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sábado, 6 de febrero de 2021

¡Vámonos a otra parte! (Orar el domingo 7 de Febrero)


Es fácil acomodarse en la vida espiritual. 

Comienzas buscando respuestas para las preguntas de la vida, reposo para tus inquietudes y satisfacción para la sed del espíritu. Y en ciertos  momentos  has creído alcanzar la meta; periodos de tiempo más o menos largos, en los que pareció que llegaste. Y dejaste de buscar.

Es una experiencia común confundir la meta con el descanso entre etapas. Tan común como el error de identificar a Dios con las experiencias espirituales. “Dios es paz, serenidad, felicidad, amor, …”, decimos; y terminamos por pensar que la paz, la serenidad, la felicidad y el amor son Dios. Olvidamos, como dice san Juan de la Cruz, que “a Dios el alma antes le ha de ir conociendo por lo que no es que por lo que es” (3 Subida 2,3).

¿Qué les pasó a los discípulos cuando se percataron del fulgurante éxito alcanzado por la predicación y los milagros de Jesús? Se creyeron ya en el cielo y fueron corriendo en su busca para contarles la buena noticia: “¡Todo el mundo te busca!”. Con esta noticia interrumpieron la oración de Jesús, que “de madrugada, cuando aún estaba oscuro”, se había retirado a “un lugar solitario y se puso a orar”.

Tal vez los discípulos pensaban ya en sentar plaza, en quedarse en ese lugar donde eran muy bien aceptadas las palabras y las obras del Maestro. Pero Jesús -¿no habría llevado esa noche a su oración la tentación del éxito fácil?-, como hará más tarde en el Tabor, les pide bajar de la nube: “¡vámonos a otra parte!”. La vida pública de Jesús, referencia para la vida cristiana, es una vida itinerante; siempre en camino, siempre en el comienzo, siempre en esperanza. 

Quien quiera llegar a la meta, que es la unión con Dios, ha de huir del error que supone quedarse estancado en un lugar, en una idea o en una imagen de Dios, “porque … ningunas formas ni noticias… son Dios “. Y, paradójicamente, quien cree hallar en ellas a Dios no progresa espiritualmente sino que está abocado a la desesperanza, “porque toda posesión es contra esperanza… De donde, cuanto más la memoria se desposee (de esas ideas, imágenes o experiencias de gracia) tanto más tiene de esperanza, y cuando más de esperanza tiene, tanto más tiene de unión de Dios... Mas hay muchos que no quieren carecer de la dulzura y sabor de la memoria en las noticias; y por eso, no vienen a la suma posesión y entera dulzura. Porque el que no renuncia todo lo que posee, no puede ser su discípulo   (Lc 14,33; 3 S 7,2).

Por esto, el “¡vámonos a otra parte!” es de vital importancia. De haberse quedado Jesús estancado en Cafarnaúm y sus alrededores, donde el éxito le acompañaba en esos momentos, habría pecado de vanidad y no hubiera llegado a la kénosis (vaciamiento) en la cruz, lugar de la negación de sí mismo, del abandono y de la plenitud de la unión de voluntad con el Padre. 

Sólo en el despojo de todo, también de las ideas y experiencias de Dios, llega a su cima el camino espiritual; una cima donde "solo mora honra y gloria de Dios", como dice también san Juan de la Cruz. Ahí, en la gloria de Dios, es donde el hombre encuentra la vida, tal como dice el evangelio: "el que pierda su vida por mi la encontrará" (Mt 10,40)

* * *

La palabra de Jesús diciendo “vámonos a otra parte” es un buen motivo para orar este domingo. Y es una oración necesaria  cuando te has instalado en una zona de confort espiritual, en edulcoradas ideas e imágenes de Dios; también necesaria esta oración cuando has renunciado a la entrega total, cuando internamente has pactado contigo mismo hasta qué punto estás dispuesto o dispuesta a dejarlo todo para seguir al Maestro. 

Si estás ahí, escucha a Jesús. Es hora de salir de tu confortable espiritualidad, es hora de dejarlo todo, llevándote sólo el amor que hasta ahora has recibido de Él, y comenzar de nuevo; te lo dice Jesús, que te quiere: “vámonos a otra parte”.


Orar con el texto de Marcos 1, 29-39
(Lo tienes transcrito al final de esta entrada)

 -Como siempre, has de buscar para orar un espacio y un tiempo que te faciliten soltar el estrés desconectando de las preocupaciones  de la vida. ... También es importante colocarte en una postura que te facilite la quietud durante la meditación.

- Interiormente comienza haciéndote presente...  Toma conciencia de tu cuerpo (sensaciones), de tu respiración (vida), y de tu espíritu (sentimientos, estado de ánimo), aquí y ahora. ... Como recurso y apoyo puedes centrar tu atención en la respiración, acompasando (contando de diez a una y de una a diez, si lo crees oportuno) el respirar al ritmo de cada exhalación e inhalación. ... 

- Pon ante ti todo lo que ata tu vida espiritual; hazte consciente especialmente de cosas que vives y que en sí no son malas, pero que forman parte de tus posesiones cuando las magnificas: tu vida de oración, tus hábitos y modos de orar, tus experiencias gratificantes en ella, tu satisfacción por las cosas que haces bien, tus conceptos e imágenes de Dios, … Tu oración.

- Todo eso es lo que vives y haces, lo que piensas e imaginas, pero no te identifiques con ello. Y, por supuesto, no identifiques a Dios con tus experiencias de oración. ... Dice san Juan de la Cruz que cuando te hubieres desposeído perfectamente de todo, incluido eso, “quedarás con la posesión de Dios en unión divina” (3 S 7,2)… Aparta, pues, tus ideas, imágenes y experiencias de Dios. Deja que Dios sea Dios. Sólo tú y Él. … Mejor, solo Él y tú en Él ...  Déjate llevar por el amor de Dios … no pienses, no imagines, sólo tú en Él.  … Permanece ahí en silencio contemplativo.

- Escucha la voz de Jesús. “¡Vámonos a otra parte!”, vamos a esos lugares de tu alma donde no te agrada ir, vamos al encuentro de esas personas que siempre has rehuido, vamos esa cruz que te resulta tan molesta. …  “También ahí –dice Jesús- tengo que llevar mi Reino”. Escucha su llamada a cambiar, a abandonar tu comodidad material y espiritual, a dejar tus posesiones para ser todo, toda, para Él… No juzgues, no pongas “peros”, sólo escucha: “vámonos a otra parte”. ... Déjate llevar por Él. ... Ve perdiendo el miedo a perderte, porque va contigo. ... Sólo tienes que soltar, dejarlo todo, para estar con Él.

- Termina dando gracias a Dios por los dones materiales y gracias espirituales que hasta ahora te ha dado, pidiéndole que no te enganches a esos dones que no son Dios, que te dé la libertad de seguir sus pasos dejando atrás todo lo que pueda entorpecer tu seguimiento en libertad y totalidad.

-Al  final de la oración, toma nota de las evocaciones o llamadas que Dios te ha hecho en este rato de oración... Y durante la semana despójate de tus ideas e imágenes demasiado subjetivas de Dios. Dios es. Deja que Dios sea Dios: incomprensible, inefable, inimaginable...

* * *

Evangelio según san Marcos 
(1,29-39)

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. 

La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. 

Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. 

Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.

Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron:  «Todo el mundo te busca.»
Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»

Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Palabra del Señor.

Casto Acedo. Febrero 2021

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