“Aquella noche no cogieron nada”. ¡Cómo me recuerda esta Palabra a la noche de la fe en mi vida espiritual! Días y días -noches y noches- echando las redes, chupando banquito, silla o cojín sin experimentar el mínimo progreso. El desánimo aparece entonces. La tentación del abandono.
Y vienes tú, Señor, y me dices: «Echa de nuevo la red y encontrarás». Y me resisto: pero… ¡si llevo toda la noche intentándolo y no he conseguido nada!. Y tú insistes, y yo cedo a tu Palabra: “En tu Nombre echaré las redes”. En tu Nombre, no en el mío.
Y mi oración se vuelve a tu Nombre, te pongo en el centro. Tu Nombre, a Ti, que en tu gran misericordia vienes a mi “cuando está amaneciendo” y la noche se va diluyendo con la aurora. Y ahora sí, la abundancia de tu Nombre amanece sobre mí. Siento tu presencia y la gracia de sentir mi corazón latiendo al ritmo del tuyo.
En Tu Nombre, Señor. “El que invoque el Nombre del Señor se salvará” (Rm 10,13). Es el poder de tu nombre -“Señor Jesús, Hijo de Dios”- el que obra el milagro de la pesca abundante.
Me adentraré hoy en mi oración invocando tu Nombre bendito. Dejaré que sea Él quien marque el ritmo. Y cuando mi nombre ególatra se interponga ante el Tuyo, volveré insistentemente a poner Tu Nombre en mis labios. Y aprenderé que no hay mejor oración que la que tú haces en mí, ni mayor gloria que vivir “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Amén.
Felíz Domingo. Feliz día trabajadores con san José Obrero. Y feliz día de la madre a las que habéis sido bendecidas con el don de la maternidad; María, madre nuestra, entre ellas.
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