“Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. El le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue".
Se arrepintió. Cuando leemos la parábola del hijo pródigo se dice de él que, cuando cayó en desgracia, recapacitó pensando en lo bien que estaba en casa de su Padre antes de tomar la decisión de alejarse; y esa toma de conciencia le motivó a volver (cf Lc 15,15).
Arrepentirse, recapacitar, son verbos que suponen un movimiento que se inicia con el acto de contemplar (darnos cuenta) de lo que hacemos a la luz de lo que somos. Luego, desde el centro de nuestro ser más genuino, salimos para corregir el rumbo si es necesario. ¿No es eso la oración? Nos hemos precipitado dando al Padre respuestas desde la superficie, sin tomar conciencia de lo que hacemos. Al entrar dentro del castillo que somos, recapacitamos, contemplamos cuántos dones inmerecidos nos ha dado el Padre, y tomamos conciencia de que a veces llevamos una vida equivocada. Y desde ahí pasamos a dar respuestas positivas allí donde antes sólo sembrábamos negatividades.
* * *
Éste es un buen domingo para orar “recapacitando”, para estarte con Dios en tu interioridad saboreando todo el amor que te ha dado, para comprobar que tú haces poco si lo comparas con lo que Él hace por ti. Un domingo para medir tu grado de alejamiento de la voluntad del Padre. La oración es el punto de inflexión que se halla entre el pecado y la gracia, entre el caminar dando la espalda a la vida o volverte a ella; la oración es el punto de inflexión entre el sí y el no a Dios, entre la pereza y la diligencia. La oración es, al fin y al cabo, la piedra donde se apoya la palanca de la fe para tomar fuerzas y cambiar tú y así cambiar el mundo. Si recapacitas y cambias, habrás ganado la vida (cf Ez 18,28).
Para orar este domingo
- Procura estar en un sitio tranquilo, en soledad, que te facilite la meditación,
- Relaja tu cuerpo. Para ello ve repasando cada uno de sus miembros, aflojando tensiones, permitiendo que, todo tu cuerpo vuelva a su estado de paz original.
- Puedes echar mano de la respiración para sosegarte exterior e interiormente. Pero no fuerces el ritmo, deja que inspiración e inspiración vayan serenamente sucediéndose. Observa como tu vientre sube y baja, se mueve, al ritmo que marca la respiración.
- Ahora, toma conciencia de la suerte que tienes de ser hijo de Dios. Saca del baúl de tu memoria todo lo que el Padre hace por ti: vida, salud, compañía, alimentación, ternura, compasión, … Repitete: ¡Cuántos bienes me ha dado el Señor!
- Pon ahora al otro lado de la balanza, lo que tú haces por Él. Si te parece poco, no te vengas abajo. Si te viene a la mente que en algún momento despreciaste su ser o rechazaste violentamente sus bienes, no pierdas la calma. No te odies por ello. Simplemente acepta que fue así y comienza perdonándote a ti mismo.
- Piensa que Dios no necesita nada de ti. Si te pide que “trabajes en su viña” es porque tú eres su viña, porque quiere lo mejor para ti, para todos y para toda la creación. Cuando eres compasivo, el primero en beneficiarse eres tú.
- Interioriza. Contempla. Vuélvete al Señor que te manda ir a su viña. Recapacita: lo hace por ti, sólo por ti. Él no necesita nada. ... ¡Qué ciego e ignorante soy, Señor!
- Ora con el salmo (119,35): “Hazme andar por el camino de tus mandatos, Señor, porque en ellos está mi felicidad”.
-Pide al Padre la gracia de volverte a su casa y permanecer siempre en ella.
- Termina tu oración con un deseo grande de conocer cuáles son los caminos que el Señor te tiene preparados. No basta con que digas: “sí, iré por ellos”. Ponte en marcha. En seguirlos está tu felicidad. ¡Cuentas con Él para todo lo que necesites!
EVANGELIO (Mt 21,28-32)
Interesante también la primera lectura: Ezequiel 18,25-28.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor." Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»
Contestaron: «El primero.»
Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.
Casto Acedo. paduamerida@gmail.com. Septiembre 2020.



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