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jueves, 21 de marzo de 2019

Viajes espirituales (notas)

Os paso los apuntes de la exposición del Miércoles.
Notas a partir del libro de William Johnston, Enamorarse de Dios.
 
En psicología y en espiritualidad se habla de la vida como de un camino-viaje; y últimamente se  de segundo, y hasta  de tercer viaje… Es como si la vida pasase por varios ciclos donde predominan unos valores u otros, una  forma distinta de ver, entender y vivir la vida con lo que nos vamos metamorfoseando  en una nueva persona.

 Se me ocurren tres grandes viajes al hilo de la percepción de Dios que vamos teniendo con el paso de los años:

o Viaje de la niñez, la seguridad del nido familiar y religioso, centrados en la ley, la adaptación a unas normas que aprendemos como camino de salvación (mandamientos). La fuerza nos la da la confianza en DIOS PADRE, protector, garante de la existencia, del que nos fiamos y que nos acompaña dándonos seguridad… La meta es el encuentro con Dios Todopoderoso, garante de una vida que descubrimos débil y necesitada. Unión “afectiva” con Dios. Jesús debió vivir esta etapa en su infancia…

o Viaje de la juventud, despertar al mundo que nos rodea, descubrimiento de “los otros”, necesidad de afirmarnos ante los padres y ante los hermanos; competitividad; inicio de una vida religiosa obsesionada más por el “hacer obras liberadoras” que por “realizar ritos”. Fuerza y guía de esta etapa es Jesucristo, DIOS HIJO, compañero, amigo, modelo de libertador. Siguiendo sus pasos luchamos por liberarnos de todo lo que nos ata. Descubrimos el fariseísmo del mundo y amamos desenmascararlo… Nuestra espiritualidad, en esta etapa, se suele desligar de las prácticas rituales y quiere ir más a lo “efectivo”, a las obras… También Jesús, hasta la “crisis de Galilea” se lanzó a curar, predicar, anunciar, …saliendo a los caminos.

o Viaje de madurez. Llegado un determinado momento, los ímpetus de la vida se serenan. Se inicia una nueva etapa. Los fracasos en el compromiso, fracasos interiores (insatisfacción, impotencia…) y fracasos externos (incomprensión, abandonos, aburguesamiento…) nos descolocan. Entramos en crisis. ¿Acedia? Buscamos salidas. Una es la de la “huída”, que termina en el aburguesamiento, la espiritualidad rutinaria, el cumplimiento narcotizante; otra es la “interiorización”, la profundización, … es el tiempo del ESPIRITU SANTO… “Señor y dador de vida”, santificador… Al mirar el mundo desde tu interioridad, una nueva vida comienza para ti. …

 
 
En esta nueva etapa se entra, como hemos dicho, a partir de una crisis. Estás pasando el libro de tu vida y te das cuenta de que hasta ahora has vivido en la superficie de la existencia… Entras en aguas profundas, en zonas desconocidas e inexploradas… una nueva viva comienza para ti. Una vida que “brota desde dentro”, salta desde la interioridad, … tu verdadero yo emerge de entre las basuras de tu perdición y has de aceptarlo e integrarlo.

Meister Eckart dice que en este momento estás naciendo a tu verdadero Yo; más aún, una antigua tradición mística habla del “nacimiento de Dios en el alma” … No solo está naciendo tu verdadero Yo sino también el mismísimo Verbo de Dios. “No vivo yo sino que es Cristo quien vive en mi” … “Para mí el vivir es Cristo” (San Pablo).

Este viaje está empezando y, no existe ningún mapa para este camino, porque es un viaje a lo desconocido “para ir a donde no sabes has de ir por donde no sabes”, dice san Juan de la Cruz. No conoces ni el camino ni la meta. Sólo Dios sabe a dónde vas … y cómo. Lo conoces no conociendo… en pura fe.



El viaje místico tiene dos aspectos: (wu-wei) (acción y no acción).

o La vía del esfuerzo personal; es lo que tu trabajas, sudas, te esfuerzas… Esta vía comienza con una gran reslocución, una gran determinación… Aquí puedes aprender mucho de los adeptos al zen (decidir la práctica atravesando dificultades hasta alcanzar la iluminación) … En tu caso “tomar la decisión de seguir a Jesús en su vida y en su muerte” (para ello debes leer sin descanso los evangelios, poniendo especial hincapié en las exigencias del discipulado… Tampoco olvides a san Pablo: leyó su vida como una carrera con sufrimientos por Jesús, … En el budismo zen la exigencia que se pide es una rigurosísima disciplina, en el cristianismo la disciplina más importante es el amor al prójimo. “La mística es amor, donde no hay amor no hay mística”; asegúrate, por tanto, de que el amor humano impregna tu vida y va siempre creciendo y creciendo. Amor samaritano, amor al prójimo, a la comunidad, a tu familia, a tus amigos, … ¡Huye de quienes piensan que el verdadero místico debe aislarse de todo amor humano!... Es cierto que el amor humano mismo puede desgarrarte el alma (por su vulnerabilidad), pero el vacío mismo del que ama es camino hacia el encuentro (iluminación). … Y por supuesto, no hace falta mencionar, la mesa de la Eucaristía, mesa del amor.

oLa vía de la “no-acción”. Aquí la oración va haciéndose cada vez menos trabajosa. Déjate en Dios. No te entrometas. Déjate llevar por el proceso mismo del crecimiento. Has de renunciar a tu deseo de llevar la iniciativa, de ser dueño de tu vida, de hacer planes…Abandónate al Espíritu (como María en la anunciación: Hágase en mí, según Tú). Cuando vayas abandonándote notarás que debes desprenderte más y más de todo lo que hasta entonces te ha dado seguridad, de todas las necesidades creadas por ti (consumo)… También de tu apego a la salud, los amigos, tu deseo de reconocimiento… Todo esto es doloroso, como un parto, “pero tu tristeza se convertirá en gozo”…. Estás en el viaje del “adiós” (adiós padre, madre, hijos, tierra…, estructuras, leyes, apegos, … me aventuro hacia un lugar sin nada a la vista nada, nada, nada, …) … Despedirte también de tus recuerdos, de tu memoria, de todo lo que hasta ahora has sido o creído ser…


 Una vez que lo dejes todo verás que no has perdido nada… No has dicho adiós a nada de lo que tenías, sino al apego que les tenías. Y una vez desapegado de todo eso irás experimentando una libertad interior que te procurará una intensa alegría… Tu seguridad será no tener ninguna… Has recobrado tu verdadero yo…. En adelante, podrás amar… Ya no te importa el qué dirán (porque no tienes máscaras que oculten una personalidad que tema ser descubierta); eso sí, puede que eso de ser tú mismo y decir lo que piensas te cree problemas (con tu familia, con la Iglesia). No encajas en el ambiente. Has de aceptar el destino del profeta…

Ah!, nunca debes pensar que has llegado al final de tu viaje… prosigue tu camino, tu ascenso al monte… Ten en cuenta, no obstante, que el Tabor no es la meta… más adelante está el Calvario, … y luego el monte de la Ascensión.. 

 Sigue los pasos de Jesús.

Casto Acedo. paduamerida@gmail.com. Marzo 2019


 

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