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jueves, 15 de febrero de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 16


16.

QUE UN PECADOR VERDADERAMENTE CONVERTIDO Y LLAMADO A LA CONTEMPLACIÓN LLEGA A LA PERFECCIÓN DEL MODO MÁS RÁPIDO A TRAVÉS DE LA CONTEMPLACIÓN; QUE ESTE ES EL CAMINO MÁS SEGURO PARA OBTENER DE DIOS EL PERDÓN DEL PECADO

No importa que el hombre haya pecado mucho, ya que puede arrepentirse y enmendar su vida. Y si siente que la gracia de Dios le arrastra a la vida contemplativa (habiendo seguido fielmente la dirección de su padre y consejero espiritual), que nadie se atreva a llamarle presuntuoso por querer alcanzar a Dios en la oscuridad de esa nube del no-saber con el humilde deseo de su amor. ¿No dijo nuestro Señor a María, que representa a todos los pecadores arrepentidos llamados a la contemplación: «tus pecados te son perdonados»[1]?. ¿Piensas que dijo esto sólo porque ella se acordaba siempre de sus pecados pasados? ¿O por la humildad que sentía a la vista de su miseria? ¿O porque su dolor era grande? No, fue porque «amó mucho».

Graba bien esto. Pues en ello puedes ver lo poderoso que es con la ayuda de Dios ese secreto amor contemplativo. Es más poderoso, te lo aseguro, que cualquier otra cosa. Pero, al mismo tiempo, María estaba llena de remordimiento, lloró mucho sus pecados pasados y estaba profundamente humillada ante el pensamiento de su vileza. En el mismo sentido, nosotros que hemos sido tan miserables y habituales pecadores durante toda nuestra vida deberíamos lamentar nuestro pasado y ser totalmente humildes al recordar nuestro infeliz estado.

Pero, ¿cómo? Sin duda el camino de María es el mejor. Ciertamente nunca cesó de sentir un constante dolor por sus pecados y durante toda su vida los llevó como una gran carga secreta en su corazón. Sin embargo, la Escritura testifica que su más hondo dolor no fue tanto por sus malas obras como por su falta de amor. Si, y por esto desfallecía con un ansia y tristeza transidas de dolor que le llevaban casi al trance de la muerte, pues aunque su amor era muy grande a ella le parecía muy pequeño. No has de sorprenderte por esto. Es el estilo de todos los verdaderos amantes.[2] Cuanto más aman, más desean amar. En su corazón conocía con absoluta certeza que era el más miserable de todos los pecadores. Se daba cuenta de que sus malas obras le habían separado del Dios a quien tanto amaba y por eso mismo desfallecía ahora, enferma como estaba por su falta de amor.

¿Y qué hizo? ¿Piensas que entonces bajó desde las alturas de su gran deseo a lo hondo de su mala vida buceando en ese fétido cieno y en el lodazal de sus pecados, examinándolos uno a uno en sus mínimos detalles a fin de medir su dolor y sus lágrimas más eficazmente? No, ciertamente. ¿Por qué? Porque Dios mismo, en las profundidades de su espíritu, le enseñó con su gracia la inutilidad de esta actitud. Con las solas lágrimas podría haberse despertado más pronto a nuevos pecados que a un perdón seguro de su pasado.

Por eso, dirigió apresuradamente su amor y deseo hacia esa nube del no-saber y aprendió a amarle, sin verle a la clara luz de la razón ni sentir su presencia en el goce sensible de la devoción.[3] Tan absorta estaba en el amor que con frecuencia olvidaba si había sido pecadora o inocente. Si, pienso que se enamoró tanto de la divinidad del Señor que apenas se daba cuenta de la belleza de su presencia humana cuando estaba sentado junto a ella, hablando y enseñando. Por el relato evangélico se diría que llegó a olvidarse de todo, tanto de lo material como de lo espiritual.[4]

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[1] Lc 7,47.

[2] "Verse ha si el corazón está bien robado en si trae ansias por el Amado o no gusta de otra cosa sino de él, .... La razón es porque el corazón no puede estar en paz y sosiego sin posesión; y, cuando está aficionado, ya no tiene posesión de sí ni de alguna otra cosa; y si tampoco posee de veras lo que ama, no le puede faltar fatiga hasta que lo posea; porque hasta entonces está el alma como el vaso vacío que espera el lleno, y como el hambriento que desea el manjar, y como el enfermo que gime por la salud, y como el que está colgado en el aire, que no tiene en qué estribar; de esta misma manera está el corazón enamorado" (Cántico 9,5).

“Deseando, pues, el alma verse poseída ya de este gran Dios, de cuyo amor se siente robado y llagado el corazón, no pudiéndolo ya sufrir, pide en esta canción determinadamente le descubra y muestre su hermosura, que es su divina esencia, y que le mate con esta vista, desatándola de la carne, pues en ella no puede verle y gozarle como desea, poniéndole por delante la dolencia y ansia de su corazón, en que persevera penando por su amor, sin poder tener remedio con menos que esta gloriosa vista de su divina esencia". (Ibid 11,2)

[3] “Acerca de lo que algunos dicen que no puede amar la voluntad sino lo que primero entiende el entendimiento, hase de entender naturalmente, porque por vía natural es imposible amar si no se entiende primero lo que se ama; mas por vía sobrenatural bien puede Dios infundir amor y aumentarle sin infundir ni aumentar distinta inteligencia, como en la autoridad dicha se da a entender. Y esto experimentado está de muchos espirituales, los cuales muchas veces se ven arder en amor de Dios sin tener más distinta inteligencia que antes: porque pueden entender poco y amar mucho, y pueden entender mucho y amar poco" (Cántico 26, 8).

[4] “Allende de otras muchas diferencias de visitas que Dios hace al alma, con que la llaga y levanta en amor, suele hacer unos encendidos toques de amor, que a manera de saeta de fuego hieren y traspasan el alma y la dejan toda cauterizada con fuego de amor. Y éstas propiamente se llaman heridas de amor, de las cuales habla aquí el alma. Inflaman éstas tanto la voluntad en afición, que se está el alma abrasando en fuego y llama de amor; tanto, que parece consumirse en aquella llama, y la hace salir fuera de sí y renovar toda y pasar a nueva manera de ser, así como el ave fénix que se quema y renace de nuevo. De lo cual hablando hablando David (Sal. 72, 21­22), dice: Fue inflamado mi corazón, y las renes (los riñones) se mudaron, y yo me resolví en nada, y no supe.
Los apetitos y afectos que aquí entiende el profeta por renes, todos se conmueven y mudan en divinos en aquella inflamación del corazón; y el alma por amor se resuelve en nada, nada sabiendo sino amor” (Cántico 1,17-18).

Febrero 2024
C A.

lunes, 12 de febrero de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 15


15.

UNA PRUEBA DE QUE LOS QUE PIENSAN QUE EL MOTIVO MÁS PERFECTO DE LA HUMILDAD ES LA COMPRENSIÓN DE LA BAJEZA DEL HOMBRE ESTÁN EN UN ERROR

Créeme cuando te digo que existe la humildad perfecta y que con la gracia de Dios puede ser tuya en esta vida. Insisto en esto porque algunos enseñan erróneamente que no existe mayor humildad que la ocasionada por el pensamiento de la desdichada condición humana y el recuerdo de la vida pecadora del pasado.

Concedo de grado que para los que están habituados al pecado (como yo mismo he estado) esto es muy cierto. Y hasta que el gran orín del pecado mortal sea raído en el sacramento de la Penitencia, nada es más necesario y valioso en la enseñanza de la humildad que el pensamiento de nuestro miserable estado y de nuestros pecados pasados. Pero esta actitud no es auténtica para quienes nunca han pecado gravemente, con pleno conocimiento y consentimiento. Son como niños inocentes que sólo han caído por fragilidad e ignorancia. Pero incluso estos inocentes, especialmente si están iniciados en el camino de la oración contemplativa, tienen motivos para ser humildes.

También nosotros, después de haber satisfecho adecuadamente y de habernos arrepentido de nuestros pecados en la confesión y habiendo sido arrastrados por la gracia a la oración contemplativa, tenemos motivos para ser humildes. Algo que va mucho más lejos del motivo imperfecto que mencioné más arriba nos mantendrá humildes. Pues la bondad y el amor de Dios es una razón tan por encima del propio conocimiento como la vida de nuestra Señora está por encima de la vida del penitente más pecador en la santa Iglesia; o como la vida de Cristo está por encima de cualquier otro ser humano; o la vida de un ángel, que no puede experimentar la debilidad humana, está por encima de la vida del hombre más débil de la tierra.

Si no hubiera otra razón para la humildad más que la pobreza de la condición humana, entonces me preguntaría por qué los que nunca han experimentado la corrupción del pecado habrían de ser humildes. Pues, con toda seguridad, nuestro Señor Jesucristo, nuestra Señora, los santos y los ángeles del cielo están para siempre libres del pecado y de sus efectos. Sin embargo, nuestro Señor Jesucristo mismo nos llama a la perfección de toda virtud en el Evangelio cuando dice que debemos ser perfectos por gracia como él lo es por naturaleza. Y así este llamamiento ha de incluir la virtud de la humildad.

Febrero 2024
C.A.

lunes, 5 de febrero de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 14

 


14.

QUE EN ESTA VIDA LA HUMILDAD IMPERFECTA HA DE PRECEDER A LA PERFECTA

Si hablo de la humildad imperfecta no lo hago porque dé poca importancia al verdadero autoconocimiento. Aunque se juntaran todos los ángeles y santos del cielo con todos los miembros de la Iglesia en la tierra, situados en todos los grados de la santidad cristiana, y rogaran por mi crecimiento en la humildad, estoy cierto que no me aprovecharía tanto ni me llevaría tan rápido a la perfección de esta virtud, como un poco de autoconocimiento. Ciertamente, es imposible llegar a la perfecta humildad sin él.

Por tanto, no huyas del sudor y de la fatiga que supone el conseguir un verdadero autoconocimiento, pues estoy seguro de que cuando lo hayas adquirido llegarás muy pronto al conocimiento experiencial de la bondad y del amor de Dios. No un conocimiento completo, naturalmente, pues eso no es posible al hombre; ni siquiera tan completo al que poseerás en la alegría de la eternidad, pero si un conocimiento tan completo como es posible al hombre en esta vida.

Mi propósito al explicar los dos tipos de humildad no es ponerte en seguimiento de la perfecta con desprecio de la imperfecta. No, y confío en que nunca harás esto. Mi intención es simplemente ayudarte a apreciar la excelsa dignidad de la obra contemplativa del amor, en comparación con cualquier otra posible con la ayuda de la gracia. Pues el amor secreto de un corazón puro que presiona sobre esa nube oscura del no-saber que está entre ti y tu Dios de una manera oculta pero cierta incluye en si mismo la perfecta humildad sin ayuda de ideas concretas o claras.[1] Quería además que apreciaras la excelencia de la humildad perfecta de forma que la mantuvieras ante tu corazón como un acicate a tu amor.

Esto es importante para nosotros dos. Y finalmente, me he esforzado por explicar todo esto porque creo que un conocimiento pleno sobre la perfecta humildad por si mismo te hará más humilde. Pues pienso a menudo que la ignorancia de los dos grados de humildad ocasiona una buena dosis de orgullo. Es muy posible que un poco de gusto de lo que he llamado humildad imperfecta pudiera llevarte a creer que ya eres humilde a la perfección. Te engañarías a ti mismo y lo que es más, habrías caído en el fétido cieno de la presunción. Esfuérzate, pues, por conseguir esta virtud en toda su perfección. Cuando una persona la experimenta no pecará ni entonces ni durante mucho tiempo.

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[1] San Juan dela Cruz: “...como el estado de perfección, que consiste en perfecto amor de Dios y desprecio de sí, no puede estar sino con estas dos partes, que es conocimiento de Dios y de sí mismo, de necesidad ha de ser el alma ejercitada primero en el uno y en el otro, dándole ahora a gustar lo uno engrandeciéndola, y haciéndola ahora probar lo otro y humillándola, hasta que, adquiridos los hábitos perfectos, cese ya el subir y bajar, habiendo ya llegado y viéndose con Dios, que está en el fin de esta escala, en quien la escala se arrima y estriba.

Porque esta escala de contemplación, que, como habemos dicho, se deriva de Dios, es figurada por aquella escala que vio Jacob durmiendo, por la cual subían y descendían ángeles de Dios al hombre y del hombre a Dios, el cual estaba estribando en el extremo de la escala (Gn. 28, 12). Todo lo cual dice la Escritura divina que pasaba de noche y Jacob dormido para dar a entender cuán secreto y diferente del saber del hombre es este camino y subida para Dios. Lo cual se ve bien, pues que, ordinariamente, lo que en él es de más provecho, que es irse perdiendo y aniquilando a sí mismo, tiene por peor, y lo que menos vale, que es hallar su consuelo y gusto, en que ordinariamente antes pierde que gana, si a eso se hace, tiene por mejor. (2 n 18,4)

Febrero 2024 

C. A.

lunes, 29 de enero de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 13

 

13.

DE LA NATURALEZA DE LA HUMILDAD; CUÁNDO ES PERFECTA Y CUÁNDO ES IMPERFECTA.

Consideremos, pues, la virtud de la humildad de forma que puedas entender por qué es perfecta cuando Dios solo es su fuente y por qué es imperfecta cuando surge de otra fuente aun cuando Dios pudiera ser la principal. Trataré de explicar primero lo que es la humildad en si misma y después será más fácil captar la diferencia.

Un hombre es humilde cuando permanece en la verdad con un conocimiento y apreciación de sí mismo tal cual es[1]. Y de hecho, cualquiera que se vea y experimente tal como real y verdaderamente es, no tendrá dificultad alguna en ser humilde, pues dos cosas le aparecerán muy claras. En primer lugar, verá claramente la degradación, miseria y flaqueza de la condición humana, fruto del pecado original. De estos efectos del pecado original el hombre nunca se verá totalmente libre en esta vida, por santo que llegue a ser.

En segundo lugar, tendrá que reconocer la bondad trascendente de Dios tal como es en sí mismo y en su rebosante y superabundante amor hacia el hombre. Ante tan gran bondad y amor la naturaleza tiembla, los sabios tartamudean como locos, y los ángeles y santos quedan cegados por su gloria. Tan abrumadora es la revelación de la naturaleza de Dios, que si su poder no los sostuviera, no me atrevo a pensar qué sucedería.

La humildad engendrada por este conocimiento experimental de la bondad y del amor de Dios la llamo perfecta, porque es una actitud que el hombre mantendrá incluso en la eternidad. Pero la humildad que surge de una comprensión realista de la condición humana la considero imperfecta, porque no sólo desaparecerá en la muerte juntamente con su causa, sino que en esta misma vida no siempre será operativa. Pues a veces las personas muy avanzadas en la vida contemplativa pueden recibir de Dios tal gracia que de repente se sientan totalmente fuera de si mismas y sin pensar o preocuparse por si son santas o pecadoras.

Los contemplativos ya adelantados pueden experimentar esto con mayor o menor frecuencia, según la sabiduría de Dios, pero en cualquier caso, a mi juicio, es un fenómeno pasajero. Durante este tiempo, sin embargo, aunque pueden perder todo interés o preocupación por sus pecados o virtudes, no pierden el sentido del inmenso amor y bondad de Dios y por tanto, tienen humildad perfecta. Por otra parte, si el primer motivo es operativo, aunque sea de modo secundario, sólo tienen humildad imperfecta. No estoy sugiriendo, sin embargo, que se dé de lado el primer motivo. No quiera Dios que me entiendas mal, pues estoy convencido de que las dos cosas son provechosas y necesarias en esta vida.

* * *

[1] Dice san Juan de la Cruz que el conocimiento propio lleva a la desnudez espiritual, la cual supone el desapego de todo, incluidos los gozos que pueden inclinar a la soberbia. “En esta desnudez halla el espiritual su quietud y descanso, porque, no codiciando nada, nada le fatiga hacia arriba y nada le oprime hacia abajo, porque está en el centro de su humildad. Porque, cuando algo codicia, en eso mismo se fatiga” (1 S 13,13). Resulta interesante todo lo que el santo dice indirectamente de la humildad al hablar de la “soberbia espiritual” en 1 Noche, 2. Es interesante cómo hace caer en la cuenta de las sutilezas con las que la soberbia se adueña del alma bajo .

Enero 2024
Casto Acedo
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lunes, 22 de enero de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 12

 

12.

QUE EN LA CONTEMPLACIÓN QUEDA DESTRUIDO EL PECADO Y SE FOMENTA TODA CLASE DE BIEN.

Así, pues, para mantenerte firme y evitar las trampas, mantente en la senda en que estás. Deja que tu incesante deseo golpee en la nube del no-saber que se interpone entre ti y tu Dios. Penetra esa nube con el agudo dardo de tu amor, rechaza el pensamiento de todo lo que sea inferior a Dios y no dejes esta obra por nada. La misma obra contemplativa del amor llegará a curarte de todas las raíces del pecado[1]. Ayuna cuanto quieras, mantente en vigilia hasta bien entrada la noche, levántate antes de la aurora, disciplina tu cuerpo y, si te es permitido -que no lo es-, sácate los ojos, arráncate la lengua, tapa tus oídos y nariz y prescinde de tus miembros; si, castiga tu cuerpo con toda clase de disciplina y seguirás sin conseguir nada. El deseo y la tendencia hacia el pecado permanecerían en tu corazón.

Todavía más, si lloraras en perpetuo llanto tus pecados y la Pasión de Cristo y ponderaras incesantemente los goces del cielo, ¿crees que te haría algún bien? Mucho bien, no me cabe la menor duda. Estoy seguro de que aprovecharías y crecerías en la gracia, pero en comparación con el ciego impulso del amor, todo esto es muy poco. Pues la obra contemplativa del amor es la mejor parte y pertenece a María. Es totalmente completa en si misma, mientras que todas las demás disciplinas y ejercicios son de poco valor sin ella.

La obra del amor no sólo cura las raíces del pecado, sino que fomenta la bondad práctica. Cuando es auténtica verás que eres sensible a toda necesidad y que respondes con una generosidad desprovista de toda intención egoísta.[2] Todo lo que trates de hacer sin este amor será ciertamente imperfecto, pues es seguro que se echará a perder por ulteriores motivos.

La bondad auténtica se manifiesta en una manera habitual de obrar bien y de responder adecuadamente en cada situación, según se presenta; está movida siempre por el deseo de agradar a Dios.[3] Solo él es la fuente pura de todo bien, y si alguna persona se ve motivada por algo distinto de Dios, aun cuando Dios sea el primero, entonces su virtud es imperfecta. Esto es evidente en el caso de dos virtudes en particular, la humildad y el amor fraterno. Quien adquiere estos hábitos y actitudes no necesita otros, pues en ello

Enero 2024
C.A.



[1] Hablando de la Llama, es decir, del fuego del Espíritu Santo que hace prender en la lumbre el tronco que es el alma, dice san Juan de la Cruz, “que el mismo Dios, que quiere entrar en el alma por unión y transformación de amor, es el que antes está embistiendo en ella y purgándola con la luz y calor de su divina llama” (Llama 1,21), dando a entender que, “no pudiendo caber dos contrarios en el sujeto del alma”  (2 N 1,21), es de necesidad que sea purgada de sus pecados. Cuando el alma busca y desea la unión Dios mismo la va purgando como respuesta al amor que pone en ello.

[2] Esta ausencia de egoísmo en las obras es un criterio privilegiado para evaluar el avance espiritual. El párrafo anterior da pistas acerca del auténtico amor que es fruto no tanto de la ascética como de la mística. El amor y la virtud que se ha de buscar no es el que nace de nuestros sacrificios y esfuerzos; con éstos ejercicios ascéticos preparamos el terreno, pero llega un momento en que cedes a Dios el control de todo y nace el verdadero Amor. 

[3] Se define la virtud en el texto original como “un afecto bien ordenado y medido totalmente dirigido a Dios por él mismo”. Definición que aparece varias veces en Ricardo de san Víctor (1110-1173). La Nueva Enciclopedia católica (1967) la define como “Una prontitud y disposición, habitual y bien establecida, de las fuerzas del hombre, que las dirige a una bondad específica del acto” (Mc Graw-Hill, Nueva York, Vol 15, p. 704). Es importante notar que el texto de la Nube del no-saber habla de virtud más en el primer sentido que en el segundo, en línea con los místicos y teólogos ingleses medievales. 

lunes, 15 de enero de 2024

NUBE DEL NO-SABER - 11

 


11.

QUE EL HOMBRE HA DE VALORAR CON PRECISIÓN SUS PENSAMIENTOS E INCLINACIONES Y EVITAR UNA ACTITUD DE DESCUIDO CON RESPECTO AL PECADO VENIAL

No digo esto porque me preocupe el que tú o cualquier otra persona de oración se halle realmente bajo el peso de la culpa de pecados como estos. Mi intención es poner de relieve la importancia que tiene para ti el percatarte de tus pensamientos y deseos tan pronto como surgen, ya que has de aprender a rechazar el más mínimo de ellos que pudiera conducirte al pecado.

Te prevengo que una persona que no vigila y controla sus pensamientos, aun cuando no sean pecaminosos en sus primeros movimientos, terminará por no dar importancia a los pecados leves. Es imposible evitar todas las faltas y caídas en esta vida, pero la falta de cuidado en torno a pequeños pecados deliberados es algo intolerable para quien busca verdaderamente la perfección. Pues normalmente la negligencia en los pecados leves abre la puerta a la probabilidad del pecado mortal.

Enero 2024
C. A.

viernes, 5 de enero de 2024

Hemos visto salir su estrella. Feliz Epifanía.


"Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo".

Los “sabios venidos de oriente” son toda una alegoría de la vida espiritual cristiana.

Parten de un lugar  lejano y ajeno al niño-Dios. Se dice que de oriente, donde existe toda una milenaria tradición espiritual de busqueda de la sabiduría.

Los sabios o magos escrutadores de estrellas son contemplativos. En la noche observan y han visto una estrella que les invita a la aventura espiritual. Y no dudan en dejar su zona de confort, su lugar de estancia habitual,  sus materialidades, sus ideas, sus creencias, sus seguridades, para ir tras la nueva luz que han visto.
La estrella no es la meta. La luz que emite es solo un destello, un prefacio, un pórtico para el encuentro con el Misterio. La estrella señala, es signo, que “les guía hasta pararse encima de donde estaba el niño”. El Niño es a la vez camino y meta; estar con él es el todo del camino espiritual. “Se llenaron de inmensa alegría”, es decir, de plenitud.

*

En la cueva de Belén, en las afueras de la población, alejado del ruido de la ciudad, “en la noche serena, la Palabra descendió desde los cielos” (Sb 18,14). Los magos, “cayendo de rodillas lo adoraron”. Adorar es poner el centro de la propia vida en el objeto o persona que se adora. La vida de estos buscadores tiene desde ese momento un nuevo centro. Ya no buscan estrellas, han encontrado  la luz de la que ellos mismos proceden, “Luz verdadera, de luz verdadera”. La divinidad se manifiesta en la humanidad de este niño.
Hay un acto de reconocimiento en las ofrendas de los magos: 
*oro (reconocimiento de su realeza; el Reino de Dios, su Rey, ha venido), 
*incienso (ofrenda propia de dioses, quemar todo en buen olor para alabanza y gloria del Niño-Dios), y 
*mirra (perfume propio que indica la humanidad del Salvador, que en un acto de suprema humildad, estará dispuesto incluso a morir por amor; el perfume apunta al embalsamamiento de su cuerpo descolgado de la cruz).
Una vez vivida la experiencia del encuentro, llegados a la Luz, los sabios, dejando a un lado los caminos de Herodes, símbolo de todos los que intentan dinamitar la alegría de su encuentro, “se retiraron a  su tierra por otro camino”. Vuelven a su origen, al lugar de la vida diaria, pero de forma distinta. Sus vidas serán las mismas, pero sólo en apariencia. El encuentro con la Luz de la que procede toda luz da un sentido nuevo a todo.  
Aprende de estos sabios. Si has visto salir “su estrella” no dudes en dejar las débiles lámparas del mundo y encaminarte hacia la “Luz de Luz”, Jesucristo. 
Medita todo esto en tu corazón y dedica un tiempo a contemplar tu noche. Ha salido una estrella.   
FELIZ EPIFANÍA
(Día de la manifestación de Dios "para todos")
Enero 2024
Casto Acedo.