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4. (Primera parte)
DE LA SIMPLICIDAD DE LA CONTEMPLACIÓN; QUE NO SE HA DE ADQUIRIR
POR EL CONOCIMIENTO O LA IMAGINACIÓN
Acabo de describir un poco de lo que supone la actividad
contemplativa. Ahora quiero estudiarla con más detenimiento, tal como yo la
entiendo; a fin de que puedas proceder en ella con seguridad y sin errores.
Esta actividad no lleva tiempo aun cuando algunas personas crean
lo contrario. En realidad es la más breve que puedes imaginar; tan breve como
un átomo, que a decir de los filósofos es la división más pequeña del tiempo.
El átomo[1] es un momento tan breve e integral que la mente apenas si puede concebirlo. No
obstante, es de suma importancia, pues de esta medida mínima de tiempo se ha
escrito: «Habréis de responder de todo el tiempo que os he dado. Y esto es
totalmente exacto, pues tu principal facultad espiritual, la voluntad, sólo
necesita esta breve fracción de un momento para dirigirse hacia el objeto de su
deseo.
Si por la gracia fueras restablecido a la integridad que el hombre
poseía antes de pecar, serías dueño total de estos impulsos. Ninguno de ellos
se extraviaría, sino que volaría al único bien, meta de todo deseo, Dios mismo.
Pues Dios nos creó a su imagen y semejanza, haciéndonos iguales a él, y en la
Encarnación se yació de su divinidad, haciéndose hombre como nosotros. Es Dios,
y sólo él, quien puede satisfacer plenamente el hambre y el ansia de nuestro
espíritu, que, transformado por su gracia redentora, es capaz de abrazarlo por
el amor. El, a quien ni hombre ni ángeles pueden captar por el conocimiento,
puede ser abrazado por el amor. El intelecto de los hombres y de los ángeles es
demasiado pequeño para comprender a Dios tal cual es en si mismo.
Intenta comprender este punto. Las criaturas racionales, como los
hombres y los ángeles, poseen dos facultades principales: la facultad de
conocer y la facultad de amar.
Nadie puede comprender totalmente al Dios increado con su
entendimiento[2]; pero cada uno, de maneras
diferentes[3],
puede captarlo plenamente por el amor. Tal es el incesante milagro del amor:
una persona que ama, a través de su amor, puede abrazar a Dios, cuyo ser llena
y trasciende la creación entera. Y esta maravillosa obra del amor dura para
siempre, pues aquel a quien amamos es eterno. Cualquiera que tenga la gracia de
apreciar la verdad de lo que estoy diciendo, que se tome a pecho mis palabras,
pues experimentar este amor es la alegría de la vida eterna y perderlo es el
tormento eterno.
Quien, con la ayuda de la gracia de Dios, se da cuenta de los movimientos constantes de la voluntad y aprende a dirigirlos hacia Dios, nunca dejará de gustar algo del gozo del cielo, incluso en esta vida. Y en el futuro, ciertamente lo saboreará plenamente[4]. ¿Ves ahora por qué te incito a esta obra espiritual? Si el hombre no hubiera pecado, te habrías aficionado a ella espontáneamente, pues el hombre fue creado para amar y todo lo demás fue creado para hacer posible el amor.[5] A pesar de todo, el hombre quedará sanado por la obra del amor contemplativo.[6] Al fallar en esta obra se hunde más a fondo en el pecado y se aleja más de Dios. Pero, perseverando en ella, surge gradualmente del pecado y se adentra en la intimidad divina.
[1] Átomo :
La medida medieval más pequeña del tiempo = 15/94 de un segundo.
[2] “...Todo
lo que la imaginación puede imaginar y el entendimiento recibir y entender (en
esta vida) no es ni puede ser medio próximo para la unión de Dios. Porque, si
hablamos naturalmente, como quiera que el entendimiento no puede entender cosa
si no es lo que cabe y está debajo de las formas y fantasías de las cosas que
por los sentidos corporales se reciben, las cuales cosas, habemos dicho, no
pueden servir de medio, no se puede aprovechar de la inteligencia natural” (San
Juan de la Cruz, .2 Subida del monte Carmelo, 8,4)
[3]
“El amor es la inclinación del
alma y la fuerza y virtud que tiene para ir a Dios, porque mediante el amor se
une el alma con Dios; y así, cuantos más grados de amor tuviere, tanto más
profundamente entra en Dios y se concentra con él. De donde podemos decir que
cuantos grados de amor de Dios el alma puede tener, tantos centros puede tener
en Dios, uno más adentro que otro; porque el amor más fuerte es más unitivo, y
de esta manera podemos entender las muchas mansiones que dijo el Hijo de Dios
(Jn. 14, 2) haber en la casa de su Padre” (San Juan de la Cruz, Llama de amor
viva, 1,13)
[4]
“Aunque el alma llegue en esta vida mortal a tan alto estado de perfección como
aquí va hablando, no llega ni puede llegar a estado perfecto de gloria” (San
Juan de la Cruz, Ll 1,14).
[5]
“El fin de todo es el amor, que se sujeta
en la voluntad, cuya propiedad es dar y no recibir,... Con el amor paga el alma
a Dios lo que le debe” (San Juan de la Cruz, Cantico Espiritual, 38,5).
[6]
“No se puede encarecer lo que
el alma padece en este tiempo, es a saber, muy poco menos que en el purgatorio.
... y así, aquí van saliendo a luz todas
sus enfermedades, poniéndoselas en cura, y delante de sus ojos a sentir" (San
Juan de la Cruz, Llama de amor viva
1,21).

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