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sábado, 8 de junio de 2019

Silencio (Cuento)

Os paso este cuento de T. de Mello, muy conocido, y que puedes aprovechar para tomar conciencia de la importancia del silencio en orden al encuentro con Dios.
 
 
EL PEQUEÑO PEZ 
(De Anthony de Mello)
 
«Usted perdone», le dijo un pez a otro, «es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado».

«El Océano», respondió el viejo pez, «es donde estás ahora mismo».

«¿Esto? Pero si esto no es más que agua... Lo que yo busco es el Océano», replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.

* * * * 
Se acercó al Maestro, vestido con ropas penitente y hablando el lenguaje de los penitentes:
 
-«He estado buscando a Dios durante años. Dejé mi casa y he estado buscándolo en todas las partes donde Él mismo ha dicho que está: en lo alto de los montes, en el centro del desierto, en el silencio de los monasterios y en las chozas de los pobres».
 
-«¿Y lo has encontrado?», le preguntó el Maestro.
 
-«Sería un engreído y un mentiroso si dijera que sí. No; no lo he encontrado. ¿Y tú?».
 
¿Qué podía responderle el Maestro? El sol poniente inundaba la habitación con sus rayos de luz dorada. Centenares de gorriones gorjeaban felices en el exterior, sobre las ramas de una higuera cercana. A lo lejos podía oírse el peculiar ruido de la carretera. Un mosquito zumbaba cerca de su oreja, avisando que estaba a punto de atacar... Y sin embargo, aquel buen hombre podía sentarse allí y decir que no había encontrado a Dios, que aún estaba buscándolo.
 
Al cabo de un rato, decepcionado, el penitente salió de la habitación del Maestro y se fue a buscar a otra parte.

* * * *
 
Buscas y buscas a todas horas y por todas partes. Esperas encontrar algún día tu Océano. Y cada día una decepción. ¿Dónde estará? ¿Cómo será ese Dios del que tantos me hablan? ¿Existirá de veras? Y un día sueñas con encontrarle y preparas tu discurso para cuando estés ante Él. Otro día te regocijas porque tus expectativas de llegar a donde está parecen ciertas y cercanas. También hay días en que desesperas porque no acaba de dejarse ver.

En tu contemplación no pienses acerca de Él, porque tu pensamiento no le puede abarcar. No lo imagines, porque no es un ídolo que puedas construir o imaginar. No te obsesiones con el momento del encuentro, disfrútalo, porque ya está aconteciendo. Tus preguntas, imaginaciones y expectativas son ruidos que entorpecen la visión y la unión.

Deja de buscar, pequeño pez. No hay nada que buscar. Sólo tienes que estar tranquilo, adentrarte en el silencio, abrir tus ojos y mirar.

Dios está en el silencio, es el Silencio de los silencios. Dios es Océano de silencio. Silencia tu mente. Silencia tu imaginación. Silencia tus afectos e inquietudes. Adentrarte en el silencio es encontrarle.
 
C.A. paduamerida@gmail.com. Junio 2019
 
 

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