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miércoles, 6 de noviembre de 2024

NUBE DEL NO-SABER 47

47.

C
ÓMO CRECER HASTA LA PERFECCIÓN DE LA PUREZA DEL ESPÍRITU; CÓMO MANIFIESTA UN CONTEMPLATIVO SU DESEO A DIOS DE UNA MANERA Y LOS HOMBRES DE OTRA.

No te molestes si te parece que hablo infantil y alocadamente y como si careciera de sano juicio. Lo hago adrede, pues creo que el Señor me ha inspirado en los últimos días para pensar y sentir así y decir a algunos de mis otros buenos amigos lo que ahora te digo a ti.

Una razón que tengo para aconsejarte que ocultes el deseo de tu corazón de los ojos de Dios es que, cuando tú lo ocultas, más clara y realmente lo ve él. Al ocultarlo consigues tu propósito y ves tu deseo cumplido antes que por otros medios que pudieras discurrir para atraer la atención de Dios.

Otra segunda razón es que quiero que vayas independizándote de tus constantes emociones y que llegues a experimentar a Dios en la pureza y profundidad de tu espíritu.

Finalmente, quiero ayudarte a anudar el nudo espiritual del amor ardiente que te atará a Dios en comunión de ser y de deseo. Pues, como sabes, Dios es espíritu, y todo aquel que desea unirse a él ha de entrar en la verdad y la profundidad de una comunión espiritual que trasciende con mucho toda representación terrena.[1] Dios, como es obvio, lo sabe todo y nada puede quedar oculto a sus ojos, sea material o espiritual. Pero, por ser espíritu, algo que se ha introducido a fondo en el espíritu es para él más claro y evidente que lo que se mezcla con las emociones. Y por eso lo espiritual es algo connatural a él. Por esta razón creo que cuanto más enraizado está nuestro deseo en las emociones, se encuentra más alejado de Dios que si surgiera simplemente de la actitud gozosa de un espíritu puro y profundo.

Ahora ya puedes entender mejor por qué te aconsejo alegremente cubrir y ocultar tu deseo de Dios. Con ello no te estoy sugiriendo que lo ocultes totalmente, pues sería el consejo de un loco y además, una tarea imposible. Pero te ruego que eches mano de tu ingenuidad para ocultarlo a sus ojos lo mejor que puedas. ¿Por qué te digo esto? Porque quiero que lo metas en el fondo de tu espíritu, lejos del contagio de caprichosas emociones que lo hacen menos espiritual y más alejado de Dios.

Sé, además, que a medida que tu corazón vaya creciendo en pureza de espíritu, estará menos dominado por la carne y más íntimamente unido a Dios. Él te verá más claramente y tú serás una fuente de delicias para él. Su visión, por supuesto, no queda literalmente afectada por esto o por aquello, pues es inmutable. Lo que trato de decirte es que cuando tu corazón se haya transformado por la pureza de espíritu, se hará connatural a Dios, pues él es espíritu.[2]

Tengo todavía otra razón para aconsejarte que escondas tu ansia de la mirada de Dios. Tú y yo, y muchos como nosotros, estamos muy inclinados a desfigurar la realidad espiritual y a concebirla literalmente. Quizá si yo te hubiera urgido a mostrar el deseo de tu corazón a Dios, lo hubieras demostrado físicamente con gestos, sonidos, palabras o con cualquier otra actividad ingeniosa que hubieras podido emplear para manifestar un sentimiento secreto de tu corazón a un amigo humano. Pero esto sólo convertiría tu obra de contemplación en menos simple y depurada, pues nosotros presentamos las cosas al hombre de una manera y a Dios de otra.

* * *

NOTAS 

[1] * San Juan de la Cruz, hablando de las visiones espirituales dice: "aunque estas visiones de sustancias espirituales no se pueden desnudar y claramente ver en esta vida con el entendimiento, puédense, empero, sentir en la sustancia del alma con suavísimos toques y juntas, lo cual pertenece a los sentimientos espirituales, de que con el divino favor trataremos después. Porque a éstos se endereza y encamina nuestra pluma, que es a la divina junta y unión del alma con la Sustancia divina" (2 Subida del monte Carmelo,  2, 24, 4) . 

* Y en otro lugar dice: "Acerca de lo espiritual, dos maneras hay de vida: una es beatífica, que consiste en ver a Dios, y esta se ha de alcanzar por muerte natural y corporal, como dice san Pablo (2 Cor. 5, 1), diciendo: Sabemos que, si esta nuestra casa de barro se desatare, tenemos morada de Dios en los cielos. La otra es vida espiritual perfecta, que es posesión de Dios por unión de amor, y ésta se alcanza por la mortificación de todos los vicios y apetitos y, de su misma naturaleza, totalmente; y hasta tanto que esto se haga, no se puede llegar a la perfección de esta vida espiritual de unión con Dios, según también lo dice el Apóstol (Rom. 8, 13) por estas palabras, diciendo: Si viviéredes según la carne, moriréis; pero si con el espíritu mortificáredes los hechos de la carne, viviréis" (Llama de amor viva, 2,32)

* Y, hablando de la unión con Dios, indica san Juan que el alma (memoria, entendimiento y voluntad) vive una relación más espiritual que física (emotiva) con Dios; da así razón a Nube del no saber en el número que comentamos cuando afirma que "lo espiritual es algo connatural a él. Por esta razón creo que cuanto más enraizado está nuestro deseo en las emociones, se encuentra más alejado de Dios que si surgiera simplemente de la actitud gozosa de un espíritu puro y profundo". Así lo expresa san Juan de la Cruz: "El entendimiento, que antes de esta unión entendía naturalmente con la fuerza y vigor de su lumbre natural por la vía de los sentidos corporales, es ya movido e informado de otro más alto principio de lumbre sobrenatural de Dios, dejados aparte los sentidos; y así se ha trocado en divino, porque por la unión su entendimiento y el de Dios todo es uno. Y la voluntad, que antes amaba baja y muertamente sólo con su afecto natural, ahora ya se ha trocado en vida de amor divino, porque ama altamente con afecto divino, movida por la fuerza del Espíritu Santo, en que ya vive vida de amor; porque, por medio de esta unión, la voluntad de él y la de ella ya sólo es una voluntad. Y la memoria, que de suyo sólo percibía las figuras y fantasmas de las criaturas, es trocada por medio de esta unión a tener en la mente los años eternos que David dice (Sal. 76, 6)" (Lllama de amor viva 2, 34)
LL 2, 34;

[2] La unión espiritual la describe san Juan de la Cruz así: "El alma que está en estado de transformación de amor, podemos decir que su ordinario hábito es como el madero que siempre está embestido en fuego; y los actos de esta alma son la llama que nace del fuego de amor, que tan vehemente sale cuanto es más intenso el fuego de la unión: en la cual llama se unen y suben los actos de la voluntad arrebatada y absorta en la llama del Espíritu Santo,.... Y así, en este estado no puede el alma hacer actos, que el Espíritu Santo la mueve a ellos; y por eso, todos los actos de ella son divinos, pues es hecha y movida por Dios. De donde al alma le parece que cada vez que llamea esta llama, haciéndola amar con sabor y temple divino, la está dando vida eterna, pues la levanta a operación de Dios en Dios" (Llama de a mor viva 1,4)

Noviembre 2024
C.A.

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