos dicen que no puede amar la voluntad sino lo que primero entiende el entendimiento, hase de entender naturalmente, porque por vía natural es imposible amar si no se entiende primero lo que se ama; mas por vía sobrenatural bien puede Dios infundir amor y aumentarle sin infundir ni aumentar distinta inteligencia, como en la autoridad dicha se da a entender. Y esto experimentado está de muchos espirituales, los cuales muchas veces se ven arder en amor de Dios sin tener más distinta inteligencia que antes: porque pueden entender poco y amar mucho, y pueden entender mucho y amar poco" (Cántico 26, 8).

[4] “Allende de otras muchas diferencias de visitas que Dios hace al alma, con que la llaga y levanta en amor, suele hacer unos encendidos toques de amor, que a manera de saeta de fuego hieren y traspasan el alma y la dejan toda cauterizada con fuego de amor. Y éstas propiamente se llaman heridas de amor, de las cuales habla aquí el alma. Inflaman éstas tanto la voluntad en afición, que se está el alma abrasando en fuego y llama de amor; tanto, que parece consumirse en aquella llama, y la hace salir fuera de sí y renovar toda y pasar a nueva manera de ser, así como el ave fénix que se quema y renace de nuevo. De lo cual hablando hablando David (Sal. 72, 21­22), dice: Fue inflamado mi corazón, y las renes (los riñones) se mudaron, y yo me resolví en nada, y no supe.
Los apetitos y afectos que aquí entiende el profeta por renes, todos se conmueven y mudan en divinos en aquella inflamación del corazón; y el alma por amor se resuelve en nada, nada sabiendo sino amor” (Cántico 1,17-18).

Febrero 2024
C A.

lunes, 12 de febrero de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 15


15.

UNA PRUEBA DE QUE LOS QUE PIENSAN QUE EL MOTIVO MÁS PERFECTO DE LA HUMILDAD ES LA COMPRENSIÓN DE LA BAJEZA DEL HOMBRE ESTÁN EN UN ERROR

Créeme cuando te digo que existe la humildad perfecta y que con la gracia de Dios puede ser tuya en esta vida. Insisto en esto porque algunos enseñan erróneamente que no existe mayor humildad que la ocasionada por el pensamiento de la desdichada condición humana y el recuerdo de la vida pecadora del pasado.

Concedo de grado que para los que están habituados al pecado (como yo mismo he estado) esto es muy cierto. Y hasta que el gran orín del pecado mortal sea raído en el sacramento de la Penitencia, nada es más necesario y valioso en la enseñanza de la humildad que el pensamiento de nuestro miserable estado y de nuestros pecados pasados. Pero esta actitud no es auténtica para quienes nunca han pecado gravemente, con pleno conocimiento y consentimiento. Son como niños inocentes que sólo han caído por fragilidad e ignorancia. Pero incluso estos inocentes, especialmente si están iniciados en el camino de la oración contemplativa, tienen motivos para ser humildes.

También nosotros, después de haber satisfecho adecuadamente y de habernos arrepentido de nuestros pecados en la confesión y habiendo sido arrastrados por la gracia a la oración contemplativa, tenemos motivos para ser humildes. Algo que va mucho más lejos del motivo imperfecto que mencioné más arriba nos mantendrá humildes. Pues la bondad y el amor de Dios es una razón tan por encima del propio conocimiento como la vida de nuestra Señora está por encima de la vida del penitente más pecador en la santa Iglesia; o como la vida de Cristo está por encima de cualquier otro ser humano; o la vida de un ángel, que no puede experimentar la debilidad humana, está por encima de la vida del hombre más débil de la tierra.

Si no hubiera otra razón para la humildad más que la pobreza de la condición humana, entonces me preguntaría por qué los que nunca han experimentado la corrupción del pecado habrían de ser humildes. Pues, con toda seguridad, nuestro Señor Jesucristo, nuestra Señora, los santos y los ángeles del cielo están para siempre libres del pecado y de sus efectos. Sin embargo, nuestro Señor Jesucristo mismo nos llama a la perfección de toda virtud en el Evangelio cuando dice que debemos ser perfectos por gracia como él lo es por naturaleza. Y así este llamamiento ha de incluir la virtud de la humildad.

Febrero 2024
C.A.

lunes, 5 de febrero de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 14

 


14.

QUE EN ESTA VIDA LA HUMILDAD IMPERFECTA HA DE PRECEDER A LA PERFECTA

Si hablo de la humildad imperfecta no lo hago porque dé poca importancia al verdadero autoconocimiento. Aunque se juntaran todos los ángeles y santos del cielo con todos los miembros de la Iglesia en la tierra, situados en todos los grados de la santidad cristiana, y rogaran por mi crecimiento en la humildad, estoy cierto que no me aprovecharía tanto ni me llevaría tan rápido a la perfección de esta virtud, como un poco de autoconocimiento. Ciertamente, es imposible llegar a la perfecta humildad sin él.

Por tanto, no huyas del sudor y de la fatiga que supone el conseguir un verdadero autoconocimiento, pues estoy seguro de que cuando lo hayas adquirido llegarás muy pronto al conocimiento experiencial de la bondad y del amor de Dios. No un conocimiento completo, naturalmente, pues eso no es posible al hombre; ni siquiera tan completo al que poseerás en la alegría de la eternidad, pero si un conocimiento tan completo como es posible al hombre en esta vida.

Mi propósito al explicar los dos tipos de humildad no es ponerte en seguimiento de la perfecta con desprecio de la imperfecta. No, y confío en que nunca harás esto. Mi intención es simplemente ayudarte a apreciar la excelsa dignidad de la obra contemplativa del amor, en comparación con cualquier otra posible con la ayuda de la gracia. Pues el amor secreto de un corazón puro que presiona sobre esa nube oscura del no-saber que está entre ti y tu Dios de una manera oculta pero cierta incluye en si mismo la perfecta humildad sin ayuda de ideas concretas o claras.[1] Quería además que apreciaras la excelencia de la humildad perfecta de forma que la mantuvieras ante tu corazón como un acicate a tu amor.

Esto es importante para nosotros dos. Y finalmente, me he esforzado por explicar todo esto porque creo que un conocimiento pleno sobre la perfecta humildad por si mismo te hará más humilde. Pues pienso a menudo que la ignorancia de los dos grados de humildad ocasiona una buena dosis de orgullo. Es muy posible que un poco de gusto de lo que he llamado humildad imperfecta pudiera llevarte a creer que ya eres humilde a la perfección. Te engañarías a ti mismo y lo que es más, habrías caído en el fétido cieno de la presunción. Esfuérzate, pues, por conseguir esta virtud en toda su perfección. Cuando una persona la experimenta no pecará ni entonces ni durante mucho tiempo.

*


[1] San Juan dela Cruz: “...como el estado de perfección, que consiste en perfecto amor de Dios y desprecio de sí, no puede estar sino con estas dos partes, que es conocimiento de Dios y de sí mismo, de necesidad ha de ser el alma ejercitada primero en el uno y en el otro, dándole ahora a gustar lo uno engrandeciéndola, y haciéndola ahora probar lo otro y humillándola, hasta que, adquiridos los hábitos perfectos, cese ya el subir y bajar, habiendo ya llegado y viéndose con Dios, que está en el fin de esta escala, en quien la escala se arrima y estriba.

Porque esta escala de contemplación, que, como habemos dicho, se deriva de Dios, es figurada por aquella escala que vio Jacob durmiendo, por la cual subían y descendían ángeles de Dios al hombre y del hombre a Dios, el cual estaba estribando en el extremo de la escala (Gn. 28, 12). Todo lo cual dice la Escritura divina que pasaba de noche y Jacob dormido para dar a entender cuán secreto y diferente del saber del hombre es este camino y subida para Dios. Lo cual se ve bien, pues que, ordinariamente, lo que en él es de más provecho, que es irse perdiendo y aniquilando a sí mismo, tiene por peor, y lo que menos vale, que es hallar su consuelo y gusto, en que ordinariamente antes pierde que gana, si a eso se hace, tiene por mejor. (2 n 18,4)

Febrero 2024 

C. A.

lunes, 29 de enero de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 13

 

13.

DE LA NATURALEZA DE LA HUMILDAD; CUÁNDO ES PERFECTA Y CUÁNDO ES IMPERFECTA.

Consideremos, pues, la virtud de la humildad de forma que puedas entender por qué es perfecta cuando Dios solo es su fuente y por qué es imperfecta cuando surge de otra fuente aun cuando Dios pudiera ser la principal. Trataré de explicar primero lo que es la humildad en si misma y después será más fácil captar la diferencia.

Un hombre es humilde cuando permanece en la verdad con un conocimiento y apreciación de sí mismo tal cual es[1]. Y de hecho, cualquiera que se vea y experimente tal como real y verdaderamente es, no tendrá dificultad alguna en ser humilde, pues dos cosas le aparecerán muy claras. En primer lugar, verá claramente la degradación, miseria y flaqueza de la condición humana, fruto del pecado original. De estos efectos del pecado original el hombre nunca se verá totalmente libre en esta vida, por santo que llegue a ser.

En segundo lugar, tendrá que reconocer la bondad trascendente de Dios tal como es en sí mismo y en su rebosante y superabundante amor hacia el hombre. Ante tan gran bondad y amor la naturaleza tiembla, los sabios tartamudean como locos, y los ángeles y santos quedan cegados por su gloria. Tan abrumadora es la revelación de la naturaleza de Dios, que si su poder no los sostuviera, no me atrevo a pensar qué sucedería.

La humildad engendrada por este conocimiento experimental de la bondad y del amor de Dios la llamo perfecta, porque es una actitud que el hombre mantendrá incluso en la eternidad. Pero la humildad que surge de una comprensión realista de la condición humana la considero imperfecta, porque no sólo desaparecerá en la muerte juntamente con su causa, sino que en esta misma vida no siempre será operativa. Pues a veces las personas muy avanzadas en la vida contemplativa pueden recibir de Dios tal gracia que de repente se sientan totalmente fuera de si mismas y sin pensar o preocuparse por si son santas o pecadoras.

Los contemplativos ya adelantados pueden experimentar esto con mayor o menor frecuencia, según la sabiduría de Dios, pero en cualquier caso, a mi juicio, es un fenómeno pasajero. Durante este tiempo, sin embargo, aunque pueden perder todo interés o preocupación por sus pecados o virtudes, no pierden el sentido del inmenso amor y bondad de Dios y por tanto, tienen humildad perfecta. Por otra parte, si el primer motivo es operativo, aunque sea de modo secundario, sólo tienen humildad imperfecta. No estoy sugiriendo, sin embargo, que se dé de lado el primer motivo. No quiera Dios que me entiendas mal, pues estoy convencido de que las dos cosas son provechosas y necesarias en esta vida.

* * *

[1] Dice san Juan de la Cruz que el conocimiento propio lleva a la desnudez espiritual, la cual supone el desapego de todo, incluidos los gozos que pueden inclinar a la soberbia. “En esta desnudez halla el espiritual su quietud y descanso, porque, no codiciando nada, nada le fatiga hacia arriba y nada le oprime hacia abajo, porque está en el centro de su humildad. Porque, cuando algo codicia, en eso mismo se fatiga” (1 S 13,13). Resulta interesante todo lo que el santo dice indirectamente de la humildad al hablar de la “soberbia espiritual” en 1 Noche, 2. Es interesante cómo hace caer en la cuenta de las sutilezas con las que la soberbia se adueña del alma bajo .

Enero 2024
Casto Acedo
.