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martes, 30 de enero de 2018

Ejercicio de respiración (aclaraciones)

 
 
 El ejercicio de respiración que hicimos en la última sesión es de inspiración budista. De cara a una mejor comprensión de sus beneficios os transcribo unas aclaraciones importantes sobre cada bloque de respiraciones.
 
En la Biblia, el soplo (aliento, viento, espíritu) de Dios se muestra como presencia, como aquel  que estaba antes de la creación (Gn 1,1), el que alentó (dió vida) al hombre formado del barro  (Gn 2,7); es el espíritu que está en todas las cosas y en todo ser viviente  ("les retiras el aliento y expiran y vuelven a  ser polvo". Salmo 104,27-29) . En fin, misteriosamente presente ante los suyos tras la resurrección, Jesús "sopló sobre ellos y les dijo: ´Recibid el Espíritu Santo´"  (Jn 20,22).

El aliento, el soplo, el viento, ... son símbolos de Dios. De ahí que en la meditación insistamos tanto en los ejercicios de respiración, no porque respirar en sí sea meditar, sino porque el aire, la respiración, es el elemento que mejor refleja para nosotros la unión de lo humano y lo divino, la carne y el espíritu; la respiración es como el lazo invisible que unifica nuestro ser hasta el punto de sentirnos espíritu encarnado o carne espiritual. Porque como ya os he dicho en más de una ocasión, no somos cuerpos sin espíritu (zombis), ni espíritus encerrados en un cuerpo (fantasmas), somos hombres, misteriosa unidad de cuerpo y espíritu. Suprime uno de los dos elementos y dejarás de ser tú mismo. Si te dejas de ocupar de alguno de los dos, te romperás y acabarás frustrando en ti la vida.
 
* * *
 
Va pues, la explicación. Que no es teológica, sino sólo referida a los beneficios que nos depara el ejercicio.
 
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La primera respiración: Inspirando y espirando profundamente, me doy cuenta de  que inspiro profundamente”.
“La segunda respiración: Inspirando y espirando levemente, me doy cuenta de  que levemente”.
“Estas dos respiraciones te permiten cortar con la distracción y con los pensamientos innecesarios, a la vez que potencian tu atención consciente y te ponen en contacto con la vida en el momento presente. La distracción es la ausencia de la atención. Respirar con atención consciente te permite volver a ti mismo y a la vida”.
 
La tercera respiración: Inspirando, soy consciente de todo mi cuerpo. Espirando, soy consciente de todo mi cuerpo”.
“Con esta respiración contemplas tu cuerpo y permaneces en contacto directo con él. La conciencia de todo el cuerpo y de cada una de sus partes te permite contemplar su maravillosa presencia, así como la conciencia de que no tienes cuerpo, sino que eres cuerpo.

La cuarta respiración: Inspiro, y calmo y apaciguo mi cuerpo, Espiro, y calmo y apaciguo mi cuerpo”.

“Esta respiración te ayuda a obtener la calma y la paz del cuerpo y llegar a un estado donde la mente, el cuerpo y la respiración son una armoniosa realidad”.

La quinta respiración: Inspiro y me siento bien. Espiro y me siento bien”.
La sexta respiración: Inspiro y me siento feliz. Espiro y me siento feliz”.

“Con estas dos respiraciones entras en el campo de las sensaciones y generas en tu corazón una paz y una alegría que nutren tu mente y tu cuerpo. Gracias a la cesación de la dispersión mental  y de las distracciones, vuelves a ti mismo y tomas conciencia del momento presente. La felicidad y la alegría brotan de  tu interior”.


La séptima respiración: Inspiro, y soy consciente de la actividad de la mente en mi interior. Espiro, y soy consciente de la actividad de la mente en mi interior”.
La octava respiración: Inspiro, y calmo y apaciguo la actividad de la mente en mi interior. Espiro, y calmo y apaciguo la actividad de la mente en mi interior”.

“Estas dos respiraciones te permiten contemplar profundamente todas las sensaciones agradables, desagradables o neutras que surgen en ti, y calmarlas y apaciguarlas. La ‘actividad de la mente’, en este caso, se refiere a las sensaciones”. Cuando eres consciente de tus sensaciones y observas profundamente sus raíces y su naturaleza, si Dios quiere, podrás controlarlas y apaciguarlas aunque sean pensamientos desagradables surgidos del deseo, del enfado o de los celos”.

La novena respiración: Inspiro y soy consciente de mi mente. Espiro y soy consciente de mi mente”.
La décima respiración: Inspiro y permito que mi mente se sienta feliz y en paz. Espiro y permito que mi mente se sienta feliz y en paz”.
La undécima respiración: Inspiro y concentro mi mente. Espiro y concentro mi mente”.
La decimosegunda respiración: “Inspiro y libero mi mente, Espiro y libero mi mente”.

Con estas cuatro respiraciones entras en el tercer campo, el de la mente. La novena respiración te permite conocer todos los estados mentales, tales como las percepciones, el pensamiento, la discriminación, la felicidad, la tristeza y la duda. Observa y reconoce dichos estados para contemplar profundamente la actividad de tu mente y poder, así, concentrarla y apaciguarla. Esto es posible gracias a la décima y undécima respiraciones. La duodécima te permite liberarte de todos los obstáculos de la mente. Iluminando tu mente, puedes ver la raíz de las formaciones mentales y, consecuentemente, eliminar todas las trabas”.


La decimotercera respiración: Inspiro y observo la transitoria de la vida. Espiro y observo la transitoriedad de la vida.
La decimocuarta respiración: Inspiro y observo el final de mi vida. Espiro y observo el final de mi vida.
La decimoquinta respiración: Inspiro y contemplo la muerte de mi ego  como  liberación. Espiro y contemplo la muerte de mi ego como  liberación”.
La decimosexta respiración: Inspiro me  contemplo desasido de todo. Espiro y me  contemplo desasido de todo”.
“Con estas cuatro respiraciones, pasas al campo de los objetos de la mente y te concentras en la verdadera naturaleza del hombre. En primer lugar, observas su naturaleza transitoria. Puesto que esta vida es transitoria, un día debe terminar. Cuando lo entiendas claramente, dejarás de estar atado  por el apego a este lugar de tránsito, podrás adquirir espíritu de pobreza desasiéndote de todas cosas, y si Dios quiere,  alcanzarás la liberación. Desasirte de todo no significa desdeñar o apartarse de la vida, sino abandonar el ansia y el apego para no sufrir la esclavitud a la que te somete el aguijón constante del deseo.  Cuando, con la gracia de Dios,  sueltes todo y alcances la liberación, vivirás en paz y alegría, en el centro mismo de la vida, ya nada te atará”. Estarás entonces dispuesto para el encuentro con Él, presente en toda la creación, en todos tus  aconteceres y en  el mismo centro de tu Ser.
 
 * * *

A través de los dieciséis métodos de la respiración consciente, puedes  observar-contemplar el cuerpo, las sensaciones, la mente y los objetos de la mente. 

Ello te servirá para llevar a cabo un estilo de vida que allane tu camino para el encuentro con Dios. La meditación te irá facilitando las cosas para avanzar,
* Dejando atrás todo aprecio desmedido por tu cuerpo o por tu espíritu, amándote como unidad personal, 
* Iluminando tu mente con la revelación de Dios presente en tu interioridad (conocimiento de las Escrituras Sagradas),
* Gozándote celebrando fiesta en honor de Dios con los hermanos  (celebraciones litúrgicas);
* Y, por supuesto, dedicándote con alegría a la más noble de las tareas: ser compasivo como Dios es compasivo, es decir, amar a Dios y a tu prójimo como sientes y sabes  que Dios te ama.

Es un buen camino. El camino de Jesús de Nazaret.
 
Casto Acedo.  Enero 2018

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