Me hubiera gustado que en el día Pro-orantibus nos hubiéramos reunido para orar, o all menos para celebrar juntos la Eucaristía en un mismo lugar. Pero la coincidencia con otras celebraciones (San Bernabé en Don Álvaro, y San Antonio en Mérida) han hecho imposible el deseo. No obstante, confío en que celebremos este día en el próximo encuentro, el último oficial del curso, fijado para el 22 de Junio.
No obstante, aprovecho para recordar este día que es el nuestro, el de los que buscamos, entre otros caminos, el encuentro con Dios por el silencio contemplativo.
El Domingo de la Santísima Trinidad, pone ante nosotros a todas las comunidades religiosas de vida contemplativa.
En un documento del Papa Francisco sobre la vida contemplativa femenina (Vultum Dei quaerere) habla así del silencio:
"En la vida contemplativa ... considero importante prestar atención al silencio habitado por la Presencia, como espacio necesario de escucha y de rumiatio de la Palabra y requisito para una mirada de fe que capte la presencia de Dios en la historia personal, en la de los hermanos y hermanas que el Señor os da y en los avatares del mundo contemporáneo. El silencio es vacío de sí para dejar espacio a la acogida; en el ruido interior no es posible recibir nada ni a nadie. Vuestra vida integralmente contemplativa requiere «tiempo y capacidad de guardar silencio para poder escuchar» a Dios y el clamor de la humanidad. Que calle, pues, la lengua de la carne y que hable la lengua del Espíritu, movida por el amor que cada una de vosotras tiene para su Señor" (n. 33).
Este año el lema del día recoge también palabras del Papa: Contemplar el mundo con la mirada de Dios. En el silencio contemplativo buscamos adentrarnos en el Misterio que es Dios para poder hacer desde ahí una lectura distinta de nuestra realidad. El cartel del día lo ilustra una interpretación del Icono de A. Rublev sobre la Santísima Trinidad.
No puede ser más acertado el día elegido para recordar la importancia de los contemplativos en la Iglesia: la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Me gusta decir que no celebramos un dogma de fe sino una experiencia esencial para la fe: DIOS ES MISTERIO. Como tal es incomprensible, inabarcable, inefable, ...Y ante tanta grandeza lo más conveniente es el silencio de la lengua, la mente y la voluntad.
Aprovechemos este día para orar por los religiosos y las religiosas contemplativas, y para hacer nuestro silencio ante el Icono de la Santísima Trinidad. Dejemos que su mirada transforme nuestra mirada, que los ojos de Dios sean cada día más nuestros ojos y nos miremos a nosotros mismos, a los hermanos y al mundo de un modo nuevo.
¡Feliz día, contemplativos!
Casto Acedo. 11 de Junio de 2017


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