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domingo, 15 de marzo de 2020

Vida exterior, vida interior (15 de Marzo)

En un domingo peculiar por el Estado de Alarma decretado por el Gobierno, cuando nuestros obispos extremeños han decidido el cierre de templos y lugares de culto como forma de colaborar en la erradicación del contagio a causa del covid-19, contemplamos el Evangelio de la Samaritana (Jn 4). Es un texto que ofrece la oportunidad de meditar iluminando la novedad del momento.
 
  
En estos días de “confinamiento”  comprobaremos cómo los acontecimientos exteriores nos irán  llevando a planteamientos que afectarán a nuestra interioridad. Hace unos días se daba la noticia de que en una ciudad China el estado de aislamiento de la población había generado un aumento considerable de divorcios. "La cuarentena es mala para el amor", decía el titular. Un dato que nos lleva al convencimiento de que, además del covid-19, hay “otro virus”, como el del egoísmo, que debemos combatir. 
 
La lucha contra el contagio tendrá también su batalla interior. El confinamiento en el hogar familiar a que nos veremos sometidos es una oportunidad y a la vez un riesgo. Oportunidad para ahondar en la propia identidad cuando la vida exterior se desdibuja,  cuando las seguridades materiales  no están garantizadas a tope  y entramos en impotencia y soledad; esto puede ser una ayuda para conocernos mejor a nosotros mismos y para entrar en un diálogo más cercano con las personas con  las que viviremos estos días compartiendo   techo y experiencia. 
 
Pero no olvidemos que siendo una ocasión para crecer, esto también se puede transformar en un espacio de deterioro personal. Las situaciones extremas y dificiles sacan de las personas lo mejor y lo peor. Ya vemos gestos heroicos de solidaridad, como ocurre con el personal sanitario, que en su mayoría trabaja en condiciones deplorables asumiendo su responsabilidad;  algunos incluso yendo más allá de su obligación laboral; desde aquí le damos les felicitamos y les damos las gracias. Pero no se nos ocultan gestos no precisamente solidarios, actitudes y actos de personas que mirarán sólo al “sálvese quien pueda” y haràn caso omiso a las recomendaciones que se dan para el bien común. Con esto también hay que contar.
 
Los que somos religiosos y de asistencia habitual a la misa dominical o diaria viviremos estos días sumidos en un cierto estado de orfandad, de duelo. Es normal. Se tiene la sensación de que con el cierre de templos nos han quitado algo que forma parte de nuestro ser desde siempre.
 
No obstante,  hay que ver lo positivo de todo esto.  La situación es una oportunidad para plantearnos de modo más preciso nuestra espiritualidad. “Adoradores en espíritu y en verdad”, dice Jesús.
Estamos acostumbrados a medir nuestro tono espiritual por la práctica de oraciones, ritos y devociones, especialmente por los actos que realizamos en el ámbito de la Parroquia o del grupo de fe específico al que pertenecemos. Ahora hemos de habérnoslas con nosotros mismos, entrando en el templo que somos y celebrando y valorando nuestra fe prescindiendo de la armadura social que nos facilitan los rezos comunes. ¿No nos vendrá esto bien para fortalecer la fe personal? Puede que sea esto lo que  Dios quiere y nos está pidiendo ahora: que nos afiancemos interiormente en Ėl.

 
¿Qué hizo Jesús con la Samaritana sino cambiarle el centro de referencia? Reorientó su visión religiosa, que se focalizada en el templo de Jerusalén y el santuario de Garizín, conduciéndola hacia la ermita de su corazón; del Pozo de Jacob,  capaz de saciar sólo las necesidades del cuerpo, Jesús la hizo pasar al pozo de su interioridad, al templo del Espíritu Santo que ella misma era, donde está Cristo que le dice: “El que bebe del agua del pozo vuelve a tener sed; el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna” (Jn 4,13-14) . “El que tenga sed, que venga a mí y beba el que cree en mí; como dice la Escritura: "de sus entrañas manarán ríos de agua viva" (Jn 7,37-38).
 
También nosotros somos invitados por Jesús en estos días de “recogimiento”, valga el doble sentido, a pasar de una religiosidad vivida en su dimensión material, externa y ritual, a una más espiritual, interior y vivencial a la vez.
 

No se trata de “flotar en el aire” en sesiones de oración mística, sino de algo más sencillo como:  
 
*Tomar conciencia de la fragilidad del ser humano, sometido a la tiranía de un virus minúsculo en un tiempo de endiosamiento del poder de la ciencia y la tecnología;
 
*Aprender de modo práctico que la vida no la llenan las cosas que tenemos y hacemos, muchas de las cuales nos estarán vedadas en estos días;
 
*Asumir que tenemos muy cerca la posibilidad de pequeñas acciones  donde seguir ejerciendo la fraternidad y la caridad aunando esfuerzos para hacer más felices a los de casa;
 
*Vivir con paciencia el confinamiento, valorándolo como una acción en aparente inactividad; aquí nos vale la enseñanza: puesto que nada es permanente, deja que todo fluya; todo tiene su tiempo (cf. Qh 3,1-8).  
 
*Sentir en humildad, saberte “parte de un todo”, pieza esencial del juego de ajedrez cuyo objetivo es vencer la pandemia;
 
*Dedicar tiempo en solitario o en familia para la oración vocal   o la meditación, para la conversación espiritual  o la lectura de la Palabra. Porque es importante crecer “hacia dentro”, que no es “huir del afuera”, sino afianzar los cimientos que nos permitirán poner remedio al contagio del covid-19 y a tantos otros contagios que fracturan  las relaciones humanas.

Si en estos días sientes que tu vida entra en desesperación o vacío, recuerda que Jesús es "agua viva", capaz de saciar la sed de tu corazón. Y recuerda también que, como a la samaritana,  y por boca de quienes en este momento están reclamando tu presencia y ayuda, el mismo Jesús te dice: "Tengo sed".
 

 * * *
Dos buenos ejercicios para una oración de silencio contemplativo:

1. Contemplar desde Dios los acontecimientos de estos días, tomando conciencia de lo que se mueve en el exterior y lo que hay en el interior. Ir pasando del Pozo de Jacob al Pozo del Espíritu Santo que eres. 

2. Vaciarte de "ego", miedos, presunciones, expectativas, ... y dejar que la voluntad de Dios fluya en tu interioridad llenándola de sentido. Recuerda que "Dios es como la fuente de la que cada uno coge como lleva el vaso" (San Juan de la Cruz). 

No dejes de aportar tu parte en la batalla contra el covid-19. Para vencer no bastará con el recogimiento exterior. Tu disposición interior y la ayuda de Dios también son necesarias.  Dios primero.
 
* * *



EVANGELIO
Juan 4, 5-42
 
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob.
 
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial.
 
Era alrededor del mediodía.
 
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
—«Dame de beber».
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
La samaritana le dice:
—«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?».
Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.
Jesús le contestó:
—«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva».
 
La mujer le dice:
—«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».
 
Jesús le contestó:
—«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
 
La mujer le dice:
—«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».
 
Él le dice:
—«Anda, llama a tu marido y vuelve».
La mujer le contesta:
—«No tengo marido».
Jesús le dice:
—«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».
La mujer le dice:
—«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».
 
Jesús le dice:
—«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad».
 
La mujer le dice:
—«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».
Jesús le dice:
—«Soy yo, el que habla contigo».
 
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
—«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste el Mesías?».
 
Salieron del pueblo y se pusieron en camino a donde estaba él.
Mientras tanto sus discípulos le insistían:
—«Maestro, come».
Él les dijo:
«Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis».
Los discípulos comentaban entre ellos:
—«¿Le habrá traído alguien de comer?».
Jesús les dice:
—«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.
¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.
Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores».
 
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».
 
Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
—«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

 Casto Acedo. Marzo 2020

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