Buscar en este blog

viernes, 7 de febrero de 2020

Vender el libro (9 de Febrero)

Una pequeña reflexión sobre un apotegma de los padres del desierto que recoge Thomas Merton en La sabiduría del desierto, dichos de los padres del desierto del siglo IV.
Considero que es un buen texto al hilo de la liturgia de este domingo en que celebramos la Campaña contra el hambre de Manos Unidas, y la liturgia de la palabra  habla e invita a compartir el pan con el hambriento y a ser luz por el testimonio de las obras. 
 

"Un monje de Escitia, llamado Serapión, vendió el libro de los Evangelios y dio el dinero a los que estaban hambrientos, diciendo: He vendido el libro que mandaba vender todo lo que tenía y dárselo a los pobres".
 
* * *


En la liturgia bautismal de la Vigilia Pascual, antes de recibir la luz de la fe, se pide al catecúmeno que renuncie a las seducciones de Satanás, entre las que se menciona “… el quedaros en las cosas, medios, instituciones, métodos, reglamentos, y no ir a Dios”.
 
Se nos previene de no confundir los medios con los fines; porque eso es   quedarse en las cosas, medios, instituciones, métodos, reglamentos, y no ir a Dios. Y tal vez podríamos añadir con Serapión: quedarse en el libro y no ir a la vida, quedarse en la comprensión y aprendizaje del evangelio y no ir a la práctica, embelesarse con la hermosura del bien y no hacer el bien. En nuestra cultura pensante, moderna,  es muy común considerar que una vez pensado y comprendido algo, ya está todo resuelto. La engañosa luz de la razón  pasa así de ser medio a convertirse en fin. 
 
Cuentan que un joven sacerdote de las Comunidades Neocatecumenales, completado con éxito su doctorado en Sagradas Escrituras, comunicó orgulloso su logro a Kiko Argüello; y éste le respondió: “Muy bien. Has pasado por la Biblia. Deja ahora que la Biblia pase por ti”.  

Una cosa es atar la Palabra con las cadenas de la mente, y otra muy distinta dejar que la Palabra libere la mente; porque el Ser y los pensamientos de Dios no se pueden abarcar y superan nuestros cálculos y esquemas mentales (cf Is 55,8). Una cosa es "manejar" la Biblia y otra muy distinta dejarse "manejar" y  modelar por ella. En fin, un cosa es la Sagrada Escritura, la materialidad de un libro, y otra la Palabra de Dios, revelación del Espíritu; la primera se estudia, la segunda se escucha. 
 
Para alcanzar la vida, para ser iluminado por Cristo, has de dejar ir todo lo que retienen tus manos y calcula celosamente tu mente; y luego has de fijar la atención de tu corazón, tus oídos  y tus ojos en Dios y su mandato del amor. «Parte tu pan con el hambriento, -dice Isaías- hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, … pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy” (58,6-8).
 
El evangelio de Jesús no es un tesoro que guardas en un arcón que pueden robar los ladrones o raer la carcoma (cf Mt 6,19-20). El evangelio es tan real e indómito como la vida misma. No ata a nada sino que libera de todo. No llama Jesús a seguir un protocolo de iniciación y un posterior programa de actos sino a confiar en Él, a adentrarte en la aventura de la noche donde sólo la sed y el anhelo de Dios te alumbra. Cuando el mapa te lleve al destino, tira el mapa; sólo así podrás seguir adelante. La Biblia no es Dios, sólo es el mapa.
 
* * *
 
“He vendido el libro que me mandaba vender todo lo que tenía y dárselo a los pobres”. Son muchas las personas que, tras largos años de elucubración intelectual y oración mental, se quejan de no haber tenido la suerte de ver a Dios. Pero, ¿han vendido el libro que les manda vender todo lo que tenían y dárselo a los pobres? Porque puede ser que no vean la Luz porque las reflexiones y estudios sobre ella sólo le dan oscuridad. Piensan mucho y viven poco; caminan sobre huellas ya marcadas y pretenden vivir vidas prestadas. Ignoran que Dios tiene hermosos planes para cada uno de sus hijos e hijas.
 
La Luz está en la Encarnación. La Palabra se hizo carne (Jn 1,14), no letra; tampoco pensamiento. No caigas en la ingenua y farisea trampa de confundir tu yo con tus ideas y tus palabras;  pasa a la acción. Ya lo dice el sabio: “cada día se escriben más y más libros, y el mucho estudiar desgasta la vida. Tú, después de oírlo todo, teme a Dios y guarda sus mandamientos” (Qh, 12,12-13). 
 
Quien vive en  contemplación ve más allá de las letras, intuye el Ser escondido tras la pátina de las palabras, lo saborea en el silencio, allí donde la nada es todo, donde el desasimiento absoluto es la más hermosa de las posesiones. Aferrarse a la teoría, confiar en razonamientos, es edificar sobre arena; vivir el Amor en la noche de la fe, es cimentarse en la roca (Mt 7,24-27).
 
 
* * *
 
Aquieta tu cuerpo, vacía tu mente. Deja que fluyan y se desprendan de tu ser todas las posesiones materiales, intelectuales y espirituales. Permite que tu corazón se ensanche para acoger la belleza que supone darlo todo;  alegra a los hambrientos con los beneficios obtenidos al vender el libro que te manda vender todo. Que en tus adentros sólo resuene el eco y reverbere la luz de la sabiduría: “He vendido el libro que mandaba vender todo lo que tenía y dárselo a los pobres”.

 Casto Acedo. Febrero 2020.

No hay comentarios:

Publicar un comentario