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sábado, 3 de agosto de 2019

El angel de luz (padres del desierto)

Otra de Toni de Mello, recogido de La oración de la rana, con un comentario de mi cosecha.

 
El diablo, transformado en ángel de luz, se apareció a uno de los santos Padres del Desierto y le dijo: "Soy el ángel Gabriel y me ha enviado a ti el Todopoderoso".
 
El monje replicó:  "Piénsalo bien. Seguramente has sido enviado a otro. Yo no he hecho nada que merezca la visita de un ángel".
 
Con lo cual, el diablo se esfumó y jamás volvió a atreverse a acercarse al monje.
 
* * *
 
Cuando se inicia uno en la práctica de la meditación y el silencio, tras un primer tiempo de perseverancia en el que la novedad ejerce su fuerza positiva, lo más normal es que le siga una etapa de cansancio que invita al abandono.
 
Uno espera como fruto del trabajo realizado la llegada de un ángel, una experiencia fuerte, luminosa y  gozosa que cree merecer por tanto esfuerzo. ¿Para qué sino dedicar cada día un rato largo a la quietud y el silencio? Nos ocurre a todos: los resultados no llegan y vamos dejando la disciplina de la meditación.
 
Pero puede ser que en algún momento se me apareciera  el ángel, es decir, puede que haya tenido una experiencia gozosa, como si el señor del universo me hubiera bendecido con su elección. Y lógicamente, me he sentido orgulloso, satisfecho, como recompensado por mi dedicación. ¡Es una experiencia tan bonita! ¡Qué temporada de paz y serenidad me ha proporcionado! Es lo que me digo, y me quedo ahí enrocado en mi satisfacción. Debo de ser muy bueno y especial cuando se me ha enviado este ángel.
 
Pues ten cuidado. El mal se presenta muchas veces vestido de ángel de luz. En la historia que comentamos, el monje del desierto no se deja atrapar: "yo no he hecho nada que merezca la visita de un ángel"; no cae en soberbia, porque no concibe su silencio como una actividad de la que se espera una renta; su estancia en el desierto la vive como un acto de humildad, una actividad que más que a exigir le lleva a agradecer. 

Al monje no le mueve una ley que promete recompensa sino un amor que le seduce y le fascina. No quiere explicar ni controlar el Misterio sino descansar en él.
 
El monje de nuestra historia no tiene la mirada puesta en las fantasías de su ego,  sino en la realidad de su yo pobre y humilde. Y cuando la celda del monje se edifica con los muros de la pobreza y la humildad, nada puede afectarle. Entonces, el demonio de la soberbia y otros muchos se retiran y no vuelven. Saben que ahí no tienen nada que hacer.
 
Recuerda que tu momento de meditación es sólo un tiempo para estar y ser; tiempo para vivir, sin más; tiempo de encuentro contigo mismo en tu ser siempre abierto al Ser, sin un por qué, sin un para qué.

Cuando aparezcan en tu mente pensamientos que te quieren distraer del vacío de "egoísmos" que estas llamado a trabajar en ti, no te dejes seducir por ellos, déjalos ir; llegará un momento en que  se cansarán y no volverán.  
 
Si entiendes y aceptas esto vas por buen camino. Ánimo.
 
Casto Acedo. Agosto 2019

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