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martes, 28 de mayo de 2019

Quietud (cuento)


Otro cuento de Toni de Mello.
 
 
MUY BIEN, MUY BIEN...
 
En una aldea de pescadores, una muchacha soltera tuvo un hijo y, tras ser vapuleada, al fin reveló quién era el padre de la criatura: el maestro Zen, que se hallaba meditando todo el día en el templo situado en las afueras de la aldea.
 
Los padres de la muchacha y un numeroso grupo de vecinos se dirigieron al templo, interrumpieron bruscamente la meditación del Maestro, censuraron su hipocresía y le dijeron que, puesto que él era el padre de la criatura, tenía que hacer frente a su mantenimiento y educación. El Maestro respondió únicamente: «Muy bien, muy bien...».
 
Cuando se marcharon, recogió del suelo al niño y llegó a un acuerdo económico con una mujer de la aldea para que se ocupara de la criatura, la vistiera y la alimentara. La reputación del Maestro quedó por los suelos. Ya no se le acercaba nadie a recibir instrucción.
 
Al cabo de un año de producirse esta situación, la muchacha que había tenido el niño ya no pudo aguantar más y acabó confesando que había mentido. El padre de la criatura era un joven que vivía en la casa de al lado.
 
Los padres de la muchacha y todos los habitantes de la aldea quedaron avergonzados. Entonces acudieron al Maestro, a pedirle perdón y a solicitar que les devolviera el niño. Así lo hizo el Maestro. Y todo lo que dijo fue: «Muy bien, muy bien...».
* * *
 


Son muchos los problemas que nos pueden venir desde el exterior; de hecho cada día hemos de afrontar  situaciones que requieren de nosotros una respuesta adecuada. Y hay que darla. Pero ¿a qué precio?

Si es importante la solución que demos a cada problema que nos viene, también lo es que esa solución no suponga un desajuste en nuestra estabilidad interior; es decir, es importante no "quemarse", que nuestro ser (asiento, identidad, núcleo) no se tambalee.
 
La QUIETUD INTERIOR es fundamental para ello. Y un buen camino para alcanzarla es ahondarnos y asentarnos cada vez más en lo profundo de nosotros y dejar de preocuparnos por la imagen (personaje, reputación, yo-ideal) que podamos dar hacia afuera,  y valorar de modo efectivo la identidad interior (persona, ser, yo-real).
 
En lo profundo, en el "interior intimo meo", está el asiento, la Roca. El Reino de Dios está dentro de nosotros.

 Contemplare. 27 de Mayo de 2019

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