4. (Tercera parte)
DE LA SIMPLICIDAD DE LA CONTEMPLACIÓN; QUE NO SE HA DE ADQUIRIR POR EL CONOCIMIENTO O LA IMAGINACIÓN (Continuación)
Pasamos ahora a la diferencia entre la obra contemplativa y sus
falsificaciones tales como los ensueños, las fantasías o los razonamientos
sutiles. Estos se originan en un espíritu presuntuoso, curioso o romántico,
mientras que el puro impulso de amor nace de un corazón sincero y humilde. El
orgullo, la curiosidad y las fantasías o ensueños han de ser controlados con
firmeza si es que la obra contemplativa se ha de alumbrar auténticamente en la
intimidad del corazón. Probablemente, algunos dirán sobre esta obra y supondrán
que pueden llevarla a efecto mediante ingeniosos esfuerzos. Probablemente
forzarán su mente e imaginación de un modo no natural y sólo para producir un
falso trabajo que no es ni humano ni divino. La verdad es que esta persona está
peligrosamente engañada. Y temo que, a no ser que Dios intervenga con un
milagro que la lleve a abandonar tales prácticas y a buscar humildemente una
orientación segura, caerá en aberraciones mentales o en cualquier otro mal
espiritual del demonio engañador. Corre, pues, el riesgo de perder cuerpo y
alma para siempre. Por amor de Dios, pon todo tu empeño en esta obra y no
fuerces nunca tu mente ni imaginación, ya que por este camino no llegarás a
ninguna parte. Deja estas facultades en paz.[1]
No creas que porque he hablado de la oscuridad y de una nube
pienso en las nubes que ves en un cielo encapotado o en la oscuridad de tu casa
cuando tu candil se apaga. Si así fuera, con un poco de fantasía podrías
imaginar el cielo de verano que rompe a través de las nubes o en una luz clara
que ilumina el oscuro invierno. No es esto lo que estoy pensando; olvídate,
pues, de tal despropósito. Cuando hablo de oscuridad, entiendo la falta o
ausencia de conocimiento. Si eres incapaz de entender algo o si lo has
olvidado, ¿no estás acaso en la oscuridad con respecto a esta cosa?[2]
No la puedes ver con los ojos de tu mente. Pues bien, en el mismo
sentido, yo no he dicho «nube», sino «nube del no-saber». Pues es una oscuridad
del no-saber que está entre ti y tu Dios.
[1] * “A estos tales (se refiere a quienes se han ejercitado en llegarse a Dios por imágenes y formas y meditaciones, cual conviene a principiantes, y ahora entran en sequedad, fatiga e inquietud porque se ven privados del jugo y gusto de la meditación discursiva.cf 2 N 12,6) se les ha de decir que aprendan a estarse con atención y advertencia amorosa en Dios en aquella quietud, y que no se den nada por la imaginación ni por la obra de ella, pues aquí, como decimos, descansan las potencias y no obran activamente, sino pasivamente, recibiendo lo que Dios obra en ellas. (2 Subida. 12,8).
* El estilo
que han de tener en ésta (noche) del sentido es que no se den nada por el
discurso y meditación, pues ya no es tiempo de eso, sino que dejen estar el
alma en sosiego y quietud, aunque les parezca claro que no hacen nada y que
pierden tiempo, y aunque les parezca que por su flojedad no tienen gana de
pensar allí nada; que harto harán en tener paciencia en perseverar en la
oración sin hacer ellos nada. (1 N 10,4)
Y aunque más escrúpulos se vengan de que pierde tiempo y que sería bueno hacer otra cosa, pues en la oración no puede hacer ni pensar nada, súfrase y estése sosegado, como que no va allí más que a estarse a su placer y anchura de espíritu; porque, si de suyo quiere algo obrar con las potencias interiores, será estorbar y perder los bienes que Dios por medio de aquella paz y ocio del alma está asentando e imprimiendo en ella; bien así como si algún pintor estuviera pintando o alcoholando un rostro, que si el rostro se menease en querer hacer algo, no dejaría hacer nada al pintor, y deturbaría lo que estaba haciendo. (1 N 10,5)
[2]
“Para venir el alma en esta vida a unirse con Dios y comunicar inmediatamente
con él, que tiene necesidad de unirse con la tiniebla que dijo Salomón
(3 Re. 8, 12) en que había Dios prometido de morar, y de ponerse junto al
aire tenebroso en que fue Dios servido de revelar sus secretos a Job, y
tomar en las manos a oscuras las urnas de Gedeón, para tener en sus manos,
esto es, en las obras de su voluntad, la luz, que es la unión de amor, aunque a
oscuras en fe, para que luego, en quebrándose los vasos de esta vida, que sólo
impedía la luz de la fe, se vea cara a cara en gloria” (2 Subida 9,4)
*

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