Una reflexión a partir del relato de El pescador satisfecho, de Tony de Mello, en El canto del pájaro, con toque budista y cristiano.
El rico industrial del Norte se horrorizó cuando vio a un pescador del Sur tranquilamente recostado contra su barca y fumando una pipa.
¿Por qué no has salido a pescar?», le preguntó el industrial.
«Porque ya he pescado bastante por hoy», respondió el pescador.
«¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas?», insistió el industrial. «¿Y qué iba a hacer con ello?», preguntó a su vez el pescador.
«Ganarías más dinero», fue la respuesta. «De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que obtendrías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas... y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico, como yo».
«¿Y qué haría entonces?», preguntó ' de nuevo el pescador.
«Podrías sentarte y disfrutar de la vida», respondió el industrial.
«¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?», respondió el satisfecho pescador.
* * *
Al hombre de oración siempre le saldrá al paso su mente con propuestas muy sugestivas. Y si se deja llevar por ella, andará por ahí, vagando, saltando de neurona en neurona como el mono entre los árboles. Y cuando es así lo mejor es pararse a mirar a los monos, y disfrutar y reírse de sus habilidades circenses. Inquietud; es su naturaleza. Observa a tu mente cuando se comporta así, y tómatelo con humor. Observar desde fuera tus pensamientos y reírte de ti mismo es muy saludable. Lo que no cura el humor no lo cura nada.
San Agustín pasó muchos años de su vida pensando y saltando como el mono. En sus años de juventud, como joven estudiante, se balanceo en las ramas de la sensualidad, pero no quedó satisfecho; probó también con la filosofía, y no se sintió muy seguro dando vuelos en las alturas de esos bosques; luego centró sus movimientos girando en torno a sus afectos: aferrado a la pasión y deseos de su vida de pareja; la devoción paternal por su hijo Adeodato, que Dios le arrebató tempranamente, la amistad con su amigo Alipio, el aprecio a sus discípulos, y a sí madre, Mónica, a la que no hizo mucho caso hasta después de su conversión.
En muchas cosas y personas buscó Agustín la satisfacción de sus deseos de plenitud. Fue saltando y colgando sus afectos de árbol en árbol, de rama en rama. Hasta que paró y cayó dentro de sí, en su cueva interior.
En muchas cosas y personas buscó Agustín la satisfacción de sus deseos de plenitud. Fue saltando y colgando sus afectos de árbol en árbol, de rama en rama. Hasta que paró y cayó dentro de sí, en su cueva interior.
Entonces se dio cuenta de que no se había querido mucho a sí mismo. ¿De qué huía? ¿De qué o de quién? ¿De sí mismo?. Quería encontrar fuera las respuestas que están dentro.
Agustin vivió con los sentidos hacia afuera, y cuando esos mismos sentidos los aplicó a su alma, pudo percibir la música (oído), la luz (vista) el buen olor (olfato), el sabor (gusto) y la suavidad (tacto) del Creador en su interior; a Aquel al que buscó con ansia en las criaturas lo encontró en su humildad interior, dentro de su propio ser. Siempre estuvo ahí. Y escribió:
Tú estabas conmigo,
pero yo no estaba contigo.
Reteníanme lejos de ti
Reteníanme lejos de ti
aquellas cosas que,
si no estuviesen en ti,
si no estuviesen en ti,
no existirían.
Me llamaste y clamaste,
y quebraste mi sordera;
brillaste y resplandeciste,
brillaste y resplandeciste,
y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume,
exhalaste tu perfume,
y lo aspiré, y ahora te anhelo;
gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;
me tocaste, y deseo con ansia
gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;
me tocaste, y deseo con ansia
la paz que procede de ti.
* * *
* * *
Estar ahí, quieto, mirando el mar sereno o tempestuoso de tu corazón, es mejor que hacer caso a tu mente de mono que te distrae con sus graciosos saltos de acá para allá y que no descansan en ninguna parte. Lo dijo Buda. Y Jesús: “Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. No os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus afanes” (Mt 6, 33-34).
Así que ya tú sabes. Cuando toca estar ahí, mirando al mar, a mirar; cuanto toca trabajar, al trabajo; cuando bailar, a ello; cuando toca meditar, a meditar. Que no te distraigan ni agobien los saltos del mono. La mente, la loca de la casa.
Casto Acedo. Agosto 2019.



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