Buscar en este blog

domingo, 1 de marzo de 2020

La prueba del silencio

Una reflexión del Evangelio del primer domingo de cuaresma desde la perspectiva del silencio.
 
 
Reza así uno de los apotegmas de los padres del desierto:
 
“Nuestra perdición no es debida a los malos pensamientos que acuden a nuestra mente, sino al mal uso de ellos. Puede ser que esos pensamientos nos hagan naufragar, pero también es posible que  por ellos podamos ser salvados".

En los escritos de los antiguos padres de la Iglesia, a los pecados capitales -gula, fornicación, avaricia, tristeza, cólera, acedia, vanagloria y orgullo, según la lista de Evagrio Póntico- se les denomina “pensamientos” (logoi). Y se habla del “demonio de la gula”, “demonio de la fornicación”, “demonio de la avaricia”, etc… 

 Se trata de “pensamientos” que suelen importunar y perturbar la deseada apacibilidad de la vida monacal, trampas que pretenden debilitar la firmeza interior del monje alejándole del retiro y silencio de la celda. 
 
Los pensamientos y la lengua son contemplados por estos santos como medios muy utilizados por el maligno para desviar al justo. De ahí la importancia que dan estos padres al dominio de los pensamientos y el control de la lengua a fin de acallar los ruidos mentales y emocionales y andar por el camino recto del silencio. 

 Jesús pasó por esta prueba del silencio en su desierto interior. Vivió como uno más la seducción del mal, la invitación mental a vivir en las excentricidades pecaminosas de la  exterioridad, a primar el hacer sobre  el ser.


* Es astuta la motivación de la primera propuesta de Satanás: “si eres el Hijo de Dios…”, si puedes transformar las piedras en panes, ¿a qué esperas?. Jesús renuncia a la vida fácil, a imponer su mensaje tratando a los hombres como menores de edad: “Vosotros me buscáis no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna” (Mt 6,24).
 
*También, en el alero del templo, fue apremiado a escoger el camino fácil del espectáculo como recurso para realizar su misión. “Sus hermanos le dijeron: Sal de aquí y vete a Judea, para que tus discípulos puedan ver allí las obras que haces. Nadie que pretenda darse a conocer actúa secretamente” (Mc 9,35-36). Pero él no les hizo caso.
 
*Y cuando le ofrecen los reinos de este mundo, queda claro que no ha venido a mandar, y rehúye el poder. “Al ver la gente aquel signo -la multiplicación de panes y peces-, la gente decía: Este hombre es sin duda el profeta que había de venir al mundo. Dándose cuenta Jesús de que querían proclamarlo rey, se retiró de nuevo al monte, él solo” (Mc 10,42-43)
 
Jesús padeció en su vida los malos pensamientos que Satanás propone en el evangelio de hoy. ¿Cómo respondió a ellos?  Lo hace recurriendo a la Palabra: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. … No pondrás a prueba la paciencia de tu Dios … El Señor es uno y a Él sólo darás culto de adoración”. Hermosos textos para unos ejercicios de meditación. 
 
¡Que importante es el silencio de la mente, que evita que el tentador imponga su criterio; el silencio de los deseos, que no deja encumbrarse al ego sobre el yo; y el silencio del corazón, que renuncia a los propios quereres para adherirse al querer de Dios. 
 
Como dice el apotegma que inicia esta breve reflexión, los pensamientos y deseos impuros, así se definen en el decálogo, son pruebas a las que podemos sucumbir; pero también son pruebas que nos pueden ayudar a crecer.
Otro apotegma de Padres del desierto: "El abad Pastor decía: cualquier prueba que te sobrevenga la puedes vencer por el silencio”.
 
Adelante, pues; y ánimo en tu lucha. El primer paso, y tal vez el más importante del combate, consiste en acallar tu mente, tu lengua, y tu corazón. Recuerda que toda acción parte de un pensamiento previo. Al hacer precede el pensar.  No dejes que los malos pensamientos manden en ti. ¡Feliz Domingo!
 
* * *
Nota: Los apotegmas citados los puedes hallar en La sabiduría del desierto. Dichos de los padres del siglo IV, de Thomas Merton, LVI y LXXXVIII, ed. BAC, 2018. Pgs 70 y 83.



EVANGELIO
 Lucas 4, 1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo:
—«Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan».
Jesús le contestó:
-«Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre"».
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo:
—«Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo».
Jesús le contestó:
—«Está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto"».
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:
—«Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti", y también: "Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras"».
Jesús le contestó:
—«Está mandado: "No tentarás al Señor, tu Dios"».
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.
 

Casto Acedo. Marzo 2020

No hay comentarios:

Publicar un comentario